8 de junio de 2017

El ministro, los meteorólogos y las probabilidades

Hace unos días han sido noticia las declaraciones del ministro ruso de Situaciones de Emergencia con ocasión de la situación de lluvia intensa y vientos muy fuertes que afectó a Moscú la semana anterior dejando varios muertos y grandes pérdidas materiales. En esa declaración el ministro planteaba estructurar un sistema de responsabilidad económica ante predicciones fallidas o mal comunicadas. Es decir, multar a los meteorólogos -¿o a los organismos correspondientes?- cuando fallen en sus pronósticos o no los comuniquen bien. 

Efectos del temporal en Moscú (foto: AP)

Creo que en esta cuestión cabe distinguir dos aspectos. El primero es que los meteorólogos, como los demás trabajadores, son responsables de cumplir su cometido siguiendo los protocolos establecidos por su empresa u organismo, y si se demostrara una clara negligencia en ello deben recibir el apercibimiento o la sanción correspondiente. Esto es evidente y no cabe darle muchas más vueltas. 

Sin embargo, en predicción meteorológica, las cosas no suelen en general ir por ahí. El fallo proviene normalmente de algún error en los modelos de predicción o de la no idoneidad de protocolos de trabajo o de comunicación, que deberían ser renovados con bastante frecuencia respondiendo a las demandas sociales o a las evoluciones tecnológicas. Y en este contexto hay algo a lo que debe prestarse gran atención y que, a mi juicio, debe ser incluido más pronto que tarde en los protocolos técnicos, y sobre todo de comunicación, en situaciones de fenómenos adversos. Me refiero, como no puede ser de otro modo, a la predicción probabilística. 

No conozco en detalle la situación atmosférica que afectó a Moscú, ni que modelos o técnicas emplearon los predictores, o si el problema fue estrictamente de comunicación. En cualquier caso lo sucedido me recuerda a otra situación en Nueva York -en este caso de nevadas- donde ocurrió también un importante fallo de predicción y que hizo que Louis Uccellini, el director del National Weather Service, reconociera que las cosas hubieran ido mejor si se hubieran tenido más en cuenta las predicciones probabilísticas.  

Conviene recordar a este respecto que los distintos escenarios, normalmente no más de tres o cuatro, que nos ofrecen estos modelos, no nos sirven sólo para atribuir un valor porcentual de ocurrencia a la evolución más probable. Nos ofrecen también otros escenarios con menor probabilidad pero también posibles, de los que hay que estar al tanto -y de los que hay que avisar de forma adecuada- sobre todo si presentan caracteres potencialmente adversos.

Creo que este planteamiento debe introducirse cuanto antes en las rutinas de trabajo de los centros meteorológicos -en buena medida en varios de ellos lo está- pero sobre todo en los protocolos de comunicación hacia autoridades y público. Soy consciente de las resistencias y temores que provoca esta cuestión por miedo al rechazo o a una mala comprensión. No estoy seguro de que eso ocurriera si se hacen las cosas bien pero, en cualquier caso, si el reconocido mejor modelo del mundo informa de la probabilidad -aunque sea baja- de que ocurra un fenómeno adverso importante en una zona concreta, el público afectado debe saberlo y saber también la probabilidad, sea la que sea, de modo que se le facilite la toma de decisiones responsables. 

También es posible que este fenómeno de Moscú, pudiera por sus dimensiones, no haber sido bien resuelto por un modelo de relativa -solo relativa- baja resolución como es el del Centro Europeo. Sin embargo,  los modelos probabilísticos de mesoescala van estando ya disponibles ya en algunos países, y en España es probable que los tengamos también muy pronto. Si es así, creo que habría que preparar ya los protocolos de comunicación adecuados para aprovechar toda su capacidad predictiva en el campo sobre todo de los fenómenos adversos.  

Por tanto, creo que el ministro debería exigir más probabilidades que multas. Es el camino a seguir si realmente se quiere informar mejor en este campo.

2 de junio de 2017

Tormentas...¿qué más podemos hacer?

Las imágenes de las últimas e intensas tormentas en Ágreda, Teruel y Minglanilla...y las que me temo que todavía podamos ver durante este fin de semana, me plantean algunas reflexiones y preguntas sobre sí podríamos hacer algo más en cuanto a un conocimiento más profundo de estos fenómenos en nuestro país así como para aumentar la autoprotección de la población. 

Granizada de Ágreda (foto: El Mirón de Soria)
Destrozos por la tormenta en Teruel (foto: El Heraldo)
Inundación relámpago en Minglanilla (foto: Cadena SER)

Cuando se ven  esas tremendas inundaciones "relámpago", o las ingentes cantidades de granizo caídas en muy poco tiempo, las preguntas que uno tiende a hacerse son: ¿tenemos cada vez más tormentas? ¿son más intensas que antes?... Una primera e inmediata respuesta es que, ahora, lo que hay son muchas más posibilidades de observación y de comunicación. De este modo, muchas tormentas que antes pasaban desapercibidas ahora no lo hacen y, por tanto, la gran cantidad de información sobre ellas no quiere decir necesariamente que estén aumentando en número o en intensidad. Y puede que sea así..., pero sería interesante intentar comprobarlo.

Es muy difícil llevar a cabo una climatología de tormentas, algo que sería la única forma de estudiar su evolución, y sobre todo sus tendencias. No cabe hacerlo sino por sus fenómenos asociados. En el ámbito de la teledetección pueden serlo las descargas eléctricas o mediante su caracterización y clasificación por datos de radar y satélite. Y por lo que se refiere a datos más convencionales pueden utilizarse las medidas de las intensidades de precipitación, y, en el caso de algunas tormentas severas, la observación directa o indirecta de tornados, algo que ya se inició algunos años y que espero que continúe. 

En relación a los métodos de teledetección, AEMET lleva ya bastantes años desarrollando una climatología de rayos que ha ofrecido y puede seguir ofreciendo informaciones muy importantes sobre la caracterización y tendencia de la actividad eléctrica ligada a tormentas. Creo que son informaciones que deberían difundirse más hacia los medios -adecuadamente comentadas- a través, quizás, de algunas de las ruedas de prensa periódicas que ofrece la Agencia y por supuesto de su web.

Por lo que se refiere a otro indicador indirecto, pero tambièn de gran importancia, como es el de la intensidad de las precipitaciones, es verdad que,  hasta hace no mucho tiempo, la poca densidad de estaciones dotadas de este tipo de medida y lo complejo de su caracterización y normalización, hacía muy difícil trabajar con ese indicador, y aún así, algunos trabajos existen. Sin embargo, muchas estaciones automáticas ofrecen ya este dato de modo sistemático y por otra parte son también muchas las estaciones de redes de aficionados que lo miden. ¿Sería por tanto posible la preparación de un protocolo de observación y recepción de estos datos por parte de AEMET? Se construiría así una nutrida base de datos de intensidades que permitiera el desarrollo de estudios climatológicos más profundos sobre su evolución en tiempo y espacio. Sé que es complejo, pero pienso sinceramente que es importante disponer de una actualización continuada de esas informaciones para múltiples actividades y proyectos, y más en el contexto del cambio climático. 

Cuestión aparte es el tema de la prevención. Está claro que, aunque existan avisos, no hay forma de salvar cosechas o evitar grandes destrozos urbanos cuando se presentan trombas de estas características. Pero sí creo que con una utilización más intensiva de las informaciones de la red de radares de AEMET y de los teléfonos móviles, podría avanzarse en la autoprotección de las personas y de bastantes bienes domésticos, algo difícil de lograr con la actual sistemática de avisos convencionales que, en cualquier caso, necesita una revisión.

Actualmente ya existen en la web de AEMET y accesibles por móvil imágenes radar.  Existe también una app comercial para móviles que también las proporciona, y que incluso puede enviarnos un mensaje cuando la precipitación se encuentra a una cierta distancia de nuestra ubicación. 

Pues bien, creo que se podría ir más allá. Existen algoritmos que, aún con sus fallos, nos indican el desplazamiento más probable de esas precipitaciones en los próximos quince o treinta minutos, una información que puede difundirse tanto como imagen o como datos. Por tanto, al igual que ya se hace con muchos otros temas de interés público, podría desarrollarse -creo que por parte de AEMET- una aplicación para móviles que enviara imágenes reales y previstas (informando claramente de sus limitaciones) a cualquier persona interesada añadiendo incluso algún consejo o recomendación desde el punto de vista de la autoprotección.

Naturalmente, un uso amplio, adecuado y útil de estas informaciones, exigiría una acción continuada de difusión y divulgación por televisión y redes sociales. Además, una acción de este tipo iría abriendo camino a la futura difusión de avisos probabilísticos a muy corto plazo, quizás con una sistemática muy distinta a la actual, que serán posibles una vez que AEMET tenga en operación su sistema de predicción probabilística a muy corto plazo. 

Vamos a intentarlo. Merece la pena.

11 de mayo de 2017

¿Quién dará agua a quién? (Reflexiones ante un nuevo Plan Hidrológico)

Jorge Olcina, catedrático de Análisis Geográfico de la Universidad de Alicante y responsable de su Instituto de Climatología, ha pronunciado una conferencia en la localidad de Rojales bajo el título "Cambio Climático y riesgos en el litoral mediterráneo español"en la que se ha mostrado contrario a que en el nuevo Plan Hidrológico Nacional se consideren acciones de trasvases entre cuencas. 




Me parecen importantes algunos párrafos que sobre la conferencia publica el periódico "La Crónica Independiente", y los transcribo a continuación:

"...el nuevo Plan Hidrológico Nacional (PHN) no debe ni puede, ante la Directiva Marco del Agua de la Unión Europea,  presentar  modelos trasvasistas  de unas cuencas hidrográficas a otras. Como mucho  hay que mantener los que hay (en referencia  al trasvase Tajo-Segura), el cual  sufre una gran sequía en su zona de cabecera, que va a más por el cambio climático y trae cada vez menos agua al Levante."

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"El catedrático estimó que en la coyuntura climática actual  se deben arbitrar  una serie de estudios y ponerlos en marcha de  “como deben  funcionar los territorios sin trasvases de otras cuencas, definir políticas de abastecimientos  territoriales basados en la desalación y reutilización, y en algunos casos crear y mejorar infraestructuras para la recogida y aprovechamiento de agua de lluvia"

No puedo estar más de acuerdo con los planteamientos de Olcina, aunque difiero en que se mantenga "como mucho" el trasvase Tajo-Segura.  Y ello no por una cuestión de solidaridad o insolidaridad entre territorios -que si es justa y bien entendida debe existir-, sino simplemente, y como cada vez está más claro, porque los embalses de la cabecera del Tajo no tienen frecuentemente recursos ni para abastecer adecuadamente las necesidades de su cuenca, y es probable que cada vez tengan menos.

Es posible que cuando se diseñaron los grandes embalses de esta cabecera, las lluvias anuales pudieran generar un cierto superávit de agua para las necesidades de la cuenca, pero, más allá de que esas necesidades han aumentado, lo cierto es que, como muchas veces he hecho notar, desde finales de la década de los setenta o principios de la de los ochenta, la percepción de muchos meteorólogos, aficionados y campesinos es que el régimen de precipitaciones sobre la Península Ibérica ha cambiado. De frecuentes y continuadas entradas de vientos ábregos y llovedores del Atlántico, que dejaban precipitaciones abundantes de lluvia y nieve en los ríos de la vertiente atlántica, se ha pasado a otro régimen de carácter más irregular y bastante menos eficiente para el llenado de acuíferos y pantanos. 

Se trata con frecuencia de chubascos más o menos intensos que provocan rápidas escorrentías con poco almacenamiento, al tiempo que las grandes nevadas en las cordilleras disminuyen en gran medida. Por tanto, y más si esa es la tendencia a la que apuntan las proyecciones climáticas, los embalses de la vertiente atlántica tendrán -salvo algunas excepciones- muy mermadas sus reservas. Y todo ésto en un contexto más general de una moderada disminución general de las precipitaciones, más notable en primavera.

Lo que si reconozco en cualquier caso es que las decisiones que se tomen en la planificación de un nuevo Plan Hidrológico Nacional deben estar basadas no en percepciones sino en los estudios científicos rigurosos. A tal efecto creo que deberían divulgarse más los trabajos de investigación que muestren este cambio de régimen en tipos y distribución de precipitaciones y, de no existir tales, deberían llevarse a cabo lo antes posible.  Pienso que con los reanálisis meteorológicos disponibles ahora ya desde finales del siglo XIX, no parece que sea difícil caracterizar y catalogar cuatro o cinco modelos o patrones de la circulación atmosférica en la zona geográfica de la Península Ibérica y ver su evolución con el tiempo así como el cambio de frecuencias entre ellos. 

Y del mismo modo que se estudia el pasado, me parece que sería también muy interesante hacer una investigación parecida con los patrones futuros de la circulación atmosférica que nos ofrezcan las proyecciones de evolución climática. Además de saber -siempre en un sentido probabilístico, claro está- lo que a llover, deberíamos saber también cuál va a ser el carácter de esas precipitaciones. Así podría diseñarse cuál es el mejor uso que podemos hacer de ellas y cuáles son las alternativas. Además, el conocimiento del tipo de circulación, aunque sea a grandes rasgos, nos permitiría ir conociendo la distribución territorial de las precipitaciones...¿Podría ser cada vez más frecuente que -como ha ocurrido en los últimos doce meses- el índice de precipitación haya sido mayor en las Comunidades de Valencia y Murcia que en amplias zonas de la vertiente atlántica?



Pero aunque, al menos por ahora, ésto sea una singularidad y la escasez de precipitaciones haya castigado mucho también a la zona mediterránea en los últimos años, el problema de esa escasez es común para todos. No cabe sino fijarse en el mapa del índice de precipitación de los tres últimos años y ver la situación en las distintas comunidades:



Por tanto creo necesario que un Plan Hidrológico Nacional tenga en cuenta este tipo de estudios -que debe tenerlos-  además de otras consideraciones socioeconómicas. Y también que las soluciones que plantea Olcina son de todo punto necesarias. ¿Sólo para el área mediterránea? 

No sabemos en el futuro quien abastecerá de agua  a quien...pero hay que intentar conocerlo.




8 de mayo de 2017

Ábregos en mayo

Algunas veces ya he comentado en este blog mi percepción -y la de muchas personas- de que desde finales de la década de los setenta y de los primeros ochenta, la circulación del chorro polar pasó a tener una estructura de ondulaciones más marcadas que las que probablemente tuvo durante décadas anteriores, en las que  eran más frecuentes las circulaciones zonales con vaguadas y dorsales menos pronunciadas. Con este cambio llegó también una disminución de los vientos atlánticos del oeste-suroeste sobre la Península, los vientos "ábregos" o "llovedores" tan conocidos -y deseados- en las Castillas, Extremadura y Andalucía. El resultado de ello fue un cambio progresivo en el tipo de precipitaciones en la vertiente Atlántica, precipitaciones que pasaron a ser más irregulares y menos aprovechables para los acuíferos y los pantanos de los ríos atlánticos.

Todo ello no quiere decir que ya los "llovedores" no nos visiten. Lo hacen, aunque menos frecuentemente, y sus llegadas son esperadas casi siempre con interés y un punto de alegría en la vertiente atlántica. Y ello no sólo por su interés económico, social y ambiental, sino también por el agradable ambiente de limpieza y humedad que se nota...y se respira. 

En la imagen del canal de WV de hoy, 8 de mayo a las 15 UTC, se observa la toma de posición de los diversos elementos clave para la situación de los próximos días. La extensa borrasca atlántica va a actuar como engranaje que dirigirá masas húmedas atlánticas sobre la Península. Es probable que, al menos parte de ellas, procedan de esa gran lengua de aire húmedo que en niveles medios de la atmósfera se dirige ahora hacia Canarias desde el Ecuador-Trópico

Pues bien, nos encontramos ante la inminente llegada de una situación de este tipo que probablemente nos afectará a partir de la tarde-noche del martes hasta el viernes o sábado. Bienvenidas sean casi en cualquier momento, y más en la situación de sequía en que se encuentran muchas zonas de la Península... Pero qué buena hubiera sido la aparición de un temporal de este tipo en pleno otoño, allá por finales de octubre o principios de noviembre. La razón es que en la vertiente atlántica los temporales otoñales del suroeste suelen ser más generosos en lluvias que los primaverales, y también de precipitaciones más "tranquilas", más "empapadoras" de tierras y acuíferos. Sin embargo, en primavera, la atmósfera empieza a tener ya más energía y las masas de aire que entran desde el golfo de Cádiz tienen con frecuencia un carácter inestable , e incluso se inestabilizan más en su recorrido peninsular. El resultado son lluvias más dispersas, intensas y en general menos productivas que las otoñales. Además, dependiendo de la estructura vertical del viento, pueden ir acompañadas de fenómenos convectivos violentos como granizos y algún tornado de mediana intensidad, más probable cuanto más hacia el suroeste peninsular. 


En este espectacular mapa global de 500 hPa, previsto por el Centro Europeo para el próximo jueves a las 00 UTC puede verse la circulación del suroeste que afecta a la Península y que, en ese momento, se forma por la confluencia de un chorro polar débil con una circulación de carácter subtropical proveniente casi de Centroámerica. Es muy de destacar  la compleja circulación sobre Norteámerica y el Atlántico norte, que contrasta mucho con la que existe al este del meridiano 0º y más aún con la regularidad de la del hemisferio sur.
El mapa de superficie previsto también para el jueves a las 00 UTC muestra también el flujo del oeste-suroeste sobre la Península procedente de la zona Madeira-Canarias. Es importante que la advección húmeda se de tanto en niveles bajos como en medios porque ello ayuda a tener una precipitación más eficiente y, en principio, menos convectiva.

Es curioso que en esta ocasión se va a cumplir casi al pie de la letra el periodo que la meteorología popular denomina como "los santos de hielo", unos días -normalmente del 11 al 15 de mayo- en que las temperaturas experimentan un marcado descenso. A veces este hecho se ha producido por una entrada fría desde el nordeste, que ha llegado a producir incluso aguanieve en algunas zonas. Este año no va a ser así, va a ser más lluvioso y suave, pero en cualquier caso también va a ser notable el descenso de las temperaturas en la vertiente atlántica. 

La meteorología popular apunta además que, tras los "santos de hielo", el tiempo vuelve a estabilizarse y las temperaturas ascienden. Es el "veranillo de las rosas y del ruiseñor". Ahora bien, si se cumple lo que empieza a atisbarse en los mapas previstos a medio plazo, ese veranillo será un verano sin diminutivo ya que las temperaturas podrían ser bastante elevadas.  En los últimos años, mayo nos está sorprendiendo con algunos picos de calor bastante marcados. Quizás un síntoma del acortamiento de la primavera en la Península Ibérica....

De momento, disfrutemos de los ábregos....aunque ya se que en la vertiente mediterránea no son tan bienvenidos.  Pero conviene recordar que al menos en las Comunidades de Valencia y Murcia si se produjeron un par de curiosos e importantes temporales de otoño-invierno. 

17 de abril de 2017

Reflexiones y preguntas tras la Semana Santa.

Finaliza una Semana Santa extraordinaria desde el punto de vista meteorológico. Y no sólo por la percepción generalizada de "buen tiempo", sino también porque es bastante poco ordinario que en esta época del año se mantenga la atmósfera estable de un modo casi generalizado durante tantos días. 

Jueves Santo en la Península y Baleares (imagen EOSDIS)

Este año no han surgido protestas de los hosteleros ni críticas a los meteorólogos, pero si se ha producido a mi modo de ver un cambio importante y positivo en el tratamiento informativo de las predicciones para esos días. Si bien cuando ya quedaban muy pocas jornadas para el comienzo de la Semana Santa, se instauraba la idea de que la primera parte del periodo predominaría el "buen tiempo", habían existido muchas dudas previas sobre la posible entrada de una borrasca fría por el noroeste. Los modelos deterministas daban fuertes bandazos de un día para otro, e incluso con una diferencia de 24 horas el modelo del Centro Europeo pasaba de un pronóstico de lluvia y nieve para el Lunes Santo a un tiempo estable y soleado para ese mismo día. 

La situación del Lunes Santo a 500 hPa. En días anteriores, los modelos dudaban mucho -de pasada en pasada- sobre la posibilidad de que la borrasca fría definitivamente estacionada entre Azores y la Península hubiera entrado sobre nosotros.  De haber sido así hubiera provocado un temporal de lluvia y nieve. La predicción probabilística era en aquellos momentos la mejor información disponible.

Una vez que esa duda se aclaró y se vio que la primera parte de la semana el "buen tiempo" estaba casi asegurado, quedaba por ver lo que iba a pasar durante la segunda mitad ya que la continuidad de la estabilidad, al menos sobre el noroeste peninsular, dependía del comportamiento de otra borrasca atlántica, evolución de la primera.

Ante estas situaciones, las predicciones especiales de AEMET para este periodo optaron por la solución a mi juicio más sensata y adecuada: utilizar la predicción probabilística y referirse explícitamente a los dos escenarios posibles y a la probabilidad de ocurrencia de cada uno de ellos, explicándolo de una manera clara y concisa. Por su parte, y reforzando esta iniciativa, algunos comunicadores meteorológicos siguieron este planteamiento e incluso en el espacio de El Tiempo de TVE se aprovechó esta situación para esbozar de forma elemental en que consistía la predicción probabilística y su importancia. Todo ello fue asumido con normalidad.

Creo que es el camino correcto y quiero felicitar a todas las personas que han llevado a cabo esta iniciativa, al tiempo que las animo a que se mantengan en esa línea, al menos en situaciones conflictivas o en las de gran impacto social. Y es algo que se hará más sencillo e inmediato cuando AEMET difunda en su web los distintos escenarios probabilísticos, algo que,  de algún modo,  ya hizo a través de twitter en esta pasada situación. 

Pero, aún siendo prácticamente el mismo, el "buen tiempo" de Semana Santa pasa ahora a ser "mal tiempo" por falta de lluvias.  Si bien desde hoy y durante los dos o tres próximos días surgirán tormentas, y probablemente algunas de marcada intensidad,  no será mucho lo que puedan solucionar, siendo casi lo más importante que el granizo no provoque muchas pérdidas. 

La verdad es que preocupa bastante la escasez o ausencia de lluvias en muchas zonas de España, donde algunos cultivos están siendo muy afectados.  Y los modelos probabilísticos no son muy optimistas para los próximos ocho o diez días, pudiendo llegar al final de abril sin precipitaciones significativas. 

Los mapas del índice estandarizado de precipitación de AEMET son muy claros a este respecto. Si vemos el correspondiente al último año:


podemos observar como, salvo algunas zonas mediterráneas afectadas por los dos últimos y extraordinarios temporales, el resto de las zonas muestra una gran escasez de lluvias, más acentuada en la mitad norte peninsular.

Pero el problema viene de lejos. Podemos ver el mapa del índice calculado para los dos últimos años:



O, incluso, para los tres últimos:



¿Estamos pues ante una de las típicas sequías típicas del área mediterránea? (sin perder de vista que el archipiélago canario también está afectado). ¿Hay algo distintivo en ésta? Qué interesante sería que se llevaran a cabo estudios de atribución para ver su relación -o no- con el cambio climático y conocer la probabilidad de que ésta sea una más de nuestras periódicas sequías o puede marcar algún tipo de tendencia a largo plazo.

Por otra parte, y aunque el estudio de los regímenes de precipitación en la Península resulta muy complejo, parece confirmarse un cierto descenso del valor cuantitativo durante las últimas cinco décadas, así como un acortamiento del periodo húmedo y una cierta tendencia  hacia una mayor concentración de las precipitaciones en el periodo otoñal. ¿Es ésta una consecuencia del cambio climático que viene para quedarse y a la que nos tendremos que adaptar? 


14 de marzo de 2017

Hay que ocuparse de tanto récord.

Como no podía ser menos, está siendo noticia -y sobre todo está en las conversaciones de la calle- el rápido e intenso cambio de tiempo que hemos experimentado en menos de 48 horas. Se ha pasado de unas anormales temperaturas de primavera muy avanzada -casi de verano en algunos sitios- a caídas de 12 o 14 grados en 24 horas, e incluso hemos visto la aparición de la nieve por encima de los 900 o 1000 metros donde muy poco antes las temperaturas habían alcanzado los 25ºC. En este contexto es impresionante el caso de Alicante que pasa de batir el récord de temperatura máxima de marzo y abril con nada menos de 34,8ºC en su aeropuerto a alcanzar tres días después otro récord: el de máxima precipitación en 24 horas, con 137 mm, algo verdaderamente significativo ya que las lluvias mediterráneas más intensas siempre las hemos atribuido al periodo otoñal. Y éste es un doble récord que salta a la vista al ser un observatorio principal, pero es muy probable que haya habido bastantes más y muy significativos.

El primer comentario que se me ocurre hacer es resaltar la calidad y el acierto de los productos de predicción de probabilidad de ocurrencia de fenómenos extremos del Centro Europeo. Observando sus mapas del Extreme Forecast Index (EFI) o del Shift of Tails (SOT), se veía desde un par de días antes la alta probabilidad de que se batieran récords de este tipo. Lástima que esos productos no sean de libre difusión y sólo dispongan de ellos los Servicios Meteorológicos -AEMET ha hecho un buen trabajo- o quienes estén dispuestos a comprarlos. En fin, de esta cuestión ya he hablado -y me he quejado- en varias ocasiones, pero hoy no toca volver sobre ello.

Lo que creo que es verdaderamente importante es que, cuanto antes, se le explique al público desde la comunidad científica lo que está pasando; y de una forma clara y comprensible. Son muchos los récords que se están batiendo en los últimos años como para atribuirlos todos a la variabilidad natural o...al cambio climático sin estudios mas concienzudos y concretos. Es verdad que podría darse una explicación muy sencilla, y que además se ajusta a la lógica del cambio climático: Las masas aéreas tropicales y subtropicales son cada vez más cálidas y capaces de alimentar con más energía a los fenómenos extremos. Por otra parte, la más frecuente llegada de ondulaciones del chorro polar -provocadas quizás por el calentamiento del Ártico- da lugar a que las entradas de ese aire tropical y subtropical sean cada vez más frecuentes. Y, lógicamente, al ser también más frecuentes -y rápidas- las llegadas de ese aire frío, y producirse así fuertes contrastes, lo sean también los fenómenos violentos.

Pero esta es una explicación genérica que aunque pueda tener muchos elementos verdaderos sólo sirve para salir del paso ante las preguntas de los medios y que además conviene comprobar: 

¿Están realmente siendo cada vez más cálidas esas masas tropicales y subtropicales?

¿Hay procesos regionales que estén incrementando las temperaturas en esas situaciones? 

¿Está aumentando la llegada de masas frías polares? ¿Son éstas más frías o menos frías que antes? 

¿Están aumentado cuantitativamente las precipitaciones mediterráneas o lo que aumenta es la intensidad? 

¿Se mantiene con claridad los ciclos -y los tiempos- de las cuatro estaciones climatológicas en España?

Pero además de intentar contestar a estas cuestiones, y a otras varias, se hace necesario llevar a cabo estudios de atribución de cada una de estas situaciones para ver de un modo efectivo su singularidad y su mayor o menor relación con el cambio climático. Ya he comentado otras veces que desde hace unos seis o siete años se realizan en el mundo estudios de este tipo basados en el estudio de las series climatológicas o en simulaciones con modelos. Aquí está un último ejemplo de ello. 

El tema es de gran importancia, no sólo por la "curiosidad" de si es o no cambio climático, sino por las implicaciones que estos tipos de situaciones tienen en la vida de las personas y en las actividades económicas y sociales. Y más aún por las medidas a tomar en todos los ámbitos si de los estudios se concluye que la atmósfera va a tener cada vez más tendencia a este tipo de circulaciones en nuestra zona geográfica. 

Creo que la cuestión es por tanto fundamental, no sólo a nivel científico, sino como algo de interés prioritario general. Por esta razón, -y tal como ya también lo he comentado con frecuencia en relación con la necesaria revisión del plan de avisos- es una actividad que debe estar promovida, cuidada, soportada y seguida desde altos niveles de la Administración. Debe tener además un carácter multidisciplinar y, seguramente, se debería trabajar en contacto con grupos internacionales de investigación. Por otra parte los resultados no pueden demorarse años -ya se consiguen algunos resultados en meses- y tienen que gozar de mucha prioridad desde el punto de vista de la información y la comunicación. Es por todo ello por lo que creo que el programa de acción debe tener una visión y coordinación estatal.

Por supuesto ello no quiere decir que no sean importantes los trabajos de organismos o departamentos universitarios individuales. Probablemente ya los estén haciendo, y seguramente con pocos recursos, escasa organización y mínimas facilidades o estrategias comunicativas. Creo que lo que se haya conseguido y que sea de interés en estos aspectos debe tener todo el apoyo para que sea conocido por la sociedad.

Todo ésto tiene que evolucionar. Hay que ocuparse de tanto récord y de lo que puede haber más allá de ello.  Y debe hacerse con criterios, prioridades y medios. Importa mucho.

6 de marzo de 2017

Algunos movimientos en el tablero meteorológico internacional

En los últimos días han aparecido tres noticias de distinta importancia en el ámbito meteorológico internacional que, aunque en principio, no están muy directamente relacionadas, conviene seguir con interés porque pueden "marcar agenda" en la evolución de la meteorología operativa mundial durante los próximos años.

Sin duda, la más importante es el anuncio que ha hecho público el Centro Europeo de Predicción a Medio Plazo sobre la aceptación por el Consejo del Centro de la oferta del gobierno italiano para acoger en Bolonia a su Centro de Datos y del mandato dado a la Directora General del Centro para la preparación de un acuerdo de alto nivel que oficialice y desarrolle esta decisión.

Una de las imágenes que forman parte de la propuesta italiana para albergar al Centro de Datos del Centro Europeo en Bolonia

Desde hace bastante tiempo se conocía la necesidad apremiante que tenía -y tiene- el Centro Europeo para ampliar físicamente su centro de proceso, de modo que pueda acoger los nuevos ordenadores requeridos para cumplir sus importantes planes de evolución. También se comentaban las pocas facilidades dadas por el gobierno británico para hacer viable esta ampliación. En este contexto se consideró la posibilidad de trasladar la ubicación de esta unidad y así se planteó a los países miembros para que pudieran presentar sus ofertas. 

Parece ser que la oferta italiana ha resultado la más interesante y atractiva y ha llevado a esta toma de decisión. Si bien lo que en principio se traslada es el citado centro de datos (ordenadores, archivo, comunicaciones...) es muy posible que, si todo va bien, con el tiempo se acabara moviendo a Bolonia toda la estructura del Centro Europeo, aunque es algo que hoy por hoy no está decidido.

Por lo que acabo de exponer no parece que la decisión haya sido, como en un primer momento puede parecer, una reacción directa al "Brexit", aunque cabe pensar que puede haberla potenciado o acelerado. Mi opinión es que, aunque el traslado sea complejo, difícil y probablemente doloroso para, al menos parte, del personal del Centro, puede infundirle a éste savia nueva y quizás planteamientos más abiertos. 

Y hablando de planteamientos más abiertos y del Centro Europeo, me quiero referir ahora a otra noticia relacionada también con el Centro como ha sido la celebración en su sede durante el pasado fin de semana del OpenDataHack en el contexto del Open Data Week o "Semana de Datos Abiertos". Durante esos dos días todos los participantes inscritos (aficionados, periodistas, desarrolladores, artistas...) han podido acceder a gran parte del su vasto conjunto de datos para desarrollar, con el apoyo de su personal, toda clase de prototipos de nuevos productos, o incluso creaciones artísticas. 



Tengo la sensación que el Centro se ha abierto a esta actividad en el marco de la "filosofía" sobre datos abiertos del  programa Copernicus, en cuyo desarrollo desempeña un muy importante papel. Pero sea de una forma u otra, bienvenida esta apertura al mundo "general", que, con el tiempo, pienso que también podría significar algunos cambios en su política de datos.

Y la tercera noticia a la que quiero referirme hoy podría significar de algún modo cambios en la meteorología norteamericana y quien sabe si en la política de datos de la NOAA. El pasado viernes el Washington Post publicó una noticia en la que se hacía eco del recorte de un 17 por ciento que la Administración Trump quiere hacer en el presupuesto para 2018 de esa organización. Parece que los principales impactos de esta reducción los sufrirían los programas de satélites y de investigación. 

Aún siendo un duro golpe para la meteorología norteamericana -y en algunos aspectos para la mundial si creara problemas en el sistema de satélites- es posible que esta situación lleve a NOAA y a otras instituciones meteorológicas de ese país a reorganizarse para utilizar mejor los recursos disponibles. Como acertadamente ha comentado en Facebook mi colega Antonio García Méndez, el gran problema de la meteorología norteamericana es su dispersión: "Muchas agencias, muchos modelos globales y falta de unificación. Si hicieran como los europeos tendrían un modelo top en vez de ser los terceros o los cuartos en la liga de modelos numéricos". 

¿Puede ser ésta una ocasión de oro para que la meteorología norteamericana se reorganize? ¿Puede ser a la vez motivo de una revisión en su política de datos, hasta ahora tan abiertos, en la línea que parece marcar la nueva Administración? Muy difícil saberlo en un escenario que cambia con tanta rapidez.

En cualquier caso, las fichas están empezando a moverse y conviene estar atentos a las próximas jugadas en las que tampoco conviene perder de vista los movimientos de las grandes empresas multinacionales que han apostado en los últimos tiempos por el negocio meteorológico. 

Y para acabar...¿Qué piensan de todo ésto los Servicios Meteorológicos nacionales?