21 de junio de 2022

Olas de calor e incendios forestales ¿se puede avanzar en la predicción?

Ahora que los efectos de la ola de calor en forma de  graves incendios forestales van ya disminuyendo, me siguen resonando las palabras, creo que de un bombero forestal, en relación con el incendio de la sierra de la Culebra. No recuerdo la literalidad de sus palabras pero la idea que expresaba es que "aunque se sabía desde una semana antes que llegaba una de ola de calor, no se hizo nada". Pues bien, quiero ahora fijarme en las dos partes de esa idea, porque me parece de sumo interés hacerlo.

“Se sabía desde una semana antes que llegaba una ola de calor”. Es verdad que el modelo de predicción del Centro Europeo apuntaba desde siete u ocho días antes a una marcada probabilidad de que en el periodo en el que luego ocurrió, se estableciera sobre la Península una situación atmosférica típica de ola de calor, o al menos de temperaturas muy elevadas, y desde luego muy propicia a la aparición de incendios por una u otra causa. Lo que no estaba tan claro era si iba a venir acompañada de una mayor o menor actividad tormentosa, ya que eso dependería a su vez del mayor o menor acercamiento a la Península de la dana que se iba a formar en el lado occidental de la dorsal; algo que se iría concretando en días posteriores. La situación se comentó mucho entre los aficionados en las redes sociales y varios medios de comunicación se hicieron eco de ello. Por su parte Aemet emitió una nota especial sobre esta situación de acuerdo con lo establecido en su plan Meteoalerta aparte de los avisos a más corto plazo sobre temperaturas elevadas.

“No se hizo nada”. No soy yo quien para expresar una opinión sobre lo que se hizo o se dejó de hacer. Pienso sinceramente que cada organismo involucrado cumplió con su deber e hizo lo que pudo de acuerdo con los protocolos establecidos. Bien, pues es en esta cuestión de los protocolos donde, en mi opinión, se debería actuar para intentar optimizar las actuaciones de prevención y mitigación de los incendios. 

La predicción meteorológica ha avanzado mucho en los últimos años y predicciones que nos parecían difíciles y arriesgadas hace una década ahora son mucho más posibles y fiables. De esta forma podemos conocer con bastante más antelación la probabilidad mayor o menor de que ocurra una situación potencialmente adversa. A este respecto, entre todos los fenómenos adversos, las olas de calor son los que en general presentan una mejor predecibilidad, es decir los que permiten establecer una predicción de su probabilidad de ocurrencia desde ocho o diez días antes. Así se desprende de bastantes estudios, siendo uno de los más recientes éste muy recientemente publicado.

Mapa de EFI (Extrem Forecast Index) previsto por el Centro Europeo para el pasado día 17. Estos mapas  tienen como objetivo proporcionar indicadores de áreas donde es probable que ocurran valores anómalos de temperatura máxima de 2 m según el sistema de predicción por conjuntos. Junto con algunos otros productos de la misma procedencia pueden orientar a medio plazo sobre la posible ocurrencia de una ola de calor.

Como entiendo -y me parece lógico- que los organismos oficiales involucrados en la prevención y lucha de incendios forestales sólo actúan cuando se reciben las comunicaciones establecidas en el Plan Meteoalerta, mi sugerencia sería que, al menos para las olas de calor, se establecieran avisos específicos a medio plazo. De esta forma se podrían emitir al menos seis o siete días antes de la probable ocurrencia de una situación de este tipo avisos, renovados diariamente, informando de su probabilidad de ocurrencia con toda la información asociada que sea posible. De este modo, los organismos afectados tendrían un apoyo oficial para llevar a cabo diversas actividades de planificación y predicción. 

Se puede argüir que esas predicciones podrían fallar y se perderían de este modo algunos recursos que podrían haberse movilizado. Cabe decir a este respecto que, en el caso de las olas de calor, serían desde luego bastante mayores los aciertos que los fallos pero que, aún en ese caso, y en un balance global, serían muchísimo menores las pérdidas e inconvenientes que los producidos por un gran incendio como los que estamos conociendo.

La atmósfera va evolucionando con rapidez en el contexto del cambio climático pero también lo están haciendo las predicciones meteorológicas desde el plazo de horas hasta el de semanas (cada uno con sus características y posibilidades por supuesto). Qué no sean los procedimientos o protocolos ningún obstáculo para lograr su máximo aprovechamiento. 


15 de junio de 2022

Olas que vienen

Miércoles 15 de junio. Es el día en que, en un principio, parecía que podría finalizar este episodio de ola de calor, aunque después los modelos de predicción lo han ido retrasando hasta el sábado o domingo, al menos en la vertiente atlántica. 

Este tipo de situaciones suele acabar cuando una vaguada del chorro polar, que circula mucho más al norte, llega a establecer una conexión con la dana, que normalmente se suele estacionar en estas situaciones al oeste de la Península, de modo que ésta se desplaza hacia el este, como  también lo hace la dorsal cálida situada sobre España. Ello da lugar a la entrada de aire marítimo mucho más fresco, si bien con la posibilidad de que en ese proceso puedan producirse fuertes tormentas en algunas zonas. Pero, por otra parte, esa evolución da lugar también a vientos terrales en el área mediterránea originando un reforzamiento en esas zonas de la ola de calor hasta que esa entrada del viento del oeste se corte o al menos se debilite mucho. Este es el proceso que, en principio iba a tener lugar hoy y que parece retrasarse hasta el próximo sábado o domingo.

La imagen del canal de absorción de vapor de agua de esta mañana muestra a la dana situada al W/SW de la Península Ibérica provocando la llegada de flujo de componente sur con arrastre de polvo africano. Por otra parte, una pequeña vaguada en el seno de ese flujo causa nubosidad media y alta y algunos desarrollos convectivos en general con poca precipitación pero con peligrosa actividad eléctrica. Al noroeste de la Península aparece una banda nubosa asociada a una vaguada del chorro polar que en las predicciones de varios días se asociaba con un desplazamiento de la dana hacia el este. Es algo que al final no va a suceder pero sí logrará una reorientación de su eje y un ligero acercamiento lo que podría a dar lugar mañana a algunos chubascos y unas temperaturas máximas ligerísimamente más bajas en algunas zonas. Finalmente será otra vaguada -que ahora se desarrolla hacia Canadá y Groenlandia- la que provocará el desplazamiento hacia el este del sistema dana/dorsal y permitirá la entrada de aire marítimo sobre la vertiente atlántica a lo largo del fin de semana. 

Imagen simulada por el modelo determinista del Centro Europeo del canal de absorción de vapor de agua para el mediodía del próximo sábado. Se ve la interacción de la vaguada atlántica con la dana que inicia ya su traslación hacia el este. Normalmente en una evolución de este tipo, acabaría entrando ya flujo del W/NW sobre la Península pero la casi simultánea aparición de otra pequeña dana hace esta evolución bastante compleja de modo que, probablemente, se mantendrá el flujo del SW sobre la Península durante algunos días más.

No cabe ninguna duda que esta situación que nos afecta va a cumplir con creces los requisitos para ser considerada una ola de calor. El debate no es ahora por tanto si lo va a ser, sino hasta qué punto está ligada al cambio climático, lo que debería confirmarse mediante un estudio de atribución. Dando por hecho la utilidad que ello tendría -y más ahora en que se están poniendo a punto técnicas para llevar a cabo esos estudios prácticamente en tiempo real-, lo que obtendríamos sería la probabilidad de que su ocurrencia haya sido mucho mayor en el contexto de ese cambio, o bien que esa probabilidad sea muy baja. En cualquier caso en la mayor parte de los estudios de atribución llevados a cabo en relación con estas situaciones de olas de calor en distintas partes del mundo aparece con bastante claridad esa relación con el cambio climático. Además, si damos por buena la hipótesis -todavía debatida, es verdad- de que el calentamiento acelerado de la zona polar da lugar a un chorro más ondulado y más propenso al establecimiento de situaciones meridianas con la profundización del aire tropical hacia latitudes más septentrionales, es lógico que se hagan más frecuentes y de mayor duración que en las situaciones de carácter más o menos zonal.

Un chorro polar -o extratropical- con tendencia a ondularse más, es propicio a crear más circulaciones  meridianas y, en su caso, más danas. Dado que estas situaciones tienen una evolución más lenta que las zonales, sus consecuencias pueden durar más tiempo. Por lo que se refiere a su impacto sobre las olas de calor, éstas podrían ser más frecuentes (más ondulaciones marcadas del chorro), más intensas (mayor penetración hacia latitudes septentrionales del aire tropical) y más persistentes. Aunque algunas de estas cuestiones están aún bajo investigación, la secuencia de las situaciones de los últimos 15 o 20 años apuntan en este sentido. 
 
Por tanto, más allá de si una ola de calor concreta tiene mayor o menor relación con el cambio climático, lo que sí parece ya claro es que su frecuencia -y quizás su intensidad- van en aumento, tal como muestran los estudios climáticos y adelantaban hace años las proyecciones a largo plazo. Creo por tanto que el reconocimiento y la divulgación de este hecho, -que las olas de calor van a ser más frecuentes y, quizás más intensas- no va en contra sino todo lo contrario del rigor científico (vease a este repecto este interesante documento publicado por la organización World Weather Attribution) que es algo que la ciencia le debe a la población y a los gobiernos. Unos gobiernos que deben sentirse presionados por la sociedad para adoptar las medidas de adecuación y mitigación necesarias. Es algo urgente y no es posible -ni creo que necesario- esperar a más confirmaciones que, además, siempre tendrán carácter probabilista. Siempre puede argumentarse que la tendencia pueda romperse o invertirse por algún fenómeno poco conocido o estudiado pero si hacemos caso a la inmensa mayor parte de la comunidad científica no parece probable que ello ocurra.

Con frecuencia hago referencia en este blog a la necesidad de que en España se estructure y consolide un ambicioso proyecto de investigación a nivel estatal para ir conociendo más en profundidad las consecuencias del cambio climático en nuestro entorno geográfico. Más allá -o además-  del aumento de las olas de calor, es vital ir conociendo cómo puede ser la evolución de las precipitaciones, a partir de qué circulaciones atmosféricas las podemos recibir, cuál sería su distribución geográfica, cuál podría ser su sinergia con el aumento de las olas de calor y tantas otras cuestiones relacionadas. Y otro tanto cabe decir de la evolución del viento, esa energía renovable por la que tan fuerte -y con razón- estamos apostando…pero ¿dónde, cuándo y cómo va a soplar ese viento en los años por venir?

Y una nota final. Estamos a mediados de junio y los embalses están al 48 por ciento de su capacidad. Veinte puntos por debajo de la media nacional de los últimos diez años y diez por debajo de los valores del año pasado por estas fechas. ¿A qué se está esperando?

25 de mayo de 2022

Oportunidades que se escapan

La situación de altas temperaturas que acaba de afectarnos ha vuelto a dejar -como cabía esperar- récords importantes de temperaturas máximas y algunas mínimas. Mientras que las primeras han quedado algo suavizadas por el efecto conjunto de las nubes altas y de la calima, las segundas han sido un poco forzadas al alza por esos mismos fenómenos. En fin, cuando parecía difícil que se superasen los valores de la situación de mediados de mayo de 2015, ello ha ocurrido y no hace sino confirmar lo que es ya una clara tendencia a que las temperaturas veraniegas vayan apareciendo cada vez con más frecuencia en los meses de mayo y junio. 

El relato de la situación y de  los valores alcanzados se han ido reflejando en sucesivos mensajes de Aemet así como en esta crónica de Victoria Torres en "El País" a partir de las declaraciones de Rubén del Campo, portavoz de la Agencia. Por su parte, la tendencia al adelanto de las temperaturas veraniegas ha sido excelentemente tratado en este artículo de Benito Fuentes en el blog de Aemet y por César Rodríguez Ballesteros en su blog "Clima en mapas".


Uno de los tweets que Aemet publicó en días pasados informando sobre la singularidad de la situación.

Por mi parte me interesa fijarme sobre todo en la necesidad de conocer más a fondo las causas dinámicas y/o termodinámicas que favorecen estos valores y estas tendencias. Durante mucho tiempo se ha razonado que ello se debe a una expansión de la masa aérea norteafricana, favorecida muchas veces por la circulación sobre nuestras zonas de viento de componente sur. Sin embargo, cuando se examinan más a fondo estas situaciones se constata que no siempre ocurre de este modo, o al menos que los valores alcanzados no pueden explicarse solamente por esas causas. Así por ejemplo, los análisis de retrotrayectorias nos muestran que, a veces, esas masas no proceden de África sino que son de origen subtropical marítimo y que han sufrido un fuerte proceso de calentamiento y "secado" por subsidencia. En otras ocasiones se observa cómo las temperaturas alcanzadas no pueden explicarse solamente por la temperatura de la masa de aire que nos llega sino que debe haber otros procesos regionales o locales -que no conocemos del todo- que deben haber contribuido a ello. 

Por tanto creo que se hace necesario ir un poco más allá y profundizar en las causas concretas que nos llevan a estos episodios y al aumento de su frecuencia. Hay métodos muy útiles tales como los estudios de retrotrayectorias o los experimentos de sensibilidad con los modelos numéricos ("conexión" o "desconexión" de ciertos módulos físico-matemáticos en los modelos para ver su influencia -o no- en las situaciones que se presentan y en los valores que se alcanzan). Y junto a ellos otros, como los de atribución, que nos permiten saber hasta qué punto una situación concreta está en mayor o menor relación con la evolución del cambio climático.

Cuando ocurren estas situaciones se dice en un primer momento -y es lógico que sea así- que las causas o las conexiones de estos fenómenos deberán conocerse con detalle tras un cuidadoso estudio posterior. Sin embargo, muy pocos de ellos se realizan. Y si se hacen, casi no se dan a conocer sus conclusiones. ¿Se ha hecho en España algún estudio profundo sobre la dinámica y termodinámica de “Filomena”? ¿Y sobre los cambios de circulación en altura sobre nuestra zona geográfica con los cambios subsiguientes en los “ríos atmosféricos”? ¿O sobre el aparente aumento de la intensidad de las precipitaciones en invierno?, ¿ Se está profundizando más sobre las transiciones extratropicales en nuestras zonas atlánticas y mediterráneas? Y ello solo por citar algunos ejemplos.

Es importante reseñar que este tipo de estudios no solo tienen un valor académico, sino que pueden resultar vitales para la planificación de las respuestas en actividades de prevención y/o de mitigación ante estos fenómenos. Me consta que esta preocupación es compartida por otras muchas personas, varias de las cuales son excelentes investigadores que se dedican a estas tareas en la medida en que les es posible. Ante esta situación la respuesta de ellos siempre suele ser la misma: falta de personal y/o falta de recursos. Por tanto, ¿cuándo el Gobierno va a dar la prioridad que requiere el estudio de nuestra meteorología y nuestro clima con un plan general de investigación bien diseñado, coordinado, dotado y adecuadamente gestionado? Se van escapando muchas ocasiones y oportunidades. 


16 de mayo de 2022

El verano vuelve a invadir mayo

Cuando era un chaval y vivía en un pueblo de La Mancha toledana, recuerdo que cuando se producían varios días de mucho calor, los hombres del campo decían que tanto calor no podía sino traer después un episodio de tormentas fuertes, como así solía ocurrir en muchas ocasiones. Bastantes años más tarde ya comprendí que tenía que haber algo más que mucho calor para que esos fenómenos se produzcan: es necesario que aparezca alguna onda, aunque sea débil, o alguna dana en niveles medios y altos para que ello ocurriera. Y justamente es esa onda o dana la que, en su lento acercamiento a la Península, y antes de entrar, genera en su zona delantera, las condiciones para una fuerte subida de temperaturas. En cualquier caso ahí ha quedado esa continuada atribución de algunas situaciones de tormentas a los muchos días de calor: las todavía populares "tormentas de calor".


Algo así va a suceder en los próximos días: tras un progresivo crecimiento de la dorsal africana sobre la Península Ibérica, la suma de la llegada de aire ya cálido de origen, la subsidencia anticiclónica y los cielos poco nubosos o despejados va a provocar un marcado ascenso de temperaturas que alcanzarán o incluso rebasarán algo los 40º C en algunas zonas del centro y sur peninsular. Esa situación tocará a su fin entre el domingo y el martes por la llegada de una pequeña pero activa dana que desde el jueves, momento aproximado de su formación, deambulará entre Azores, Canarias y la Península. Es probable que las tormentas que genere a su paso puedan provocar algunas fuertes tormentas, pero a su vez dará lugar a una clara suavización de las temperaturas. La única duda que muestran los modelos es el momento concreto en que esa  dana nos afectará, teniendo en cuenta sus movimientos de difícil predicción ya que dependen de variaciones muy sutiles de los vientos que la rodean.

Este mapa mixto del geopotencial de 500 hPa y de la temperatura de 850 hPa previsto por el ECMWF para el mediodía del próximo domingo muestra la típica situación de altas temperaturas en la Península y Baleares. La extensión de la masa cálida norteafricana forzada en mayor medida por la presencia de la dana al oeste de Portugal, los vientos débiles o en calma, los cielos despejados y algunos fenómenos de subsidencia crean el escenario ideal para la aparición de las elevadas temperaturas. 

La incertidumbre básica que presenta este mapa proveniente del sistema de predicción por conjuntos del ECMWF previsto para la madrugada del domingo es la ubicación concreta de la pequeña dana al oeste de Portugal, que podría influir de algún modo en las temperaturas máximas que puedan alcanzarse. En cualquier caso, la confianza en que esta dana atraviese la Península entre el domingo/lunes y el martes es bastante alta.

Por lo que respecta a la situación de altas temperaturas no viene sino a seguir confirmando la tendencia ya demostrada del adelanto progresivo de los días claramente veraniegos invadiendo poco a poco la segunda mitad del trimestre primaveral. En mi opinión es esta evolución así como el cambio de trayectoria de las borrascas atlánticas las muestras más claras de la presencia del cambio climático en nuestras zonas geográficas. 

Ante esta situación cabe preguntarse sí se van a batir los récords de temperaturas máximas y/o mínimas del mes de mayo o, por otra parte si se trata de una de "ola de calor". Es posible que algún récord pueda caer pero va siendo difícil porque ya tanto en años anteriores -por ejemplo 2015 o 2020- hemos tenido situaciones de muy altas temperaturas; tal como quedó reflejado en esta entrada del blog, en esta y en esta otra. En cuanto a sí se trata de una "ola de calor" es difícil afirmarlo desde un punto de vista técnico ya que los criterios establecidos por Aemet para definirla se refieren a los meses de junio, julio y agosto; criterios que a la vista de esta rápida evolución deben ser probablemente ampliados. En cualquier caso, sí, desde la percepción subjetiva estos días van a ser considerados por muchas personas como  una clara ola de calor y conviene tenerlo muy en cuenta, sobre todo desde el punto de vista sanitario y quizás también energético y ambiental. 

Para finalizar, recordar una vez más la necesidad de que en España se investigue con mayor profundidad las causas de este adelanto del periodo veraniego: ¿Son más frecuentes las entradas de las dorsales norteafricanas? ¿Es más cálido "de origen" el aire que nos llega de África? ¿Hay más o más intensos fenómenos de subsidencia? ¿influye la sequedad de algunos territorios con déficit hídrico prolongado sobre todo en zonas de la vertiente atlántica? Como tantas veces he apuntado ojalá se organice cuanto antes un esfuerzo cooperativo, priorizado y bien coordinado entre nuestros centros o instituciones de investigación climática y ambiental. Nos seguimos jugando mucho. 

22 de abril de 2022

Cambio Climático: un viento a vigilar

Coincidiendo con la celebración del Día de la Tierra, el Servicio de Cambio Climático de “Copérnicus”, (el Programa de la Observación de la Tierra de la Unión Europea)  ha publicado hoy el denominado “Estado del Clima en Europa 2021” en el que se detalla la evolución del clima durante el pasado año en nuestro continente con una especial atención también a la zona ártica.


El informe, muy interesante tanto en su fondo como en su forma y cuya lectura recomiendo vivamente, se ocupa de la evolución de los distintos factores atmosféricos y medioambientales durante el pasado año y entre otros muchos datos relevantes sigue constatando el incremento de la temperatura media en nuestro continente. Si bien durante el pasado año este incremento ha sido algo menos acusado que en años anteriores no ha evitado la aparición de fuertes olas de calor veraniegas y la de incendios de gran magnitud. De hecho el verano de 2021 ha sido el más cálido registrado en Europa.

En cualquier caso lo que me ha llamado mucho la atención es la constatación de la muy significativa disminución de la velocidad del viento respecto a sus valores medios en amplias zonas del noroeste y del centro de Europa, con el correspondiente impacto sobre la generación de la energía eólica. 

Página del sumario del documento en la que se expone el comportamiento del viento y sus consecuencias

Esta constatación coincide con la preocupación que he expresado varias veces en este blog sobre cómo puede ser la evolución del viento en las distintas zonas de España en los próximos decenios tanto en dirección, velocidad o regularidad. Es algo relacionado muy directamente con el comportamiento del chorro o chorros extratropicales, tanto en su ubicación geográfica media como en su mayor o menor estructura ondulatoria, algo sobre lo que todavía existen bastantes dudas. Esta cuestión es algo que puede condicionar en gran manera la planificación y operación del aprovechamiento de la energía eólica por la que en España se ha apostado -lógicamente- con toda claridad. 

A este respecto me he referido también con frecuencia al interés de que en España se consolidara una eficaz y fuerte grupo de trabajo, una especie de “task force” entre distintas instituciones de investigación que, con todo el soporte del Gobierno a través de los Ministerios de Ciencia e Innovación y de Transición Ecológica, profundizara y particularizara para España las investigaciones que se desarrollan a nivel mundial sobre la evolución de las distintas variables ligadas al cambio climático, y muy en especial de las precipitación y del viento, de importancia fundamental para nuestro desarrollo. Creo sinceramente que ya tardamos en robustecer, coordinar y priorizar la investigación española en estos aspectos.

11 de marzo de 2022

De danas y borrascas frías

Todo parece indicar que buena parte del tiempo de la próxima semana va a estar marcado por la presencia de una borrasca fría en nuestra zona geográfica. Aunque cabe esperar que todas las regiones reciban precipitaciones -más dudoso es que lleguen a afectar a Canarias- es difícil precisar cuándo y cómo van a ser afectadas las distintas zonas. 

Este mapa presenta la precipitación acumulada por el modelo de alta resolución del Centro Europeo desde el sábado hasta el miércoles 17. Es solo una orientación porque los desplazamientos y actividad de la borrasca presenta algunas dificultades para los modelos numéricos. En cualquier caso parecen lluvias muy significativas en gran parte de las zonas más necesitadas.

Ello depende de los relativamente pequeños desplazamientos que experimente la borrasca en una otra dirección y a este respecto cabe recordar que una borrasca fría -o en su caso una dana- si bien está separada de la circulación principal del chorro polar, no tiene por qué estarlo de otras circulaciones secundarias de carácter polar o subtropical a las cuáles sirve a veces como de una especie de engranaje, de forma que incluso puede redirigirlas. Estas interacciones, a veces muy sutiles, son las que marcan el movimiento de la borrasca en una u otra dirección, algo que con frecuencia es muy difícil de capturar y manejar adecuadamente por los modelos numéricos. Ello no quiere decir que también la dinámica o termodinámica interna de la propia borrasca no pueda influir en su propia circulación asociada e influir en sus movimientos, lo que constituye otra dificultad añadida para la adecuada predicción de su evolución.

Hecho este comentario, me quiero referir ahora al proceso de formación de la borrasca fría que nos va a afectar estos días. Todo comienza con el proceso de alargamiento y estrechamiento de una vaguada atlántica al oeste de la Península propiciado por el gran crecimiento de una dorsal al oeste de ella. De forma paralela al proceso de “estrangulamiento”, la creciente advección de vorticidad en niveles medios y altos de su zona delantera da lugar en las capas bajas a un proceso de ciclogénesis no muy marcada sobre aguas atlánticas. Una vez que el proceso de cierre de la vaguada culmina con la aparición de una dana, hay unas horas durante las que conviven como estructuras separadas la propia dana y por delante de ella la borrasca de superficie… hasta que llegan a coincidir en la vertical dando lugar de este modo a la borrasca fría que nos va a afectar. 

A las 21 UTC del domingo la vaguada se estrecha cada vez más....


....y a la misma hora ya aparece una circulación cerrada bajo la zona de mayor advección de vorticidad de la circulación en altura.

....Doce horas después el proceso de cierre de la vaguada ya se ha completado...


...y el centro de la baja en superficie -que se va ahondando y desarrollando una marcada circulación ciclónica-, se sitúa prácticamente debajo de la borrasca de niveles altos. Estamos ya por tanto ante una borrasca fría por un rápido acople de la dana primitiva con la incipiente baja de superficie que apareció poco por delante de ella. 

Un caso extremo de un proceso de este tipo ocurre cuando una dana se sitúa sobre el golfo de Cádiz y la zona delantera de su circulación aparece sobre el Mediterráneo. En esa situación, el efecto dinámico, el aire húmedo marítimo y sobre todo las montañas del Atlas colaboran a la aparición de una borrasca bastante marcada en niveles bajos que con su advección de vientos de componente este cargados de humedad juega un papel fundamental en la generación de intensas lluvias mediterráneas. 

En cualquier caso hay ocasiones en que la dana no se convierte en borrasca fría y permanece como tal hasta su desaparición. Tras formarse, solo se refleja en superficie por un seno de bajas presiones sin llegar a aparecer una circulación cerrada, o si lo hace es de forma muy débil  (aquí tendríamos que concretar cómo se cuantifica ese “muy débil”).  En estos casos, al no haber una contribución clara de aire húmedo de capas bajas las precipitaciones están básicamente ligadas a la actividad convectiva en la zona del núcleo de la dana. 

Por tanto, y tal como ya se ha expuesto con frecuencia por otros compañeros, no cabe hacer una separación absoluta entre danas y borrascas frías. Todo forma parte de una evolución continuada en el patrón de ondas de la circulación principal de niveles altos y que pasa por distintas fases. El hecho de que la dana que pueda formarse se transforme -o no- en borrasca fría puede depender en gran manera de las condiciones de las capas bajas para favorecer la aparición de una ciclogénesis bien marcada. Pero, en cualquier caso, todo lo expuesto no es más que una hipótesis que requeriría una mayor investigación, tal como otras muchas cuestiones de nuestra meteorología. 


1 de marzo de 2022

Un cierto alivio -hídrico- al comienzo de marzo


Tras el fugaz paso de una dana que supuso un mínimo y muy parcial alivio hídrico en algunas zonas, se inicia marzo, y con él el trimestre primaveral climatológico (marzo-abril-mayo).

Coincidiendo con ello empiezan a verse cambios en la circulación atmosférica que, al menos por unos días, romperá parcialmente el patrón que ha venido manteniendo durante un largo periodo. De este modo, un ramal del chorro polar va a  bajar de latitud retirando un poco -parece que sólo provisionalmente- a la dorsal atlántica hacia el sur y el oeste. De este modo, va a conducir durante la segunda mitad de esta semana hacia la Península un par de vaguadas que darán lugar probablemente a algunas débiles y poco duraderas danas. En cualquier caso lo hará siguiendo la que denomino “vía del noroeste”, una trayectoria que da lugar a precipitaciones, -no muy abundantes salvo en áreas montañosas- en la mitad nordeste de la Península y bastante más escasas en el resto de las zonas. Lo que sí parece asegurado es un muy sensible descenso de las temperaturas, vientos ocasionalmente fuertes,  nevadas en las zonas montañosas -que podrán aparecer también de forma débil en zonas altas del interior peninsular- y un efímero temporal de levante en parte del área mediterránea debido a una breve pero relativamente intensa ciclogénesis que, en cualquier caso podría generar lluvias intensas.

Imagen simulada del canal de vapor de agua prevista por el modelo de alta resolución del Centro Europeo de Predicción a Medio Plazo para la madrugada del viernes 4 de marzo. Sobre el este/sureste peninsular puede verse el remolino ciclónico generado por la dana que habrá recorrido la Península de NW a SE durante el jueves. Al oeste de Irlanda aparece  un nuevo vórtice que podría afectar a la Península el sábado con precipitaciones más débiles, pero que podría dar lugar a su llegada a la aparición fugaz de la nieve en cotas relativamente bajas del oeste peninsular.


Este sería el posible resultado en cuanto a precipitaciones del paso de las vaguadas/danas en la segunda mitad de esta semana. Puede comprobarse como las precipitaciones son más abundantes en amplias zonas -sobre todo montañosas- de la mitad NE. peninsular y mucho menos en gran parte de la vertiente atlántica donde se encuentran las zonas más necesitadas. La repercusión de la fugaz ciclogénesis mediterránea que generará el paso de la primera dana se muestra en ese importante realce de la precipitación en zonas de las Comunidades Valenciana y Murciana. Una situación a vigilar.


A partir  del lunes parece que la circulación pasará a ser  del oeste y algunos nuevos frentes afectarán a la vertiente atlántica durante la primera mitad de la semana. Después, aunque habrá que irlo confirmando, parece probable que la dorsal atlántica recupere su posición cada vez más habitual de modo  que los frentes atlánticos solo afectarían al tercio o como mucho mitad norte peninsular.

Imagen simulada del canal de vapor de agua para la madrugada del próximo lunes. Una onda frontal atlántica empieza a afectar a la Península pudiendo dar precipitaciones en general débiles en la vertiente atlántica. 

Por tanto, durante estos próximos siete días la circulación atmosférica proporcionará un cierto alivio para la situación de sequía aunque no en la medida que necesitarían las zonas más afectadas. Esperemos que, aunque sea mediante circulaciones del W y del NW, durante el trimestre primaveral  la atmósfera pueda irnos dando sucesivos alivios hídricos que permitan un respiro en el campo español. A eso parecen apuntar las predicciones para las próximas tres semanas que hoy ha publicado AEMET. 


23 de febrero de 2022

Una dana para un (pequeño) rescate

En esta situación de prolongada ausencia de lluvias en amplias zonas de España, cualquier atisbo de llegada de precipitaciones es una noticia de mayor importancia que la de otras que se suelen considerar así. De este modo, la probable afectación por una dana de parte de la Península Ibérica durante este fin de semana es contemplada con un cierto alivio por amplios colectivos sociales y sobre todo por el mundo agrícola y ganadero, al borde de la catástrofe en algunas zonas. En principio sería mucho más deseable un prolongado temporal de borrascas atlánticas, pero éstas siguen estando muy lejanas y, como apuntaba en la anterior entrada del blog, hay que fijarse cada vez más en las precipitaciones que nos puedan venir de la atmósfera subtropical. 

En la situación actual, una dana que se formó en días pasados como consecuencia del paso de una débil vaguada sobre la Península, y que ha quedado semiestacionaria entre Madeira y Canarias, se va a desplazar hacia la Península “atraída” -como suele ocurrir- por el paso de otra vaguada sobre el área Cantábrica. Se situará en el área del golfo de Cádiz y, tras permanecer durante un par de días sobre el interior peninsular, se dirigirá después posiblemente hacia el norte de África.

Decir que esta dana se va a situar sobre esa zona del golfo de Cádiz resulta en principio muy esperanzador dado que es una ubicación propicia para la generación de precipitaciones significativas. Pero, aún siendo esa una condición importante, no es por sí sola determinante para que eso ocurra. Se necesita también que la circulación de vientos que rodea a la dana -a la que ésta sirve como una especie de engranaje director- sea vigorosa. Cuando ocurre así, en la zona delantera de “salida” de esa circulación se producen marcados ascensos verticales con caídas de presión en superficie. Ello genera la convergencia del aire en bajos niveles que, succionado por esas corrientes verticales, crean grandes masas nubosas de las que caen lluvias abundantes y más o menos intensas. Si además en las capas medias también esos vientos han arrastrado humedad significativa, ello contribuye a una mayor eficiencia de la precipitación

Pero desgraciadamente este fin de semana no va a ser del todo así. Aunque el mecanismo que acabo de describir va a estar presente, no parece que la circulación de niveles altos sea lo suficientemente vigorosa ni transporte la cantidad de humedad adecuada para que las precipitaciones puedan tener la abundancia que nos permitiera solucionar -al menos en parte- la situación en la que nos encontramos. 

Topografía de 300 hPa prevista para las 12 UTC del viernes 25 de febrero. Si bien la dana se ubica sobre la zona del golfo de Cádiz, los vientos que la rodean -que como puede verse son un pequeño ramal de un chorro subtropical situado más al sur- no parece que tengan la intensidad suficiente como para crear grandes ascensos sobre amplias zonas del sur y centro peninsular.

Análisis de contenido total de agua precipitable a las 08 UTC de hoy 23 de febrero. No parece que la rama que se dirige hacia la Península Ibérica vaya a aportar grandes cantidades.

Si bien en algunas zonas, no muy extensas de Andalucía, o del sur de Extremadura podrían alcanzarse durante el fin de semana hasta 20 o 30 mm de precipitación, en la mayor parte de las zonas no pasarán probablemente de unos cuantos mm. 

Precipitaciones previstas desde la tarde de mañana jueves hasta la medianoche del domingo al lunes. Salvo en algunas zonas de Andalucía y del sur de Extremadura no parece que, en general, puedan ser muy significativas en el resto de las zonas 

En cualquier caso, si al menos sirven para reblandecer la tierra y darla un poco de humedad, bienvenidas sean y quizás permitan esperar unos días más para ver si a principios de marzo -como empiezan a apuntar los modelos- una vaguada más activa del chorro polar nos trajera precipitaciones más significativas. 

18 de febrero de 2022

Las circulaciones atmosféricas sobre España: más preguntas que respuestas

Como era de esperar, la situación de sequía se ha convertido ya en un tema de alta prioridad y no solo para los informativos sino, sobre todo, para el medio rural y para las autoridades que tienen que tomar decisiones sobre medidas a tomar desde ya o en las próximas semanas en relación con la gestión del agua.

Poco se puede añadir a lo ya dicho estos días sobre las zonas más castigadas por esta situación o por las perspectivas, en general poco halagüeñas, para esta última decena de febrero e incluso, al menos, para la primera quincena de marzo. Se ha comentado también el hecho de que las sequías son un elemento característico del clima de la Península Ibérica y que, aunque es difícil saber cuál está siendo su evolución en el contexto del calentamiento global, parece que los periodos secos -de mayor o menor duración- van aumentando. Ante todo ello quizás la pregunta fundamental que cabe hacerse es la que hace unos días me planteaba una periodista: ¿Qué podemos hacer? 

Más allá de las directrices que tanto a nivel personal como general están establecidas, creo que meteorólogos y climatólogos tendríamos que seguir ofreciendo -y si es posible potenciando-  la mayor y mejor información disponible sobre cómo está evolucionando el clima en la Península Ibérica, Baleares y Canarias y cuál es la evolución más previsible. Se trata de algo fundamental para la planificación adecuada a medio y largo plazo en relación con el mantenimiento y desarrollo de recursos e infraestructuras de todo tipo, y muy en especial las de carácter energético, ambiental, industrial o agrario por citar solo algunas de ellas.

Podría decirse que ya conocemos estas tendencias: aumento de la temperatura media, olas de calor más frecuentes y quizás más extensas, una reducción progresiva de la precipitación dependiendo en zonas geográficas y estaciones del año… Sin embargo, sería importante poder profundizar más en las evoluciones y tendencias de la precipitación y del viento dada su importancia crítica y su estrecha ligazón con los chorros extratropicales y subtropicales, siendo la evolución  de éstos una de las cuestiones todavía más controvertidas en el contexto del cambio climático. Y España una de las zonas más afectadas por esas incertidumbres. Por esta razón  hace tiempo que insisto en la importancia  que para esa potenciación tendría la creación por el Gobierno de un plan estatal de investigación adecuadamente dotado que -tras establecer las prioridades más oportunas-  profundizara y particularizara para España, hasta donde sea posible, lo que los resultados a gran escala van ofreciendo.

A este respecto, y sólo como opinión puramente personal, me atrevería a señalar qué es lo que vamos sabiendo y lo que tendríamos que conocer mejor sobre la evolución de la atmósfera en nuestras latitudes:

a) Creo que hay un consenso general en una mayor y progresiva expansión hacia el norte de la atmósfera subtropical, lo que se traduce en una dorsal atlántica más persistente, quizás con una recolocación algo más al oeste y puede que cambiando algo su estructura en cuña algo más hacia el norte.  Es verdad que ya se han llevado a cabo algunas investigaciones a este respecto pero con la amplia disponibilidad de los archivos de reanálisis podría ser interesante estudiarlo más a fondo y ver cuál es la tendencia que señalan los modelos globales. 

b) Es indudable que esta evolución de la dorsal atlántica tiene al menos dos consecuencias claras. La primera es la casi completa desaparición de los temporales de Poniente. Las borrascas que se forman en el Atlántico discurren ya de forma casi generalizada por latitudes más septentrionales o se dirigen claramente hacia las zonas polares aportando allí calor y humedad. Por otra parte la estructura y ubicación de la citada dorsal hace que –al menos aparentemente- se vayan haciendo más frecuentes sobre la Península y Baleares las circulaciones del noroeste. Circulaciones que solo dejan precipitaciones significativas en el área cantábrica y parte de Pirineos pero mucho menos abundantes en el resto de la mitad norte de la Península y norte del archipiélago balear y prácticamente nulas en el resto. Al menos esto es lo que parece desde un punto de vista cualitativo pero convendría estudiarlo cuantitativamente y ver cómo coincide todo ello con lo que han apuntado los modelos y hasta qué punto seguirán apuntando así. 

Con una tendencia de la dorsal atlántica a una mayor extensión hacia el N. parece que las circulaciones del NW se van haciendo cada vez más frecuentes a la vez que han decrecido drásticamente las del  W y SW. El impacto de ello en la distribución de las precipitaciones -y del viento- en España puede ser muy importante.

c) De vez en cuando una vaguada del chorro polar se agudiza y hace que momentáneamente la dorsal retroceda. A veces pasa sobre la Península como una vaguada del noroeste o del oeste pero las precipitaciones que la acompañan no suelen ser muy significativas. Otras veces la vaguada se estrangula y forma una dana, el tipo de estructura atmosférica que puede darnos precipitaciones significativas ante la ausencia casi total de los temporales atlánticos. Sin embargo, da la sensación de que, o se forman menos danas o se quedan en latitudes más altas y en caso de afectarnos lo hacen  también por una trayectoria  NW-SE dando menos precipitaciones de las que cabría esperar si se ubicaran en aquellas ubicaciones típicas del golfo de Cádiz o del mar de Alborán. Y aquí sí hay también un gran campo de investigación. ¿Nos afectan menos danas? ¿Lo hacen en el mismo número aunque con menos precipitaciones? ¿Están cambiando ubicaciones o trayectorias? ¿Hacia donde apuntan los modelos de evolución climática? Y no olvidemos en este contexto cuál puede ser la evolución de los "medicanes" ligados con frecuencia a danas sobre el Mediterráneo.

 ¿Está variando la frecuencia de formación de danas, su ubicación o su recorrido?

d) Es verdad que se han reducido drásticamente los temporales atlánticos “clásicos” pero muy de vez en cuando nos llegan circulaciones del W/SW muy cargadas de humedad que dejan durante dos o tres días precipitaciones muy significativas en amplias zonas de la Península. Todo indica que, más que a borrascas concretas, parecen estar ligadas a los denominados “ríos atmosféricos” que desde zonas muy al oeste, incluso desde el Caribe o más al sur, se dirigen hacia la Península Ibérica. Podría argüirse que estas son las típicas situaciones de Poniente, pero hay algunos elementos en ellas –cantidad de agua precipitable, gran extensión vertical, frentes casi inexistentes o muy poco marcados, borrascas bastante lejanas- que inducen a pensar en un fenómeno distinto. ¿Lo es?, ¿está relacionado con el cambio climático? ¿Tenderían a aumentar? ¿Podría ser una fuente significativa de precipitaciones en el futuro?

Estas bandas de las imágenes del canal de vapor de agua van ligadas frecuentemente  a ríos atmosféricos con origen en zonas del Caribe, e incluso más al sur, que transportan gran cantidad de agua precipitable a las áreas donde inciden y pueden no tener relación directa con borrascas extratropicales

e) La progresión hacia el norte de la atmósfera subtropical podría suponer una afectación creciente en Canarias e incluso en la Península por estructuras ciclónicas tropicales y/o subtropicales que parece que tienden a moverse más claramente hacia nuestras zonas o incluso  a desarrollarse en las cercanías. ¿Podrían ser en el futuro un elemento significativo en cuanto a precipitaciones?

"Leslie" llegando a la Península Ibérica. Si bien, oficialmente, era ya un ciclón postropical, mantengo mis dudas sobre si todavía era un huracán clase I cuando tocó las costas portuguesas.

f) Otra cuestión que parece también que debería abordarse en profundidad son las situaciones que provocan fenómenos adversos, fenómenos que parecen ir ganando en intensidad y frecuencia debido probablemente a la mayor energía disponible en la atmósfera, y que van afectando a zonas donde eran raros o prácticamente desconocidos. ¿Cuál ha sido la tendencia en los últimos años? ¿Cuál va a ser en el futuro?


La gran nevada de "Filomena". En mi opinión su intensidad tuvo mucho que ver con la gran cantidad -para enero- de energía y humedad proporcionada por el aire subtropical que entró en juego.

g) Para finalizar cabe señalar también la importancia de cómo puede evolucionar el régimen de vientos en relación con la generación de energía eólica dada la fuerte y comprensible apuesta que se está haciendo por ella. La decreciente frecuencia de la aparición del chorro polar sobre muchas zonas –excepto las del norte y nordeste donde las frecuentes circulaciones del norte y noroeste parecen incrementarse- deberá llevar a estudiar cuál va a ser la disponibilidad de este recurso en años venideros y sí será capaz de satisfacer la demanda de energía que se espera.

Todo lo anterior es lo que se me ocurre cómo las cuestiones más significativas que habría que tener sobre la evolución climática en España, y es probable que no sea ni mucho menos completa o incluso muy discutible. No ignoro que sobre estos temas se han llevado ya a cabo algunas investigaciones y se siguen haciendo pero insisto en mi convencimiento de que sería muy útil el establecimiento del plan al  que me refería al  principio para priorizar, coordinar y potenciar todas ellas. 

1 de febrero de 2022

Sin lluvia...y con poco viento

Acaba un enero muy seco en la mayor parte de las regiones españolas y comienza febrero con escasas -casi nulas- esperanzas de que, al menos en su primera mitad, aparezca un temporal de lluvias que alivie la gran escasez de agua que se siente en gran parte del país. Las pocas bajadas de latitud del chorro polar han generado circulaciones de norte o noroeste con precipitaciones muy circunscritas a zonas de la mitad norte mientras que el resto de los días han predominado las situaciones anticiclónicas que han dado lugar a un prolongado periodo de cielos despejados con noches muy frías y con algunos récords de temperatura media de las mínimas. Pero la lluvia, la necesaria y abundante lluvia no ha llegado con generosidad salvo a algunas zonas del norte. 

Las precipitaciones de enero han sido muy escasas e incluso nulas en algunas zonas. Salvo en algunas zonas del norte, han estado muy por debajo de los valores habituales del mes en toda la Península y Baleares (fuente: AEMET)

Situación de la sequía en Península y Baleares a  mediados de enero de acuerdo con el índice SPEI que tiene en cuenta la precipitación y la demanda de agua por la atmósfera. Este producto denominado "Monitor de la sequía" de CSIC/AEMET y otros organismos puede consultarse aquí.

Evolución del agua embalsada en lo que va de año. Bastante por debajo de la media y -por ahora- de la de los años 2021 y 2022 (fuente: embalses.net)


Tras afectarnos ahora una fugaz dorsal anticiclónica con aire muy cálido para la época que dará lugar a temperaturas máximas muy por encima de las habituales,  nos  llegará a continuación desde Canarias un débil embolsamiento de aire frío que producirá bastante nubosidad pero muy pocas precipitaciones, siendo incluso posible que aparecieran ya los primeros desarrollos convectivos del año. 

Simulación de imagen infrarroja prevista por el modelo del Centro Europeo para las 12 UTC del 4 de febrero. Una masa nubosa procedente de Canarias afectará este día y el siguiente a la Península pero con precipitaciones muy dispersas y escasas.

Después volverá el régimen anticiclónico con calmas o vientos débiles del este probablemente hasta mediados de mes al menos.

Las anomalías de precipitación previstas del 31 de enero al 6 de febrero son claramente negativas en todo el territorio peninsular y Baleares. De llover algo siempre sería por debajo de los valores normales para esta semana. 

...Y las de la semana del 7 al 13. El panorama es casi idéntico

En la semana del 14 al 20 de febrero parece contemplarse la aparición de lluvias en el tercio oriental peninsular aunque, como es lógico, según avanza el plazo la predicción es menos fiable.

Todo ello es producto, una vez más, de una circulación muy alta del chorro polar que deja a la Península en una atmósfera de carácter más bien subtropical y dependiendo de las estructuras que se desarrollen en su seno y pudieran darnos algunas precipitaciones. 

Es verdad que la Península Ibérica ha estado sujeta siempre a periodos de sequía pero sería muy interesante estudiar si las circulaciones y estructuras atmosféricas que las han originado se siguen conservando con las mismas características, o hay -o puede haber- alguna evolución en el contexto del cambio climático. Y en ese mismo contexto sería muy útil, casi necesario, estudiar con todo el detalle que fuera posible, cómo puede evolucionar el régimen de vientos en nuestras zonas, y más cuando tanto se apuesta por una amplia expansión de los generadores eólicos en el marco de la sostenibilidad energética. 

Lluvia y viento son factores de vital importancia para el desarrollo de la sociedad española y para planificar adecuadamente sus apuestas de futuro. Por eso, y aún reconociendo los desarrollos de algunos trabajos muy valiosos, sigo pensando que es necesario un reforzamiento muy profundo de la investigación española sobre cómo el cambio climático va a afectar -o está afectando ya- a las circulaciones atmosféricas - sobre todo chorros extratropicales y subtropicales- en nuestra zona y, por tanto a vientos y precipitaciones. España debe contar lo antes posible con un programa estatal adecuadamente dotado y coordinado que pueda ir poco a poco aportando las claves que conduzcan a decisiones estratégicas correctas en campos de vital importancia.

4 de enero de 2022

Tras la "primavera", vuelta -de momento- al invierno

Con la vaguada atlántica que hoy atraviesa la Península y la de carácter más secundario que lo hará mañana, se pone fin a un periodo meteorológico muy interesante que comenzó algún día antes de Navidad con un temporal de lluvias por zonas de la vertiente atlántica y que continuó con unas jornadas de temperaturas anormalmente altas para esta época del año. Ahora, de nuevo, volvemos a nuestras conocidas circulaciones de norte y noroeste con algunos periodos en que la dorsal atlántica se desplazará hacia la Península. 

A primeras horas de hoy, 4 de enero, la imagen del canal de vapor de agua mostraba la vaguada atlántica que nos afecta y que marcará el final del periodo del predominio del aire cálido subtropical y su sustitución por aire polar marítimo.


Por lo que respecta al periodo de lluvias que afectó a la vertiente atlántica, si bien en algunas zonas del bajo Guadalquivir, sierras de Cádiz, Galicia y puntos de Extremadura fueron relativamente abundantes, lo cierto es que poco han paliado la situación de las zonas de déficit hídrico, un déficit que es especialmente preocupante en la mitad oriental de Andalucía y Sureste. 

Mapas correspondientes al último Balance Hídrico Nacional elaborado por Aemet y cerrado el 31 de diciembre. A la derecha la precipitación acumulada en la última decena del mes y a la izquierda el porcentaje de la precipitación acumulada desde el 1 de septiembre sobre la normal. Aunque en las zonas donde las lluvias han sido más abundantes el déficit se ha suavizado algo, sigue siendo importante en el tercio sur peninsular y Canarias e incluso extremo en algunas zonas.

Por el contrario han sido realmente espectaculares las elevadas temperaturas máximas y también las mínimas sobre todo en zonas medias y altas no afectadas por las nieblas. Se han batido récords de todo tipo con unas anomalías que a veces han alcanzado puntualmente los 10ºC y nada menos que 6ºC en el conjunto peninsular. Un estudio muy interesante e ilustrativo de este periodo puede verse en el artículo que ayer publicó AEMET en su blog y en el que quedan más detallados y ampliados estos datos. 

Un espectacular gráfico publicado en la mencionada entrada del blog de Aemet. Mientras que la línea verde muestra la variación climatológica promedio de la temperatura media en España a lo largo de diciembre y primeros días de enero, la línea negra quebrada representa la evolución de la temperatura media observada en el periodo que acaba de finalizar. Se ve con toda claridad la irrupción del aire subtropical a partir del 19 de diciembre con un primer periodo de lluvias en la vertiente atlántica y un segundo escalón tras la Navidad con aire más cálido acompañado de subsidencia anticiclónica. 

En cuanto a sus causas es cansino, pero obligatorio, referirse al protagonismo del aire muy cálido subtropical procedente del oeste y suroeste, moviéndose -no lo olvidemos- sobre un océano con anomalías térmicas positivas, y cuya temperatura -la del aire- se ha visto algo incrementada en algunas casos y zonas por fenómenos de subsidencia. 

Anomalías de la temperatura del agua superficial atlántica el 31 de diciembre. Aunque predominan de forma casi general las positivas son significativas en nuestro caso las más acusadas en la zona Azores-Canarias-Golfo de Cádiz (NOAA)

Por tanto, una vez más, y son ya muchas, este aire subtropical mucho más cálido de lo que climatológicamente le correspondería, ha vuelto a jugar un papel determinante en esta situación, tal como lo ha hecho en gran parte de los fenómenos atmosféricos adversos de los últimos años. Todo parece por tanto corroborar la hipótesis de una progresiva ganancia de latitud de la atmósfera subtropical.

Y ahora, como si la atmósfera hubiera finalizado también su periodo vacacional, volvemos a la configuración atmosférica que nos es tan bien conocida. La dorsal atlántica se irá elongando progresivamente de sur a norte sobre el Atlántico central y  forzará sobre nuestras zonas circulaciones de norte y de noroeste, con una tendencia hacia un mayor acercamiento de la dorsal a la Península, pudiendo llegarse de nuevo al establecimiento al cabo de varios días de una posible estructura en omega. 

Mientras las líneas azules muestran la situación a 500 hPa el próximo día 13 de enero según el modelo determinista del Centro Europeo apuntando hacia una situación más o menos en omega, los sombreados en magenta obtenidos del sistema de predicción por conjuntos del mismo Centro señalan el mayor o menor grado de "incertidumbre" de la configuración en distintas zonas. En la nuestra la parte con evolución más incierta es la de la rama oriental de la dorsal situada desde Francia al sur de Baleares. Ello podría señalar una tendencia hacia una entrada fría del nordeste hacia mediados de mes, pero hay que irlo viendo día a día. 

Por tanto, lo que por ahora parece poco probable a corto y medio plazo, tras el paso de estas dos inmediatas vaguadas, es una nueva entrada de lluvias atlánticas sino más bien el predominio del tiempo anticiclónico con la posibilidad de una entrada fría del nordeste que habría que ver si daría -o no- lugar a una dana.