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23 de diciembre de 2020

Recordando a José Antonio


"Es un consejo de jubilado reciente, que no se ha arrepentido ni un solo segundo en estos dos años, y eso que el trabajo que yo hacía era el más gratificante que yo pudiera imaginar".

Este “jubilado reciente” que aconsejaba la jubilación a otro compañero y que tan feliz se mostraba con su trabajo en AEMET, se nos acaba de ir cuando, disfrutando de esa jubilación y en plenas facultades, fue atropellado paseando en bicicleta.

Este jubilado era José Antonio García-Moya, una persona profundamente conocida y querida en AEMET y en muchas instituciones y grupos meteorológicos internacionales. José Antonio era un meteorólogo “todoterreno”. Con una sólida formación científica, gran capacidad de observación y aguda inteligencia tenía una visión amplia e integradora de la meteorología, si bien estuvo fundamentalmente ligado a la predicción en sus distintas facetas. Tras su época como observador en Palma de Mallorca, pasó a convertirse en predictor y posteriormente jefe de Grupo en el Grupo de Predicción y Vigilancia de Baleares. Todo ello le hizo tomar un profundo contacto con la compleja meteorología mediterránea y le llevó a participar activamente en distintos proyectos internacionales con protagonismo mediterráneo, tales como PYREX o ALPEX.  Orientado después hacia la Predicción Numérica y trabajando ya en Madrid fue hasta su jubilación en 2018 uno de los puntales básicos de su desarrollo en AEMET y en Europa debido también a su profunda involucración en distintos grupos internacionales. Y a este respecto es muy de destacar su amplia y profunda contribución al desarrollo de la predicción probabilista en estos ámbitos; una cuestión clave en la evolución mundial de la predicción meteorológica. Las imágenes que siguen, cortesía de su amigo y compañero Carlos Santos, corresponden a distintas reuniones de algunos de los grupos de investigación en los que estuvo integrado:





José Antonio García-Moya, Víctor Homar Santaner (Universidad de Islas Baleares UIB) y Carlos Santos Burguete (AEMET), en el segundo congreso de sistemas de predicción por conjuntos para el corto plazo celebrado los días 7-8 Abril de 2005 en Bolonia, Italia).

Elena Padorno Prieto, Jesús Rodríguez Déniz, Jana Sánchez Arriola, José Antonio García-Moya, Javier Calvo Sánchez y Alberto Martín García, todos ellos representando a AEMET en la reunión anual del grupo de investigación HIRLAM (modelos atmosféricos regionales de alta resolución) celebrada en la primavera de 2016 en Lisboa.

Pero todo ese trabajo científico no le impedía a José Antonio disfrutar profundamente de la vida. Recuerdo la alegría con que me contaba su experiencia volando en un avión de investigación, casi rozando las olas del Mediterráneo, en un día de fuerte temporal de tramontana durante el proyecto PYREX, o la sorpresa que nos causó cuando nos dijo que se había apuntado a una academia de bailes de salón, o cuando mostraba su gran afición literaria que incluso le llevó a publicar en estos dos últimos años un libro de microrrelatos y una novela ambientada en los tiempos y circunstancias de ETA. Incluso hace unos meses me dijo que estaba escribiendo otra novela más que había pensado publicar este otoño. Una novela que yo estaba esperando....y que me temo que ya no podré disfrutar.

Era también un excelente conversador y un agudo polemista. Si ibas a debatir con él y tenías una opinión contraria a la suya tenías que ir bien preparado porque sus reacciones eran rápidas y sus argumentaciones eran claras, contundentes y con mucha frecuencia excelentemente fundamentadas. Pero aunque el debate fuera intenso, su agudo sentido del humor, que siempre le acompañaba, podía rebajar cualquier tensión que hubiera podido generarse.

Y aunque un punto pesimista -que suavizaba con ese humor tan suyo- había en él un fondo profundo de nobleza y fidelidad. Y de cariño y amistad tal como lo reflejó en las, para mi ,emocionantes palabras que me dirigió en el acto de mi despedida de AEMET. Y también lo mostró luego, en su propia jubilación, cuando nos escribió a l0s compañeros despidiéndose con una hermosa carta de la que entresaco esta frase:

Mirando hacia atrás creo que ha sido toda una vida dedicada a AEMET y ha sido una vida feliz y fructífera. Como vosotros habéis sido parte de esa vida, quiero daros las gracias de corazón por todos los momentos compartidos.

Y también de su amistad y de su fortaleza son una muestra estas frases suyas, de hace muy poco tiempo, entresacadas de unos mensajes colectivos que un grupo de compañeros entre los que él estaba hemos intercambiado en estos últimos años y en las que se refería a la actual pandemia:

Seguiremos siendo los mismos pero, sea como sea, estaremos aquí para aguantar lo que nos echemos nosotros mismos encima.

O esta hermosa despedida de uno de sus últimos mensajes:

Un abrazo para todos y fuerza para aguantar lo que venga.



Gracias José Antonio. Esa fuerza que nos deseabas y que estaba en ti, nos va a seguir acompañando en estos tiempos duros. Y con ella tu recuerdo siempre vivo. Siempre.

17 de diciembre de 2020

El frío que se nos fue

 

Hoy 17 de diciembre coincide el recuerdo de una efeméride meteorológica con la presentación por parte de AEMET de los resultados de un estudio sobre la ocurrencia de récords de temperaturas cálidas y frías en España durante el último decenio. Si ya estos datos, como vamos a ver, son importantes por sí mismos, en su conjunto constituyen un interesante y fiel reflejo de la evolución del clima en España durante las cuatro o cinco últimas décadas.

El 17 de diciembre de 1963 el observatorio meteorológico de Fuentes Claras, muy cerca de Calamocha, registró una mínima de -30ºC, valor que se considera como el récord de temperaturas más bajas en zonas españolas habitadas. Este hecho fue magistralmente estudiado y referido por Vicente Aupí (@VicenteAupi) en su recomendable libro “El triángulo de hielo” y hoy mismo el autor ha desarrollado en Twitter un interesante hilo recordándolo y documentándolo.

Banda del termohigrógrafo de Molina de Aragón, cerca de Calamocha, que registró ese día -27ºC (a través de Vicente Aupi)

Y, curiosamente, también hoy mismo, AEMET ha presentado en su rueda de prensa trimestral un estudio que muestra cómo en este último decenio, de los récords de temperaturas en España, el 95 por ciento son de carácter cálido mientras que solo el 5 por ciento lo son de frío.

                                                                          (fuente: AEMET)

Estos datos no son sino una muestra más del aumento continuado de las temperaturas que se viene experimentando en nuestro entorno geográfico desde al menos los años ochenta del siglo pasado. En mi condición de meteorólogo profesional –y aunque esto solo sea una apreciación personal- he visto como en las décadas de los ochenta y noventa era relativamente frecuente la llegada de masas de aire ártico al nordeste de la Península con valores de -10 o -12ºC a 1500 metros de altura. Valores que daban lugar con aire encalmado en zonas del interior a mínimas que podían rondar los -15 o -20ºC, valores ahora ya casi desaparecidos en zonas pobladas dado que también han casi desaparecido esas entradas gélidas.

Por otra parte, también AEMET ha confirmado hoy que, con datos de hasta el 15 de diciembre, 2020 está resultando ser el año más cálido desde al menos 1961:


(Fuente: AEMET)

Y aunque para después de Navidad parece atisbarse –como por otra parte es climatológicamente normal- una entrada de aire frío de carácter polar marítimo, será difícil que 2020 no siga conservando ese puesto en el ranking. 

Por todo ello, y aunque haya que esperar lógicamente más entradas frías, la tendencia a la subtropicalización creciente del clima en España, queda cada día más confirmada.  Veamos de momento cómo se comportan enero y febrero. 

12 de diciembre de 2020

Vientos y pandemia

 A principios de mes, en la anterior entrada de este blog,  me refería al inicio de una situación meteorológica, que denominaba como "pasillo del noroeste",  y que se iba a caracterizar por los fuertes vientos de esta dirección que iban a afectar a todo el territorio peninsular y Baleares. A partir de hoy esa situación tiende a remitir y ser sustituida por otra del W y del SW mucho menos ventosa y de temperaturas más suaves. 

Es posible que en muchos casos esta situación nos haya resultado desagradable  tanto por la molestia del viento en sí como por la sensación térmica de frío, que en algunas zonas ha sido muy notable. Sin embargo me pregunto si, por otra parte, no habrá sido muy beneficiosa para la gran disminución del número de contagios de coronavirus que también se ha experimentado en los últimos días en España. Estos continuados vendavales han dado lugar a una gran ventilación y a una eficaz renovación del aire. Y ello sobre todo en exteriores pero también en interiores donde esa renovación por la apertura de ventanas puede haber sido más eficiente, e incluso su pequeña pero continua entrada a  través de pequeñas rendijas o ventanas mal cerradas ha podido dar lugar también a una mayor ventilación que en situaciones de calma o vientos flojos.


                                                                (Jesús Signes/Las Provincias)

Naturalmente se trata de una mera hipótesis que tendría que ser confirmada o rechazada mediante un estudio riguroso. Es lógico pensar que, de algún modo, debe haber influido pero sería interesante saber en qué medida en relación con otros factores que influyen en la propagación de los virus. En cualquier caso recuerdo que ya se han hecho algunos estudios sobre la relación entre la extensión de la pandemia y algunos parámetros meteorológicos, pero no sé si el viento entró también en ellos. 

Creo que es importante profundizar en esas investigaciones porque sus resultados podrían darnos interesantes claves sobre la, con frecuencia poco explicable, evolución de la pandemia en distintas zonas geográficas al tiempo que podría ser, al menos de modo parcial, un buen elemento predictivo sobre de la futura evolución de los contagios a diez o quince días vista.

1 de diciembre de 2020

El "pasillo del noroeste" se abre de nuevo


Hoy, uno de diciembre comienza el invierno climatológico y mientras la cuasi borrasca subtropical "Clement" va apurando su existencia entre Madeira y Canarias donde ha dejado algunas lluvias importantes y un marcado temporal en la mar, vamos a entrar a partir de mañana miércoles, y con mayor intensidad del viernes, en un tipo de tiempo regido por los noroestes. El anticiclón atlántico se estaciona en la zona central del océano, se alarga de sur a norte y deja el camino abierto a que el chorro polar discurra sobre la Península Ibérica arrastrando borrascas y frentes que atravesarán nuestro territorio de noroeste a sureste..



Imagen IR de Meteosat de las 10 horas del 1 de diciembre. La borrasca "Clement" sigue su ciclo de vida entre Canarias y Madeira con tendencia a desplazarse hacia el oeste y debilitarse, aunque todavía producirá algunas lluvias y chubascos en el archipiélago. La banda nubosa que se extiende desde el Cantábrico al golfo de Génova corresponde en parte a un frente frío que mañana provocará un claro descenso de la sensación térmica sobre todo en el cuadrante nordeste peninsular y Baleares. Otra banda nubosa al oeste de Azores que se extiende de sur a norte está provocada en parte por la zona delantera de una vaguada que va a profundizarse y trasladarse hacia el este en correspondencia con el avance y expansión de una gran dorsal anticiclónica situada mas al oeste. Esa es la vaguada que atravesará la Península el viernes y tras la que se instaurará la circulación de vientos del noroeste, unos vientos que alcanzarían incluso hasta Canarias.

Es ésta una situación que, de acuerdo con los modelos probabilistas del Centro Europeo, es muy posible que dure al menos ocho o nueve días. Una situación que, en mi opinión, se va haciendo más frecuente en los últimos años, tal como ya he reflejado a veces en este blog, y a la que suelo denominar como “pasillo del noroeste”. Da lugar a un tipo de tiempo desapacible, sobre todo en las vertientes atlántica y cantábrica así como en Cataluña y norte de Baleares, ya que las masas de aire serán de carácter polar marítimo y el viento tendrá a veces carácter de moderado a fuerte. En cualquier caso bastante siempre un tiempo menos frío que cuando llegan, ya casi nunca, masas de aire polar continental o siberiano.

Y como es típico en estas situaciones las precipitaciones de lluvia y nieve según las altitudes abundarán en la vertiente cantábrica y también aunque en menos cantidad en las vertientes orientadas al norte y noroeste del Sistema Central, de las cordilleras Béticas y un poco menos todavía en la de Sierra Morena. En el resto de las zonas las precipitaciones serán de menor importancia y desde luego no tendrán la que se necesitaría en amplias zonas de la mitad sureste peninsular.

Precipitación prevista desde el 1 al 8 de diciembre según el modelo del Centro Europeo. Aunque se trata de un producto del modelo determinista, lo muestro porque el probabilista apoya bastante esta evolución. 


Precipitación acumulada desde el 1 de sepyiembre al 20 de noviembre. Las lluvias registradas hasta esa fecha han afectado fundamentalmente a la mitad noroeste peninsular mientras que amplias zonas de la sureste han sido escasas o muy escasas.

En resumen, vuelve a repetirse el patrón de comportamiento que va siendo cada vez mas habitual del chorro polar en nuestra zona geográfica: entradas del noroeste y ausencia de un descenso más “en bloque” hacia el sur que nos traerían los temporales del oeste y suroeste que tanto necesita la vertiente atlántica. 

¿Seguirá este patrón de forma indefinida"? ¿Serán cada vez más las borrascas más o menos subtropicales las que traerán más precipitaciones al suroeste peninsular tal como ha hecho "Clement" con algunas zonas del centro y sur de Portugal?