21 de junio de 2022

Olas de calor e incendios forestales ¿se puede avanzar en la predicción?

Ahora que los efectos de la ola de calor en forma de  graves incendios forestales van ya disminuyendo, me siguen resonando las palabras, creo que de un bombero forestal, en relación con el incendio de la sierra de la Culebra. No recuerdo la literalidad de sus palabras pero la idea que expresaba es que "aunque se sabía desde una semana antes que llegaba una de ola de calor, no se hizo nada". Pues bien, quiero ahora fijarme en las dos partes de esa idea, porque me parece de sumo interés hacerlo.

“Se sabía desde una semana antes que llegaba una ola de calor”. Es verdad que el modelo de predicción del Centro Europeo apuntaba desde siete u ocho días antes a una marcada probabilidad de que en el periodo en el que luego ocurrió, se estableciera sobre la Península una situación atmosférica típica de ola de calor, o al menos de temperaturas muy elevadas, y desde luego muy propicia a la aparición de incendios por una u otra causa. Lo que no estaba tan claro era si iba a venir acompañada de una mayor o menor actividad tormentosa, ya que eso dependería a su vez del mayor o menor acercamiento a la Península de la dana que se iba a formar en el lado occidental de la dorsal; algo que se iría concretando en días posteriores. La situación se comentó mucho entre los aficionados en las redes sociales y varios medios de comunicación se hicieron eco de ello. Por su parte Aemet emitió una nota especial sobre esta situación de acuerdo con lo establecido en su plan Meteoalerta aparte de los avisos a más corto plazo sobre temperaturas elevadas.

“No se hizo nada”. No soy yo quien para expresar una opinión sobre lo que se hizo o se dejó de hacer. Pienso sinceramente que cada organismo involucrado cumplió con su deber e hizo lo que pudo de acuerdo con los protocolos establecidos. Bien, pues es en esta cuestión de los protocolos donde, en mi opinión, se debería actuar para intentar optimizar las actuaciones de prevención y mitigación de los incendios. 

La predicción meteorológica ha avanzado mucho en los últimos años y predicciones que nos parecían difíciles y arriesgadas hace una década ahora son mucho más posibles y fiables. De esta forma podemos conocer con bastante más antelación la probabilidad mayor o menor de que ocurra una situación potencialmente adversa. A este respecto, entre todos los fenómenos adversos, las olas de calor son los que en general presentan una mejor predecibilidad, es decir los que permiten establecer una predicción de su probabilidad de ocurrencia desde ocho o diez días antes. Así se desprende de bastantes estudios, siendo uno de los más recientes éste muy recientemente publicado.

Mapa de EFI (Extrem Forecast Index) previsto por el Centro Europeo para el pasado día 17. Estos mapas  tienen como objetivo proporcionar indicadores de áreas donde es probable que ocurran valores anómalos de temperatura máxima de 2 m según el sistema de predicción por conjuntos. Junto con algunos otros productos de la misma procedencia pueden orientar a medio plazo sobre la posible ocurrencia de una ola de calor.

Como entiendo -y me parece lógico- que los organismos oficiales involucrados en la prevención y lucha de incendios forestales sólo actúan cuando se reciben las comunicaciones establecidas en el Plan Meteoalerta, mi sugerencia sería que, al menos para las olas de calor, se establecieran avisos específicos a medio plazo. De esta forma se podrían emitir al menos seis o siete días antes de la probable ocurrencia de una situación de este tipo avisos, renovados diariamente, informando de su probabilidad de ocurrencia con toda la información asociada que sea posible. De este modo, los organismos afectados tendrían un apoyo oficial para llevar a cabo diversas actividades de planificación y predicción. 

Se puede argüir que esas predicciones podrían fallar y se perderían de este modo algunos recursos que podrían haberse movilizado. Cabe decir a este respecto que, en el caso de las olas de calor, serían desde luego bastante mayores los aciertos que los fallos pero que, aún en ese caso, y en un balance global, serían muchísimo menores las pérdidas e inconvenientes que los producidos por un gran incendio como los que estamos conociendo.

La atmósfera va evolucionando con rapidez en el contexto del cambio climático pero también lo están haciendo las predicciones meteorológicas desde el plazo de horas hasta el de semanas (cada uno con sus características y posibilidades por supuesto). Qué no sean los procedimientos o protocolos ningún obstáculo para lograr su máximo aprovechamiento. 


15 de junio de 2022

Olas que vienen

Miércoles 15 de junio. Es el día en que, en un principio, parecía que podría finalizar este episodio de ola de calor, aunque después los modelos de predicción lo han ido retrasando hasta el sábado o domingo, al menos en la vertiente atlántica. 

Este tipo de situaciones suele acabar cuando una vaguada del chorro polar, que circula mucho más al norte, llega a establecer una conexión con la dana, que normalmente se suele estacionar en estas situaciones al oeste de la Península, de modo que ésta se desplaza hacia el este, como  también lo hace la dorsal cálida situada sobre España. Ello da lugar a la entrada de aire marítimo mucho más fresco, si bien con la posibilidad de que en ese proceso puedan producirse fuertes tormentas en algunas zonas. Pero, por otra parte, esa evolución da lugar también a vientos terrales en el área mediterránea originando un reforzamiento en esas zonas de la ola de calor hasta que esa entrada del viento del oeste se corte o al menos se debilite mucho. Este es el proceso que, en principio iba a tener lugar hoy y que parece retrasarse hasta el próximo sábado o domingo.

La imagen del canal de absorción de vapor de agua de esta mañana muestra a la dana situada al W/SW de la Península Ibérica provocando la llegada de flujo de componente sur con arrastre de polvo africano. Por otra parte, una pequeña vaguada en el seno de ese flujo causa nubosidad media y alta y algunos desarrollos convectivos en general con poca precipitación pero con peligrosa actividad eléctrica. Al noroeste de la Península aparece una banda nubosa asociada a una vaguada del chorro polar que en las predicciones de varios días se asociaba con un desplazamiento de la dana hacia el este. Es algo que al final no va a suceder pero sí logrará una reorientación de su eje y un ligero acercamiento lo que podría a dar lugar mañana a algunos chubascos y unas temperaturas máximas ligerísimamente más bajas en algunas zonas. Finalmente será otra vaguada -que ahora se desarrolla hacia Canadá y Groenlandia- la que provocará el desplazamiento hacia el este del sistema dana/dorsal y permitirá la entrada de aire marítimo sobre la vertiente atlántica a lo largo del fin de semana. 

Imagen simulada por el modelo determinista del Centro Europeo del canal de absorción de vapor de agua para el mediodía del próximo sábado. Se ve la interacción de la vaguada atlántica con la dana que inicia ya su traslación hacia el este. Normalmente en una evolución de este tipo, acabaría entrando ya flujo del W/NW sobre la Península pero la casi simultánea aparición de otra pequeña dana hace esta evolución bastante compleja de modo que, probablemente, se mantendrá el flujo del SW sobre la Península durante algunos días más.

No cabe ninguna duda que esta situación que nos afecta va a cumplir con creces los requisitos para ser considerada una ola de calor. El debate no es ahora por tanto si lo va a ser, sino hasta qué punto está ligada al cambio climático, lo que debería confirmarse mediante un estudio de atribución. Dando por hecho la utilidad que ello tendría -y más ahora en que se están poniendo a punto técnicas para llevar a cabo esos estudios prácticamente en tiempo real-, lo que obtendríamos sería la probabilidad de que su ocurrencia haya sido mucho mayor en el contexto de ese cambio, o bien que esa probabilidad sea muy baja. En cualquier caso en la mayor parte de los estudios de atribución llevados a cabo en relación con estas situaciones de olas de calor en distintas partes del mundo aparece con bastante claridad esa relación con el cambio climático. Además, si damos por buena la hipótesis -todavía debatida, es verdad- de que el calentamiento acelerado de la zona polar da lugar a un chorro más ondulado y más propenso al establecimiento de situaciones meridianas con la profundización del aire tropical hacia latitudes más septentrionales, es lógico que se hagan más frecuentes y de mayor duración que en las situaciones de carácter más o menos zonal.

Un chorro polar -o extratropical- con tendencia a ondularse más, es propicio a crear más circulaciones  meridianas y, en su caso, más danas. Dado que estas situaciones tienen una evolución más lenta que las zonales, sus consecuencias pueden durar más tiempo. Por lo que se refiere a su impacto sobre las olas de calor, éstas podrían ser más frecuentes (más ondulaciones marcadas del chorro), más intensas (mayor penetración hacia latitudes septentrionales del aire tropical) y más persistentes. Aunque algunas de estas cuestiones están aún bajo investigación, la secuencia de las situaciones de los últimos 15 o 20 años apuntan en este sentido. 
 
Por tanto, más allá de si una ola de calor concreta tiene mayor o menor relación con el cambio climático, lo que sí parece ya claro es que su frecuencia -y quizás su intensidad- van en aumento, tal como muestran los estudios climáticos y adelantaban hace años las proyecciones a largo plazo. Creo por tanto que el reconocimiento y la divulgación de este hecho, -que las olas de calor van a ser más frecuentes y, quizás más intensas- no va en contra sino todo lo contrario del rigor científico (vease a este repecto este interesante documento publicado por la organización World Weather Attribution) que es algo que la ciencia le debe a la población y a los gobiernos. Unos gobiernos que deben sentirse presionados por la sociedad para adoptar las medidas de adecuación y mitigación necesarias. Es algo urgente y no es posible -ni creo que necesario- esperar a más confirmaciones que, además, siempre tendrán carácter probabilista. Siempre puede argumentarse que la tendencia pueda romperse o invertirse por algún fenómeno poco conocido o estudiado pero si hacemos caso a la inmensa mayor parte de la comunidad científica no parece probable que ello ocurra.

Con frecuencia hago referencia en este blog a la necesidad de que en España se estructure y consolide un ambicioso proyecto de investigación a nivel estatal para ir conociendo más en profundidad las consecuencias del cambio climático en nuestro entorno geográfico. Más allá -o además-  del aumento de las olas de calor, es vital ir conociendo cómo puede ser la evolución de las precipitaciones, a partir de qué circulaciones atmosféricas las podemos recibir, cuál sería su distribución geográfica, cuál podría ser su sinergia con el aumento de las olas de calor y tantas otras cuestiones relacionadas. Y otro tanto cabe decir de la evolución del viento, esa energía renovable por la que tan fuerte -y con razón- estamos apostando…pero ¿dónde, cuándo y cómo va a soplar ese viento en los años por venir?

Y una nota final. Estamos a mediados de junio y los embalses están al 48 por ciento de su capacidad. Veinte puntos por debajo de la media nacional de los últimos diez años y diez por debajo de los valores del año pasado por estas fechas. ¿A qué se está esperando?

25 de mayo de 2022

Oportunidades que se escapan

La situación de altas temperaturas que acaba de afectarnos ha vuelto a dejar -como cabía esperar- récords importantes de temperaturas máximas y algunas mínimas. Mientras que las primeras han quedado algo suavizadas por el efecto conjunto de las nubes altas y de la calima, las segundas han sido un poco forzadas al alza por esos mismos fenómenos. En fin, cuando parecía difícil que se superasen los valores de la situación de mediados de mayo de 2015, ello ha ocurrido y no hace sino confirmar lo que es ya una clara tendencia a que las temperaturas veraniegas vayan apareciendo cada vez con más frecuencia en los meses de mayo y junio. 

El relato de la situación y de  los valores alcanzados se han ido reflejando en sucesivos mensajes de Aemet así como en esta crónica de Victoria Torres en "El País" a partir de las declaraciones de Rubén del Campo, portavoz de la Agencia. Por su parte, la tendencia al adelanto de las temperaturas veraniegas ha sido excelentemente tratado en este artículo de Benito Fuentes en el blog de Aemet y por César Rodríguez Ballesteros en su blog "Clima en mapas".


Uno de los tweets que Aemet publicó en días pasados informando sobre la singularidad de la situación.

Por mi parte me interesa fijarme sobre todo en la necesidad de conocer más a fondo las causas dinámicas y/o termodinámicas que favorecen estos valores y estas tendencias. Durante mucho tiempo se ha razonado que ello se debe a una expansión de la masa aérea norteafricana, favorecida muchas veces por la circulación sobre nuestras zonas de viento de componente sur. Sin embargo, cuando se examinan más a fondo estas situaciones se constata que no siempre ocurre de este modo, o al menos que los valores alcanzados no pueden explicarse solamente por esas causas. Así por ejemplo, los análisis de retrotrayectorias nos muestran que, a veces, esas masas no proceden de África sino que son de origen subtropical marítimo y que han sufrido un fuerte proceso de calentamiento y "secado" por subsidencia. En otras ocasiones se observa cómo las temperaturas alcanzadas no pueden explicarse solamente por la temperatura de la masa de aire que nos llega sino que debe haber otros procesos regionales o locales -que no conocemos del todo- que deben haber contribuido a ello. 

Por tanto creo que se hace necesario ir un poco más allá y profundizar en las causas concretas que nos llevan a estos episodios y al aumento de su frecuencia. Hay métodos muy útiles tales como los estudios de retrotrayectorias o los experimentos de sensibilidad con los modelos numéricos ("conexión" o "desconexión" de ciertos módulos físico-matemáticos en los modelos para ver su influencia -o no- en las situaciones que se presentan y en los valores que se alcanzan). Y junto a ellos otros, como los de atribución, que nos permiten saber hasta qué punto una situación concreta está en mayor o menor relación con la evolución del cambio climático.

Cuando ocurren estas situaciones se dice en un primer momento -y es lógico que sea así- que las causas o las conexiones de estos fenómenos deberán conocerse con detalle tras un cuidadoso estudio posterior. Sin embargo, muy pocos de ellos se realizan. Y si se hacen, casi no se dan a conocer sus conclusiones. ¿Se ha hecho en España algún estudio profundo sobre la dinámica y termodinámica de “Filomena”? ¿Y sobre los cambios de circulación en altura sobre nuestra zona geográfica con los cambios subsiguientes en los “ríos atmosféricos”? ¿O sobre el aparente aumento de la intensidad de las precipitaciones en invierno?, ¿ Se está profundizando más sobre las transiciones extratropicales en nuestras zonas atlánticas y mediterráneas? Y ello solo por citar algunos ejemplos.

Es importante reseñar que este tipo de estudios no solo tienen un valor académico, sino que pueden resultar vitales para la planificación de las respuestas en actividades de prevención y/o de mitigación ante estos fenómenos. Me consta que esta preocupación es compartida por otras muchas personas, varias de las cuales son excelentes investigadores que se dedican a estas tareas en la medida en que les es posible. Ante esta situación la respuesta de ellos siempre suele ser la misma: falta de personal y/o falta de recursos. Por tanto, ¿cuándo el Gobierno va a dar la prioridad que requiere el estudio de nuestra meteorología y nuestro clima con un plan general de investigación bien diseñado, coordinado, dotado y adecuadamente gestionado? Se van escapando muchas ocasiones y oportunidades. 


16 de mayo de 2022

El verano vuelve a invadir mayo

Cuando era un chaval y vivía en un pueblo de La Mancha toledana, recuerdo que cuando se producían varios días de mucho calor, los hombres del campo decían que tanto calor no podía sino traer después un episodio de tormentas fuertes, como así solía ocurrir en muchas ocasiones. Bastantes años más tarde ya comprendí que tenía que haber algo más que mucho calor para que esos fenómenos se produzcan: es necesario que aparezca alguna onda, aunque sea débil, o alguna dana en niveles medios y altos para que ello ocurriera. Y justamente es esa onda o dana la que, en su lento acercamiento a la Península, y antes de entrar, genera en su zona delantera, las condiciones para una fuerte subida de temperaturas. En cualquier caso ahí ha quedado esa continuada atribución de algunas situaciones de tormentas a los muchos días de calor: las todavía populares "tormentas de calor".


Algo así va a suceder en los próximos días: tras un progresivo crecimiento de la dorsal africana sobre la Península Ibérica, la suma de la llegada de aire ya cálido de origen, la subsidencia anticiclónica y los cielos poco nubosos o despejados va a provocar un marcado ascenso de temperaturas que alcanzarán o incluso rebasarán algo los 40º C en algunas zonas del centro y sur peninsular. Esa situación tocará a su fin entre el domingo y el martes por la llegada de una pequeña pero activa dana que desde el jueves, momento aproximado de su formación, deambulará entre Azores, Canarias y la Península. Es probable que las tormentas que genere a su paso puedan provocar algunas fuertes tormentas, pero a su vez dará lugar a una clara suavización de las temperaturas. La única duda que muestran los modelos es el momento concreto en que esa  dana nos afectará, teniendo en cuenta sus movimientos de difícil predicción ya que dependen de variaciones muy sutiles de los vientos que la rodean.

Este mapa mixto del geopotencial de 500 hPa y de la temperatura de 850 hPa previsto por el ECMWF para el mediodía del próximo domingo muestra la típica situación de altas temperaturas en la Península y Baleares. La extensión de la masa cálida norteafricana forzada en mayor medida por la presencia de la dana al oeste de Portugal, los vientos débiles o en calma, los cielos despejados y algunos fenómenos de subsidencia crean el escenario ideal para la aparición de las elevadas temperaturas. 

La incertidumbre básica que presenta este mapa proveniente del sistema de predicción por conjuntos del ECMWF previsto para la madrugada del domingo es la ubicación concreta de la pequeña dana al oeste de Portugal, que podría influir de algún modo en las temperaturas máximas que puedan alcanzarse. En cualquier caso, la confianza en que esta dana atraviese la Península entre el domingo/lunes y el martes es bastante alta.

Por lo que respecta a la situación de altas temperaturas no viene sino a seguir confirmando la tendencia ya demostrada del adelanto progresivo de los días claramente veraniegos invadiendo poco a poco la segunda mitad del trimestre primaveral. En mi opinión es esta evolución así como el cambio de trayectoria de las borrascas atlánticas las muestras más claras de la presencia del cambio climático en nuestras zonas geográficas. 

Ante esta situación cabe preguntarse sí se van a batir los récords de temperaturas máximas y/o mínimas del mes de mayo o, por otra parte si se trata de una de "ola de calor". Es posible que algún récord pueda caer pero va siendo difícil porque ya tanto en años anteriores -por ejemplo 2015 o 2020- hemos tenido situaciones de muy altas temperaturas; tal como quedó reflejado en esta entrada del blog, en esta y en esta otra. En cuanto a sí se trata de una "ola de calor" es difícil afirmarlo desde un punto de vista técnico ya que los criterios establecidos por Aemet para definirla se refieren a los meses de junio, julio y agosto; criterios que a la vista de esta rápida evolución deben ser probablemente ampliados. En cualquier caso, sí, desde la percepción subjetiva estos días van a ser considerados por muchas personas como  una clara ola de calor y conviene tenerlo muy en cuenta, sobre todo desde el punto de vista sanitario y quizás también energético y ambiental. 

Para finalizar, recordar una vez más la necesidad de que en España se investigue con mayor profundidad las causas de este adelanto del periodo veraniego: ¿Son más frecuentes las entradas de las dorsales norteafricanas? ¿Es más cálido "de origen" el aire que nos llega de África? ¿Hay más o más intensos fenómenos de subsidencia? ¿influye la sequedad de algunos territorios con déficit hídrico prolongado sobre todo en zonas de la vertiente atlántica? Como tantas veces he apuntado ojalá se organice cuanto antes un esfuerzo cooperativo, priorizado y bien coordinado entre nuestros centros o instituciones de investigación climática y ambiental. Nos seguimos jugando mucho. 

22 de abril de 2022

Cambio Climático: un viento a vigilar

Coincidiendo con la celebración del Día de la Tierra, el Servicio de Cambio Climático de “Copérnicus”, (el Programa de la Observación de la Tierra de la Unión Europea)  ha publicado hoy el denominado “Estado del Clima en Europa 2021” en el que se detalla la evolución del clima durante el pasado año en nuestro continente con una especial atención también a la zona ártica.


El informe, muy interesante tanto en su fondo como en su forma y cuya lectura recomiendo vivamente, se ocupa de la evolución de los distintos factores atmosféricos y medioambientales durante el pasado año y entre otros muchos datos relevantes sigue constatando el incremento de la temperatura media en nuestro continente. Si bien durante el pasado año este incremento ha sido algo menos acusado que en años anteriores no ha evitado la aparición de fuertes olas de calor veraniegas y la de incendios de gran magnitud. De hecho el verano de 2021 ha sido el más cálido registrado en Europa.

En cualquier caso lo que me ha llamado mucho la atención es la constatación de la muy significativa disminución de la velocidad del viento respecto a sus valores medios en amplias zonas del noroeste y del centro de Europa, con el correspondiente impacto sobre la generación de la energía eólica. 

Página del sumario del documento en la que se expone el comportamiento del viento y sus consecuencias

Esta constatación coincide con la preocupación que he expresado varias veces en este blog sobre cómo puede ser la evolución del viento en las distintas zonas de España en los próximos decenios tanto en dirección, velocidad o regularidad. Es algo relacionado muy directamente con el comportamiento del chorro o chorros extratropicales, tanto en su ubicación geográfica media como en su mayor o menor estructura ondulatoria, algo sobre lo que todavía existen bastantes dudas. Esta cuestión es algo que puede condicionar en gran manera la planificación y operación del aprovechamiento de la energía eólica por la que en España se ha apostado -lógicamente- con toda claridad. 

A este respecto me he referido también con frecuencia al interés de que en España se consolidara una eficaz y fuerte grupo de trabajo, una especie de “task force” entre distintas instituciones de investigación que, con todo el soporte del Gobierno a través de los Ministerios de Ciencia e Innovación y de Transición Ecológica, profundizara y particularizara para España las investigaciones que se desarrollan a nivel mundial sobre la evolución de las distintas variables ligadas al cambio climático, y muy en especial de las precipitación y del viento, de importancia fundamental para nuestro desarrollo. Creo sinceramente que ya tardamos en robustecer, coordinar y priorizar la investigación española en estos aspectos.

11 de marzo de 2022

De danas y borrascas frías

Todo parece indicar que buena parte del tiempo de la próxima semana va a estar marcado por la presencia de una borrasca fría en nuestra zona geográfica. Aunque cabe esperar que todas las regiones reciban precipitaciones -más dudoso es que lleguen a afectar a Canarias- es difícil precisar cuándo y cómo van a ser afectadas las distintas zonas. 

Este mapa presenta la precipitación acumulada por el modelo de alta resolución del Centro Europeo desde el sábado hasta el miércoles 17. Es solo una orientación porque los desplazamientos y actividad de la borrasca presenta algunas dificultades para los modelos numéricos. En cualquier caso parecen lluvias muy significativas en gran parte de las zonas más necesitadas.

Ello depende de los relativamente pequeños desplazamientos que experimente la borrasca en una otra dirección y a este respecto cabe recordar que una borrasca fría -o en su caso una dana- si bien está separada de la circulación principal del chorro polar, no tiene por qué estarlo de otras circulaciones secundarias de carácter polar o subtropical a las cuáles sirve a veces como de una especie de engranaje, de forma que incluso puede redirigirlas. Estas interacciones, a veces muy sutiles, son las que marcan el movimiento de la borrasca en una u otra dirección, algo que con frecuencia es muy difícil de capturar y manejar adecuadamente por los modelos numéricos. Ello no quiere decir que también la dinámica o termodinámica interna de la propia borrasca no pueda influir en su propia circulación asociada e influir en sus movimientos, lo que constituye otra dificultad añadida para la adecuada predicción de su evolución.

Hecho este comentario, me quiero referir ahora al proceso de formación de la borrasca fría que nos va a afectar estos días. Todo comienza con el proceso de alargamiento y estrechamiento de una vaguada atlántica al oeste de la Península propiciado por el gran crecimiento de una dorsal al oeste de ella. De forma paralela al proceso de “estrangulamiento”, la creciente advección de vorticidad en niveles medios y altos de su zona delantera da lugar en las capas bajas a un proceso de ciclogénesis no muy marcada sobre aguas atlánticas. Una vez que el proceso de cierre de la vaguada culmina con la aparición de una dana, hay unas horas durante las que conviven como estructuras separadas la propia dana y por delante de ella la borrasca de superficie… hasta que llegan a coincidir en la vertical dando lugar de este modo a la borrasca fría que nos va a afectar. 

A las 21 UTC del domingo la vaguada se estrecha cada vez más....


....y a la misma hora ya aparece una circulación cerrada bajo la zona de mayor advección de vorticidad de la circulación en altura.

....Doce horas después el proceso de cierre de la vaguada ya se ha completado...


...y el centro de la baja en superficie -que se va ahondando y desarrollando una marcada circulación ciclónica-, se sitúa prácticamente debajo de la borrasca de niveles altos. Estamos ya por tanto ante una borrasca fría por un rápido acople de la dana primitiva con la incipiente baja de superficie que apareció poco por delante de ella. 

Un caso extremo de un proceso de este tipo ocurre cuando una dana se sitúa sobre el golfo de Cádiz y la zona delantera de su circulación aparece sobre el Mediterráneo. En esa situación, el efecto dinámico, el aire húmedo marítimo y sobre todo las montañas del Atlas colaboran a la aparición de una borrasca bastante marcada en niveles bajos que con su advección de vientos de componente este cargados de humedad juega un papel fundamental en la generación de intensas lluvias mediterráneas. 

En cualquier caso hay ocasiones en que la dana no se convierte en borrasca fría y permanece como tal hasta su desaparición. Tras formarse, solo se refleja en superficie por un seno de bajas presiones sin llegar a aparecer una circulación cerrada, o si lo hace es de forma muy débil  (aquí tendríamos que concretar cómo se cuantifica ese “muy débil”).  En estos casos, al no haber una contribución clara de aire húmedo de capas bajas las precipitaciones están básicamente ligadas a la actividad convectiva en la zona del núcleo de la dana. 

Por tanto, y tal como ya se ha expuesto con frecuencia por otros compañeros, no cabe hacer una separación absoluta entre danas y borrascas frías. Todo forma parte de una evolución continuada en el patrón de ondas de la circulación principal de niveles altos y que pasa por distintas fases. El hecho de que la dana que pueda formarse se transforme -o no- en borrasca fría puede depender en gran manera de las condiciones de las capas bajas para favorecer la aparición de una ciclogénesis bien marcada. Pero, en cualquier caso, todo lo expuesto no es más que una hipótesis que requeriría una mayor investigación, tal como otras muchas cuestiones de nuestra meteorología. 


1 de marzo de 2022

Un cierto alivio -hídrico- al comienzo de marzo


Tras el fugaz paso de una dana que supuso un mínimo y muy parcial alivio hídrico en algunas zonas, se inicia marzo, y con él el trimestre primaveral climatológico (marzo-abril-mayo).

Coincidiendo con ello empiezan a verse cambios en la circulación atmosférica que, al menos por unos días, romperá parcialmente el patrón que ha venido manteniendo durante un largo periodo. De este modo, un ramal del chorro polar va a  bajar de latitud retirando un poco -parece que sólo provisionalmente- a la dorsal atlántica hacia el sur y el oeste. De este modo, va a conducir durante la segunda mitad de esta semana hacia la Península un par de vaguadas que darán lugar probablemente a algunas débiles y poco duraderas danas. En cualquier caso lo hará siguiendo la que denomino “vía del noroeste”, una trayectoria que da lugar a precipitaciones, -no muy abundantes salvo en áreas montañosas- en la mitad nordeste de la Península y bastante más escasas en el resto de las zonas. Lo que sí parece asegurado es un muy sensible descenso de las temperaturas, vientos ocasionalmente fuertes,  nevadas en las zonas montañosas -que podrán aparecer también de forma débil en zonas altas del interior peninsular- y un efímero temporal de levante en parte del área mediterránea debido a una breve pero relativamente intensa ciclogénesis que, en cualquier caso podría generar lluvias intensas.

Imagen simulada del canal de vapor de agua prevista por el modelo de alta resolución del Centro Europeo de Predicción a Medio Plazo para la madrugada del viernes 4 de marzo. Sobre el este/sureste peninsular puede verse el remolino ciclónico generado por la dana que habrá recorrido la Península de NW a SE durante el jueves. Al oeste de Irlanda aparece  un nuevo vórtice que podría afectar a la Península el sábado con precipitaciones más débiles, pero que podría dar lugar a su llegada a la aparición fugaz de la nieve en cotas relativamente bajas del oeste peninsular.


Este sería el posible resultado en cuanto a precipitaciones del paso de las vaguadas/danas en la segunda mitad de esta semana. Puede comprobarse como las precipitaciones son más abundantes en amplias zonas -sobre todo montañosas- de la mitad NE. peninsular y mucho menos en gran parte de la vertiente atlántica donde se encuentran las zonas más necesitadas. La repercusión de la fugaz ciclogénesis mediterránea que generará el paso de la primera dana se muestra en ese importante realce de la precipitación en zonas de las Comunidades Valenciana y Murciana. Una situación a vigilar.


A partir  del lunes parece que la circulación pasará a ser  del oeste y algunos nuevos frentes afectarán a la vertiente atlántica durante la primera mitad de la semana. Después, aunque habrá que irlo confirmando, parece probable que la dorsal atlántica recupere su posición cada vez más habitual de modo  que los frentes atlánticos solo afectarían al tercio o como mucho mitad norte peninsular.

Imagen simulada del canal de vapor de agua para la madrugada del próximo lunes. Una onda frontal atlántica empieza a afectar a la Península pudiendo dar precipitaciones en general débiles en la vertiente atlántica. 

Por tanto, durante estos próximos siete días la circulación atmosférica proporcionará un cierto alivio para la situación de sequía aunque no en la medida que necesitarían las zonas más afectadas. Esperemos que, aunque sea mediante circulaciones del W y del NW, durante el trimestre primaveral  la atmósfera pueda irnos dando sucesivos alivios hídricos que permitan un respiro en el campo español. A eso parecen apuntar las predicciones para las próximas tres semanas que hoy ha publicado AEMET.