1 de noviembre de 2022

Crisis climática... ¿Qué comunicación es la más motivadora?

Ante la extremosidad meteorológica que estamos viviendo en los últimos tiempos y, sobre todo, ante las largas situaciones de intenso calor que hemos vivido este verano y ahora también en el otoño con récords que caen de forma continuada, existe en la población una creciente preocupación y un cierto desánimo sobre lo que puede pasar en el futuro próximo y las medidas que tanto a nivel general como individual habría que adoptar. ¿Y sí el próximo verano es como el pasado? ¿Y si las lluvias -o las nieves- siguen retrasándose? ¿Y qué hacer para prevenir las tremendas oleadas de incendios?... ¿Qué acciones habría que ir adoptando ya a nivel institucional, social o personal de cara a la adecuación y mitigación de una evolución climática que parece ir algo más rápida de lo previsto? 

Creo que todas estas cuestiones necesitarían una respuesta institucional clara -hasta donde sea posible- con una adecuada y eficaz comunicación que genere en la población una actitud de creatividad y serenidad más que de miedo o de "pasotismo". A este respecto: ¿es eficaz y útil el tipo de comunicación actual o habría que revisar sus características para tratar, si ello es el caso, de modificarla en algún sentido?




Escribo todo esto a raíz de un artículo recientemente publicado en el Bulletin of American Meteorological Society (BAMS) en el que se plantea cuáles son las motivaciones que hacen a las personas adoptar comportamientos de adaptación al cambio climático y colaborar en la reducción del riesgo de desastres naturales  y no me resisto a copiar su conclusión básica:

La percepción del riesgo, el conocimiento y la percepción del cambio climático, que comúnmente se consideran impulsores clave, son insignificantes o débiles. Los modelos explican entre el 55 % y el 86 % de la variación en los comportamientos de adaptación. Los resultados sugieren que es posible que el enfoque de los esfuerzos de adaptación deba cambiar de la percepción del riesgo y la percepción del cambio climático a la eficacia y las normas sociales.

Es verdad que es un estudio llevado a cabo en Estados Unidos y que se ha centrado en inundaciones e incendios, pero sin pretender establecer sus conclusiones como un marco de referencia global, sí ofrece una pista de reflexión sobre qué tipo de informaciones pueden ser las más capaces de generar en el público un mayor esfuerzo de adaptación. Parece que conocer la realización y la eficacia de las acciones en este campo y sobre el cumplimiento de las normas específicas por la sociedad puede ser la información más útil a recibir. Es decir, no parece ya tan necesario convencer de la realidad de la crisis sino de conocer lo que se está haciendo, su eficacia y el cumplimiento de las normativas establecidas. 

Creo que esta es una conclusión digna de tener en cuenta cuando nos preguntamos cómo debe ser la comunicación en relación con la crisis climática y sus procesos asociados, y cómo podría evolucionar el papel de los comunicadores meteorológicos o quizás mejor, ambientales. Si unimos a lo expuesto anteriormente otro par de cuestiones a las que ya he dedicado varias entradas de este blog y que también me siguen pareciendo de gran importancia, cabría señalar cuatro posibles líneas de acción que serían a mi juicio fundamentales para lograr esos objetivos.

1.- Conseguir el mayor y mejor flujo de resultados de investigaciones desde el mundo científico hacia el de los comunicadores y mantener siempre entre ambos colectivos una “línea caliente” para aclaraciones o ampliaciones (cabe decir que hace dos o tres años se propuso a la FECYT una propuesta para el establecimiento de una acción de este tipo entre ACOMET y la Universidad Complutense pero no fue finalmente aceptado). Cabe señalar que aunque las informaciones de interés pueden provenir de cualquier lugar del mundo, debería darse especial prioridad a las que se refieran a España y a nuestra zona geográfica de interés. Indirectamente esta acción podría estimular a los grupos de investigación españoles a potenciar o ampliar sus actividades dado que se contaría con un canal eficaz de transmisión y divulgación de sus resultados a la sociedad.
2.- Establecer un mecanismo eficaz de comunicación entre las autoridades correspondientes tanto a nivel estatal como autonómico para la difusión de las acciones concretas y eficaces que las instituciones estén llevando a cabo en la lucha contra los efectos del cambio climático o de las adecuadas acciones de prevención (un ejemplo inmediato es el del cuidado de los bosques, pero hay muchos más). Como decía anteriormente la comunicación de estas acciones son las que parecen ayudar a una mayor concienciación e involucración por parte del público. 

3.- Estudiar la forma más adecuada y efectiva de trasladar estos mensajes a la población. Ello debe planificarse a través del trabajo conjunto de meteorólogos, comunicadores, técnicos de protección civil y -muy importante- psicólogos sociales. 

4.- Naturalmente estas medidas no podrían implementarse sin una profunda involucración de las empresas de comunicación y de los propios comunicadores. Ello implica por parte de estos últimos su  disposición y preparación para ampliar el ámbito de sus informaciones, pero no creo que hubiera problemas por su parte si las anteriores condiciones se cumplieran. Tarea quizás algo más compleja sea la de convencer a algunas empresas de comunicación para poner en marcha espacios periódicos dedicados a la divulgación adecuada y atractiva de todas estas informaciones más allá de los puros y limitados "tiempos" para el tiempo, así como de llevar a cabo una amplia difusión de sus contenidos a través de las redes sociales.

Lograr todo esto escapa de las posibilidades de un grupo de personas o de un único colectivo, pero entre unos y otros sí es posible plantearlo ante los Ministerios de Ciencia e Innovación y de Transición Ecológica y en su caso de las empresas de comunicación. De un modo u otro creo que es necesario un amplio esfuerzo cooperativo de los distintos sectores involucrados para conseguir mediante la comunicación más adecuada una mayor concienciación, involucración y acciones concretas de prevención y mitigación por parte de la población en general antes que caer en el miedo o en la inacción por una percepción de imposibilidad.