16 de octubre de 2018

Algunos comentarios meteorológicos sobre la "torrentada" de Sant Llorenç

Los acontecimientos atmosféricos se suceden estos días vertiginosamente, pero antes de que  nos llegue a mediados de esta semana el próximo episodio de dana y posible situación de lluvias intensas mediterráneas, me gustaría compartir algunas ideas y reflexiones sobre la trágica torrentada acaecida el pasado día 9 en Sant Llorenç de Cardassar en Mallorca. Como se sabe, las intensísimas lluvias que aparecieron la tarde de ese día en distintos puntos de la isla provocaron, en el caso de Sant Llorenç, una inundación relámpago por el desbordamiento de un torrente con el resultado de varias víctimas mortales así como grandes daños en la población. 

El marco sinóptico general estuvo marcado, como en tantas otras ocasiones, por la presencia de una dana. Sin embargo, tanto su trayectoria de llegada como su ubicación en el momento de las fuertes lluvias sobre Mallorca, no eran a mi juicio de las más típicas. En vez de llegar desde el Atlántico, lo hizo en una lenta trayectoria retrógrada desde el interior de Europa, hasta instalar su centro en el interior de la Península Ibérica tal como se ve en el análisis de 500 hPa del Centro Europeo de las 00 UTC del 10 de octubre. Por su parte, las estructuras convectivas que afectaron a la isla se iban formando, en su zona delantera, en las áreas marítimas de Alborán y Palos, y se dirigían hacia el archipiélago en una trayectoria SW-NE. 

Figura 1

La imagen del canal WV de Meteosat de las 14 horas locales muestra la activa generación de estructuras convectivas sobre el mar de Alborán y área marítima de Palos, más o menos en la zona derecha de entrada de la circulación de la dana. Es más corriente que se formen en la zona izquierda de salida, pero dada la colocación de la dana sobre el centro peninsular, parece que era la zona con mayores posibilidades para su nacimiento y desarrollo.

Figura 2

A las 17 horas locales de ese día las principales estructuras convectivas están ya sobre el mar balear o muy cercanas a él. Parece haber dos de ellas bien diferenciadas, una con su núcleo más importante al sur de Ibiza y otra hacia la isla de Mallorca.

Figura 3

La imagen del canal visible de las 17 horas locales, permite ver mejor esas zonas convectivas. En principio daría la impresión de que se trata de un gran sistema o complejo convectivo expandiéndose desde el sur de Ibiza pero la distribución de los distintos brotes convectivos en su seno de forma diseminada, tal como el que aparece frente a la costa sur de la isla de Mallorca, me hace albergar algunas dudas. Es interesante observar también la línea nubosa rectilínea al este de las islas y de la cual parten fibras de densos cirros. 

Fig. 4

La imagen también del canal visible de una hora después, a las 18 horas locales, muestra como grandes "borbotones" convectivos se han desarrollado en distintas zonas de la gran estructura nubosa, e incluso parece como si algunas de ellas estuvieran organizadas a lo largo de una especie de banda que se extendiera desde el nordeste de Mallorca hacia la desembocadura del Ebro. Así, se ve cómo sobre el mar, y emergiendo de la capa nubosa más uniforme, se desarrollan torres convectivas aisladas sin que, evidentemente, haya sido necesaria para su formación ninguna contribución orográfica; algo que ya se ha podido ver en otras ocasiones en estructuras mediterráneas de este tipo y que han podido dar como resultado fuertes desplomes de lluvia con inundaciones relámpago de carácter local.  ¿Corresponde esa especie de banda a alguna discontinuidad sinóptica o mesoescalar en el flujo que rodea a la dana?, ¿Hay algún proceso de convergencia a niveles bajos?

Curiosamente, en esta misma misma imagen, aguzando mucho la vista, puede verse una de esas torres justo sobre la esquina nordeste de la isla de Mallorca, allí donde más  o menos comienza esa banda.
Fig. 5
Aunque es muy difícil ampliar más esa zona sin perder ya casi toda la resolución, he llegado a obtener esta imagen que sigue. Me pregunto si esa tan pequeña torre, que destaca en el extremo nordeste, más por su sombra que por ella misma, pudo ser el cumulonímbo que, en su desplome, causara de forma muy local la intensísima lluvia que dio lugar a la torrentada. No lo sé, pero podría profundizarse más en ello con las imágenes radar y datos de la zona. 

                                     
                                                                           Fig. 6

La imagen siguiente (Fig. 7) de las 19 horas locales, ya casi sin iluminación solar, nos da todavía una pista muy interesante. Se aprecia aún una banda nubosa que cruza la isla, más o menos desde Manacor a Pollensa, cuyos topes deben ser todavía bastante altos como para ser iluminados por el sol poniente.

                           
                                                                        Fig. 7
Pero, si de nuevo ampliamos la imagen, vemos un poco a la derecha de la banda nubosa a la que me estoy refiriendo, un par de pixels blancos que, en mi opinión responde a la misma u otra torre convectiva muy cercana sobre la zona de Sant Llorenç. No quiere en principio decir que esa nube estuviera aislada ya que podría haber otras pero al ser más bajas, no estaban ya iluminadas por los últimos rayos de sol.


                     
                                                                    Fig. 8

Y ampliando un poco más, se ve aún mejor:  

                    
                                                                                     Fig. 9

¿Fue esta torre la causante de la inundación? ¿Lo fue la anterior? ¿Se fue regenerando?

Aunque sólo he tratado de comentar algunas imágenes de satélite, creo que es posible concluir con dos o tres ideas. La primera es que creo que la situación merece un estudio cuidadoso, bien sea por AEMET o por algún departamento universitario. ¿A qué respondía, si realmente existió, esa banda convectiva más desarrollada entre Mallorca y la desembocadura del Ebro? ¿Tenía algo que ver con el cumulonimbo de la zona de Sant Llorenç? ¿Por qué razón surgió en esa ubicación? ¿Hubo una regeneración del mismo o fueron dos o más torres convectivas? En este aspecto quizás la disposición de imágenes de Meteosat de mayor resolución espacial y temporal, junto con las de radar, puedan ayudar bastante. Y ya, con carácter más general, ¿cuál puede ser el mecanismo de formación de esos grandes pero aislados cumulonimbos que surgen de la masa nubosa principal, muchas veces sin ningún forzamiento orográfico?

La segunda reflexión es, a la vista de las imágenes, constatar la gran dificultad de predecir una situación  de este tipo. Los modelos operativos de predicción no pueden, al menos hoy por hoy, indicar la formación de un torreón convectivo de ese tipo aunque sí en general -no sé si en este caso fue así- las áreas más amplias dónde es probable que se produzcan. Ahí el valor añadido de los predictores expertos en vigilancia es fundamental, aunque la rapidez con que se producen estos fenómenos constituye una gran dificultad.  

La última es, que como he dicho en otras ocasiones, y ya con carácter general, mantengo mi opinión sobre la conveniencia, prácticamente la necesidad, de revisar los medios y los protocolos de generación de avisos, o plantear otros nuevos, y ello tanto por lo que respecta a vigilancia, umbrales, probabilidades o impacto, como a su rápida difusión hasta poder llegar eficazmente al mayor número posible de personas potencialmente afectadas.

9 de octubre de 2018

"Leslie", probabilidades y comunicación

Hace hoy 13 años, el 9 de octubre de 2005, una tormenta tropical denominada "Vince" que se había desarrollado frente a las costas de Marruecos, se convirtió en huracán de categoría 1 y, ya degradado, entró en la Península por la costa del golfo de Cádiz como tormenta o depresión tropical. Mientras recorría Andalucía perdía energía con toda rapidez pero, aún así, llegó a alcanzar el Mediterráneo como una débil zona de bajas presiones. 

El ciclón tropical "Vince", el 9 de octubre de 2005 (imagen WorldviewNASA)

Aunque la actual tormenta tropical "Leslie", a punto de pasar nuevamente a huracán, ha desarrollado un largo y muy distinto ciclo de vida, existe la posibilidad de que, en cuatro o cinco días, pudiera también a afectar a la Península Ibérica. Y si seguimos con las efemérides, y tal como nos recordaba hoy en Twitter Jonathan Gómez Cantero (@JG_Cantero), es realmente curioso que, hace justamente un año, el huracán "Ophelia", cuyo paso relativamente cercano a la Península coincidió con una terrible oleada de incendios en Portugal y Galicia el fin de semana del 13 al 15 de octubre, se encontraba prácticamente en el mismo lugar del océano Atlántico donde hoy se encuentra "Leslie". 

"Ophelia", todavía como tormenta tropical, el 9 de octubre de 2017 
"Leslie", el 9 de octubre de 2018

A partir de todas estas ¿aparentes? coincidencias se podría comentar mucho sobre la relación de los ciclones tropicales con la Península Ibérica, así como sí se ha observado alguna tendencia en sus recorridos durante los últimos 30 o 40 años, o qué podría pasar en relación con ellos y su trayectoria en el contexto del cambio climático. Sin embargo, mi pretensión en esta entrada de hoy es compartir una pequeña reflexión sobre la comunicación de este tipo de situaciones.

Con la libre disponibilidad en Internet -por diversas vías- de los productos de predicción del Centro Europeo hasta diez días, algo con lo que estoy completamente de acuerdo, no se puede evitar que en las redes sociales aparezcan de inmediato referencias a este tipo de fenómenos y a su evolución, y más si existe alguna posibilidad de que puedan afectar a España. Algunas contribuciones son realmente valiosas mientras que otras inducen a la desinformación y al alarmismo. A partir de este punto entiendo que es también inevitable que los medios de comunicación tengan que hacerse eco de ellos bastantes días antes de que la situación pudiera hacerse realidad (recordemos que, sobre la posible llegada de "Leslie" a la Península, algo que, en caso de suceder, no sería antes del próximo domingo, ya se empezó a hablar como mínimo desde ayer lunes). Indudablemente la incertidumbre es tremenda porque en estos casos, casi todo depende de cómo sea la interacción del ciclón tropical con las vaguadas atlánticas que pueden arrastrarlo o "absorberlo". Y esa interacción depende, por una parte, del movimiento bastante errático del ciclón y, por otra, de la configuración final de la vaguada, algo que está muy unido a posibles modificaciones de las ondas de Rossby en zonas incluso del Pacífico, tal como acertadamente comentaba recientemente González Alemán en Twitter (@glezjuanje): 

La incertidumbre en la predicción de #Leslie parece estar principalmente debida a dos ciclones tropicales en el Pacífico, que van/están a alterar el flujo del oeste de latitudes medias (ondas de Rossby), y que se propaga hasta el Atlántico. Esto los modelos no lo suelen ver bien.


A dónde quiero llegar a parar es que, si se decide informar al público con tanta antelación sobre un ciclón que, según las distintas "pasadas" de los modelos deterministas, un día va a parar a Irlanda, otro al interior de la Península Ibérica, otro al golfo de Cádiz, o a "morir" apaciblemente frente a las costas marroquíes, o incluso volver de nuevo tras sus pasos y dirigirse de nuevo a "océano abierto", debe hacerse con un enfoque claramente probabilista utilizando productos de este tipo que ahora se presentan de forma bastante comprensible y  que, de paso, permiten explicar, aunque sea muy brevemente, la complejidad y el interés de este tipo de situaciones y seguir introduciendo al público en la predicción probabilista. 

Visión probabilista de la trayectoria de "Leslie" hasta la madrugada del lunes. Creo que es un producto claro e intuitivo con una mínima explicación preliminar  (WXCharts/MetDesk) 

Y de paso, si aún queda algo de tiempo, comentar algunas situaciones parecidas como a las que me he referido más arriba, para informar, -e incluso formar algo más- al público sobre estas interesantes situaciones que, quizás, deberemos tener en cuenta cada día un poco más.

De una forma u otra para comienzos de la próxima semana "Leslie" se habrá ido o desaparecido, y parece que entraremos en las situaciones típicas de octubre con formación de danas y temporales mediterráneos.... si se colocan en el lugar adecuado. En los últimos años les ha costado hacerlo. A ver ahora. 

23 de septiembre de 2018

Un ojo en el Atlántico, otro en el Mediterráneo...y sin perder de vista la Península

Creo que era Mariano Medina el que en su libro "El tiempo es noticia" decía que el chorro polar se comporta como un turista rico ya que en verano se va hacia el norte y en invierno hacia el sur. Parece que en los próximos días, aunque todavía no baje en bloque de latitud -esperemos que lo haga por nuestro interés en octubre y noviembre-, sí va a ondularse formando algunas vaguadas que darán lugar a danas. Es probable que el miércoles ya aparezca una de ellas en pleno Atlántico, algo al oeste de Azores, y otra hacia el jueves, sobre el Mediterráneo central. 

Pues bien, esas danas en el entorno subtropical en el que todavía nos encontramos y sobre mares aún cálidos o muy cálidos, originan procesos convectivos a los que, en sus comienzos, puede ayudar la propia dinámica interna de la dana. Se pueden desarrollar así estructuras de tipo subtropical, bien por una transición desde una baja extratropical preexistente o por un desarrollo directo. Una situación así fue la que se desarrolló la pasada semana en el Mediterráneo entre Córcega y Cerdeña y la península italiana y cuyo resultado fue un estructura difícil de clasificar, situada entre ciclón subtropical o medicane.

A la vista de ello, se ha despertado mucho interés por ver los desarrollos de este tipo que pueden darse a partir de mediados de semana tanto en el Atlántico central como en el Mediterráneo central. ¿Qué desarrollos, evoluciones o transiciones se producirán en el Atlántico?, ¿Aparecerá algún ciclón subtropical?...¿Y en el Mediterráneo? ¿Otro ciclón subtropical?, ¿Un medicane?...Y luego habrá que ver en el caso de que se formen, cuales acabarán siendo sus inciertas trayectorias.

En la noche del jueves al viernes el modelo determinista del Centro Europeo sitúa una dana en el Atlántico central y otra en el Mediterráneo central. La Península Ibérica, sobre todo el sur de ella, queda en el flanco sur de la dorsal, en una zona casi sin gradiente que es conveniente vigilar porque la mesoescala y el aire subtropical pueden dar alguna sorpresa.

Mapa previsto de superficie para el mismo momento del anterior. Una circulación ciclónica muy marcada sobre la dana atlántica: ¿qué estructura concreta va a ser y cómo va a evolucionar? También bajo la dana mediterránea aparece otra circulación ciclónica que, según el modelo determinista, se intensifica en los días siguientes. ¿Medicane? ¿Ciclón subtropical? Sobre la Península puede existir una ligera componente del  este, y como digo nada "sinóptico" en altura. A vigilar.


Sin embargo, estas evoluciones "lejanas" no deben desviarnos mucho la atención de nuestro propio entorno. Vamos a permanecer durante buena parte de la semana en el flanco sur de la dorsal anticiclónica. Es una zona de no gran estabilidad donde pueden aparecer algunos pequeños vórtices relativamente más fríos en altura a consecuencia de alguna débil retrogresión, o bien generarse por la evolución de débiles ondas en el seno de una atmósfera subtropical que no es necesariamente homogénea. Son estructuras en general poco definidas en los análisis de partida y por ello resueltas con cierta dificultad por los modelos numéricos; por ello interesa una vigilancia continuada y muy ayudada por las imágenes del canal WV de Meteosat. La presencia de esas pequeñas estructuras en ese entorno podría originar algunas tormentas a veces poco esperadas. Por tanto...un ojo en el Atlántico...y otro en el Mediterráneo...y sin perder de vista nuestras propias zonas. Es septiembre. 

10 de septiembre de 2018

Problemas como danas

Entiendo perfectamente la frustración que han experimentado muchos profesionales, comunicadores y aficionados cuando, de un día para otro, la dana o borrasca fría que nos afecta no ha hecho caso a los que los modelos esperaban de ella dando al traste con muchas predicciones y avisos y teniendo que aceptar algunas críticas o comentarios no del todo agradables. Lo comprendo porque lidié con ello durante más de treinta años en el INM/AEMET bien como predictor, responsable de predicción o portavoz. Cuantas noches casi sin dormir pensando si por la mañana la predicción habría salido bien...o todo lo contrario. O cuantos sobresaltos cuando llovía desaforadamente donde no debería haber llovido. Y no digamos cuando tras un fallo había que explicar a los medios lo que había pasado sin entrar en muchos tecnicismos. 

Imagen Meteosat de hoy 10 de septiembre a las 17 horas locales. De ayer a hoy, la dana se ha desestructurado mucho perdiendo actividad. Posiblemente esa desestructuración ha sido provocada por el empuje de la dorsal al oeste con un calentamiento a niveles medios. 

Las danas siempre han sido el principal problema de predicción en España. A su dificultad intrínseca de predecir adecuadamente sus movimientos, se une la existencia a nuestro lado del gran depósito energético que es el Mediterráneo, siempre con el riesgo de que ese depósito puede inflamarse o no, dependiendo de alguno de esos pequeños movimientos. Cuando sólo se trabajaba con los métodos sinópticos, todavía sin modelos, la única regla básica era la conducción de la "gota fría" en la dirección del viento más fuerte que la rodeaba. Después,  l
a llegada de los primeros modelos encendíó la esperanza de que, al fin, se iban a poder manejar mejor... pero se seguían produciendo grandes errores. Pensábamos que con los aumentos de resolución, nuevas físicas, nuevas parametrizaciones.... Y sí, se ha avanzado muchísimo sobre todo en la determinación de los campos de precipitación...pero de vez en cuando, vuelven los disgustos. 

¿Cuál es el problema de fondo? Solemos decir que las danas tienen un comportamiento errático, pero en el fondo no es así. El problema es que su movimiento depende de factores tan sutiles que, con frecuencia, no los observamos o manejamos adecuadamente. Igual que una bola de billar puesta en un suelo aparentemente plano puede derivar en un sentido u otro dependiendo de casi imperceptibles irregularidades de ese suelo o incluso de una débil corriente de aire, así una dana puede moverse o reorientarse bien por cualquier singularidad dinámica de su propia rotación o por su interacción con cualquier pequeña corriente de niveles medios que a veces no es bien recogida en los análisis de partida, aunque cualitativamente sí puede detectarse a veces en las imágenes de vapor de agua. 

Pero ¿es tan crítico que se mueva un poco o se reoriente aunque siga estando en la misma zona? Lo es. Recordemos que las danas tienen asociadas dos zonas de precipitación. Una es "interior", la llamada convección del núcleo frío con tormentas fuertes pero en general dispersas y sin grandes cantidades de precipitación. La más significativa es la de su zona delantera, en concreto en lo que llamamos la "zona de salida" donde las isohipsas divergen, o más bien se hacen difluentes. En esa zona se origina una especie de aspiración del aire de capas bajas que ayuda a crecer las nubes.  Así se crea una convergencia, una llegada de aire de otras zonas que viene como a llenar el vacío que deja el aire que sube. Si el aire que es "aspirado" es cálido y húmedo se pueden formar cumulonimbos que incrementan la convergencia de capas bajas. De este modo, puede llegar a formarse una pequeña borrasca de superficie que, de alguna manera, ayuda a mantener la alimentación de las nubes tormentosas o de un sistema convectivo si ya se ha llegado a formar. 

Pero, ¿qué ocurre si esa zona superior de difluencia no se forma sobre ese aire cálido y húmedo, es decir en nuestro caso sobre el Mediterráneo? . Pues que todo resulta menos enérgico y mucho más desorganizado, y además no llega a formarse una baja en superficie que alimente a esa zona de ascendencias con un buen flujo de levante. No se pone en marcha el temporal de lluvias. Y también puede pasar otra cosa; que esa zona difluente de capas altas lo sea muy poco, o no lo sea, por una reestructuración de la circulación de mayor escala. En ese caso, aún estando esa zona delantera de la dana bien situada, el "motor" tampoco se pone en marcha. 

El resumen de todo lo dicho es que, sí la dinámica interna de la dana, o su interacción con alguna débil corriente, o su estrechamiento por el avance de la dorsal que suele existir al oeste de ella, hace que esa zona delantera de difluencia no se coloque sobre el lugar adecuado, o sea muy poco difluente, las precipitaciones no se producirán o serán muy débiles digan lo que digan los modelos. 

¿Y qué podemos hacer para que los modelos digan lo que la dana va a hacer en realidad? Aquí dejaría la palabra a los expertos en modelización pero algunas ideas puedo esbozar. La primera es que necesitamos el mejor análisis de partida posible refrescado al menos cuatro veces al día para correr modelos regionales, no globales, con esa frecuencia o mayor. Es fundamental sobre todo tener buenas y continuadas observaciones de viento y eso es con frecuencia un problema dadas las zonas donde las danas se suelen situar. ¿Nos ayudará el nuevo satélite "Aeolus" cuando llegue a estar plenamente operativo? 

Un segundo planteamiento, como siempre, es trabajar con modelos probabilistas, pero no tanto globales -donde nuestras danas y sus "pequeñas" oscilaciones son casi una pequeña gota en un océano, sino regionales o mesoescalares y en ellos trabaja AEMET. Pero, aunque hoy por hoy haya que trabajar con modelos globales, creo que hay que utilizar la predicción probabilista disponible e incluirla  en las predicciones. Y contar, y divulgar al público todo lo que se pueda sobre las características de estas situaciones y sus incertidumbres.

Finalmente, no fiarse mucho de estas situaciones, vigilar las distintas salidas de los modelos y mantener con el publico una comunicación continuada actualizada. Y hagámoslo ahora porque debilitada o no, la dana o su reconversión, todavía sigue con nosotros...y puede darnos alguna sorpresa más. 


6 de septiembre de 2018

Un agosto muy "eléctrico": otra pieza más de un puzzle global

Ayer Rubén del Campo, portavoz de AEMET, informaba en una clara y concisa explicación sobre la gran actividad tormentosa registrada en España durante el mes de agosto. Un mes que, desde que AEMET tiene registros, ha batido el récord no sólo de rayos registrados en un mes de agosto sino de cualquier mes del año. Rubén apuntaba acertadamente a la presencia frecuente de vaguadas en nuestra zona geográfica como la causa básica de esta actividad tormentosa. 

Gráfica diaria de número de rayos durante el mes de agosto (fuente: AEMET)


En este contexto se me ocurren algunas cuestiones interesantes y también muy debatibles. La primera es constatar de qué -aparentemente- "poco" depende el que hayamos tenido este mes tan tormentoso en vez de otro seco y muy caluroso. En primera aproximación, sólo una variación de 20 o 30 grados en la inclinación media de los ejes de esas vaguadas ha sido la causante de esa diferencia. Si, en vez de una orientación media SW-NE, hubieran basculado ligeramente tomando una orientación norte-sur -como durante un par de días ocurrió- habría sido el aire del norte de África el que nos hubiera afectado de lleno, originando esas fuertes entradas del aire tórrido que hemos tenido en varios de los pasados veranos. 

¿Hay algo "raro" en esa orientación del eje? No me lo parece, salvo quizás su alta persistencia. Sin embargo habría que estudiarlo en el contexto de una escala planetaria y sin podernos olvidar los frecuentes episodios de olas de calor que han afectado a grandes zonas de Europa (también con gran actividad tormentosa) y que algunos estudios empiezan a relacionar ya directamente con el cambio climático.

Hay otra cosa que me gustaría también destacar en relación con la presencia de esas vaguadas. Se trata del aumento de humedad que han propiciado sobre España y que, lógicamente, ha tenido mucho que ver con la actividad tormentosa, tanto en cantidad como en intensidad. A mi modo de ver esa humedad ha sido tanto de origen atlántico como mediterráneo, tal como apuntaba en mi anterior entrada sobre el bochorno. Atlántica porque la posición de esas vaguadas al oeste-suroeste de la Península originaba en ocasiones la entrada de pequeñas ondas con aire atlántico subtropical, que alcanzaban hasta el interior peninsular. Y mediterránea porque su presencia también forzaba con frecuencia una cierta circulación de levante hacia ese mismo interior. Se originaban así algunas zonas móviles de convergencia entre esas dos masas, un hecho que desde mi punto de vista también ha tenido bastante que ver con las características tormentosas de agosto. Y de aquí surge si se quiere una segunda derivada: ...¿eran esas masas -atlántica y mediterránea- más cálidas y húmedas de lo normal?

Y para acabar...¿ha tenido que ver esta situación, -a nivel planetario, o al menos hemisférico, con la casi nula actividad de formación de ciclones tropicales durante agosto? ¿Se ha podido disipar sobre la Península mediante tanta actividad tormentosa parte de la energía que habrían utilizado esos ciclones a través de un transporte de aire cálido y húmedo hacia latitudes más septentrionales?

En fin, son hipótesis y cuestiones que dejo en el aire y que pueden estar desenfocadas o deficientemente orientadas y que son, como decía al principio, objeto de debate. En cualquier caso y como tantas veces he insistido, creo que convendría estudiarlas profundamente. Recuerdo que, ya en el año 2005, cuando la tormenta tropical Delta afectó a Canarias, se pensó en la creación allí de un centro -o al menos una unidad- de Meteorología Tropical por parte de AEMET, algo que, si no me equivoco, creo que no llegó a cuajar. ¿Sería el momento de replantearlo? 

4 de septiembre de 2018

Bochorno

En estos últimos días, una palabra muy utilizada en zonas del interior peninsular, ha sido la de "bochorno". Si bien en algunas regiones como el Valle del Ebro se denomina "bochorno" al viento del sureste que en verano remonta el valle llevando con él humedad mediterránea, cuando utilizamos ese término nos referimos generalmente a una situación ambiental caracterizada por sensación de calor húmedo, pesadez, cielos blanquecinos u horizontes poco definidos. Quizás la sensación más desagradable es la de "ropa pegada al cuerpo" causada por la dificultad del sudor para evaporarse en un ambiente cálido y húmedo.

Si bien es una sensación muy frecuente en el área mediterránea, lo es menos en el interior peninsular donde el calor es mucho más seco y mas llevadero, y ello aunque la temperatura pueda ser más alta que en el área mediterránea. Pero en este "interior" todo cambia cuando la circulación del este o sureste se refuerza y el aire mediterráneo profundiza hacia el oeste. Aparece así un cielo muy característico con un color blanquecino con algunas nubes cumuliformes que destacan poco sobre un cielo muy poco azul, al tiempo que el horizonte se desdibuja y se nota -en unas personas más que en otras- una típica "pesadez". 

(Foto: El tiempo.es)

Es posible, aunque no demasiado frecuente en verano, que esa humedad que llega al interior peninsular pueda ser de carácter atlántico y venga arrastrada por viento del SSW o SW desde el golfo de Cádiz. Es una masa aérea de origen subtropical que puede provocar percepciones y sensaciones parecidas. Y puede ser posible -como ha ocurrido alguno de estos días- que ambas masas -mediterránea y atlántica- estén movilizadas a la vez y converjan en el interior peninsular, dependiendo la situación de esa zona de convergencia del mayor o menor empuje de cada masa. Como es lógico, si la situación en altura no se opone y existe algo de aire frío, aunque no sea mucho, esa convergencia empuja aire cálido y húmedo hacia arriba pudiendo formarse importantes tormentas en la zona en cuestión.

En algunas ocasiones puede aparecer también otro protagonista: el polvo norteafricano. Es posible que el flujo del SE, en el caso mediterráneo o del SSW o SW en el Atlántico vaya girando con la altura, de modo que a 2000 o 2500 metros sea claramente de sur y arrastre nubes del citado polvo. Esas nubes dan al cielo y al paisaje un color amarillo muy característico y la sensación de pesadez es aún probablemente mayor. Hay que tener en cuenta que al parecer estas entradas, además de ser muy secas, parece que aumentan mucho los iones positivos, lo que según algunas investigaciones aumentan el malestar y la irritabilidad en muchas personas.

Por tanto estas situaciones de horizontes velados, cielos blanquecinos y cierta sensación de pesadez pueden venir bien de una entrada mediterránea, atlántica, de una combinación de ambas...o de una combinación de todo ello con una entrada de polvo norteafricana, que también puede darse por sí sola, incluso a niveles bajos.

Creo, como ya he expresado en otras ocasiones, que ante la importancia creciente que las masas aéreas subtropicales terrestres o marítimas, en niveles bajos o altos, pueden tener en España, es importante llevar a cabo una mayor investigación sobre ellas. Conviene conocer sus orígenes, sus modificaciones, sus propiedades físicas, químicas o eléctricas y las consecuencias de su posible combinación con capas húmedas durante el verano. Al fin y al cabo, lo que yo acabo de describir son modelos conceptuales ya "clásicos" que probablemente deban y puedan ser mejorados y ampliados. Análisis mesoescalares, modelos de muy alta resolución, retrotrayectorias, imágenes del canal de vapor de agua y otras herramientas actuales nos permitirían hacerlo y conocer mucho mejor estas situaciones y su impacto sobre nosotros. Sé que AEMET trabaja en parte de todo ello pero pienso, desde un punto de vista más general, que entre las prioridades de investigación, y más en el marco del cambio climático, el mejor conocimiento de la atmósfera subtropical en esta parte del globo, en combinación con circulaciones más "domésticas" o locales, debería tener una prioridad muy alta. 

2 de septiembre de 2018

Algo más que un excelente informe

 Con frecuencia me he referido en este blog, en relación a la concienciación pública sobre el cambio climático, a la necesidad de que la sociedad reciba un relato claro, coherente y continuado. Y a que ese relato esté referido en buena medida a lo que está pasando en su entorno más inmediato, así como a sus impactos en la vida diaria. Por esta razón me ha alegrado mucho la reciente presentación en Toledo del "Estudio sobre efectos constatados y percepción del cambio climático en el medio rural de Castilla-La Mancha" que responde en buena medida a estos planteamientos.




Se trata del segundo informe de este tipo realizado por el Gobierno de Castilla La Mancha, y en concreto por su Consejería de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural. En él han intervenido un gran número de especialistas regionales en clima, recursos hídricos, medio natural, socioeconomía, salud y comunicación.

A partir de la constatación del aumento general de las temperaturas, de la extensión del periodo veraniego o de la creciente irregularidad de las precipitaciones,  a lo largo de más de cuarenta artículos los autores exponen qué impactos se están observando en los distintos sectores socioeconómicos y en las distintas zonas geográficas de la región, cómo está siendo trasladada la información de todo ello por los medios de comunicación regionales y qué percepción tiene de esta situación la sociedad castellano-manchega. 

El informe resulta interesante y atractivo, y más que detenerme en sus conclusiones quiero destacar el valor intrínseco que posee. Lo tiene tanto por su caracter multidisciplinar, como por su enfoque hacia los impactos reales y no potenciales -aunque de algún modo también se entra en ellos- así como por el esfuerzo realizado -tanto en el fondo como en la forma- para que el relato, aún generado en el ámbito académico, resulte accesible y de fácil comprensión para un amplio público. Por todo ello es de justicia felicitar a todas las personas que han intervenido en el mismo y muy en especial al coordinador principal del informe: el geógrafo y climatólogo toledano Jonathan Gómez Cantero.

En cualquier caso querría incidir en mi convicción de que el informe no daría todo su fruto si no va acompañado de un contundente y bien planificado plan de comunicación y divulgación. Estoy seguro que los responsables del informe lo tienen en cuenta y están en ello. Es importante que los mensajes básicos lleguen a los distintos sectores afectados de una forma breve, concreta y, en la medida de lo posible, práctica a través de los distintos medios y redes de comunicación social. Además, qué interesante sería que se promovieran actividades de distintos tipos para que, sobre todo el sector más joven de la población, conociera las conclusiones básicas del informe y se animara a  observar y comunicar datos, evoluciones o impactos y, por supuesto, que sugiriera o emprendiera, bajo la dirección adecuada, posibles acciones de concienciación, atenuación o mitigación en su entorno más próximo. 

Creo que un flujo informativo continuado y cuidado sobre todo ello -quizás coordinado por los mismos responsables de este informe- contribuiría a lo que yo llamo "mantener el relato", a que no se pierda el hilo, a que vaya calando en la sociedad una visión global, coherente y comprensible de la situación. Es verdad que no es posible ni tendría sentido realizar un informe de este tipo cada año, pero lo que sí se puede es mantener un contacto periódico con la sociedad mediante actividades, programas o publicaciones frecuentes donde se recojan informaciones significativas, nuevos resultados o puesta en marcha de distintas acciones. Y contextualizado todo ello en un marco de referencia común, en una narración coherente, y no en informaciones dispersas, desubicadas, o mal explicadas o divulgadas. Ante un relato continuado, sencillo, homogéneo y trasparente, la sociedad se sentiría fortalecida y concienciada para asumir el reto, imaginar soluciones o tomar acciones y, en resumen, a colaborar de forma activa en la estructuración de un tipo de vida que se hace cada vez más necesario. Ojalá sea así no sólo en Castilla-La Mancha sino en toda España.