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23 de septiembre de 2018

Un ojo en el Atlántico, otro en el Mediterráneo...y sin perder de vista la Península

Creo que era Mariano Medina el que en su libro "El tiempo es noticia" decía que el chorro polar se comporta como un turista rico ya que en verano se va hacia el norte y en invierno hacia el sur. Parece que en los próximos días, aunque todavía no baje en bloque de latitud -esperemos que lo haga por nuestro interés en octubre y noviembre-, sí va a ondularse formando algunas vaguadas que darán lugar a danas. Es probable que el miércoles ya aparezca una de ellas en pleno Atlántico, algo al oeste de Azores, y otra hacia el jueves, sobre el Mediterráneo central. 

Pues bien, esas danas en el entorno subtropical en el que todavía nos encontramos y sobre mares aún cálidos o muy cálidos, originan procesos convectivos a los que, en sus comienzos, puede ayudar la propia dinámica interna de la dana. Se pueden desarrollar así estructuras de tipo subtropical, bien por una transición desde una baja extratropical preexistente o por un desarrollo directo. Una situación así fue la que se desarrolló la pasada semana en el Mediterráneo entre Córcega y Cerdeña y la península italiana y cuyo resultado fue un estructura difícil de clasificar, situada entre ciclón subtropical o medicane.

A la vista de ello, se ha despertado mucho interés por ver los desarrollos de este tipo que pueden darse a partir de mediados de semana tanto en el Atlántico central como en el Mediterráneo central. ¿Qué desarrollos, evoluciones o transiciones se producirán en el Atlántico?, ¿Aparecerá algún ciclón subtropical?...¿Y en el Mediterráneo? ¿Otro ciclón subtropical?, ¿Un medicane?...Y luego habrá que ver en el caso de que se formen, cuales acabarán siendo sus inciertas trayectorias.

En la noche del jueves al viernes el modelo determinista del Centro Europeo sitúa una dana en el Atlántico central y otra en el Mediterráneo central. La Península Ibérica, sobre todo el sur de ella, queda en el flanco sur de la dorsal, en una zona casi sin gradiente que es conveniente vigilar porque la mesoescala y el aire subtropical pueden dar alguna sorpresa.

Mapa previsto de superficie para el mismo momento del anterior. Una circulación ciclónica muy marcada sobre la dana atlántica: ¿qué estructura concreta va a ser y cómo va a evolucionar? También bajo la dana mediterránea aparece otra circulación ciclónica que, según el modelo determinista, se intensifica en los días siguientes. ¿Medicane? ¿Ciclón subtropical? Sobre la Península puede existir una ligera componente del  este, y como digo nada "sinóptico" en altura. A vigilar.


Sin embargo, estas evoluciones "lejanas" no deben desviarnos mucho la atención de nuestro propio entorno. Vamos a permanecer durante buena parte de la semana en el flanco sur de la dorsal anticiclónica. Es una zona de no gran estabilidad donde pueden aparecer algunos pequeños vórtices relativamente más fríos en altura a consecuencia de alguna débil retrogresión, o bien generarse por la evolución de débiles ondas en el seno de una atmósfera subtropical que no es necesariamente homogénea. Son estructuras en general poco definidas en los análisis de partida y por ello resueltas con cierta dificultad por los modelos numéricos; por ello interesa una vigilancia continuada y muy ayudada por las imágenes del canal WV de Meteosat. La presencia de esas pequeñas estructuras en ese entorno podría originar algunas tormentas a veces poco esperadas. Por tanto...un ojo en el Atlántico...y otro en el Mediterráneo...y sin perder de vista nuestras propias zonas. Es septiembre. 

10 de septiembre de 2018

Problemas como danas

Entiendo perfectamente la frustración que han experimentado muchos profesionales, comunicadores y aficionados cuando, de un día para otro, la dana o borrasca fría que nos afecta no ha hecho caso a los que los modelos esperaban de ella dando al traste con muchas predicciones y avisos y teniendo que aceptar algunas críticas o comentarios no del todo agradables. Lo comprendo porque lidié con ello durante más de treinta años en el INM/AEMET bien como predictor, responsable de predicción o portavoz. Cuantas noches casi sin dormir pensando si por la mañana la predicción habría salido bien...o todo lo contrario. O cuantos sobresaltos cuando llovía desaforadamente donde no debería haber llovido. Y no digamos cuando tras un fallo había que explicar a los medios lo que había pasado sin entrar en muchos tecnicismos. 

Imagen Meteosat de hoy 10 de septiembre a las 17 horas locales. De ayer a hoy, la dana se ha desestructurado mucho perdiendo actividad. Posiblemente esa desestructuración ha sido provocada por el empuje de la dorsal al oeste con un calentamiento a niveles medios. 

Las danas siempre han sido el principal problema de predicción en España. A su dificultad intrínseca de predecir adecuadamente sus movimientos, se une la existencia a nuestro lado del gran depósito energético que es el Mediterráneo, siempre con el riesgo de que ese depósito puede inflamarse o no, dependiendo de alguno de esos pequeños movimientos. Cuando sólo se trabajaba con los métodos sinópticos, todavía sin modelos, la única regla básica era la conducción de la "gota fría" en la dirección del viento más fuerte que la rodeaba. Después,  l
a llegada de los primeros modelos encendíó la esperanza de que, al fin, se iban a poder manejar mejor... pero se seguían produciendo grandes errores. Pensábamos que con los aumentos de resolución, nuevas físicas, nuevas parametrizaciones.... Y sí, se ha avanzado muchísimo sobre todo en la determinación de los campos de precipitación...pero de vez en cuando, vuelven los disgustos. 

¿Cuál es el problema de fondo? Solemos decir que las danas tienen un comportamiento errático, pero en el fondo no es así. El problema es que su movimiento depende de factores tan sutiles que, con frecuencia, no los observamos o manejamos adecuadamente. Igual que una bola de billar puesta en un suelo aparentemente plano puede derivar en un sentido u otro dependiendo de casi imperceptibles irregularidades de ese suelo o incluso de una débil corriente de aire, así una dana puede moverse o reorientarse bien por cualquier singularidad dinámica de su propia rotación o por su interacción con cualquier pequeña corriente de niveles medios que a veces no es bien recogida en los análisis de partida, aunque cualitativamente sí puede detectarse a veces en las imágenes de vapor de agua. 

Pero ¿es tan crítico que se mueva un poco o se reoriente aunque siga estando en la misma zona? Lo es. Recordemos que las danas tienen asociadas dos zonas de precipitación. Una es "interior", la llamada convección del núcleo frío con tormentas fuertes pero en general dispersas y sin grandes cantidades de precipitación. La más significativa es la de su zona delantera, en concreto en lo que llamamos la "zona de salida" donde las isohipsas divergen, o más bien se hacen difluentes. En esa zona se origina una especie de aspiración del aire de capas bajas que ayuda a crecer las nubes.  Así se crea una convergencia, una llegada de aire de otras zonas que viene como a llenar el vacío que deja el aire que sube. Si el aire que es "aspirado" es cálido y húmedo se pueden formar cumulonimbos que incrementan la convergencia de capas bajas. De este modo, puede llegar a formarse una pequeña borrasca de superficie que, de alguna manera, ayuda a mantener la alimentación de las nubes tormentosas o de un sistema convectivo si ya se ha llegado a formar. 

Pero, ¿qué ocurre si esa zona superior de difluencia no se forma sobre ese aire cálido y húmedo, es decir en nuestro caso sobre el Mediterráneo? . Pues que todo resulta menos enérgico y mucho más desorganizado, y además no llega a formarse una baja en superficie que alimente a esa zona de ascendencias con un buen flujo de levante. No se pone en marcha el temporal de lluvias. Y también puede pasar otra cosa; que esa zona difluente de capas altas lo sea muy poco, o no lo sea, por una reestructuración de la circulación de mayor escala. En ese caso, aún estando esa zona delantera de la dana bien situada, el "motor" tampoco se pone en marcha. 

El resumen de todo lo dicho es que, sí la dinámica interna de la dana, o su interacción con alguna débil corriente, o su estrechamiento por el avance de la dorsal que suele existir al oeste de ella, hace que esa zona delantera de difluencia no se coloque sobre el lugar adecuado, o sea muy poco difluente, las precipitaciones no se producirán o serán muy débiles digan lo que digan los modelos. 

¿Y qué podemos hacer para que los modelos digan lo que la dana va a hacer en realidad? Aquí dejaría la palabra a los expertos en modelización pero algunas ideas puedo esbozar. La primera es que necesitamos el mejor análisis de partida posible refrescado al menos cuatro veces al día para correr modelos regionales, no globales, con esa frecuencia o mayor. Es fundamental sobre todo tener buenas y continuadas observaciones de viento y eso es con frecuencia un problema dadas las zonas donde las danas se suelen situar. ¿Nos ayudará el nuevo satélite "Aeolus" cuando llegue a estar plenamente operativo? 

Un segundo planteamiento, como siempre, es trabajar con modelos probabilistas, pero no tanto globales -donde nuestras danas y sus "pequeñas" oscilaciones son casi una pequeña gota en un océano, sino regionales o mesoescalares y en ellos trabaja AEMET. Pero, aunque hoy por hoy haya que trabajar con modelos globales, creo que hay que utilizar la predicción probabilista disponible e incluirla  en las predicciones. Y contar, y divulgar al público todo lo que se pueda sobre las características de estas situaciones y sus incertidumbres.

Finalmente, no fiarse mucho de estas situaciones, vigilar las distintas salidas de los modelos y mantener con el publico una comunicación continuada actualizada. Y hagámoslo ahora porque debilitada o no, la dana o su reconversión, todavía sigue con nosotros...y puede darnos alguna sorpresa más. 


6 de septiembre de 2018

Un agosto muy "eléctrico": otra pieza más de un puzzle global

Ayer Rubén del Campo, portavoz de AEMET, informaba en una clara y concisa explicación sobre la gran actividad tormentosa registrada en España durante el mes de agosto. Un mes que, desde que AEMET tiene registros, ha batido el récord no sólo de rayos registrados en un mes de agosto sino de cualquier mes del año. Rubén apuntaba acertadamente a la presencia frecuente de vaguadas en nuestra zona geográfica como la causa básica de esta actividad tormentosa. 

Gráfica diaria de número de rayos durante el mes de agosto (fuente: AEMET)


En este contexto se me ocurren algunas cuestiones interesantes y también muy debatibles. La primera es constatar de qué -aparentemente- "poco" depende el que hayamos tenido este mes tan tormentoso en vez de otro seco y muy caluroso. En primera aproximación, sólo una variación de 20 o 30 grados en la inclinación media de los ejes de esas vaguadas ha sido la causante de esa diferencia. Si, en vez de una orientación media SW-NE, hubieran basculado ligeramente tomando una orientación norte-sur -como durante un par de días ocurrió- habría sido el aire del norte de África el que nos hubiera afectado de lleno, originando esas fuertes entradas del aire tórrido que hemos tenido en varios de los pasados veranos. 

¿Hay algo "raro" en esa orientación del eje? No me lo parece, salvo quizás su alta persistencia. Sin embargo habría que estudiarlo en el contexto de una escala planetaria y sin podernos olvidar los frecuentes episodios de olas de calor que han afectado a grandes zonas de Europa (también con gran actividad tormentosa) y que algunos estudios empiezan a relacionar ya directamente con el cambio climático.

Hay otra cosa que me gustaría también destacar en relación con la presencia de esas vaguadas. Se trata del aumento de humedad que han propiciado sobre España y que, lógicamente, ha tenido mucho que ver con la actividad tormentosa, tanto en cantidad como en intensidad. A mi modo de ver esa humedad ha sido tanto de origen atlántico como mediterráneo, tal como apuntaba en mi anterior entrada sobre el bochorno. Atlántica porque la posición de esas vaguadas al oeste-suroeste de la Península originaba en ocasiones la entrada de pequeñas ondas con aire atlántico subtropical, que alcanzaban hasta el interior peninsular. Y mediterránea porque su presencia también forzaba con frecuencia una cierta circulación de levante hacia ese mismo interior. Se originaban así algunas zonas móviles de convergencia entre esas dos masas, un hecho que desde mi punto de vista también ha tenido bastante que ver con las características tormentosas de agosto. Y de aquí surge si se quiere una segunda derivada: ...¿eran esas masas -atlántica y mediterránea- más cálidas y húmedas de lo normal?

Y para acabar...¿ha tenido que ver esta situación, -a nivel planetario, o al menos hemisférico, con la casi nula actividad de formación de ciclones tropicales durante agosto? ¿Se ha podido disipar sobre la Península mediante tanta actividad tormentosa parte de la energía que habrían utilizado esos ciclones a través de un transporte de aire cálido y húmedo hacia latitudes más septentrionales?

En fin, son hipótesis y cuestiones que dejo en el aire y que pueden estar desenfocadas o deficientemente orientadas y que son, como decía al principio, objeto de debate. En cualquier caso y como tantas veces he insistido, creo que convendría estudiarlas profundamente. Recuerdo que, ya en el año 2005, cuando la tormenta tropical Delta afectó a Canarias, se pensó en la creación allí de un centro -o al menos una unidad- de Meteorología Tropical por parte de AEMET, algo que, si no me equivoco, creo que no llegó a cuajar. ¿Sería el momento de replantearlo? 

4 de septiembre de 2018

Bochorno

En estos últimos días, una palabra muy utilizada en zonas del interior peninsular, ha sido la de "bochorno". Si bien en algunas regiones como el Valle del Ebro se denomina "bochorno" al viento del sureste que en verano remonta el valle llevando con él humedad mediterránea, cuando utilizamos ese término nos referimos generalmente a una situación ambiental caracterizada por sensación de calor húmedo, pesadez, cielos blanquecinos u horizontes poco definidos. Quizás la sensación más desagradable es la de "ropa pegada al cuerpo" causada por la dificultad del sudor para evaporarse en un ambiente cálido y húmedo.

Si bien es una sensación muy frecuente en el área mediterránea, lo es menos en el interior peninsular donde el calor es mucho más seco y mas llevadero, y ello aunque la temperatura pueda ser más alta que en el área mediterránea. Pero en este "interior" todo cambia cuando la circulación del este o sureste se refuerza y el aire mediterráneo profundiza hacia el oeste. Aparece así un cielo muy característico con un color blanquecino con algunas nubes cumuliformes que destacan poco sobre un cielo muy poco azul, al tiempo que el horizonte se desdibuja y se nota -en unas personas más que en otras- una típica "pesadez". 

(Foto: El tiempo.es)

Es posible, aunque no demasiado frecuente en verano, que esa humedad que llega al interior peninsular pueda ser de carácter atlántico y venga arrastrada por viento del SSW o SW desde el golfo de Cádiz. Es una masa aérea de origen subtropical que puede provocar percepciones y sensaciones parecidas. Y puede ser posible -como ha ocurrido alguno de estos días- que ambas masas -mediterránea y atlántica- estén movilizadas a la vez y converjan en el interior peninsular, dependiendo la situación de esa zona de convergencia del mayor o menor empuje de cada masa. Como es lógico, si la situación en altura no se opone y existe algo de aire frío, aunque no sea mucho, esa convergencia empuja aire cálido y húmedo hacia arriba pudiendo formarse importantes tormentas en la zona en cuestión.

En algunas ocasiones puede aparecer también otro protagonista: el polvo norteafricano. Es posible que el flujo del SE, en el caso mediterráneo o del SSW o SW en el Atlántico vaya girando con la altura, de modo que a 2000 o 2500 metros sea claramente de sur y arrastre nubes del citado polvo. Esas nubes dan al cielo y al paisaje un color amarillo muy característico y la sensación de pesadez es aún probablemente mayor. Hay que tener en cuenta que al parecer estas entradas, además de ser muy secas, parece que aumentan mucho los iones positivos, lo que según algunas investigaciones aumentan el malestar y la irritabilidad en muchas personas.

Por tanto estas situaciones de horizontes velados, cielos blanquecinos y cierta sensación de pesadez pueden venir bien de una entrada mediterránea, atlántica, de una combinación de ambas...o de una combinación de todo ello con una entrada de polvo norteafricana, que también puede darse por sí sola, incluso a niveles bajos.

Creo, como ya he expresado en otras ocasiones, que ante la importancia creciente que las masas aéreas subtropicales terrestres o marítimas, en niveles bajos o altos, pueden tener en España, es importante llevar a cabo una mayor investigación sobre ellas. Conviene conocer sus orígenes, sus modificaciones, sus propiedades físicas, químicas o eléctricas y las consecuencias de su posible combinación con capas húmedas durante el verano. Al fin y al cabo, lo que yo acabo de describir son modelos conceptuales ya "clásicos" que probablemente deban y puedan ser mejorados y ampliados. Análisis mesoescalares, modelos de muy alta resolución, retrotrayectorias, imágenes del canal de vapor de agua y otras herramientas actuales nos permitirían hacerlo y conocer mucho mejor estas situaciones y su impacto sobre nosotros. Sé que AEMET trabaja en parte de todo ello pero pienso, desde un punto de vista más general, que entre las prioridades de investigación, y más en el marco del cambio climático, el mejor conocimiento de la atmósfera subtropical en esta parte del globo, en combinación con circulaciones más "domésticas" o locales, debería tener una prioridad muy alta. 

2 de septiembre de 2018

Algo más que un excelente informe

 Con frecuencia me he referido en este blog, en relación a la concienciación pública sobre el cambio climático, a la necesidad de que la sociedad reciba un relato claro, coherente y continuado. Y a que ese relato esté referido en buena medida a lo que está pasando en su entorno más inmediato, así como a sus impactos en la vida diaria. Por esta razón me ha alegrado mucho la reciente presentación en Toledo del "Estudio sobre efectos constatados y percepción del cambio climático en el medio rural de Castilla-La Mancha" que responde en buena medida a estos planteamientos.




Se trata del segundo informe de este tipo realizado por el Gobierno de Castilla La Mancha, y en concreto por su Consejería de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural. En él han intervenido un gran número de especialistas regionales en clima, recursos hídricos, medio natural, socioeconomía, salud y comunicación.

A partir de la constatación del aumento general de las temperaturas, de la extensión del periodo veraniego o de la creciente irregularidad de las precipitaciones,  a lo largo de más de cuarenta artículos los autores exponen qué impactos se están observando en los distintos sectores socioeconómicos y en las distintas zonas geográficas de la región, cómo está siendo trasladada la información de todo ello por los medios de comunicación regionales y qué percepción tiene de esta situación la sociedad castellano-manchega. 

El informe resulta interesante y atractivo, y más que detenerme en sus conclusiones quiero destacar el valor intrínseco que posee. Lo tiene tanto por su caracter multidisciplinar, como por su enfoque hacia los impactos reales y no potenciales -aunque de algún modo también se entra en ellos- así como por el esfuerzo realizado -tanto en el fondo como en la forma- para que el relato, aún generado en el ámbito académico, resulte accesible y de fácil comprensión para un amplio público. Por todo ello es de justicia felicitar a todas las personas que han intervenido en el mismo y muy en especial al coordinador principal del informe: el geógrafo y climatólogo toledano Jonathan Gómez Cantero.

En cualquier caso querría incidir en mi convicción de que el informe no daría todo su fruto si no va acompañado de un contundente y bien planificado plan de comunicación y divulgación. Estoy seguro que los responsables del informe lo tienen en cuenta y están en ello. Es importante que los mensajes básicos lleguen a los distintos sectores afectados de una forma breve, concreta y, en la medida de lo posible, práctica a través de los distintos medios y redes de comunicación social. Además, qué interesante sería que se promovieran actividades de distintos tipos para que, sobre todo el sector más joven de la población, conociera las conclusiones básicas del informe y se animara a  observar y comunicar datos, evoluciones o impactos y, por supuesto, que sugiriera o emprendiera, bajo la dirección adecuada, posibles acciones de concienciación, atenuación o mitigación en su entorno más próximo. 

Creo que un flujo informativo continuado y cuidado sobre todo ello -quizás coordinado por los mismos responsables de este informe- contribuiría a lo que yo llamo "mantener el relato", a que no se pierda el hilo, a que vaya calando en la sociedad una visión global, coherente y comprensible de la situación. Es verdad que no es posible ni tendría sentido realizar un informe de este tipo cada año, pero lo que sí se puede es mantener un contacto periódico con la sociedad mediante actividades, programas o publicaciones frecuentes donde se recojan informaciones significativas, nuevos resultados o puesta en marcha de distintas acciones. Y contextualizado todo ello en un marco de referencia común, en una narración coherente, y no en informaciones dispersas, desubicadas, o mal explicadas o divulgadas. Ante un relato continuado, sencillo, homogéneo y trasparente, la sociedad se sentiría fortalecida y concienciada para asumir el reto, imaginar soluciones o tomar acciones y, en resumen, a colaborar de forma activa en la estructuración de un tipo de vida que se hace cada vez más necesario. Ojalá sea así no sólo en Castilla-La Mancha sino en toda España.