9 de octubre de 2026

Avanzando en el tiempo, mi nuevo libro

 El próximo 22 de octubre presentaré en la librería Desnivel de Madrid mi nuevo libro, "Avanzando en el tiempo. Comprender la atmósfera entre la ciencia clásica y la inteligencia artificial". Antes de ese encuentro, me gustaría contar a los lectores de este blog cómo ha surgido, qué he querido recoger en sus páginas y de qué maneras pueden acercarse a él.


Han pasado más de diez años desde la publicación de mi tercer libro "Compartiendo el tiempo". Durante ese periodo he seguido observando la atmósfera, escribiendo y reflexionando sobre muchos de los asuntos que ya aparecían allí. Algunos han vuelto una y otra vez a estas entradas, pero con nuevas preguntas y en un contexto bastante distinto. Poco a poco fui sintiendo la necesidad de reunir esas reflexiones y darles un desarrollo más amplio y sosegado.

De ahí nace este libro. Quienes conozcan "Compartiendo el tiempo" reconocerán temas e incluso títulos, aunque encontrarán una nueva mirada sobre ellos, junto con capítulos nuevos. La evolución de la atmósfera, los avances de la investigación y la llegada de herramientas que hace una década apenas podíamos imaginar justificaban volver sobre aquellas cuestiones y plantearse otras.

Una de las preocupaciones que recorre sus páginas es qué está sucediendo con la circulación atmosférica. La persistencia de algunas dorsales, la expansión hacia latitudes más altas de la influencia tropical o las posibles modificaciones en las trayectorias de las borrascas suscitan preguntas que me interesan especialmente. He procurado acercarme a ellas desde la experiencia de la observación y la predicción, poniéndolas en relación con las aportaciones de la investigación y manteniendo abiertas las cuestiones para las que todavía no hay respuestas suficientemente claras.


La inteligencia artificial constituye otro de los grandes hilos del libro. Su llegada a la meteorología abre posibilidades que afectan tanto a la elaboración de predicciones como al estudio de la atmósfera. Me interesa especialmente reflexionar sobre cómo integrar esas posibilidades con el conocimiento físico y la experiencia: qué podemos aprender de estas herramientas, cómo interpretar sus resultados y qué formación y criterio necesitamos para utilizarlas adecuadamente.


Porque a lo largo de todo ese recorrido reaparece una convicción: disponer de más información y de mejores predicciones hace aún más valiosa la capacidad de comprender. Observar con atención, formular preguntas, relacionar fenómenos y valorar las limitaciones de una respuesta siguen siendo tareas esenciales. Esa mirada humana, tan ligada a la diagnosis meteorológica, ocupa un lugar importante en el libro.



¿Y cómo leerlo? Sus cincuenta capítulos tienen suficiente autonomía para que cada lector pueda elegir su propio recorrido. Se puede comenzar por el primero y continuar hasta el último, pasando de la predicción a los fenómenos extremos, de ahí a la comunicación meteorológica o a las nuevas herramientas. En esa lectura, algunos asuntos reaparecen más adelante desde otra perspectiva, ligados a situaciones y problemas diferentes. Esa vuelta sobre determinadas ideas forma parte de la manera en que he querido construir la obra.

También se puede abrir el libro por un capítulo que despierte curiosidad y seguir después por cualquier otro. Y, para quienes prefieran una lectura más agrupada, he preparado una guía que permite reunir capítulos de asuntos afines y recorrer de forma más continuada un mismo ámbito. La intención es facilitar distintas maneras de acercarse al texto, según los intereses y el tiempo de cada lector.

Hay, además, una singularidad que quiero compartir con toda claridad. La inteligencia artificial ha sido también una herramienta de trabajo durante la elaboración del libro. Claude y ChatGPT me han servido como interlocutores para contrastar hipótesis, explorar perspectivas, ordenar argumentos, generar imágenes y buscar formas más claras de expresar algunas ideas. Ha sido una experiencia muy sugerente, en la que la selección, la valoración crítica, el formato final y la responsabilidad sobre lo escrito siempre han sido mías. Hablar de estas herramientas mientras aprendía a trabajar con ellas ha añadido una dimensión muy particular al proyecto.

He tenido la fortuna de contar con el prólogo de Mónica López y con la cuidadosa revisión científica de Ricardo García Herrera, a quienes agradezco profundamente su dedicación. 

"Avanzando en el tiempo" continúa, en el fondo, la conversación que mantengo desde hace años con los lectores de mi blog. Mi deseo es que ayude a comprender un poco mejor la atmósfera y que suscite preguntas, observaciones y ganas de seguir aprendiendo. 

El 22 de octubre, en la librería Desnivel, tendremos ocasión de compartir algunas de esas reflexiones. Me alegrará mucho encontrar allí a quienes tengan posibilidad de asistir. Me acompañarán Mónica López y José Miguel Viñas. Un verdadero lujo poder contar con ellos para mantener entre todos un interesante diálogo.

El libro estárá disponible a partir de mediados de la próxima semana en la página web de la Libreria Desnivel y pocos días después en Amazon.

Lluvias torrenciales sin danas

El pasado 3 de octubre, Barcelona vivió una jornada de lluvia histórica. La estación de Can Bruixa, en Les Corts, acumuló 213 mm en 24 horas, y por primera vez una estación oficial de la ciudad superó los 200 mm en un día. El Observatori Fabra recogió 159 mm, el día de octubre más lluvioso de su serie, iniciada en 1914. Las mayores intensidades llegaron al anochecer, cuando un sistema convectivo muy activo quedó anclado sobre la costa barcelonesa.


En la imagen infrarroja de ese momento destacan los topes muy fríos de las torres convectivas junto a la costa. Pero lo más llamativo es el amplio escudo de cirros que se abre hacia el norte y el nordeste, sobre los Pirineos y el sur de Francia, describiendo un arco de curvatura anticiclónica. Es el flujo de salida en altura de los propios sistemas convectivos, con un aspecto que recuerda mucho al de los sistemas tropicales.


Esa tarde había una dana bastante débil sobre la zona de Galicia. En el área mediterránea, sin embargo, lo más destacable era un débil flujo del suroeste con una pequeña curvatura de las isohipsas sobre Cataluña. Mi interpretación es que esa curvatura podía ser la huella de un vórtice de mesoescala que se venía formando a partir de la convección de las horas previas, desarrollada algo más al sur. De ser así, parte de la perturbación que aparecía en el mapa sería consecuencia de las propias tormentas. Para confirmarlo habría que seguir con detalle su evolución, pero es una posibilidad que merece atención.

Lo que sí había era un combustible excepcional. El Mediterráneo había pasado el verano con temperaturas que rondaban los 30 °C en muchas zonas y, a comienzos de octubre, conservaba buena parte de ese calor. A ello se sumaban una columna atmosférica muy húmeda y un aporte continuado de humedad desde el sur. En un ambiente así, si la inestabilidad está disponible y no hay una barrera importante que impida los ascensos, un disparador modesto puede bastar para encender la convección.

He comentado muchas veces que el motor es la dinámica de niveles altos y el combustible el aire cálido y húmedo de capas bajas. Es un esquema útil, aunque no agota todas las posibilidades. También he señalado que un combustible de muy alta calidad, una vez liberado, puede contribuir a construir su propio motor. Este episodio parece un buen ejemplo de esa interacción.

El calor latente liberado durante horas en las torres convectivas calienta la atmósfera y modifica su circulación. En altura puede favorecer una pequeña dorsal y una salida de aire con curvatura anticiclónica, como sugería el dibujo de los cirros. Los ascensos, el calentamiento y la divergencia superior forman entonces parte de una circulación acoplada. En niveles medios, la distribución de ese calentamiento también puede contribuir a organizar un vórtice de mesoescala, una estructura que algunos modelos apuntaban y que el mapa de 500 hPa parecía dejar entrever.

La termodinámica, por tanto, no se limita a proporcionar energía para la lluvia: puede modificar la dinámica del entorno. Creo que comprender mejor cómo esta gran cantidad de humedad, al condensarse y liberar calor, altera la circulación en la que se inserta es una de las cuestiones que merecen mayor atención.

Contemplé la posibilidad de que ese vórtice diera lugar a vientos fuertes, y me equivoqué: apenas hubo rachas de unos 50 km/h. Realmente, un vórtice en niveles medios no implica por sí mismo vientos intensos en superficie. Para ello tendría que establecerse una circulación suficientemente organizada también en las capas bajas. Además, el aire enfriado por la precipitación puede dificultar la formación de un núcleo cálido junto a la superficie, aunque sus bordes también pueden favorecer nuevos desarrollos tormentosos.

Dar el salto hacia un ciclón de características tropicales requiere algo más que disponer de un mar caliente. Importan la organización de la circulación, la cizalladura y la persistencia de los intercambios de calor y humedad con el mar. En el Mediterráneo, la proximidad de tierra puede interrumpir esa evolución, pero no es el único condicionante.

Por eso, el aspecto tropical de la salida de cirros, aunque sugerente, no basta por sí mismo para hablar de un ciclón tropical ni de un medicán. Muchos medicanes se desarrollan a partir de una baja fría en altura y de una evolución posterior hacia una estructura más cálida. Aquí lo que llamaba la atención era precisamente la intensidad de la convección en un ambiente cálido y húmedo, sin una perturbación fría destacada sobre la zona.

La dana no es, como ya hemos comprobado otras veces, una condición necesaria para las lluvias torrenciales. Hay que vigilar con la misma atención la humedad de la columna, los corredores que la transportan, la convergencia en capas bajas y la posibilidad de que las tormentas se regeneren una y otra vez sobre un mismo lugar. También importa la distribución del viento con la altura, que condiciona su organización y desplazamiento.

El Mediterráneo que tenemos hoy no es el de hace unas décadas. Con un mar más caliente, el combustible puede ser tan rico y abundante que, dadas las condiciones adecuadas, un impulso inicial modesto desencadene una convección capaz de construir parte de su propia dinámica. No sé todavía si episodios como este están adquiriendo mayor frecuencia o protagonismo, y conviene no adelantar conclusiones. Pero es una pregunta que debemos empezar a hacernos ya.