17 de junio de 2026

El Niño 2026: la señal se refuerza... y las incógnitas también

En mayo pasado publiqué un artículo en este blog sobre la posibilidad de que 2026 nos deparara un gran episodio de El Niño, y dejé la entrada abierta a la espera de las predicciones estacionales de junio del Centro Europeo. Ya salieron, y creo que merece la pena hacer una breve actualización de aquella entrada.

La señal del Niño se ha reforzado de manera notable. En mayo, los modelos apuntaban hacia un evento fuerte pero mantenían una dispersión considerable, lógica dado que las predicciones de primavera son las menos fiables del ciclo ENSO por razones bien conocidas. Ahora esa incertidumbre se ha reducido apreciablemente. En base a las nuevas predicciones la Organización Meteorológica Mundial (OMM) indicó a primeros de este mes una probabilidad de alrededor del 80% de que se desarrollen condiciones de El Niño entre junio y agosto, porcentaje que aumenta conforme avanza el año. Y el 11 de junio, NOAA emitió un aviso oficial declarando el inicio de condiciones de El Niño.

Las predicciones del ECMWF para los próximos meses muestran anomalías de temperatura superficial del mar que superan los dos grados centígrados en toda la región ENSO durante el verano, y con valores que podrían alcanzar o superar los tres grados hacia finales de año en algunos miembros del conjunto de predicción. Si se cumplen, nos situaríamos en el rango de los episodios más intensos observados desde que existen registros fiables.

Predicción multimodelo C3S (Copernicus Climate Change Service) de la anomalía media de temperatura superficial del mar para el trimestre julio-agosto-septiembre de 2026, inicializada el 1 de junio.  El dominio de los tonos rojos y granates en el Pacífico ecuatorial central y oriental refleja las anomalías positivas características de El Niño, con valores que superan los dos grados centígrados en el núcleo del episodio.  (Copernicus Climate Change Service / ECMWF).

Por otra parte hay una novedad interesante que vale la pena mencionar y que enlaza con algo que señalé en la entrada anterior. El Centro Europeo ha introducido desde el 1 de junio un nuevo índice, el llamado "Relative Niño", desarrollado con el apoyo de la OMM, que compara las anomalías de temperatura en la región Niño 3.4 no con un promedio histórico fijo, sino con el resto del trópico en el mismo momento. En cierto modo, este nuevo índice intenta responder a una cuestión cada vez más relevante: cómo distinguir la señal propia de El Niño del calentamiento generalizado que afecta al conjunto de los océanos tropicales. Pues bien, incluso con ese ajuste, que típicamente reduce las anomalías en torno a medio grado, los modelos siguen apuntando a un episodio inusualmente intenso.




Predicciones estacionales del ECMWF (plumas) inicializadas el 1 de junio de 2026 para la anomalía de temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4. Arriba el índice clásico, referenciado a la climatología ERA5 del período 1991-2020. Abajo, el nuevo índice relativo, que descuenta el calentamiento global de fondo comparando el Pacífico ecuatorial con el conjunto del trópico. La diferencia entre ambos gráficos —en torno a medio grado en los valores máximos— refleja precisamente el efecto del calentamiento de fondo que el nuevo índice elimina. Aun así, la práctica totalidad de los miembros apunta a un evento de gran intensidad hacia finales de 2026 (ECMWF)

Eso es precisamente lo que hace que este Niño sea difícil de situar en perspectiva histórica. Los grandes referentes que solemos manejar —1997-98, 2015-16— se desarrollaron sobre un océano global sensiblemente más frío que el actual. La pregunta que dejé abierta en mayo sigue siendo importante: ¿responde hoy la atmósfera global de la misma manera a un gran forzamiento tropical que hace veinte o treinta años? 

Nadie lo sabe con certeza. Lo que sí podemos decir es que los próximos meses van a ser muy importantes desde un punto de vista científico. El Niño suele alcanzar su máxima intensidad en otoño e invierno del hemisferio norte, precisamente cuando sus efectos sobre la circulación extratropical son más pronunciados. 

Por su parte, el Joint Research Centre (JRC) de la Comisión Europea acaba de publicar un análisis de los posibles impactos del episodio en distintas regiones del mundo: calor extremo en los trópicos y subtrópicos a partir de septiembre, perturbaciones en la producción agrícola en África subsahariana, India, Australia y Brasil, presión al alza sobre los precios del trigo duro y el maíz, riesgos humanitarios en zonas ya frágiles. Sobre Europa el informe se limita a señalar, de forma genérica, que un episodio muy intenso podría favorecer temperaturas superiores a lo normal, con un calentamiento que se prolongaría hasta la primavera de 2027. España no aparece mencionada, lo cual tampoco sorprende: como ya se explicaba en la entrada anterior, la influencia del ENSO sobre la Península es indirecta y modulada por otros patrones atmosféricos, y resulta mucho más difícil de cuantificar que sus efectos sobre las regiones tropicales y subtropicales. 

En cualquier caso conviene señalar que, aún siendo fundamentales para una adecuada prevención, ese tipo de proyecciones de impacto se construyen sobre las relaciones estadísticas observadas en episodios anteriores, y si este Niño resulta ser de uno de los más intensos de la era instrumental, esas relaciones se están aplicando precisamente donde su validez es más incierta. La excepcionalidad del evento es, paradójicamente, el principal límite de cualquier estimación de sus consecuencias. Lo que sí podemos decir con confianza es que los próximos meses nos van a enseñar mucho, tanto sobre el Niño como sobre la capacidad de la atmósfera actual para responder a él de formas que quizás no conozcamos. 

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