2 de mayo de 2026

El informe Copernicus 2026 y el calentamiento acelerado de Europa


El 28 de abril de 2026, el Servicio de Cambio Climático de Copernicus y la Organización Meteorológica Mundial publicaron el informe sobre el Estado del Clima Europeo en 2025. Es una publicación realmente interesante y algunas de sus conclusiones son contundentes: Europa sigue siendo el continente que más rápido se calienta, a un ritmo aproximadamente doble que la media global; al menos el 95% del continente registró temperaturas por encima de la media en 2025; las aguas europeas —incluido el Mediterráneo— alcanzaron temperaturas superficiales récord. Y en general  se produjo un llamativo contraste este-oeste en Europa: el este sufrió condiciones extremadamente secas y a menudo con calor récord, mientras que el oeste fue cálido pero más húmedo de lo normal. 

En este gráfico del informe puede verse que Europa es la región del globo que se calienta con más rapidez solo superada por el Ártico.


Y este otro las distintas tendencias de calentamiento entre las distintas zonas geográficas.

Por su parte, los glaciares perdieron masa en todas las regiones europeas; y los incendios forestales quemaron en Europa más de un millón de hectáreas —casi cuatrocientas mil en España— la mayor superficie registrada. 

En cuanto a las precipitaciones y la hidrología, el informe documenta un fuerte contraste entre amplias zonas con déficit de precipitación, humedad del suelo y caudales —desde Europa occidental hasta Turquía— y regiones más húmedas de lo normal, como el suroeste ibérico y parte del Báltico.


Son datos que hablan por sí solos. Pero hay una pregunta que surge de inmediato: ¿por qué Europa se calienta tan rápido? ¿Cuál es el mecanismo físico que está detrás de esta aceleración?

El informe atribuye como una causa muy importante -entre otras- a los patrones atmosféricos dominantes. Creo que es una formulación técnicamente correcta, pero comunicativamente insuficiente. Esos patrones de circulación tienen nombre y tienen una física bien conocida: como ya he comentado muchas veces, se trata de dorsales de bloqueo de gran amplitud, estructuras anticiclónicas que se extienden desde las latitudes subtropicales hasta latitudes que antes eran dominio del aire atlántico o polar, y que permanecen estacionarias durante días o semanas produciendo calor extremo, sequía y subsidencia sostenida sobre las regiones que quedan bajo su influencia. 

Por supuesto, las dorsales de bloqueo han existido siempre. Lo que está cambiando es su frecuencia, su amplitud y su persistencia. Como comentaba en un artículo anterior, algunos trabajos recientes apuntan a un aumento significativo en la frecuencia y persistencia de configuraciones de resonancia de ondas planetarias desde mediados del siglo XX, aunque el alcance exacto de esa tendencia sigue siendo objeto de debate. Esas ondas de Rossby, más lentas y de mayor amplitud en determinados contextos, son el mecanismo que favorece la formación y persistencia de las dorsales que el informe de Copernicus documenta en sus efectos.

Esto implica que el aire subtropical penetra cada vez más profundamente en el continente europeo. No de forma continua y uniforme —que es lo que miden los índices climáticos estándar y lo que produce la imagen de una expansión “modesta”—, sino de forma intermitente y ondulatoria, a través de grandes dorsales que en cuestión de días trasladan condiciones subtropicales a latitudes centroeuropeas.


La imagen de hoy mismo, dos de mayo, muestra una circulación muy ondulada con dos grandes dorsales (D), una sobre el Atlántico y otra sobre el centro y  norte de Europa. Este tipo de dorsales parece que se van haciendo cada vez más comunes y de mayor amplitud. Por una parte tienden a bloquear los flujos oeste-este sobre el Atlántico y por otra a provocar situaciones de calor extremado y duradero con sequias en zonas europeas poco acostumbradas.

El resultado es exactamente lo que documenta el informe de Copernicus: veranos con olas de calor récord en el centro y sur del continente, sequías persistentes y temperaturas del Mediterráneo sin precedentes. Y también lo que el informe señala como una de las novedades más preocupantes de 2025: la ola de calor más larga registrada en la Fennoscandia subártica, con tres semanas consecutivas de calor intenso y temperaturas superiores a 30 °C cerca e incluso dentro del círculo polar ártico. Es el tipo de anomalía que delata hasta qué punto una dorsal de gran amplitud puede hoy alcanzar latitudes que, en otro contexto climático, difícilmente habrían quedado expuestas a aire tan cálido durante tanto tiempo.

El dato más revelador del informe para la Península Ibérica y su entorno es el del mar: en 2025 la temperatura media de la superficie del mar en la región oceánica europea volvió a marcar un récord, encadenando cuatro años consecutivos de máximos. En el Mediterráneo, la temperatura media anual se situó entre las más altas jamás observadas —segunda solo tras 2024—, confirmando que la cuenca mediterránea se está calentando más rápido que la media oceánica global.

Ese calentamiento no es independiente de la dinámica de dorsales. Responde ante todo al forzamiento radiativo de fondo, pero las dorsales persistentes actúan como un potente mecanismo de amplificación regional al reforzar la insolación, debilitar la mezcla superficial y favorecer el sobrecalentamiento estival del mar. Un Mediterráneo más cálido aporta más energía y más humedad a las estructuras convectivas que se forman sobre él, haciéndolas más intensas cuando finalmente se rompe el bloqueo anticiclónico. Es el mecanismo que explica la paradoja que vivimos cada vez con más frecuencia: sequías largas seguidas de episodios torrenciales de gran violencia.

El informe de Copernicus es un documento científico riguroso y exhaustivo. Pero, como ocurre con la mayoría de los informes de síntesis climática, trabaja fundamentalmente con tendencias medias y variables observacionales. Lo que queda en segundo plano es la dinámica atmosférica que produce esas tendencias.

El calentamiento acelerado de Europa no responde solo al aumento del CO₂ en términos radiativos directos. Responde también, y de forma decisiva, a cómo ese forzamiento está modificando la circulación atmosférica regional y amplificando sus efectos sobre el continente.

Los datos de Copernicus y la dinámica de las dorsales no son relatos alternativos. Son dos niveles de descripción del mismo fenómeno: uno observacional; el otro, dinámico. El informe nos dice qué está pasando con gran precisión y rigor. La física de las ondas de Rossby y la expansión subtropical nos explica,  a mi juicio, una razón muy importante. 


28 de abril de 2026

Expansión tropical, ondas de Rossby y comunicación del cambio climático


Existe, a mi juicio, una paradoja en la comunicación del cambio climático. La ciencia lleva décadas documentando con rigor cómo se está transformando nuestra atmósfera, y la sociedad, en su mayoría, acepta ya que ese cambio es real. Y sin embargo, hay una desconexión profunda entre lo que la gente vive —los veranos cada vez más agobiantes, las sequías que no terminan, los episodios de lluvias extremas que se repiten— y el relato científico que llega a los medios. ¿Por qué? A mi juicio, la respuesta tiene mucho que ver con cómo funciona físicamente la atmósfera, y con cómo la ciencia "mide" esa física.

Uno de los fenómenos mejor documentados del cambio climático actual es la expansión de la célula de Hadley: el gran sistema de circulación atmosférica que domina los trópicos y subtrópicos. El aire cálido y húmedo asciende cerca del ecuador, viaja hacia los polos en la alta troposfera, y desciende seco y estabilizador en las latitudes subtropicales, generando los grandes desiertos del planeta. 

Pues bien, todo parece indicar que ese cinturón subtropical se está desplazando hacia latitudes más altas. Los estudios recientes cifran esa expansión en torno a 20-25 kilómetros por cada grado de calentamiento global. Una cifra que, presentada así, no parece impactante. Y aquí está un primer reto de comunicación: la atmósfera no se comporta como un cinturón que se desplaza uniformemente. Se comporta como un fluido que oscila, que forma ondas, que produce intrusiones profundas e irregulares. Es decir, la expansión tropical real no ocurre como un movimiento suave y gradual. Ello ocurre principalmente a través de dorsales de gran amplitud: enormes anticiclones que se extienden desde las latitudes subtropicales hasta las polares. Son esas estructuras las que traen semanas de calor extremo a Europa, o las que bloquean la llegada de lluvias al Mediterráneo, u obligan a los chorros a discurrir por latitudes anormalmente bajas, por poner ejemplos muy cercanos.

La otra cara de estas dorsales son las vaguadas, bolsas de aire frío que descienden desde latitudes septentrionales. Pero hay una asimetría crucial: las dorsales son cada vez más cálidas y las vaguadas, cada vez menos frías. El Ártico se ha calentado desproporcionadamente —el doble o el triple que el promedio global— y ya no exporta aire tan frío como antes. El resultado es que los extremos cálidos se intensifican mucho más de lo que se moderan los fríos.


Estas estructuras son las denominadas ondas de Rossby, ondas planetarias que recorren la atmósfera de oeste a este modulando el chorro extratropical. Cuando el gradiente de temperatura entre los trópicos y el Ártico se reduce —como está ocurriendo— estas ondas tienden a hacerse más lentas, más amplias y más persistentes. Un estudio reciente que analiza datos de 1950 a 2024 concluye que la frecuencia de eventos de resonancia de estas ondas planetarias se ha triplicado desde 1950.

En este contexto los índices estándar de la climatología —posición media del chorro, anchura media de la célula de Hadley, temperatura media global— están diseñados para detectar tendencias marcadas y comparables entre modelos. Son herramientas excelentes para la ciencia…pero ¿lo son para comunicar al público?

Las personas no vivimos en los promedios. Vivimos la ola de calor de julio, la dana de octubre, la inundación de Grazalema, las, a veces, continuadas sequías…. Y cuando se responde a esos eventos con cautela estadística como "no podemos atribuir ningún evento individual al cambio climático" o “probablemente estas lluvias han sido cinco veces más cuantiosas en el contexto del cambio climático”, se puede generar una desconexión entre el relato oficial y la experiencia real, algo que, paradójicamente, puede alimentar la confusión más que la claridad.

Hay además un problema técnico de fondo: los modelos climáticos han subestimado sistemáticamente la frecuencia de los bloqueos atmosféricos. Si el modelo infravalora los bloqueos, infravalora los extremos, y el mensaje que llega al público a partir de ellos, también los infravalora. En este contexto una investigación muy reciente está empezando a identificar por qué los efectos radiativos de las nubes juegan un papel más importante de lo que se pensaba en la generación de bloqueos sobre el área euroatlántica, ¿podemos y debemos explicar e introducir estos avances en la comprensión del fenómeno en el relato público y hacer ver cómo la inyección creciente de vapor desde los trópicos hacia las latitudes medias puede jugar un papel importante en la aparición de estos bloqueos que tanto nos afectan?

En ningún caso se trata de abandonar el rigor. Se trata de añadir un nivel de narrativa que hoy no existe de forma sistemática: la traducción en tiempo real de lo que ocurre en la atmósfera día a día al contexto climático que lo explica.

Cuando una dorsal de bloqueo lleva diez días estacionaria sobre la Península Ibérica, quizás habría que estar explicando públicamente y con claridad: qué es esa estructura, por qué está ahí, cuánto tiempo habría durado hace treinta años, y qué tiene que ver con los cambios en la circulación atmosférica que se están documentando. No tanto como probabilidad, sino como contexto físico comprensible.

Ese tipo de narrativa —entre la meteorología del presente y la climatología del cambio— es la que puede conectar  la experiencia vivida con el conocimiento científico. Y, a mi juicio, es, todavía, la gran asignatura pendiente de la comunicación climática.



13 de abril de 2026

La evolución de AEMET en un contexto de mayor complejidad meteorológica, tecnológica y social: una opinión personal

 

La Agencia Estatal de Meteorología se encuentra en un momento especialmente relevante de su historia. La reciente modificación de su estructura y la inminente designación de una nueva dirección técnica abren una oportunidad —quizá inaplazable— para replantear su papel en una sociedad cada vez más expuesta a peligros meteorológicos y climáticos.

Desde una perspectiva necesariamente externa al día a día operativo de la Agencia, pero basada en muchos años de experiencia y de observación continuada de la evolución de la meteorología mundial, me parece oportuno aportar algunas reflexiones sobre su posible evolución en el corto y medio plazo.

Los dos últimos años han sido especialmente exigentes. La sucesión de episodios adversos —danas de gran impacto, olas de calor persistentes, sequías prolongadas y fenómenos extremos cada vez más frecuentes e intensos— ha puesto a prueba tanto la capacidad operativa de AEMET como el propio sistema de avisos. Al mismo tiempo, se han abordado iniciativas relevantes como la elaboración del Plan Estratégico 2025–2029, el desarrollo de un nuevo Estatuto que redefine su estructura organizativa y diversos esfuerzos orientados al refuerzo de personal. Todo ello refleja una institución en proceso de adaptación, pero también sometida a una presión creciente que ha evidenciado algunas de sus limitaciones estructurales.

Durante décadas, AEMET ha desarrollado con notable éxito su función principal, aunque ni mucho menos la única: la predicción meteorológica y la vigilancia de fenómenos adversos. Sistemas como Meteoalerta han supuesto avances significativos en la anticipación y comunicación del peligro. Sin embargo, el contexto actual ha cambiado de forma profunda. El aumento de fenómenos extremos, la complejidad de los impactos asociados y la irrupción de nuevas tecnologías, especialmente la inteligencia artificial, obligan a ir más allá del modelo tradicional.

Uno de los principales retos es la transición desde un sistema basado en la predicción de fenómenos potencialmente adversos hacia otro centrado en la evaluación de impactos. La sociedad no necesita únicamente conocer la intensidad prevista de un fenómeno, sino comprender qué consecuencias puede tener en su entorno. Este cambio de enfoque no es trivial y requiere integrar conocimientos meteorológicos con información sobre vulnerabilidad, exposición y capacidad de respuesta.

En este proceso, el papel del predictor sigue siendo esencial. Su conocimiento del fenómeno, de su evolución y de su incertidumbre constituye la base sobre la que debe construirse cualquier evaluación de impacto. No obstante, esa evaluación requiere también la aportación de otros ámbitos —gestión de emergencias, hidrología, infraestructuras, comunicación— en un marco de colaboración estrecha y operativa. Solo a través de esa interacción es posible avanzar hacia avisos verdaderamente orientados al riesgo.

En paralelo, la irrupción de la inteligencia artificial y de importantes recursos tecnológicos en el ámbito mundial de la predicción plantea un desafío adicional. AEMET difícilmente podrá competir en velocidad de cálculo o en determinados productos puramente predictivos. Su valor diferencial debe situarse en otro ámbito: la calidad de los datos, la fiabilidad institucional y, sobre todo, reforzar su papel como elemento clave en la interpretación del impacto social de sus predicciones, en colaboración con los organismos competentes en la gestión del riesgo.

Esto exige reforzar varios pilares. En primer lugar, la predicción operativa, que sigue siendo el núcleo del sistema, debe evolucionar hacia un modelo más experto, basado en un mayor manejo de la incertidumbre y apoyado en herramientas avanzadas, incluyendo la inteligencia artificial. En segundo lugar, es imprescindible mejorar la formación de los predictores, ampliando su capacidad para trabajar en entornos cada vez más probabilísticos y multidisciplinares.

Junto a ello, la climatología debe adquirir un papel todavía más central. No solo como disciplina de análisis del pasado, sino como herramienta operativa para la toma de decisiones. En este sentido, la continuidad, calidad y homogeneidad de las redes de observación constituyen un elemento esencial, ya que sustentan tanto el conocimiento del clima como la detección de cambios y tendencias. A su vez, el desarrollo de servicios climáticos orientados a sectores como la energía, la agricultura, el agua o la salud constituye una línea estratégica de primer orden -que ya se está desarrollando- y en la que se debe progresar. Por otra parte, en un contexto de cambio climático, AEMET puede y debe mantenerse como el referente nacional en la provisión de información climática aplicada, integrando proyecciones, escenarios y datos históricos en productos útiles para la planificación y la adaptación.

En este mismo marco, resulta imprescindible reforzar la investigación coordinada en España sobre los cambios que se están produciendo en las circulaciones atmosféricas de niveles altos. La evolución de los chorros polar y subtropical, la mayor persistencia de determinados patrones de bloqueo, la posible modificación en la frecuencia e intensidad de las danas o los cambios en la interacción entre masas de aire son cuestiones de enorme relevancia. Estos procesos, aún no completamente comprendidos, tienen un impacto directo en la génesis y comportamiento de muchos de nuestros fenómenos adversos. AEMET, en colaboración con universidades y centros de investigación, debería desempeñar un papel dinamizador en este ámbito, orientando la investigación hacia problemas concretos de interés operativo y facilitando la transferencia efectiva de conocimiento hacia la predicción y los sistemas de aviso.

Pero probablemente el cambio más profundo no sea tecnológico, sino cultural. La evolución hacia un sistema verdaderamente orientado a impactos requiere una nueva cultura operativa basada en el trabajo conjunto, el lenguaje común y la toma de decisiones compartida. Esto implica superar inercias organizativas y avanzar hacia modelos más integrados.

En este sentido, cabe plantear la conveniencia de estructuras operativas multidisciplinares que permitan esa integración en tiempo real, tal como el proyecto CEVRA (Centro Estatal de Vigilancia de Riesgos Ambientales) que propuse tras las inundaciones de Valencia de octubre de 2024. No obstante, en un sistema descentralizado como el español, esta aproximación debería complementarse necesariamente con estructuras análogas de ámbito regional, estrechamente conectadas con el nivel estatal. El conocimiento local, la proximidad al territorio y la responsabilidad operativa en la gestión de las emergencias hacen imprescindible que la evaluación de impactos se realice en gran medida en ese nivel. En este contexto, un modelo en red, que combine un nodo estatal de integración, planificación, coordinación, formación y estudio con nodos regionales operativos, podría ofrecer una respuesta más eficaz y adaptada a la complejidad de nuestro territorio.

Finalmente, no puede olvidarse el papel de la comunicación. La información sobre riesgos debe ser clara, comprensible y orientada a la acción. No basta con informar; es necesario que el mensaje sea entendido y utilizado correctamente por la población y por los responsables de la toma de decisiones.

La llegada de una nueva dirección en AEMET constituye, por tanto, una ocasión idónea para abordar estos retos. No se trata de cuestionar lo realizado hasta ahora, sino de construir sobre ello un sistema más integrado, más útil y adaptado a las necesidades actuales.

En definitiva, AEMET no debe limitarse a predecir el tiempo. Debe aspirar a reforzar su papel como elemento clave en la interpretación del impacto social de sus predicciones, en colaboración con los organismos competentes en la gestión del riesgo; consolidar su papel en la climatología aplicada, impulsar la investigación atmosférica relevante y contribuir de forma decisiva, desde su ámbito competencial, a la mejora del sistema de gestión del riesgo meteorológico y climático en España. Ese es el verdadero salto cualitativo que, a mi juicio, el momento actual demanda.

13 de octubre de 2025

Lluvias intensas: advección de vorticidad y/o de espesores...¿Y algo más?



En relación con las intensas lluvias de estos días en el área mediterránea he comentado con frecuencia que existen dos factores de los que dependen los movimientos verticales de ascenso y el desarrollo de nubes y precipitaciones. El primero es la advección de vorticidad positiva en niveles altos (proporcionado muchas veces, pero no siempre, por las danas, en el caso de que estén presentes) y la advección de espesores, es decir la llegada de aire cálido y húmedo a la zona en cuestión, como suele ocurrir en estas situaciones. Sin embargo existe otro factor más, que en general no se tiene en cuenta, porque resulta ser casi despreciable la mayoría de las veces en comparación con las dos anteriores.

Este factor está muy relacionado con el desprendimiento del calor de condensación y los cambios de estabilidad en el seno de las grandes estructuras convectivas, tal como ocurre en los trópicos y en algunas zonas como la mediterránea donde a veces la atmósfera se encuentra prácticamente tropicalizada.

La influencia de este tercer factor (el tercer término de la ecuación omega para los expertos) es un poco difícil de explicar pero tiene relación con el establecimiento de una circulación compensatoria para restablecer el equilibrio perdido por la citada liberación de calor latente, lo que forzaría la llegada de más "combustible" por las capas bajas hacia el sistema convectivo. Esto podría llevar a una casi continua regeneración dels sistema en la misma zona hasta que ese mecanismo por alguna razón se desacople. Y quizás podría intervenir en el mantenimiento de los denominados "trenes convectivos".

Aunque desde un enfoque un poco distinto (variación de la vorticidad en capas bajas), esta cuestión fue estudiada profundamente por Mariano Medina tratando de buscar, de forma predictiva, donde podría tener importancia esta contribución, lo que permitiría afinar más en la localización de las intensas precipitaciones. En su último y casi desconocido libro "La predicción del tiempo basado en los teoremas de la vorticidad" afirma que, si bien este proceso es importante en la convección tropical puede serlo -como claramente parece que lo es- en algunas situaciones mediterráneas.

No soy experto en modelos de mesoescala de entre 1 a 5 km pero supongo que recogen este tipo de contribución dando lugar a las grandes cantidades de precipitación que en situaciones de este tipo pronostican, aunque lógicamente sea muy difícil la determinación exacta espacial y temporal. En cualquier caso la termodinámica y la dinámica de las estructuras convectivas mediterráneas, con sus grandes nubes cálidas, necesitan seguramente un mayor y urgente esfuerzo de investigación y modelización. Estas nubes son las responsables directas de las intensas lluvias, más allá de si se han desarrollado, o no, en el entorno de una dana.

8 de octubre de 2025

De danas, nombres e impactos

En la imagen del canal de vapor de agua de primera hora de la tarde de hoy miércoles, aparecen los protagonistas atmosféricos que van a dar lugar a un cambio en la situación meteorológica que durará, al menos, hasta el domingo.



Una vaguada (V) atraviesa la Península acompañada en su zona delantera por un máximo de viento en altura, y ya a última hora del día dará algunos chubascos tormentosos en algunas zonas mediterráneas.

Al oeste de esa vaguada, en pleno Atlántico, una dorsal anticiclónica (D), formada en el seno de una circulación tropical/subtropical, crece y se expandirá hacia el norte, al tiempo que inclinará su eje hasta orientarlo de E a W, tal como ya se aprecia en la topografía de 300 hPa prevista para mañana jueves a mediodía.

Ello va a dar lugar, en un proceso denominado "retrogresión", a que llegue hacia el Mediterráneo occidental y buena parte de la Península Ibérica, aire frío de latitudes  más septentrionales, quedando un seno de este aire en altura sobre el más húmedo y cálido del mar.

Progresivamente, la pendulación de la dorsal de niveles altos irá originando un reforzamiento del anticiclón sobre Europa occidental y central. De este modo, entre su borde sur y un seno de bajas presiones relativas sobre el norte de África se va estableciendo un flujo de viento del NE/E hacia las costas mediterráneas españolas, tal como se empieza a observar en este mapa de superficie previsto también para mañana a mediodía.


Es una situación atmosférica bien conocida que seguramente va a dar lugar a un temporal de lluvias abundantes, en algunas áreas copiosas, de algunos días de duración, en amplias zonas mediterráneas. Puede acumular cantidades importantes de lluvia, en general beneficiosas, si bien en algunos lugares y momentos puede desarrollarse actividad tormentosa que podría dar lugar temporalmente a precipitaciones más intensas. 

Es verdad que a, partir del viernes, los modelos muestran algunas circulaciones cerradas inmersas en el seno de aire frío sobre el Mediterráneo, tal como se ve en la topografía de 300 hPa prevista para la tarde del próximo viernes:


 Pues bien esta situación es identificada por Aemet como una dana, a la que, por su supuesta capacidad de "alto impacto", ha dado en denominar "Alice", según lo establecido en un acuerdo entre algunos paises en el seno de EUMETNET (Red de Servicios Meteorológicos Europeos)

En mi opinión, esa, o esas pequeñas circulaciones cerradas, no se han separado de ninguna circulación principal ni han desarrollado una marcada circulación en altura sobre nuestras zonas, como en las danas ocurre. Es simplemente una acumulación de aire frío que, lógicamente genera zonas de geopotenciales algo más bajos y que los programas de contorneo señalan con una única isohipsa cerrada, que a veces incluso desaparece. La circulación asociada en niveles altos es por tanto muy poco marcada y la advección de vorticidad positiva, si existe, es muy débil. 

Eso no quiere decir que no vaya a haber lluvias abundantes porque esas ya las asegura el flujo húmedo del este, el aire frío arriba y la orografía. Y es verdad que ciertas interacciones de estos elementos pueden generar de forma dispersa algunos fenómenos tormentosos, pero no con la intensidad y extensión de una dana "ortodoxa".

Por tanto no acabo de entender del todo la denominación de "dana" para esta estructura y menos que se la considere de "alto impacto". Si se refiere solo a unas importantes precipitaciones estoy de acuerdo, pero si se refiere a un alto impacto sobre vidas y bienes creo que le corresponde a Protección Civil determinarlo. De hecho, si se quisiera que lo determinara Aemet, habría que modificar sus competencias, formar a sus predictores para ello y proporcionarles los datos e informaciones necesarias. Pero estoy seguro que no es el caso.

Y dado que se la considera de alto impacto, se la "bautiza" con el nombre de Alice. ¿Hay necesidad? ¿que información añade de relevancia o interés?, se es capaz de determinar a priori ese impacto?...¿tranquiliza o asusta más? 

No nos distraigamos más en nombrar y catalogar. Como muchas personas apuntan, háblese mejor de un temporal de lluvias abundantes, ocasionalmente intensas,  hágase la mejor predicción posible sobre localizaciones e intensidades, llévese a cabo una eficaz vigilancia y una actualización y comunicación continuada de la situación y déjese para Protección Civil, en su caso con la colaboración de otros expertos, la determinación del impacto sobre vidas y bienes. 

Si se hiciera así...¿qué añade el llamarse "Alice" o el nombre de la lista que corresponda? Y, si se arguye que esa es la única manera eficaz de llamar la atención de población y autoridades, creo -me temo- que algo se está haciendo mal.

11 de septiembre de 2025

"Danas", mi nuevo libro

La ocurrencia de la catastrófica inundación del 29 de octubre pasado en L´Horta Sud despertó en mí un cúmulo de sensaciones y pensamientos de todo tipo, pero sobre todo mucho dolor porque no se hubiera evitado el elevadísimo número de víctimas que se produjeron. Me di cuenta que, junto a la acción y a la reflexión política y social para conocer -y corregir- los fallos que se hubieran cometido a nivel organizativo y operativo, era necesaria una reflexión individual sobre  qué podía hacer cada persona para socorrer, aliviar, organizar o clarificar. Todo ello coincidió con la idea que tenía desde hace tiempo de escribir un libro sobre las danas y su conjunción me animó definitivamente a escribirlo. Ahora ya puedo anunciar su publicación.



Se trata de un libro muy personal, escrito a partir de mi larga experiencia de trabajar con estas borrascas durante muchos años, tanto como responsable de Predicción en el antiguo Instituto Nacional de Meteorología (INM) como posteriormente responsable de Comunicación y portavoz de AEMET hasta mi jubilación.

Las presentaciones tendrán lugar en la Facultad de Geografía de Valencia el 29 de septiembre a las 17,30 horas y en la Real Academia de Ciencias de Madrid el 7 de octubre a las 18 horas. Será un placer mantener un diálogo tranquilo con los asistentes sobre el contenido del libro. 

El libro podrá adquirirse en estos actos pero ya está disponible en Amazon.


Para conocer mas en detalle su contenido pongo a continuación el índice del mismo:


PRÓLOGO (José Ángel Nuñez)

INTRODUCCIÓN

1.- LA FISICA DE LAS DANAS

¿Qué es una dana?

Conociendo mejor cómo se originan

¿Cuál es su ciclo vital?

¿Cuáles son sus zonas «activas»?

Las danas del chorro subtropical

La conexión subtropical-tropical

De la gota fría a la dana


2.- DANAS Y LLUVIAS TORRENCIALES

¿Cómo se producen en general las precipitaciones?

¿Cómo generan precipitaciones las danas?

¿Puede haber danas que no generen lluvias intensas?

¿Y puede haber lluvias intensas o extensas sin danas?

¿Qué zonas de España son las más afectadas por las precipitaciones de las danas?


3.- HISTORIAS DE LLUVIAS INTENSAS RELACIONADAS EN SU MAYOR PARTE CON DANAS.

Octubre de 1957: La riada del Turia en Valencia

Las inundaciones del Vallés de septiembre de 1962

Las inundaciones de La Rábita y Albuñol de octubre de 1973

La pantanada de Tous de octubre de 1982

Las inundaciones del País Vasco de agosto de 1983

El temporal de Canarias de noviembre de 2014

La inundación de la Vega Baja del Segura de septiembre de 2019

Las torrenciales lluvias, sin dana, de Benicàssim y Sagunto del 29 de agosto de 2021

Las inundaciones en las provincias de Madrid y Toledo de septiembre de 2023

La catastrófica inundación de Valencia de octubre de 2024


4.- LA PREDICCIÓN Y VIGILANCIA DE LAS DANAS

Los tiempos «sinópticos»

Los modelos numéricos

La vigilancia meteorológica y la predicción inmediata

Danas e inteligencia artificial

El papel de los predictores


5.- DANAS, AVISOS, ALERTAS

La «gota fría» de 1982 y el inicio de los PREVIMET

Meteoalarm y Meteoalerta

Algunas reflexiones y una propuesta

Lo que parece irrenunciable


6.- ¿CÓMO EVOLUCIONARÁN LAS DANAS CON EL CAMBIO CLIMÁTICO?

Un mejor «combustible» en capas bajas

¿Qué está pasando con los chorros?

La interacción polar-subtropical: las grandes dorsales

Y en este contexto, ¿qué ocurre con las danas?

Pero, ¿es cambio climático?


7.- LO QUE QUEDA POR HACER

¿Qué investigaciones serían prioritarias?

La operatividad

La evolución de los avisos

Comunicación

Clarificación de conceptos


AGRADECIMIENTOS

GLOSARIO

GUÍA DE LECTURA


23 de junio de 2025

Picos, valles...y mesetas de calor


Esta mañana la dana (D) se encuentra centrada ligeramente al SW de Lisboa, mientras a su derecha aparecen las nubes típicas de un máximo de viento en altura (flecha azul). Todo ello da lugar a la aparición de algunos chubascos en Extremadura.


Empezamos ya la última semana de junio -un junio verdaderamente caluroso pero me temo que ya dentro de las nuevas "normalidades" veraniegas- con un guión meteorológico bastante bien definido. La primera mitad de la semana estará dominada por la presencia de una dana, situada al oeste s dando lugar a chubascos y tormentas -algunas con un grado alto de severidad- en la mitad oeste peninsular. Ya el miércoles la dana abandonará la Península con rumbo hacia el norte y extenderá la inestabilidad hacia la mitad oriental del Cantábrico.

Las temperaturas se habrán suavizado algo a partir del martes, pero ya el jueves la expansión de la dorsal cálida norteafricana dará lugar a una nueva subida que se intensificará a partir del viernes, para llegar a alcanzar probablemente valores que en algunas zonas superarán los 40 grados en amplias zonas de la Península. 

¿Y después? ¿Pico o meseta? ...¿Va a bajar de latitud alguna onda del chorro y nos va a dar un cierto alivio térmico (como solía ser normal en los "antiguos veranos"? (Pico")....o no va a bajar esa onda y nos mantendremos varios días con temperaturas muy elevadas ("meseta") que es a mi juicio la situación verdaderamente dañina y que se ha dado más en los últimos veranos?

Los modelos que llegan hasta diez días muestran una onda, no muy pronunciada, aproximándose....

Así lo ve el modelo del Centro Europeo a diez días vista (2 de julio): la dorsal se desplaza hacia el este y una onda atlántica no muy pronunciada, se va aproximando:


Por su parte el modelo de IA desarrollado por Microsoft y denominado "Aurora" lo ve así, mas o menos para la misma fecha. La onda atlántica no muy desarrollada también aparece: 


Pero, finalmente ...¿va a entrar o no esa onda?: 

Vamos a intentar ir un poco más allá: Veamos la predicción a 300 hPa para el 6 de julio proporcionada por el sistema ensemble del AIFS (recordemos que el AIFS es el sistema de predicción por inteligencia artificial o de "aprendizaje automático del Centro Europeo":


Las isolíneas muestran el campo medio del geopotencial de 300 hPa mientras que las zonas sombreadas se refieren a la desviación estándar con respecto a la media del conjunto. Simplificando un poco podemos decir que la probabilidad de que nos afecte esa onda, más o menos marcada, es relativamente probable. Habríamos tenido entonces un pico de calor desde el próximo fin de semana hasta los primeros días de julio; algo que, por otra parte, suele ser climatológicamente normal.

En fin, tengamos esperanza de que el verano de 2025 tenga, como "antiguamente" "picos de calor" seguidos de algunos "valles" relajantes, en vez de tórridas y continuadas "mesetas".