19 de junio de 2026

Una dorsal africana de gran amplitud vuelve a extenderse por Europa

 

Los modelos meteorológicos apuntan a que ya desde hoy y durante los próximos días buena parte de Europa occidental y central se verá afectada por una intensa ola de calor. Las temperaturas alcanzarán valores excepcionalmente elevados para la época del año, como muestran tanto el Índice Extremo de Predicción (EFI) del Centro Europeo como otros productos probabilistas que señalan anomalías muy significativas sobre amplias regiones del continente.


Índice Extremo de Predicción (EFI) de temperatura máxima a 2 metros para el periodo 21-22 de junio de 2026. Los tonos rojos indican temperaturas excepcionalmente altas respecto a la climatología habitual del modelo para estas fechas. Los valores cercanos a 1 señalan una elevada probabilidad de que se alcancen registros situados entre los más extremos observados a finales de junio en amplias zonas de Europa occidental y central. (ECMWF).

La configuración atmosférica viene dominada por una potente dorsal subtropical que se extiende desde el norte de África hacia la Península Ibérica, Francia y buena parte de Europa occidental, mientras una dana permanece al oeste de Portugal y el chorro se sitúa sobre el norte de Europa. El resultado es una reorganización de la circulación atmosférica a escala continental que favorece distintos procesos de calentamiento.


Mapa previsto de 500 hPa para el 23 de junio de 2026. La imagen muestra una nueva extensión hacia el norte de una gran dorsal africana, que alcanza gran parte de Europa occidental y central. Es un ejemplo más de esas configuraciones de gran amplitud que, en varias ocasiones recientes, han permitido que masas de aire y características propias de las latitudes subtropicales se extiendan hasta muy al norte del continente. (ECMWF).

Sin embargo, detrás de este episodio no se encuentra un único mecanismo físico. Al observar los mapas de niveles medios y altos de la atmósfera aparece una situación mucho más interesante: el calor llegará por caminos diferentes según las regiones afectadas.

(Infografía realizada a través de IA)

En Europa central parece predominar el calentamiento asociado a la subsidencia. Bajo la dorsal, el aire desciende lentamente desde niveles medios de la atmósfera. Este descenso genera una inversión de subsidencia que actúa como una auténtica tapadera atmosférica. El aire de las capas bajas encuentra dificultades para ascender y renovarse, quedando atrapado cerca del suelo.

La consecuencia es importante. Bajo cielos despejados, la intensa insolación de finales de junio calienta el terreno durante horas. Ese calor se transmite al aire próximo al suelo, pero la inversión dificulta su dispersión vertical. El resultado es una acumulación progresiva de aire muy cálido en las capas bajas que puede dar lugar a jornadas especialmente sofocantes.

Más al oeste, especialmente sobre la Península Ibérica y zonas próximas del Atlántico oriental, parece imponerse otro mecanismo distinto. Aquí el protagonismo corresponde a la advección de aire muy cálido procedente del norte de África. El flujo de componente sur y sureste transporta hacia nuestras latitudes masas de aire extremadamente cálidas y secas, acompañadas probablemente de polvo sahariano en suspensión.

En estas regiones el calor no se genera únicamente sobre el territorio afectado, sino que llega continuamente desde latitudes más meridionales, reforzando el calentamiento local producido por la radiación solar.

Entre ambas áreas aparece una amplia zona de transición donde pueden coexistir en distintos grados la subsidencia, la advección cálida y el calentamiento diabático del suelo. La combinación de estos mecanismos explica la gran extensión espacial prevista para el episodio.

Las consecuencias no se limitarán a las altas temperaturas. La llegada de polvo sahariano puede favorecer cielos blanquecinos u ocres y reducir la visibilidad en algunas regiones. Además, la aproximación posterior de la dana atlántica podría favorecer la formación de tormentas de base alta y escasa precipitación, acompañadas de abundante aparato eléctrico. En estas situaciones los rayos pueden convertirse en un factor importante de riesgo de incendios forestales, especialmente si coinciden con ambientes muy secos y con episodios de viento moderado asociados al gradiente entre la dana y la dorsal.

Todo apunta a que la situación alcanzará su máxima intensidad entre comienzos y mediados de la próxima semana. Posteriormente, la progresiva aproximación de la dana hacia la Península podría introducir aire algo más fresco e inestable, favoreciendo un cierto descenso de las temperaturas.

Más allá de este episodio concreto, resulta difícil no observar una vez más cómo masas de aire y configuraciones atmosféricas típicamente subtropicales consiguen proyectarse muy al norte, alcanzando regiones europeas donde históricamente estos episodios eran menos frecuentes o menos intensos. Un único caso no permite extraer conclusiones definitivas, pero la repetición de estas situaciones durante los últimos años constituye, sin duda, un fenómeno digno de seguimiento y reflexión tal como he apuntado desde hace tiempo en sucesivas entradas de este blog

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