21 de agosto de 2026

Una atmósfera preparada para los "reventones"

Durante la tarde de ayer, 20 de agosto, se desarrollaron potentes tormentas en distintas zonas de las comunidades de Murcia y Valencia. Algunas de ellas produjeron lluvias torrenciales, granizo y, sobre todo, violentas ráfagas descendentes que, al alcanzar el suelo, se expandieron horizontalmente y ocasionaron daños importantes.


La imagen visible muestra los potentes cumulonimbos desarrollados sobre Murcia y el interior de Valencia durante la tarde. Sus compactas y brillantes cimas revelan el gran desarrollo vertical alcanzado por unas tormentas que después avanzaron hacia las comarcas valencianas y el litoral. De ellas descendieron las violentas corrientes de aire que originaron los reventones.

En la provincia de Valencia se registraron rachas de hasta 149 km/h en Sumacàrcer y 143 km/h en Alzira, además de valores superiores a 100 km/h en otras localidades de La Ribera. En Polinyà de Xúquer, el paso de la tormenta hizo descender la temperatura casi veinte grados, desde 37,7 hasta 18,1 ºC. En Murcia, las tormentas dejaron también fuertes aguaceros y rachas que alcanzaron los 92 km/h en Jumilla.

Pero ¿por qué la atmósfera estaba tan predispuesta a producir este tipo de fenómenos?

Durante los días anteriores habíamos seguido la evolución de una dana situada al suroeste de la Península. A lo largo del jueves dejó de comportarse como una depresión aislada y fue progresivamente capturada y absorbida por la circulación del chorro extratropical.


Imagen del canal de vapor de agua de Meteosat durante las horas centrales del 20 de agosto. La antigua dana atravesaba el sureste peninsular mientras comenzaba a ser capturada por la circulación del chorro extratropical. A su paso encontró abundante humedad en niveles medios y aportó el impulso dinámico que activó el rápido desarrollo de las tormentas.

En ese proceso, la perturbación cruzó el sureste peninsular durante las horas centrales del día y primeras de la tarde. Su llegada aportó el impulso dinámico necesario para favorecer los movimientos ascendentes y vencer la inhibición que hasta entonces había dificultado el desarrollo de tormentas profundas. La dana actuó, por tanto, como el mecanismo que puso en marcha la convección, pero encontró una atmósfera que ya acumulaba mucha energía y, sobre todo, una gran cantidad de humedad.

Como había comentado en una entrada anterior, durante estos últimos días se había producido una importante llegada de aire húmedo desde latitudes tropicales y subtropicales. Buena parte de esa humedad se encontraba en niveles medios de la troposfera, mientras que en las capas más próximas al suelo persistía un aire extremadamente cálido y relativamente seco.

En ese contexto los grandes cumulonimbos que se desarrollaron contenían abundante agua y hielo. Al comenzar las precipitaciones, una parte de esa agua cayó a través de una capa inferior muy cálida y relativamente seca. La evaporación de las gotas enfrió el aire circundante, lo hizo más denso y favoreció su descenso. A ello se añadieron el peso de la propia precipitación y el arrastre hacia abajo del aire contenido en la tormenta. La corriente descendente fue acelerándose hasta chocar con el suelo y extenderse violentamente en todas direcciones. Eso es, en esencia, un reventón o downburst.

Cuando buena parte de la precipitación se evapora antes de alcanzar la superficie hablamos de un reventón seco. Cuando la corriente descendente llega acompañada por un fuerte aguacero se trata de un reventón húmedo. Entre ambos existen situaciones intermedias, y una misma organización tormentosa puede producir comportamientos diferentes a medida que atraviesa zonas con distintas condiciones de humedad.

En buena parte de Valencia predominaron claramente los reventones húmedos: hubo precipitaciones intensas y descensos térmicos muy acusados. En otras zonas, donde la capa inferior era más seca o la precipitación menos abundante, pudieron producirse reventones secos o mixtos.

Ya el sondeo atmosférico de Murcia de las 00 UTC del día 20 mostraban muy bien cómo se estaba preparando la situación. En el aparecía una importante cantidad de humedad en niveles medios, suficiente para alimentar nubes de gran desarrollo vertical, mientras que por debajo existía una capa profunda, cálida y bastante más seca. Las bases de las nubes podían situarse en torno a los 3000 metros, dejando un largo recorrido durante el cual la precipitación podía evaporarse y acelerar las corrientes descendentes.

El sondeo de Murcia de las 00 UTC mostraba, varias horas antes de las tormentas, una atmósfera muy predispuesta a producir fuertes corrientes descendentes: abundante humedad en niveles medios sobre una profunda capa inferior cálida y relativamente seca. El DCAPE superaba los 1700 J/kg, un valor muy elevado. La “escopeta” estaba cargada; el paso de la dana actuó después como gatillo.

La inestabilidad disponible para los ascensos era suficiente, aunque no extraordinaria. El dato verdaderamente llamativo estaba en la predisposición para los descensos. Uno de los índices utilizados para valorar este potencial, el DCAPE, superaba los 1700 J/kg, un valor muy elevado que indicaba la posibilidad de corrientes descendentes especialmente intensas.

También el contenido total de vapor de agua de la columna atmosférica era considerable, próximo a 37 mm de agua precipitable. La combinación era, por tanto, muy eficaz: bastante humedad para generar cumulonimbos y precipitación abundante, pero una capa inferior profunda y seca capaz de evaporar parte de esa precipitación y acelerar el aire hacia el suelo.

Estos índices no anunciaban por sí solos una racha concreta de 100 o 150 km/h ni aseguraban que los reventones fueran a producirse. Mostraban una fuerte predisposición. Hacía falta además que se desarrollaran tormentas suficientemente potentes, y ese impulso llegó con el paso de la antigua dana y su incorporación a la circulación general.

Lo ocurrido fue, por tanto, el resultado de la coincidencia de varios ingredientes: calor extremo en superficie, abundante humedad disponible en niveles medios, una capa inferior cálida y relativamente seca y, finalmente, el forzamiento dinámico aportado por la antigua dana.

La perturbación levantó los grandes cumulonimbos, pero fueron la estructura vertical de humedad y temperatura y la gran energía potencial para los movimientos descendentes las que convirtieron algunas de aquellas tormentas en auténticas máquinas productoras de viento. No era tanto una atmósfera excepcionalmente “cargada” para los ascensos como una atmósfera extraordinariamente preparada para descargar hacia abajo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario