Las retrogresiones —esos desplazamientos de algunas estructuras atmosféricas hacia el oeste, a contracorriente de la circulación habitual— suelen participar en reorganizaciones importantes de la circulación en nuestro entorno. Su interés no se limita, por tanto, al recorrido de una determinada borrasca: también está en la nueva disposición de vaguadas y dorsales y en los caminos que se abren para el transporte de aire cálido y húmedo.
Algo de eso estamos viendo estos días. Tras la retrogresión que situó una baja sobre el Cantábrico, y en interacción con la evolución que está teniendo lugar sobre Norteamérica y el Atlántico, vamos pasando de una situación con protagonismo de las lluvias mediterráneas a otra de carácter atlántico. A partir del próximo fin de semana, los frentes y los vientos de poniente y suroeste irán adquiriendo importancia sobre la Península. Mientras tanto, bastante más al sur, hay que seguir la evolución de una borrasca que podría terminar afectando a Canarias.
Las imágenes simuladas del canal de vapor de agua del modelo del Centro Europeo permiten contemplar esa evolución con una perspectiva amplia.
Imagen simulada del canal de vapor de agua para el viernes 6 de noviembre a mediodía. Se señalan una vaguada sobre Norteamérica (V), una borrasca atlántica de latitudes medias (A), un desarrollo ciclónico en latitudes subtropicales (B) y una extensa banda húmeda y nubosa (BB).
En la imagen del viernes destaca una gran banda, señalada como BB, que se extiende desde el entorno del Caribe y del norte de Sudamérica hacia el Atlántico oriental y la Península. Es la expresión visual de una conexión entre latitudes tropicales y subtropicales y la circulación de latitudes medias, aunque la imagen por sí sola no permite determinar de dónde procede toda la humedad que contiene.
La borrasca A participa en la organización de ese flujo. Podríamos decir, de forma coloquial, que está «tirando» de la banda hacia latitudes más altas. Pero quizás esa descripción no sea del todo exacta. Estas estructuras húmedas pueden intervenir activamente en la evolución de la circulación porque cuando se producen ascensos y condensación, la liberación de calor modifica el entorno atmosférico y puede reforzar o reorganizar su dinámica. Se plantea así una cuestión interesante: cuánto de esa conexión responde a la circulación organizada por las borrascas de latitudes medias y cuánto contribuyen los propios procesos que se desarrollan en la banda a modificarla. Probablemente, en muchas situaciones estamos ante una interacción. En cualquier caso, determinar cómo se establece en este caso exigiría seguir con más detalle los campos de viento, humedad y calentamiento.
Al oeste de la banda aparece también el desarrollo señalado como B. El Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos está vigilando esta estructura, en principio no tropical, situada al sur de Bermuda que podría adquirir características subtropicales durante su desplazamiento hacia el este. Ese seguimiento no significa necesariamente que vaya a llegar a Canarias como ciclón subtropical, pero sí indica que nos encontramos ante un sistema cuya evolución merece atención.
Imagen simulada para las 00 UTC del domingo 8 de noviembre. La banda húmeda alcanza el entorno peninsular, integrada en la circulación de la borrasca A, mientras el desarrollo B aparece más organizado sobre el Atlántico central.
Durante la madrugada del domingo, la imagen prevista muestra una evolución notable. La circulación atlántica alcanza ya la Península, mientras la banda húmeda forma ya parte de los sistemas frontales asociados a A. B, por su parte, presenta una estructura mucho más organizada, aunque todavía se encuentra lejos de Canarias.
Para la Península se abre así un periodo de lluvias atlánticas, con sucesivos pasos frontales y vientos de componente oeste y suroeste. Es el ambiente de las lluvias ligadas a los vientos ábregos: aire húmedo que penetra desde el Atlántico y encuentra condiciones favorables para precipitar en la vertiente occidental y, sobre todo, en los relieves expuestos a esos flujos. Así, el mapa de acumulación previsto hasta el miércoles permite apreciar esa distribución.
Precipitación acumulada prevista entre el jueves 5 de noviembre a las 12 UTC y el jueves 12 a las 00 UTC, por lo que incluye todo el miércoles 11. Destacan las cantidades del oeste y suroeste peninsulares y de algunos relieves expuestos al flujo atlántico. Fuente: ECMWF/Meteored.
La señal es clara en cuanto al protagonismo de la vertiente atlántica, aunque las cantidades y sus máximos locales podrán cambiar en las siguientes actualizaciones. También hay que recordar que este mapa acumula varios días: no indica por sí mismo la intensidad con la que caerá la lluvia en cada momento, y una parte de su periodo de acumulación es anterior al fin de semana.
Mientras tanto, habrá que mantener la mirada en la evolución de B.
Imagen simulada para la tarde del martes 10 de noviembre. El sistema identificado como B aparece en el entorno de Canarias y del noroeste africano. Más al oeste se insinúa otro desarrollo ciclónico, señalado como C, cuya evolución posterior es todavía incierta. Fuente: modelo del Centro Europeo; anotaciones del autor.
En esta salida del modelo, el martes la perturbación afecta al entorno canario y al noroeste africano. Su trayectoria concreta y la disposición de las bandas de precipitación serán decisivas para determinar cómo se reparten las lluvias entre las islas.
Más que la denominación concreta que termine recibiendo la borrasca, interesa su capacidad para organizar ascensos y transportar humedad hacia el archipiélago. La interacción de ese flujo con el relieve puede favorecer acumulaciones importantes en determinadas zonas del archipiélago.
Precipitación acumulada prevista desde el jueves 5 de noviembre a las 00 UTC hasta el jueves 12 a las 00 UTC. La salida mostrada destaca La Palma y sectores de otras islas de mayor relieve. Las cantidades y su distribución dependerán de la trayectoria final del sistema. Fuente: ECMWF/Meteored.
Pero la imagen del martes contiene además otro detalle sugerente: al oeste aparece una nueva circulación ciclónica, marcada como C. Podría representar una continuación de la actividad en ese corredor tropical/subtropical, aunque sería todavía un poco prematuro dar por hecho que seguirá el mismo camino o que llegará también a Canarias pocos días después. Todo ello invita a observar con atención los transportes de humedad. Si se organizan corredores estrechos e intensos, podríamos estar ante ríos atmosféricos. Para confirmarlo habría que examinar el transporte integrado de vapor de agua: la continuidad de una banda en estas imágenes resulta orientativa, pero no basta para identificarlo.
Quedan, además, dos preguntas de fondo.
La primera tiene que ver con el océano. Tras una temporada atlántica muy escasa en huracanes, cabe plantearse si su menor actividad podría haber contribuido a conservar parte del calor de las capas superiores en determinadas zonas, y si estas nuevas borrascas encontrarán allí una fuente apreciable de calor y humedad. Es una hipótesis por contrastar. Comparar la temperatura del mar y sus anomalías actuales con las de hace un mes, a lo largo de las trayectorias previstas, sería un primer paso. Después habría que conocer la profundidad de las aguas cálidas y los intercambios de calor con la atmósfera. La presencia de anomalías cálidas apoyaría la existencia de condiciones térmicas favorables, aunque no demostraría por sí sola que se deban a la escasez de huracanes.
La segunda pregunta nos lleva al Pacífico: ¿puede estar influyendo el intenso episodio de El Niño en este marco de circulación? Su influencia sobre la actividad de los huracanes atlánticos es conocida. También existen investigaciones que relacionan El Niño con cambios en la organización e interacción de los chorros, incluidos el atlántico y el subtropical africano. Esa conexión ofrece una vía de estudio, pero no permite atribuirle directamente las borrascas que ahora estamos siguiendo.
Por el momento, lo más concreto es el cambio de escenario: el Atlántico toma el relevo y abre una etapa de lluvias atlánticas en la Península, mientras Canarias merece una atención especial. Las próximas actualizaciones permitirán precisar las trayectorias, la persistencia de los flujos húmedos y las zonas donde la lluvia pueda acumularse con mayor eficacia. Será también una buena ocasión para seguir observando cómo se relacionan la circulación tropical, las borrascas de latitudes medias y el océano que las alimenta.



















