20 de agosto de 2015

Las intensas y eficientes lluvias de la Valldigna: ¿orografía?...¿convergencias?

Ayer fueron noticia las importantes lluvias acaecidas en las zonas de la Safór y de la Marina Alta. Hubo valores muy significativos, pero destacó sobre todo el registro de Tavernes de Valldigna, donde, de forma puntual, se sobrepasaron los 200 mm en muy pocas horas.

El entorno sinóptico en que se desarrolló el episodio es bien conocido: pequeña vaguada en 500 hPa en lento desplazamiento y con temperaturas bastante "cálidas" (entre -8 y -10ºC), débil caída de presión en superficie y cierta convergencia en niveles bajos actuando sobre un aire mediterráneo pleno de energía, tanto por temperatura como por humedad disponible. En todo caso, quizás, lo que me extraña un poco de la situación es un cierto adelanto temporal, porque suelen ser más bien situaciones de finales de agosto o de primera quincena de septiembre. Pero, como este año muchas cosas parecen ir con 15 o 20 días de adelanto...

A las ocho de la mañana del 19 de agosto, ya aparece el desarrollo convectivo de la Safór y algunos otros cerca de la costa entre Murcia y Almería. Se encuentra casi en la zona delantera de una débil vaguada con eje sobre el cuadrante nororiental de la Península. Parece existir por tanto, un débil forzamiento dinámico que, en cualquier caso, habría que calcular. Obsérvese también, como una atractiva curiosidad e interesante reto, la gran estructura del golfo de Sirte.

Lo que si ha causado un cierto debate en las redes era si se trataba de nubes cálidas, muy eficientes y de moderado desarrollo vertical o bien existía convección profunda. Ya he comentado otras veces que en este tipo de situaciones pueden convivir los dos procesos y, si nos centramos en el caso de ayer, estas magníficas imágenes de Meteosat que ayer compartió por facebook Joan Carles Fortea, son verdaderamente ilustrativas al respecto.




Aunque no sé la hora exacta de la foto, está claro que amanece. Lo primero que llama mucho la atención es la larguísima y casi increíble sombra que proyecta el gran torreón nuboso que se desarrolla más o menos sobre la zona de la Safór y que, salvo ilusión óptica, alcanza hasta el valle del Guadalquivir.

La segunda imagen debe estar tomada no más de media hora después, de forma que la sombra, aún significativa, ha disminuido:



El gran "borbotón" debe estar ahora centrado en la zona de Tavernes o muy cercano a ella y, aunque habría que ver el pluviograma, probablemente fue el responsable de buena parte de la lluvia registrada allí. En cualquier caso, hay varios detalles importantes en la imagen, pero lo que quiero comentar fundamentalmente es lo siguiente:

Vemos muchos brotes convectivos crecer entre nubes más bajas. En general, salvo el de Tavernes, no parecen necesariamente ligados a la orografía (veánse incluso los existentes entre Murcia y Almería) sino, a mi parecer, bastante unidos a zonas de convergencia. Así, pueden verse varios brotes alineados en bandas que confluyen hacia el golfo de Valencia. Y, lo que sí parece claro es que, cuando alguna de esas bandas interfiere con la zona costera de la Safór, los desarrollos parecen ser mucho más importantes, como en el caso que se refleja aquí.

Lo expuesto me hace insistir más en mi intuición -ya expuesta hace tiempo en esta otra  entrada del blog- de que no es solamente el relieve lo que genera el disparo de grandes cumulonimbos en esa zona, sino más bien la convergencia realzada por el "triángulo" que finaliza en el cabo de la Nao y que perturba de algún modo el flujo del nordeste previamente establecido. Por supuesto, las cadenas montañosas litorales tienen un papel insustituible en el acalanamiento y represamiento del flujo húmedo y, de este modo, en la alimentación continuada de nubes cálidas que originan las eficientes precipitaciones de la zona. Pero, en el seno de ellas, un foco -o focos- de convergencias potenciadas, pueden forzar grandes desarrollos convectivos quizás con más eficiencia que el ascenso puramente orográfico, tal como las imágenes parece que sugieren. Es verdad, y no me atrevo a negarlo del todo, que a veces se han postulado como causa de esos desarrollos, pequeños embolsamientos fríos en niveles medios. Puede ser, pero mi intuición es que son más importantes aún las zonas de máxima convergenci forzadas por esa singular disposición geográfica.

En cualquier caso son intuiciones abiertas a la opinión y al debate. Como decía en mi entrada del blog a la que hacía referencia anteriormente, ¡qué importante sería un buen experimento de campo que permitiera un estudio en profundidad de estas situaciones y procesos! Aún sin él, es posible que experimentos numéricos con modelos cómo el HARMONIE (que ya debería estar en abierto en la web de AEMET) y la utilización a fondo de las redes de observación en la zona y muy particularmente la de AVAMET (a la que felicito por su excelente trabajo) nos permitiría llegar más allá de intuiciones. Creo que estas situaciones están pidiendo insistentemente que avancemos más en su comprensión y predicción.

9 de agosto de 2015

Remontadas de agosto

En estos primeros días de agosto están siendo noticia, por una parte, las fuertes tormentas que han afectado, sobre todo, a la mitad oriental peninsular, dando lugar incluso a inundaciones y avenidas relámpago y, por otro, las calimas y bochornos que se han extendido sobre buena parte de la mitad sur peninsular. Todo ello es el resultado de la interacción de, al menos, tres masas de aire, en una evolución típica de agosto, aunque, quizás, ligeramente adelantada.

Las tormentas han tenido lugar al interaccionar una entrada de aire atlántico más fresco con aire muy cálido, relacionado todavía en gran medida con la masa que provocó la extraordinaria ola de calor de julio. En ese aire había mucha energía disponible que se ha liberado mediante la interacción con el atlántico más fresco. Esa interacción ha dado lugar a una convección muy organizada y potente que ha generado, junto con las intensas lluvias,  fuertes granizadas y, posiblemente, algún tornado de baja intensidad. La parte más interesante de este proceso es que la masa cálida ha abandonado ya la Península y las temperaturas se han suavizado fundamentalmente en la mitad norte. 

Pero, por otra parte, y en combinación con la vaguada citada, ha tenido lugar una remontada de aire tropical -casi ecuatorial- que en principio empujó sobre España aire norteafricano muy polvoriento, dando lugar a las intensas y extensas calimas. Calimas que estaban presentes cuando esa vaguada originó las precipitaciones y que dieron lugar a consistentes lluvias de barro, que han llenado los lavaderos de automóviles. Pero, además, esa masa tropical ha originado también una intensa sensación de bochorno en el cuadrante suroeste peninsular. 

Esta imagen global del canal WV de Meteosat de hoy, 9 de agosto de 2015, muestra la robustez de la "remontada" tropical y cuasi ecuatorial. Obsérvese un fenómeno usual en estos casos como es la aparente rotura o debilitamiento de la zona de convergencia intertropical, que pronto vuelve a reconstruirse. Esta masa afecta al tercio sur peninsular con nubosidad y algunos chubascos y tormentas y, sobre todo, con una intensa sensación de bochorno. Sobre la mitad norte peninsular, todavía hay circulación atlántica del oeste-noroeste. La masa muy cálida que nos afectaba se ha desplazado hacia el Mediterráneo oriental. Al oeste de Canarias aparece una debil circulación ciclónica que, actuando sobre el aire cálido y húmedo de la "remontada", puede dar lugar a algunos chubascos y tormentas. Por fin, el pleno Atlántico norte, aparece la vaguada que nos afectará entre el martes y el miércoles


Esta "remontada", que también ha afectado con algunas lluvias a Canarias, suelen darse con alguna frecuencia en agosto y sobre ellas existen trabajos clásicos de algunos meteorólogos españoles como Alberto Linés e Inocencio Font que pueden consultarse tanto en la Revista del Aficionado a la Meteorología (RAM) como en la de Divulgameteo. En cualquier caso, la dinámica -y probablemente- la termodinámica de estas situaciones es tan compleja que a veces no son bien manejadas por los modelos numéricos y se convierten  en uno de los principales retos de la predicción veraniega en España.

Este escenario, en el que nos encontramos, parece que va a cambiar de nuevo entre el martes y el miércoles por la llegada de otra vaguada atlántica, algo más profunda que la que acaba de pasar. Junto a la bajada de temperaturas, habrá que estar atentos a su interacción con lo que pueda quedar sobre nosotros de la masa tropical. Y también a lo que esa masa, ayudada por una débil perturbación de niveles altos, pueda originar en Canarias. 

En cualquier caso, nos encontramos ante una primera quincena de agosto bastante normal aunque origine algunos fenómenos singulares. Nada que ver con el extraordinario julio que hemos padecido y que pide a gritos una profunda investigación, tanto desde el punto de vista dinámico como climatológico o estadístico. Hay que profundizar en lo que mi colega Agustí Jansà se pregunta en el título de un excelente artículo que hoy ha publicado en Arabalears: Estiu 2015: excepció o tendència?

1 de agosto de 2015

Visión de agosto


En este atípico verano de 2015, es difícil saber cómo se va a comportar el mes de agosto que hoy empieza, si bien la predicción mensual del Centro Europeo/AEMET, apunta hacia temperaturas normales, o algo por debajo, sobre todo a partir de la próxima semana. 

Lo que si podemos saber es lo que la climatología y la meteorología nos dicen de este mes. Ahí va a continuación un fragmento del capítulo dedicado a agosto en mi libro Meses y tiempos:





VISIÓN DE AGOSTO

Agosto es mitad verano…y mitad final del verano. La fiesta de la Asunción de la Virgen –la Virgen de agosto- marca sociológicamente un punto de inflexión. Es como, si a partir de esa fecha, el calor bajara de intensidad, o se percibiera de pronto que los días ya han acortado mucho:

Por la Virgen de agosto, a las siete ya está fosco

Quizás el refrán exagera un poco, pero comienza a extenderse ya una sensación de despedida del verano, de retorno a las tareas habituales y a la preparación del nuevo curso.
Pero, aún así, la climatología nos presenta a agosto como un mes del todo veraniego. Su temperatura media es igual que la de julio -23,4ºC- si bien se van notando ya las noches más frescas:

Agosto, por el día fríe el rostro; pero por la noche frío en rostro

La razón es el avance del tiempo nocturno, unos 60 minutos más respecto a julio, lo que da lugar a una irradiación más duradera de la superficie terrestre y, por tanto, a un mayor descenso de las temperaturas.

Por lo que respecta a las lluvias, su valor medio muy parecido al de julio: 24 mm. Salvo las producidas por el paso de algún frente por las tierras norteñas, todas provienen de la actividad tormentosa que suele ser más frecuente en la segunda quincena, sobre todo a partir del día 20:

Por San Bartolomé, tormentas ha de haber

A veces, estas tormentas están ligadas a entradas de perturbaciones de carácter tropical que, como ya vimos en el capítulo dedicado a septiembre, ascienden desde Canarias o por el interior de África hasta la mitad sur de la Península Ibérica. Hasta hace diez o quince años, daban muchas sorpresas a los meteorólogos –y por supuesto al público- debido al escaso conocimiento de las mismas y a su deficiente manejo por parte de los modelos numéricos, pero en la actualidad son ya fácilmente predecibles.

Sobre la oportunidad de las lluvias de agosto, ha existido una tradicional discrepancia entre las gentes del campo, tal como expresa certeramente este refrán:

El agua de agosto fastidia la era; pero apaña la rastrojera”

pero también algún juicio muy negativo:

Agua por la Virgen de agosto, quita aceite y agua el mosto

Y, sin embargo:

Cuando llueve en agosto, llueve miel y llueve mosto

En cualquier caso, parece que calor y poco agua es lo que se le pide al mes para asegurar unas buenas cosechas en los meses posteriores:

Lo que agosto madura, septiembre la asegura

 Pero, de una forma u otra, se reconoce su escasez durante este mes:

Llueva o no llueva, en agosto la huerta riega

Si por algo destaca agosto desde el punto de vista de la meteorología popular es por la tradición de las cabañuelas. Son muchas las personas creyentes en ella, o al menos curiosas, que dedican buena parte del mes a la observación escrupulosa de los cambios de tiempo, incluso los muy tenues.Lo hacen durante los primeros doce días del mes, o incluso los primeros veinticuatro si se utiliza otra metodología, en el convencimiento de que el tiempo de cada uno de estos días se corresponde con un determinado mes del año próximo. Son tantas y tan distintas las metodologías empleadas y tan discutibles las hipótesis de partida, que poco crédito puede darse a todo ello desde el punto de vista de la ciencia actual. Sin embargo, ello no obsta para otorgar a las cabañuelas y a los cabañuelistas un gran respeto como a cualquier otra actividad humana hecha con gusto, curiosidad y respeto. Y además, uno se pregunta con curiosidad y humildad, qué puede haber detrás de esta tradición milenaria que la ha permitido mantenerse incólume generación tras generación.

Agosto es rico en importantes efemérides de carácter meteorológico relacionadas, como en julio, con calores y tormentas. Así, destaca absolutamente la famosa ola de calor de agosto del 2003 que se extendió por la Península y Baleares durante quince días aunque con puntas más marcadas en los primeros días del mes así como en sus días finales y que puede considerarse como la ola de calor más importante acaecida en España desde que hay registros.

Otros episodios importantes de calor fueron los de finales de agosto de 2010 en las Comunidades Valenciana, Murciana y Baleares con una temperatura de 43ºC en Valencia -que iguala su record absoluto del 26 de julio de 1881- pero que fue superada en otros puntos de la Comunidad por valores que llegan a superar los 45º, mientras que en la isla de Ibiza se registró su valor máximo con 42,2ºC.

Cabe también recordar el episodio de fuerte calor del comienzo de la segunda decena de julio de 2012. Duró tres días y en su transcurso algunas estaciones del Valle del Guadalquivir llegaron a superar los 45ºC. Otros valores importantes fueron 44,6 ºC en Alcantarilla (Murcia), 43,1 ºC en Toledo, 42 ºC en Albacete-Los Llanos, 42,3 ºC en Zaragoza, 41,4 ºC en Huesca-aeropuerto, 40,2 ºC en Teruel, 42,3 ºC en Pamplona-aeropuerto, 41 ºC en Salamanca y 40,6 ºC en Madrid-Retiro. En esta situación la isoterma de 30ºC en 850 hPa alcanzó la zona del Estrecho de Gibraltar y ello explica también perfectamente la mínima de 30ºC registrada en Melilla la noche del 9 al 10.

En la ocasión descrita, la gran expansión de la dorsal cálida africana afectó también de lleno a las islas Canarias registrándose una máxima de 44,7ºC en Mogán, en la isla de Gran Canaria. Otros episodios importantes de calor en el archipiélago en este mes fueron los de finales de agosto de 1990, con máximas que superaron los 40ºC en amplias zonas, o también los de finales del mes en el 2004 que duró cinco días.

Por lo que respecta a las lluvias de origen convectivo, no puede dejar de recordarse las que afectaron al País Vasco los días 26 y 27 de agosto de 1983. Un pequeño embolsamiento de aire frío llegado desde el interior de Francia en el seno de una corriente bastante inestable del nordeste, provocó, con el concurso del aire cálido y húmedo de niveles bajos, aguaceros torrenciales que llegaron a acumular en algunos puntos más de 500 mm en 24 horas. Las riadas y desbordamientos fueron de tal magnitud que fallecieron 47 personas y los daños materiales fueron cuantiosísimos.

Otros dos recuerdos imborrables de tormentas de agosto pertenecen a los años 1995 y 1996. En el primero de ellos, el día 10 una gran tormenta se cernió sobre la zona de Yebra y Almoguera, en la provincia de Guadalajara. Si bien la precipitación de 60 mm en una hora no parece excesiva aunque sí importante, el represamiento y posterior avenida de un arroyo originó una inundación repentina que se cobró la vida de diez personas. El año siguiente, el día 7, una tormenta anclada en la zona pirenaica de Biescas originó una gran avenida en un torrente de la montaña en cuya salida estaba instalado el camping “Las Nieves”. La riada fue de tal magnitud que originó 87 fallecidos, un desaparecido y unos 200 heridos.

Aún sin llegar a originar desgracias como las relatadas, algunas tormentas de agosto destacan por sus grandes cantidades de precipitación. Como ejemplos pueden citarse las del 25 de agosto de 1982 en el País Vasco con 185 mm en San Sebastían y 127 en Igueldo, o las del 8 de agosto de 2009 en zonas del interior peninsular que dejaron 115 mm en Cubo de la Solana y 110 en Calatañazor.

A veces, no es tanto el valor absoluto de la precipitación sino su gran intensidad. Quizás las efemérides más llamativas a este respecto sean la del 25 de agosto de 2007 en Gotarrendura, en la provincia de Ávila con 194 mm/hora, la del 19 de agosto de 2010 en la Base Aérea de Albacete con 138, o la del 13 de agosto de 2010 en Cuenca con 133 mm/h.

También se han registrado algunos tornados en agosto. El más importante de los reseñados hasta la fecha es el acaecido el 28 de agosto de 1999 en la sierra del Rayo, en Teruel. Llegó a alcanzar nada menos que una intensidad F3 y tuvo un recorrido de unos 12 km derribando miles de pinos, aunque sin causar otros destrozos.

Por lo que respecta a la actividad eléctrica de las tormentas y aunque la base de datos sea todavía muy pequeña, destaca mucho el número de rayos registrados en toda España el 17 de agosto de 2003. Ese día, la red de detección de AEMET registró 60201 descargas que constituye uno de los mayores registros desde que hay observaciones con esta red.

Para finalizar esta relación de efemérides, hay que hacer referencia a las grandes lluvias provocadas en Canarias el 18 de agosto de 2005, cuando una perturbación de tipo subtropical afectó al archipiélago con precipitaciones que sobrepasaron los 100 mm en algunos puntos de la isla de Tenerife.

Pero, más allá de las tormentas que circunstancialmente se registran, la tónica de agosto es, junto con el calor, la sequedad ambiental en las zonas no costeras. Esa sequedad tiene reflejo en las calimas que blanquean en mayor o menor medida el cielo y a su vez es causa fundamental –al menos causa necesaria, si no suficiente del todo- para los incendios forestales, que registran un máximo de incidencia durante este mes, y colaboran con sus grandes humaredas a  hacer aún más blancos u opacos los cielos de agosto. 





28 de julio de 2015

Un posible récord que no debe pasar desapercibido

En las situaciones de intenso calor como en la que nos encontramos, solemos fijarnos, además de las temperaturas en superficie, en las del nivel de 850 hPa como un buen indicador de la característica térmica de la masa de aire que nos afecta, y también como  excelente elemento predictivo de las posibles máximas que pueden alcanzarse. Nos fijamos también en la temperatura a 500 hPa pero, básicamente, con la intención de ver si se nos "cuela" algo de aire frío por la troposfera media que pueda dar origen a tormentas o, al menos, a aumentos de nubosidad. Si a ese nivel vemos temperaturas por encima (más altas) de -8 o -9ºC -y aunque siempre debe hacerse un análisis más exhaustivo- nos quedamos tranquilos porque la situación apunta hacia la estabilidad. Y no digamos si esos valores están entre los -6 y -4ºC, que se acercan ya a los típicamente tropicales.

Precisamente es ese valor de -4, o si se me apura de -3 (me refiero siempre a grados centígrados), el que muchos meteorólogos con bastantes años de experiencia, entre los que me incluyo, recordamos como el valor más cálido sobre la Península y Baleares para esas temperaturas a 500 hPa. Por eso, llama muchísimo la atención el dato registrado ayer a las 12Z por el sondeo de Palma de Mallorca que es nada menos de -1,1ºC. No se trata de un error como a primera vista pudiera pensarse porque, a esa misma hora, Barcelona tenía -1,7, Murcia -2,3 y Argel -2,5. Si, a partir de esos valores, se hace un análisis somero pero de grado en grado, se observa a ese nivel una amplia dorsal térmica  y, en el seno de ella, una "burbuja" más cálida de -1 centrada sobre Baleares. 

Un sondeo para "guardar"...y para investigar

Ya, durante la pasada noche, esas temperaturas han descendido algo, de modo que el dato de Palma es -3,1, el de Barcelona -3,3 y el de Murcia -3,9. Sin embargo, en el sondeo realizado al sur de Cerdeña, se ha pasado del -3,3 de ayer a las 12Z al -1,5 de hoy. Da por tanto la impresión de que esa "burbuja" cálida se ha desplazado hacia el este-sureste.

Creo que es una situación que merece la pena estudiar con detenimiento porque, más allá del posible récord que AEMET deberá en su caso confirmar o no, se encuadra en un contexto de anomalías cálidas durante los últimos meses a ese nivel. Así, en la súbita entrada cálida del 13-14 de mayo pasados, lo que más llamaba la atención era una marcada anomalía cálida justamente a 500 hPa extendiéndose hasta la Península Ibérica desde las costas de África occidental. Y también, en algunos días de la pasada ola de calor, las temperaturas a este nivel han rondado los -3ºC, valor de nuevo muy elevado.

Es posible que el fenómeno sea el resultado de algún patrón de teleconexiones hemisféricas, pero creo que sería interesante estudiar cuál es el proceso físico que puede conducir a estas desusadas temperaturas. En principio sólo pueden ser dos: una advección de aire muy cálido o un calentamiento in situ por procesos de subsidencia. En un primer análisis parece tratarse más bien de lo segundo pero cuesta trabajo pensar que, ya a 500 hPa, ese proceso que se extiende normalmente hasta alcanzar los 800 o 900 hPa, haya dado lugar a esos valores. Evidentemente puede ser el resultado conjunto de una advección y de una compresión por subsidencia. En cualquier caso, valores tan elevados, sean o no récords, y que igualan o superan valores propios de atmósferas tropicales, merecen a mi juicio, como decía antes, un profundo y detallado estudio.

25 de julio de 2015

Tras la ola

Hoy, 25 de julio, día de Santiago, nos encontramos desde el punto de vista climatológico en pleno periodo canicular, en las jornadas que suelen ser las más calurosas del año. Sin embargo, y tal como apuntaban hace ya ocho o nueve días los mapas del Centro Europeo de Predicción a Medio Plazo, el paso del extremo sur de una vaguada por la mitad norte peninsular ha traído aire fresco del noroeste a amplias zonas de la Península. Un aire que da un respiro pasajero antes de un nuevo repunte de calor que se iniciará mañana domingo y que, probablemente, durará hasta el jueves o viernes, cuando otra vaguada atlántica volvería a suavizar las temperaturas.

Este mapa del sistema de predicción probabilística del Centro Europeo previsto para la noche del viernes al sábado previsto muestra que es bastante probable el paso, alrededor de esas fechas, de una vaguada atlántica sobre la Península Ibérica.

En mi opinión, ésta es la cadencia natural del tiempo de verano. Subidas fuertes que duran tres o cuatro días, seguidas de otros dos o tres en los que las vaguadas atlánticas refrescan algo el ambiente. Todo ello, claro está, en las vertientes atlántica y cantábrica, ya que en el área mediterránea los vientos de poniente elevan las temperaturas. 

Por tanto, creo que ahora nos encontramos en un verano "normal", si bien el calor acumulado durante el largo y muy temprano periodo cálido que nos afectó, casi sin tregua, desde finales de junio hasta casi mediados de julio, nos hace sentir que seguimos en un verano excepcionalmente cálido. Lo que habrá que ver, de acuerdo con la definición de ola de calor recientemente adoptada por AEMET, es, primero si aquel periodo puede considerarse definitivamente como ola de calor, que estoy prácticamente seguro de que sí, y después, si el ligero refrescamiento ocurrido en alguno de los primeros días de julio, pudiera llevar a que fueran dos las catalogadas en vez de una; supongo que no.

No parece en principio que vaya a repetirse en agosto una situación similar. Como veíamos más arriba, las predicciones probabilísticas a diez días apuntan más bien a que, tras la subida de los próximas tres o cuatro jornadas, una nueva entrada atlántica refresque de nuevo el ambiente en amplias zonas de la Península. Y, si hacemos caso a los mapas de predicción mensual del Centro Europeo publicados ayer viernes por AEMET, la tendencia al menos hasta mediados del mes es a que la temperatura media se encuentre en los valores normales o incluso algo por debajo.

En la columna de la derecha pueden verse las anomalías de temperatura hasta mediados de agosto. Durante las semanas del 3 al 9 y, sobre todo, en la del 10 al 17 no existan anomalías positivas en la Península sino que, más bien, tienden a ser negativas

En cualquier caso, creo que ese extraordinario período cálido que hemos vivido -más bien padecido- debería llevar a  reflexionar e investigar sobre algunos extremos interesantes. El primero y más importante, el impacto social, sanitario e incluso económico que una situación de este tipo provoca en la salud de la población y en muchas de sus actividades y costumbres y más cuando sucede como una extensión hacia adelante del verano. Precisamente, esta extensión parece confirmar el resultado de la investigación de un grupo de investigadores españoles en el sentido de un alargamiento del periodo veraniego en el área de la Península Ibérica desde finales de los 70. A la vista de lo sucedido parece que es ésta una línea de investigación que debe seguirse y potenciarse. 

Por último, creo que, este significativo episodio, nos ha llevado a una mayor concienciación de que los periodos de mucho calor en la Península Ibérica no tienen por qué atribuirse necesariamente a la entrada de aire norteafricano. Si bien, éste puede jugar un papel significativo en bastantes ocasiones, la pura presencia de una fuerte dorsal atlántica sobre, o al oeste de la Península, puede provocar las fuertes subidas térmicas a través de sus mecanismos "tradicionales" de estabilidad, cielos despejados y calentamiento por subsidencia. En esta cuestión, y en conexión con el debate suscitado sobre si ese calentamiento puede afectar directamente a las temperaturas registradas en el suelo, pienso que sería interesantísimo llevar a cabo un estudio -que ya se efectuó en los años 80 en el desierto de Arabia- y en el que se venía a concluir que, en situaciones de baja térmica y advección cálida en niveles altos, la subsidencia podía alcanzar el suelo durante la noche. Sería realmente útil comprobar si eso también sucede en el interior de la Península Ibérica.

Y ahora, vamos a ver que nos depara agosto. De un modo u otro, lo deseo muy agradable para todos los seguidores de este blog.

14 de julio de 2015

Bajo las olas (de calor)

Pasado mañana, 16 de julio, fiesta de la Virgen del Carmen, empieza el período que se conoce popularmente como "de virgen a virgen" y que se extiende hasta el 15 de agosto, día de la Asunción de la Virgen. Se trata del período normalmente más cálido del verano y en el que cabe esperar temperaturas muy elevadas y periodos de olas de calor. 

De Virgen a Virgen, el calor aprieta de firme; antes y después, verano no es

O si. Este año, el público mira a los meteorólogos y los meteorólogos miran sin cesar los mapas previstos tratando de encontrar un signo -como los antiguos oráculos- de que la ola -u olas- de calor que nos afecta desde finales de junio toque a su fin, antes de que agote por cansancio y sueño perdido a gran parte de la población de la España interior. Y, cuando digo ola u olas, me refiero a que habrá que esperar un tiempo, tras la finalización de este periodo cálido, para que AEMET informe, de acuerdo a la definición que estableció de ola de calor hace muy poco tiempo, si se ha tratado de una o de varias olas. 

Desde el punto de vista de un meteorólogo sinóptico, la situación general de la atmósfera en nuestras latitudes casi no ha variado desde ese final de junio.Una potente dorsal, o anticiclón cálido, se instaló al oeste-suroeste de la Península generando las condiciones típicas -que no es cuestión de repetir de nuevo- para que el aire junto al suelo alcance temperaturas muy elevadas. En cualquier caso, ligeras variaciones en la posición o fortaleza de esa dorsal, han dado lugar a que las masas de aire que nos han ido afectando hayan tenido un origen -o un camino- tropical o subtropical marítimo o continental, y también a que la Península Ibérica haya generado su propia masa. Pero, más allá de su origen, es importante reseñar que han llegado a España en proceso de subsidencia, es decir, de descenso, compresión y calentamiento, reforzando así -o al menos manteniendo- las condiciones para las altas temperaturas. 

Lo que llama la atención de esta situación, más que su intensidad, es su temprano arranque y, sobre todo, su larga duración. Ese arranque puede estar en la linea de los resultados de recientes investigaciones que apuntan  a que, desde finales de los 70, el periodo veraniego se ha alargado en España en unos 15 días, debido sobre todo a un comienzo más temprano en el mes de junio. Y no podemos dejar de recordar en este sentido -aunque la supuesta relación habría que investigarla más- las atípicas y casi increíbles jornadas del 13 y 14 de mayo pasado, cuando las temperaturas batieron ampliamente récords de mayo en muchos observatorios e incluso, en alguno de ellos, casi los anuales. 

Por lo que respecta a su duración, lo lógico es que una situación de este tipo a finales de junio, hubiera sido interrumpida a los dos o tres días de su comienzo por la llegada de una vaguada atlántica con aire fresco y algunas lluvias en la mitad norte. Es algo que suele ocurrir con frecuencia y que hace que la instauración  de los grandes calores se retrase al menos hasta después de San Fermín. Este año, es verdad que algo hubo de eso, pero fue tan débil que sólo nos ofreció un cierto alivio momentáneo y sirvió -quizás- para que un episodio de ola de calor se convirtiera en dos, al menos en algunas zonas.

Desde entonces la única esperanza está siendo el paso de alguna vaguada atlántica cuyo extremo sur roce el Cantábrico y "mueva" y ventile un poco la tenaz masa cálida del interior peninsular. Una alternativa más completa y eficaz sería que esa vaguada captara y arrastrara por delante de ella una baja o borrasca residual semipermanente que suele "aparcar" en el área Azores-Madeira-Canarias. Pues bien, eso es lo que parece ocurrir entre hoy y el fin de semana y es lo que nos puede proporcionar algún alivio en forma de algunas tormentas y de descenso de las temperaturas en unos pocos grados.

(A) es una vaguada que afectará previsiblemente el sábado al tercio norte peninsular. (C) es una baja semipermanente que, en esta ocasión, se moverá por delante de la vaguada, y afectará el viernes-sábado al interior peninsular removiendo y ventilando parcialmente, con algunas tormentas y haciendo descender la temperatura tres o cuatro grados. (B) es otra pequeña baja residual que mañana miércoles podría propiciar alguna actividad tormentosa en el interior (Imagen del canal WV del día 14 de julio a las 15 TMG)
Habrá que aprovecharlo bien porque el lunes la dorsal vuelve a crecer sobre nosotros. 

Este mapa previsto para la madrugada del próximo martes, día 21, por el sistema de predicción probabilística del Centro Europeo, nos indica que, casi con total seguridad, y una vez más, la dorsal cálida vuelva a reforzrse sobre la Península Ibérica a principios de la semana que viene.

Y, de nuevo, a la espera de alguna nueva vaguada que la debilite, o mejor, que la lograra desalojar. Alguna esperanza hay de ello. Por una parte, y aunque la fiabilidad es reducida, los mapas de predicción mensual del Centro Europeo muestran un descenso de la anomalía cálida sobre España para la próxima semana y, sobre todo, para la siguiente. 





Por otro, los mapas a medio plazo de los dos principales modelos muestran para mediados-finales de la próxima semana de una vaguada más profunda que -ahora sí- removería la contumaz masa cálida. Esperemos que sea así. Y que dure al menos unos días.

Aunque el modelo probabilístico del Centro Europeo, "sólo" llega hoy hasta el viernes 24, muestra una vaguada un poco más importante con un aceptable nivel de predecibilidad, lo que hace concebir alguna esperanza. Es importante señalar que la mayor incertidumbre se encuentra en el ramal noroeste del chorro al oeste de Irlanda. Es una zona clave porque, si los vientos son ahí más fuertes que en la zona delantera, la entrada fría -mas bien fresca- sobre la Península sería más significativa.
Para finalizar, desde mi punto de vista, lo raro de esta situación ha sido la contumacia en la ubicación de la dorsal cálida en la misma zona, quizás por la presencia de un chorro polar más debilitado o alto de latitud que lo climatológicamente normal. ¿Variabilidad natural o cambio climático? Seguramente las dos cosas. Y seguro que salen estudios que nos darán algunas pistas. Pero las olas de calor más frecuentes y prolongadas parecen asomar.

6 de julio de 2015

¿Aire sahariano?

Ayer se suscitó en Twitter un cierto debate sobre la procedencia de la masa (o masas) de aire que están afectando a España en estos días de intenso calor. En los medios se da por supuesto que se trata de una masa de origen sahariano o, al menos, africano. Es un planteamiento en principio lógico porque no parece posible que una masa tan cálida pueda tener otro origen. Debe reconocerse que muchos climatólogos y meteorólogos hemos alimentado ese criterio -yo mismo lo he hecho- al observar durante muchos años en los mapas meteorológicos de temperatura a 850, 700 o 500 hPa la continuidad de la masa aérea desde el norte de África hasta la Península Ibérica. El propio maestro de meteorólogos Lorenzo García de Pedraza decía que "en verano el interior peninsular se convierte en una sucursal del Sahara". Sin embargo, que las características de la masa de aire sean las mismas, o parecidas, no quiere decir necesariamente -y probablemente el propio García de Pedraza así lo intuía- que su origen sea el mismo.

Durante muchos años, era la observación del viento a diferentes niveles que nos proporcionaban los sondeos, lo que nos permitía tener una cierta idea de la procedencia de la masa de aire. Pero lo que solíamos analizar eran datos de distintas estaciones tomadas a la misma hora y, como mucho, intentábamos visualizar con una animación casi manual la evolución desde las 12 horas antes. Naturalmente, así era muy dificil conocer la "historia" de las masas de aire que nos llegaban, tanto desde el punto de vista de su recorrido geográfico como de sus posibles ascensos y descensos en el seno de la atmósfera acompañados, lógicamente, de sus correspondientes enfriamientos y calentamientos. 

Naturalmente conocíamos el concepto de retrotrayectorias pero, en la práctica y en tiempo real, no había medios para calcularlas; quedaban sólo para algunos trabajos científicos a posteriori. Sin embargo, los grandes avances en modelización y en sistemas de cálculo ha puesto ya  esta valiosa información al alcance casi de cualquier internauta y desde luego de los profesionales.

Pues bien, siguiendo con el ejemplo que otro maestro de la meteo, Paco Martín León, ya puso esta mañana en su twitter de la RAM, vamos a ver la historia de las masas de aire que hoy, 6 de julio, uno de los días que se presumen mas calurosos de esta situación, nos están afectando. 



El gráfico superior muestra el recorrido geográfico de algunas de las masas que hoy nos afectan, mientras que el inferior refleja los ascensos y descensos de esas masas en los últimos días. Si interpreto bien estos gráficos -y si no lo hago agradecería que se me corrigiera porque tampoco soy un experto en ellos- la masa que hoy tendremos sobre el interior peninsular a 700 hPa (en azul), estaba el pasado día 30 de junio a un nivel de 450 hPa llegando a la costa atlántica africana desde el interior del continente. Desde ahí, ascendió  de latitud, pasó ya sobre la Península hacia el sur de Francia, y giró anticiclonicamente, descendiendo -y calentándose-sobre la Península.

Por su parte, la masa que hoy tenemos a 800 hPa (verde) estaba el pasado 30 de junio a 650 hPa sobre Centroeuropa y desde allí, en giro anticiclónico, descendió sobre el Mediterráneo, casi hasta el nivel del mar y ascendió luego Tunez y Argelia  para llegar a estar hoy sobre nosotros, con tendencia a ascender de nuevo. Y la masa que hoy tenemos a 900 hPa ha tenido un recorrido muy distinto, con algún altibajo, pero también claramente descendente, desde el área de Azores, donde se encontraba el día 30, a unos 650 hPa.

Por tanto, a la vista de estos gráficos, lo que parece emerger como factor común es el descenso subsidente -con marcado calentamiento- de las distintas masas que nos llegan desde procedencias muy distintas. Es decir, aunque hay un origen parcialmente "africano" en algunas de ellas, el calor parece provenir sobre todo de una compresión adiabática por descenso originado en todo el flanco oriental de la gran dorsal que nos afecta, junto, por supuesto, el fuerte calentamiento local.

La atmósfera es mucho más dinámica y compleja de lo que pensábamos cuando casi no teníamos medios de observación, modelización y cálculo. Ahora, con todos ellos a nuestra disposición, nos toca ser tan dinámicos como la propia atmósfera!