26 de mayo de 2026

Grandes dorsales persistentes: entre la percepción sinóptica y la evidencia científica

 Hace ya tiempo que vengo planteando en distintas entradas de este blog una hipótesis que, al menos desde una perspectiva sinóptica y operativa, me parece difícil de ignorar: la posible recurrencia creciente de grandes dorsales atmosféricas persistentes en determinadas regiones del hemisferio norte, especialmente en el Atlántico oriental–Europa occidental y en el Pacífico occidental–Norteamérica.

Amplias dorsales subtropicales parecen extenderse cada vez con mayor frecuencia hacia latitudes medias, generando situaciones de circulación lenta, subsidencia persistente y episodios de calor extraordinariamente duraderos. En ocasiones, estas estructuras permanecen casi estacionarias durante largos periodos, configurando patrones atmosféricos de gran amplitud y escasa movilidad.

Ejemplo de dorsal subtropical extremadamente amplificada y persistente sobre Europa occidental en julio de 2019 (ECMWF).

En cualquier caso, el objetivo de este artículo no es insistir nuevamente en esa hipótesis, sino reflexionar sobre una cuestión quizá más interesante: ¿por qué resulta tan difícil trasladar esta percepción sinóptica relativamente extendida a una evidencia científica sólida, coherente y ampliamente consensuada?

Lo cierto es que, pese a la abundancia creciente de trabajos sobre dinámica atmosférica y extremos climáticos, todavía no parece existir un marco conceptual verdaderamente consolidado que describa con claridad qué está ocurriendo exactamente en la circulación extratropical.

Durante las dos últimas décadas han proliferado hipótesis e interpretaciones diversas: debilitamiento del chorro asociado a la amplificación ártica, incremento de la ondulación planetaria, resonancias cuasiestacionarias o patrones recurrentes de ondas de Rossby, entre otras. Sin embargo, los resultados siguen siendo a menudo parciales, regionales o incluso contradictorios. En algunos trabajos aparecen señales relativamente claras; en otros, las tendencias desaparecen al modificar la métrica utilizada —la manera concreta de definir y cuantificar estadísticamente estos patrones atmosféricos—, el periodo analizado o el conjunto de modelos considerados. Y quizá parte del problema resida precisamente en las propias herramientas utilizadas para describir la circulación atmosférica.

Los índices clásicos —NAO, AO o los distintos índices de bloqueo— fueron diseñados para representar ciertos modos dominantes de variabilidad atmosférica simplificando enormemente la complejidad espacial de la circulación. Son herramientas extraordinariamente útiles, pero posiblemente no capturan adecuadamente configuraciones híbridas caracterizadas por gran amplitud meridional, elevada persistencia, desplazamiento latitudinal del chorro subtropical o dorsales subtropicales semiestacionarias. Es decir, es posible que estemos intentando describir cambios dinámicos complejos mediante herramientas conceptuales relativamente simples.

De hecho, una de las cuestiones que probablemente merece revisarse es la propia definición de “bloqueo atmosférico”. Durante muchos años, gran parte de la investigación se ha centrado en determinar si el cambio climático podría estar favoreciendo un aumento de bloqueos clásicos tipo omega o rex. Sin embargo, muchas de las situaciones observadas recientemente sobre Europa occidental o Norteamérica parecen corresponder más bien a grandes expansiones persistentes de la dorsal subtropical africano-atlántica, con geopotenciales muy elevados y circulación muy lenta, aunque sin cumplir necesariamente todos los criterios dinámicos clásicos utilizados en la definición canónica de bloqueo atmosférico.

Muchas de estas configuraciones comparten algunos rasgos con situaciones de bloqueo, especialmente en términos de persistencia y ralentización de la circulación. Sin embargo, en numerosos casos el flujo zonal no aparece completamente interrumpido, sino más bien muy deformado y desplazado hacia latitudes altas, mientras que la propia dorsal parece alimentarse continuamente desde regiones subtropicales mediante intensas advecciones cálidas y procesos ondulatorios de gran escala. Desde esta perspectiva, algunas de estas situaciones podrían responder más bien a configuraciones híbridas subtropicales-extratropicales que no encajan completamente en el paradigma clásico de bloqueo desarrollado para las latitudes medias-altas. Y esa diferencia puede ser importante porque, si el fenómeno dominante no fuese exactamente un incremento de bloqueos clásicos, sino una mayor persistencia de dorsales subtropicales amplias e híbridas, parte de las métricas tradicionales podrían simplemente no estar detectándolo correctamente.

Algo parecido ocurre con el concepto de “resonancia” de ondas planetarias, muy utilizado en algunos trabajos recientes. Desde un punto de vista dinámico, una resonancia estricta implica mecanismos relativamente específicos de acoplamiento energético y amplificación sostenida. Sin embargo, muchas situaciones atmosféricas podrían responder más bien a sincronizaciones de fase entre ondas. Es decir, pueden existir ondas muy amplificadas y persistentes sin necesidad de que se trate de una resonancia estricta en sentido físico. Y creo que una parte importante de algunos debates científicos actuales gira precisamente alrededor de este matiz conceptual. En muchos de estos episodios, la dorsal no aparece simplemente como una expansión cálida subtropical aislada, sino como el resultado de una compleja interacción entre distintas ondas y circulaciones atmosféricas.

Interacción entre ondas y circulaciones atmosféricas de gran escala durante la construcción de una dorsal persistente (EUMETSAT/Meteored)

Mientras tanto, la percepción sinóptica acumulada por muchos meteorólogos sigue sugiriendo que algo parece estar cambiando en determinados regímenes atmosféricos. No necesariamente en forma de modificaciones simples de la circulación media hemisférica, sino quizá en términos de persistencia, organización espacial y recurrencia de ciertos patrones ondulatorios. A este respecto no parece casual que en los últimos congresos internacionales, como la EGU General Assembly 2026, el foco empiece a desplazarse progresivamente hacia este tipo de cuestiones. Ello puede reflejar de modo implícito que las herramientas tradicionales quizá no basten para describir completamente ciertos cambios complejos de la circulación subtropical y extratropical.

Quizá todavía nos encontramos en una fase relativamente temprana del problema, en la que la percepción sinóptica va por delante de la formalización estadística y dinámica, algo que no sería la primera vez que ocurre en meteorología. En cualquier caso, ello no significa necesariamente que esta hipótesis termine confirmándose en todos sus aspectos. Parte de las señales observadas podrían corresponder todavía a variabilidad interna insuficientemente comprendida. Pero la propia dificultad para traducir determinadas percepciones sinópticas aparentemente robustas en un cuerpo de evidencia dinámica ampliamente consensuado constituye ya, en sí misma, una cuestión científica extraordinariamente interesante y de alto impacto social. 

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