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24 de mayo de 2012

Nuestro segundo "hombre del tiempo"


A los más mayores -o a los aficionados a la meteorología, a la aviación o la aerostación- quizás les suene el nombre de Eugenio Martín Rubio. Si a ese nombre añadimos una anécdota en torno a la apuesta hecha en TVE de afeitarse el bigote si fallaba una predicción, el círculo de personas a las que el nombre les suena se ampliará bastante. En cualquier caso, más allá de adivinanzas y anécdotas, Eugenio Martín Rubio fue el segundo “hombre del tiempo” tras Mariano Medina y se convirtió en una persona muy conocida y apreciada por los españoles durante las décadas de los 60, 70 y principios de los 80.

Mis recuerdos de Eugenio se remontan a mediados de los 60 cuando le veía todas las noches en el telediario y además los lunes -haciendo doblete- en un entrañable programita que se llamaba “El tiempo para el campo” junto a otro querido meteorólogo, Lorenzo García de Pedraza  y con unos sugerentes dibujos de Summers.  Como en aquella época a mí ya me había picado la mosca de la meteorología, se me ocurrió escribirle diciéndole que me dibujaba mis propios mapas del tiempo y que me gustaría que me aconsejara sobre el camino a seguir para ser meteorólogo.  Unos meses después me contestó y me dijo que -ya que parecía que yo estaba más loco que él- me fuera a visitarlo a la oficina meteorológica de Barajas. Allí me acogió maravillosamente y dio comienzo una amistad que aún perdura.

Eugenio era y es una persona cercana, cariñosa, ocurrente, excelente comunicador y con un buen punto humorístico. Si en aquellos tiempos de los primeros “hombres del tiempo” Mariano Medina aparecía con una imagen científica y profesoral, Eugenio era la espontaneidad, la narración coloquial de lo que acababa de ver en la calle relacionado con la meteorología o de lo que le había comunicado un piloto recién llegado de un vuelo transoceánico. Su forma de contar las evoluciones atmosféricas era por tanto distinta pero complementaria a la de Mariano y entre ambos ofrecían a los telespectadores una visión muy integradora de la meteorología de aquel tiempo. Fue precisamente  su desparpajo y  campechanía lo que le llevó a apostarse el bigote si al día siguiente al que estaba dando la predicción no llovía en España tras un largo periodo de sequía. Llover llovió, pero con un ligero retraso sobre el plazo previsto. Y Eugenio apareció sin bigote en la tele aquella siguiente noche. Era enero de 1967.

Eugenio Martín Rubio en una de sus apariciones en el telediario de la noche de TVE
Eugenio ha sido siempre un gran enamorado de la atmósfera y la ha vivido estudiándola, prediciéndola y “estando” en ella. Ha conocido por dentro corrientes en chorro, tormentas, engelamientos  o turbulencias y ello tanto en las cabinas de aviones comerciales junto a las tripulaciones, en pequeñas avionetas dando la vuelta a España, en múltiples travesías en globos o en veleros practicando el vuelo sin motor o en cualquier otro tipo de aerostato o "aerodino". De hecho él fue uno de los fundadores y organizadores de muchas de estas actividades en España y me consta que, al igual que hizo conmigo en la meteorología, también ayudó y animó a otros chavales jóvenes a abrirse camino en estos campos.

Hace unos días tuve la ocasión de visitarle de nuevo junto a Jose Miguel Viñas en su casa de Alicante que es, a la vez, todo un museo de sus múltiples actividades. Con sus 88 años, Eugenio sigue siendo el que siempre fue. Pasamos unas horas deliciosas, llenas de anécdotas, de recuerdos de nuestra historia meteorológica y aeronáutica y de tantas otras actividades a las que aún tuvo tiempo de dedicarse como, por ejemplo, la reparación y conservación de coches antiguos. Y todo ello vivido, más que contado, con su sencillez y su humor de siempre. 
Eugenio Martín Rubio con Jose Miguel Viñas y Ángel Rivera
Hoy quiero rendirle aquí en mi blog este pequeño homenaje lleno de gratitud por toda la ayuda y enseñanza recibida y también por el ejemplo de una vida vivida a fondo.  Siempre le tendré, y le tendremos muchos, como referencia  de un gran comunicador meteorológico, de alguien que verdaderamente sabía contar el tiempo como al público le interesaba. Seguiremos aprendiendo y disfrutando con él.

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