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10 de septiembre de 2018

Problemas como danas

Entiendo perfectamente la frustración que han experimentado muchos profesionales, comunicadores y aficionados cuando, de un día para otro, la dana o borrasca fría que nos afecta no ha hecho caso a los que los modelos esperaban de ella dando al traste con muchas predicciones y avisos y teniendo que aceptar algunas críticas o comentarios no del todo agradables. Lo comprendo porque lidié con ello durante más de treinta años en el INM/AEMET bien como predictor, responsable de predicción o portavoz. Cuantas noches casi sin dormir pensando si por la mañana la predicción habría salido bien...o todo lo contrario. O cuantos sobresaltos cuando llovía desaforadamente donde no debería haber llovido. Y no digamos cuando tras un fallo había que explicar a los medios lo que había pasado sin entrar en muchos tecnicismos. 

Imagen Meteosat de hoy 10 de septiembre a las 17 horas locales. De ayer a hoy, la dana se ha desestructurado mucho perdiendo actividad. Posiblemente esa desestructuración ha sido provocada por el empuje de la dorsal al oeste con un calentamiento a niveles medios. 

Las danas siempre han sido el principal problema de predicción en España. A su dificultad intrínseca de predecir adecuadamente sus movimientos, se une la existencia a nuestro lado del gran depósito energético que es el Mediterráneo, siempre con el riesgo de que ese depósito puede inflamarse o no, dependiendo de alguno de esos pequeños movimientos. Cuando sólo se trabajaba con los métodos sinópticos, todavía sin modelos, la única regla básica era la conducción de la "gota fría" en la dirección del viento más fuerte que la rodeaba. Después,  l
a llegada de los primeros modelos encendíó la esperanza de que, al fin, se iban a poder manejar mejor... pero se seguían produciendo grandes errores. Pensábamos que con los aumentos de resolución, nuevas físicas, nuevas parametrizaciones.... Y sí, se ha avanzado muchísimo sobre todo en la determinación de los campos de precipitación...pero de vez en cuando, vuelven los disgustos. 

¿Cuál es el problema de fondo? Solemos decir que las danas tienen un comportamiento errático, pero en el fondo no es así. El problema es que su movimiento depende de factores tan sutiles que, con frecuencia, no los observamos o manejamos adecuadamente. Igual que una bola de billar puesta en un suelo aparentemente plano puede derivar en un sentido u otro dependiendo de casi imperceptibles irregularidades de ese suelo o incluso de una débil corriente de aire, así una dana puede moverse o reorientarse bien por cualquier singularidad dinámica de su propia rotación o por su interacción con cualquier pequeña corriente de niveles medios que a veces no es bien recogida en los análisis de partida, aunque cualitativamente sí puede detectarse a veces en las imágenes de vapor de agua. 

Pero ¿es tan crítico que se mueva un poco o se reoriente aunque siga estando en la misma zona? Lo es. Recordemos que las danas tienen asociadas dos zonas de precipitación. Una es "interior", la llamada convección del núcleo frío con tormentas fuertes pero en general dispersas y sin grandes cantidades de precipitación. La más significativa es la de su zona delantera, en concreto en lo que llamamos la "zona de salida" donde las isohipsas divergen, o más bien se hacen difluentes. En esa zona se origina una especie de aspiración del aire de capas bajas que ayuda a crecer las nubes.  Así se crea una convergencia, una llegada de aire de otras zonas que viene como a llenar el vacío que deja el aire que sube. Si el aire que es "aspirado" es cálido y húmedo se pueden formar cumulonimbos que incrementan la convergencia de capas bajas. De este modo, puede llegar a formarse una pequeña borrasca de superficie que, de alguna manera, ayuda a mantener la alimentación de las nubes tormentosas o de un sistema convectivo si ya se ha llegado a formar. 

Pero, ¿qué ocurre si esa zona superior de difluencia no se forma sobre ese aire cálido y húmedo, es decir en nuestro caso sobre el Mediterráneo? . Pues que todo resulta menos enérgico y mucho más desorganizado, y además no llega a formarse una baja en superficie que alimente a esa zona de ascendencias con un buen flujo de levante. No se pone en marcha el temporal de lluvias. Y también puede pasar otra cosa; que esa zona difluente de capas altas lo sea muy poco, o no lo sea, por una reestructuración de la circulación de mayor escala. En ese caso, aún estando esa zona delantera de la dana bien situada, el "motor" tampoco se pone en marcha. 

El resumen de todo lo dicho es que, sí la dinámica interna de la dana, o su interacción con alguna débil corriente, o su estrechamiento por el avance de la dorsal que suele existir al oeste de ella, hace que esa zona delantera de difluencia no se coloque sobre el lugar adecuado, o sea muy poco difluente, las precipitaciones no se producirán o serán muy débiles digan lo que digan los modelos. 

¿Y qué podemos hacer para que los modelos digan lo que la dana va a hacer en realidad? Aquí dejaría la palabra a los expertos en modelización pero algunas ideas puedo esbozar. La primera es que necesitamos el mejor análisis de partida posible refrescado al menos cuatro veces al día para correr modelos regionales, no globales, con esa frecuencia o mayor. Es fundamental sobre todo tener buenas y continuadas observaciones de viento y eso es con frecuencia un problema dadas las zonas donde las danas se suelen situar. ¿Nos ayudará el nuevo satélite "Aeolus" cuando llegue a estar plenamente operativo? 

Un segundo planteamiento, como siempre, es trabajar con modelos probabilistas, pero no tanto globales -donde nuestras danas y sus "pequeñas" oscilaciones son casi una pequeña gota en un océano, sino regionales o mesoescalares y en ellos trabaja AEMET. Pero, aunque hoy por hoy haya que trabajar con modelos globales, creo que hay que utilizar la predicción probabilista disponible e incluirla  en las predicciones. Y contar, y divulgar al público todo lo que se pueda sobre las características de estas situaciones y sus incertidumbres.

Finalmente, no fiarse mucho de estas situaciones, vigilar las distintas salidas de los modelos y mantener con el publico una comunicación continuada actualizada. Y hagámoslo ahora porque debilitada o no, la dana o su reconversión, todavía sigue con nosotros...y puede darnos alguna sorpresa más. 


6 de septiembre de 2018

Un agosto muy "eléctrico": otra pieza más de un puzzle global

Ayer Rubén del Campo, portavoz de AEMET, informaba en una clara y concisa explicación sobre la gran actividad tormentosa registrada en España durante el mes de agosto. Un mes que, desde que AEMET tiene registros, ha batido el récord no sólo de rayos registrados en un mes de agosto sino de cualquier mes del año. Rubén apuntaba acertadamente a la presencia frecuente de vaguadas en nuestra zona geográfica como la causa básica de esta actividad tormentosa. 

Gráfica diaria de número de rayos durante el mes de agosto (fuente: AEMET)


En este contexto se me ocurren algunas cuestiones interesantes y también muy debatibles. La primera es constatar de qué -aparentemente- "poco" depende el que hayamos tenido este mes tan tormentoso en vez de otro seco y muy caluroso. En primera aproximación, sólo una variación de 20 o 30 grados en la inclinación media de los ejes de esas vaguadas ha sido la causante de esa diferencia. Si, en vez de una orientación media SW-NE, hubieran basculado ligeramente tomando una orientación norte-sur -como durante un par de días ocurrió- habría sido el aire del norte de África el que nos hubiera afectado de lleno, originando esas fuertes entradas del aire tórrido que hemos tenido en varios de los pasados veranos. 

¿Hay algo "raro" en esa orientación del eje? No me lo parece, salvo quizás su alta persistencia. Sin embargo habría que estudiarlo en el contexto de una escala planetaria y sin podernos olvidar los frecuentes episodios de olas de calor que han afectado a grandes zonas de Europa (también con gran actividad tormentosa) y que algunos estudios empiezan a relacionar ya directamente con el cambio climático.

Hay otra cosa que me gustaría también destacar en relación con la presencia de esas vaguadas. Se trata del aumento de humedad que han propiciado sobre España y que, lógicamente, ha tenido mucho que ver con la actividad tormentosa, tanto en cantidad como en intensidad. A mi modo de ver esa humedad ha sido tanto de origen atlántico como mediterráneo, tal como apuntaba en mi anterior entrada sobre el bochorno. Atlántica porque la posición de esas vaguadas al oeste-suroeste de la Península originaba en ocasiones la entrada de pequeñas ondas con aire atlántico subtropical, que alcanzaban hasta el interior peninsular. Y mediterránea porque su presencia también forzaba con frecuencia una cierta circulación de levante hacia ese mismo interior. Se originaban así algunas zonas móviles de convergencia entre esas dos masas, un hecho que desde mi punto de vista también ha tenido bastante que ver con las características tormentosas de agosto. Y de aquí surge si se quiere una segunda derivada: ...¿eran esas masas -atlántica y mediterránea- más cálidas y húmedas de lo normal?

Y para acabar...¿ha tenido que ver esta situación, -a nivel planetario, o al menos hemisférico, con la casi nula actividad de formación de ciclones tropicales durante agosto? ¿Se ha podido disipar sobre la Península mediante tanta actividad tormentosa parte de la energía que habrían utilizado esos ciclones a través de un transporte de aire cálido y húmedo hacia latitudes más septentrionales?

En fin, son hipótesis y cuestiones que dejo en el aire y que pueden estar desenfocadas o deficientemente orientadas y que son, como decía al principio, objeto de debate. En cualquier caso y como tantas veces he insistido, creo que convendría estudiarlas profundamente. Recuerdo que, ya en el año 2005, cuando la tormenta tropical Delta afectó a Canarias, se pensó en la creación allí de un centro -o al menos una unidad- de Meteorología Tropical por parte de AEMET, algo que, si no me equivoco, creo que no llegó a cuajar. ¿Sería el momento de replantearlo? 

4 de septiembre de 2018

Bochorno

En estos últimos días, una palabra muy utilizada en zonas del interior peninsular, ha sido la de "bochorno". Si bien en algunas regiones como el Valle del Ebro se denomina "bochorno" al viento del sureste que en verano remonta el valle llevando con él humedad mediterránea, cuando utilizamos ese término nos referimos generalmente a una situación ambiental caracterizada por sensación de calor húmedo, pesadez, cielos blanquecinos u horizontes poco definidos. Quizás la sensación más desagradable es la de "ropa pegada al cuerpo" causada por la dificultad del sudor para evaporarse en un ambiente cálido y húmedo.

Si bien es una sensación muy frecuente en el área mediterránea, lo es menos en el interior peninsular donde el calor es mucho más seco y mas llevadero, y ello aunque la temperatura pueda ser más alta que en el área mediterránea. Pero en este "interior" todo cambia cuando la circulación del este o sureste se refuerza y el aire mediterráneo profundiza hacia el oeste. Aparece así un cielo muy característico con un color blanquecino con algunas nubes cumuliformes que destacan poco sobre un cielo muy poco azul, al tiempo que el horizonte se desdibuja y se nota -en unas personas más que en otras- una típica "pesadez". 

(Foto: El tiempo.es)

Es posible, aunque no demasiado frecuente en verano, que esa humedad que llega al interior peninsular pueda ser de carácter atlántico y venga arrastrada por viento del SSW o SW desde el golfo de Cádiz. Es una masa aérea de origen subtropical que puede provocar percepciones y sensaciones parecidas. Y puede ser posible -como ha ocurrido alguno de estos días- que ambas masas -mediterránea y atlántica- estén movilizadas a la vez y converjan en el interior peninsular, dependiendo la situación de esa zona de convergencia del mayor o menor empuje de cada masa. Como es lógico, si la situación en altura no se opone y existe algo de aire frío, aunque no sea mucho, esa convergencia empuja aire cálido y húmedo hacia arriba pudiendo formarse importantes tormentas en la zona en cuestión.

En algunas ocasiones puede aparecer también otro protagonista: el polvo norteafricano. Es posible que el flujo del SE, en el caso mediterráneo o del SSW o SW en el Atlántico vaya girando con la altura, de modo que a 2000 o 2500 metros sea claramente de sur y arrastre nubes del citado polvo. Esas nubes dan al cielo y al paisaje un color amarillo muy característico y la sensación de pesadez es aún probablemente mayor. Hay que tener en cuenta que al parecer estas entradas, además de ser muy secas, parece que aumentan mucho los iones positivos, lo que según algunas investigaciones aumentan el malestar y la irritabilidad en muchas personas.

Por tanto estas situaciones de horizontes velados, cielos blanquecinos y cierta sensación de pesadez pueden venir bien de una entrada mediterránea, atlántica, de una combinación de ambas...o de una combinación de todo ello con una entrada de polvo norteafricana, que también puede darse por sí sola, incluso a niveles bajos.

Creo, como ya he expresado en otras ocasiones, que ante la importancia creciente que las masas aéreas subtropicales terrestres o marítimas, en niveles bajos o altos, pueden tener en España, es importante llevar a cabo una mayor investigación sobre ellas. Conviene conocer sus orígenes, sus modificaciones, sus propiedades físicas, químicas o eléctricas y las consecuencias de su posible combinación con capas húmedas durante el verano. Al fin y al cabo, lo que yo acabo de describir son modelos conceptuales ya "clásicos" que probablemente deban y puedan ser mejorados y ampliados. Análisis mesoescalares, modelos de muy alta resolución, retrotrayectorias, imágenes del canal de vapor de agua y otras herramientas actuales nos permitirían hacerlo y conocer mucho mejor estas situaciones y su impacto sobre nosotros. Sé que AEMET trabaja en parte de todo ello pero pienso, desde un punto de vista más general, que entre las prioridades de investigación, y más en el marco del cambio climático, el mejor conocimiento de la atmósfera subtropical en esta parte del globo, en combinación con circulaciones más "domésticas" o locales, debería tener una prioridad muy alta. 

2 de septiembre de 2018

Algo más que un excelente informe

 Con frecuencia me he referido en este blog, en relación a la concienciación pública sobre el cambio climático, a la necesidad de que la sociedad reciba un relato claro, coherente y continuado. Y a que ese relato esté referido en buena medida a lo que está pasando en su entorno más inmediato, así como a sus impactos en la vida diaria. Por esta razón me ha alegrado mucho la reciente presentación en Toledo del "Estudio sobre efectos constatados y percepción del cambio climático en el medio rural de Castilla-La Mancha" que responde en buena medida a estos planteamientos.




Se trata del segundo informe de este tipo realizado por el Gobierno de Castilla La Mancha, y en concreto por su Consejería de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural. En él han intervenido un gran número de especialistas regionales en clima, recursos hídricos, medio natural, socioeconomía, salud y comunicación.

A partir de la constatación del aumento general de las temperaturas, de la extensión del periodo veraniego o de la creciente irregularidad de las precipitaciones,  a lo largo de más de cuarenta artículos los autores exponen qué impactos se están observando en los distintos sectores socioeconómicos y en las distintas zonas geográficas de la región, cómo está siendo trasladada la información de todo ello por los medios de comunicación regionales y qué percepción tiene de esta situación la sociedad castellano-manchega. 

El informe resulta interesante y atractivo, y más que detenerme en sus conclusiones quiero destacar el valor intrínseco que posee. Lo tiene tanto por su caracter multidisciplinar, como por su enfoque hacia los impactos reales y no potenciales -aunque de algún modo también se entra en ellos- así como por el esfuerzo realizado -tanto en el fondo como en la forma- para que el relato, aún generado en el ámbito académico, resulte accesible y de fácil comprensión para un amplio público. Por todo ello es de justicia felicitar a todas las personas que han intervenido en el mismo y muy en especial al coordinador principal del informe: el geógrafo y climatólogo toledano Jonathan Gómez Cantero.

En cualquier caso querría incidir en mi convicción de que el informe no daría todo su fruto si no va acompañado de un contundente y bien planificado plan de comunicación y divulgación. Estoy seguro que los responsables del informe lo tienen en cuenta y están en ello. Es importante que los mensajes básicos lleguen a los distintos sectores afectados de una forma breve, concreta y, en la medida de lo posible, práctica a través de los distintos medios y redes de comunicación social. Además, qué interesante sería que se promovieran actividades de distintos tipos para que, sobre todo el sector más joven de la población, conociera las conclusiones básicas del informe y se animara a  observar y comunicar datos, evoluciones o impactos y, por supuesto, que sugiriera o emprendiera, bajo la dirección adecuada, posibles acciones de concienciación, atenuación o mitigación en su entorno más próximo. 

Creo que un flujo informativo continuado y cuidado sobre todo ello -quizás coordinado por los mismos responsables de este informe- contribuiría a lo que yo llamo "mantener el relato", a que no se pierda el hilo, a que vaya calando en la sociedad una visión global, coherente y comprensible de la situación. Es verdad que no es posible ni tendría sentido realizar un informe de este tipo cada año, pero lo que sí se puede es mantener un contacto periódico con la sociedad mediante actividades, programas o publicaciones frecuentes donde se recojan informaciones significativas, nuevos resultados o puesta en marcha de distintas acciones. Y contextualizado todo ello en un marco de referencia común, en una narración coherente, y no en informaciones dispersas, desubicadas, o mal explicadas o divulgadas. Ante un relato continuado, sencillo, homogéneo y trasparente, la sociedad se sentiría fortalecida y concienciada para asumir el reto, imaginar soluciones o tomar acciones y, en resumen, a colaborar de forma activa en la estructuración de un tipo de vida que se hace cada vez más necesario. Ojalá sea así no sólo en Castilla-La Mancha sino en toda España. 

6 de agosto de 2018

46,6ºC...¿pudo ser más?

Ahora que nos encontramos muy probablemente en el último día de la ola de calor que ha afectado a la Península Ibérica y muy en especial a su cuadrante suroeste, creo que es el momento oportuno de compartir con los lectores del blog algunas consideraciones. 

De acuerdo con los datos que conocemos hasta ahora, parece que las máximas absolutas se dieron el sábado 4 con valores en varias estaciones entre 46 y 47ºC. En España la más alta fue de 46,6ºC la de la estación de El Granado, en la red secundaria de AEMET, situada en el este de la provincia de Huelva, prácticamente en la frontera con Portugal, mientras que en capitales de provincia esa máxima fue para Badajoz con un valor de 46ºC. En cuanto a Portugal, consultando los datos oficiales del IPMA, llego a la conclusión de que la temperatura más alta de su red la registró la estación de Alvega, más o menos a la misma latitud que Cáceres, también el dia 4 con un registro de 46,8ºC que sería, al menos por ahora, el más alto registrado en este episodio. 

Estas temperaturas, aún siendo extremas, no han llegado a superar a las máximas registradas en julio del pasado año cuando el 13 de julio Montoro llegó a los 47,3ºC y Córdoba a 46,9ºC constituyendo, de acuerdo con AEMET, las máximas absolutas de España hasta el momento. Recordemos como era el campo de temperaturas a 850 hPa ese día: 



Y vamos a compararlo con el del día 4 de agosto de este año:



La diferencia fundamental es que el "pico" de la entrada cálida está claramente desplazado hacia el oeste de la Península de forma distinta al 2017 en que apuntaba justo hacia el centro peninsular. Junto a ese desplazamiento se aprecia como la isoterma de 25ºC ha profundizado algo más hacia el norte.

Antes de seguir adelante recordemos qué apuntaba el 29 de julio para el 3 de agosto el modelo del Centro Europeo de Plazo Medio. Aquí está el mapa previsto para ese día del geopotencial de 500 hPa y de temperatura a 850 hPa:




Señalaba claramente a que el pico de la advección entraría directamente sobre el centro-oeste peninsular llegando la isoterma de 28ºC  hasta Zamora-Salamanca-Madrid y, aunque no apareciera porque el contorneo es de 4 en 4 grados,  es previsible que en puntos de rejilla pudiera aparecer algún valor de 30ºC sobre el suroeste peninsular. 

Confieso que ese mapa me preocupó bastante porque no recordaba -no digo que no se haya producido alguna vez- valores de hasta 28-30º tan altos de latitud.....Si se cumplía....¿a qué máximas podríamos llegar... ¿48...49?  Por eso no me extrañé demasiado cuando vi que en algún foro se discutía sobre la predicción de 50ºC en superficie que daba -creo- el modelo GFS. Por supuesto estoy de acuerdo con todas las recomendaciones que compañeros expertos han hecho sobre la interpretación adecuada de los datos de los modelos sobre todo en superficie....pero, si el mapa de arriba hubiera sido verdad... ¿cuáles habrían sido las temperaturas en superficie? 

Por suerte la situación real el día 3 fue ésta:


Una pequeña pero oportuna vaguada atlántica "atrajo" al pico de la entrada cálida más hacia el oeste y sólo fue el suroeste peninsular la zona mas afectada, quedándose en el borde de los valores máximos.

Por tanto, a la pregunta de si podíamos haber superado los 46,6ºC, creo que la respuesta es que sí. ¿48..?....no lo sé...pero creo que tenemos que saberlo y preocuparnos y estudiar mucho más estas situaciones tropicales y subtropicales que nos afectan directamente. Mi impresión personal que, del mismo modo que ya se ha demostrado que el periodo veraniego está cada vez robando más días a la primavera, la atmósfera tropical/subtropical -quizás sea en el fondo lo mismo- va subiendo cada vez más de latitud. No digo que estas situaciones no hayan ocurrido más veces, y ello podría entrar dentro de la variabilidad natural, lo que pienso es que cada vez son más frecuentes y, en ese aumento es dónde puede estar actuando el cambio climático.

Pero, más allá de impresiones e intuiciones, considero que éste es un tema -el del comportamiento de la atmósfera tropical/subtropical en nuestro entorno durante los próximos años- en el que, como ya he comentado repetidamente hay que entrar prioritariamente a fondo. Estudiarlo, conocerlo y preverlo cada vez mejor es vital para los intereses de España. Confío en que los nuevos ministerios de Investigación y Transición Ecológica lo vean también así. 


NOTA 1: Como complemento interesante muestro el mismo mapa de las situaciones anteriores pero para el 1 de agosto de 2003, cuando comenzó aquella larga y extraordinaria ola de calor. Si mis datos son correctos las temperaturas más altas se alcanzaron el propio día 1 con valores de 47,3ºC en el sur de Portugal, 46,2 en Córdoba y 45 en Badajoz. 


Como puede verse la entrada a diferencia de la de esta vez fue "directa". Sigo pensando que si en esta ocasión hubiera entrado también "directamente" los 46,6ºC hubieran sido claramente superados.

NOTA 2: A veces se recuerda la ola de calor del 14 al 19 de julio de 1978 como aquella en la que se registraron los récords de temperaturas máximas en España con valores de 50ºC en Yeste y de 47 en algunos observatorios del sureste peninsular. Más allá de si esos datos pudieron ser reales, sí creo que era una situación muy interesante y con algunas particularidades. Fue mi primer estudio sinóptico publicado y aunque ahora revisaría algunas cosas, puede que haya lectores que les interese leerlo aunque sea con cierta benevolencia. Si es así, y gracias al buen hacer de José Miguel Viñas en Divulgameteo, aquí está el enlace. 

2 de agosto de 2018

Algo más sobre la ola de calor

Sólo como un breve complemento a la entrada de ayer de mi blog, quiero hacer unos comentarios sobre algunas imágenes y análisis de esta mañana que considero de interés. 

Veamos en primer lugar el análisis del Centro Europeo de las 00 UTC de hoy 2 de agosto: 

Geopotencial de 500 hPa y temperatura de 850 hPa el 2 de agosto a las 00 UTC

Vemos la estructura típica de estas situaciones con una dorsal, como un largo "dedo", que se extiende desde el norte de África hasta abarcar completamente la Península Ibérica. En cuanto a la temperatura a 850 se aprecia como la isoterma de 28ºC roza el extremo sur peninsular. A su izquierda entre el golfo de Cádiz, Madeira y Azores se dibuja un sistema de vaguada-dana poco definido por su débil gradiente. 

Veamos ahora el mismo análisis del Centro Europeo pero centrado ahora en el norte de África:

Geopotencial de 500 hPa y temperatura de 850 hPa el 2 de agosto a las 00 UTC

Puede verse cómo la isoterma de 28ºC abarca una gran área que se extiende por gran parte del Sahara y que engloba a otra zona más reducida de hasta 32ºC  hacia el sur de Marruecos y suroeste de Argelia. ¿Está ocurriendo una advección de ese aire hacia el nordeste desde el interior del desierto?

Creo que la imagen del canal de vapor de agua de Meteosat de las 06 UTC de esta mañana da muchas pistas (y más si se hace una animación de las últimas 48 horas que no he podido incluir):



Importante a  destacar el remonte de la estructura que parte desde la zona ecuatorial-tropical hasta el sur de Argelia donde parece ser captada por la circulación  del débil sistema vaguada-dana que antes me refería y que aquí queda mejor definido. La dirige básicamente hacia el golfo de Cádiz y sur peninsular. 

Algo parecido apunta la retrotrayectoria para las 06 UTC de hoy:



Puede verse como "la partícula" que estaría llegando hoy al centro peninsular al nivel de 700 hPa presenta un recorrido parecido y viene experimentado un ascenso en los últimos días . Por su parte, las de  900 y 800 hPa tienen un origen muy distinto y sobre todo la de 800 muestra un descenso y posiblemente un calentamiento.

Por fin, la imagen del canal visible de esta misma mañana nos aporta alguna información más:



Puede verse, por una parte, algo de convección en el suroeste peninsular levantada por el débil sistema dana-vaguada situada al oeste peninsular mientras que los cumulonimbos situados un poco al oeste del cabo de San Vicente corresponderían a la convección del débil núcleo frío. Por otra parte, observando cuidadosamente la imagen, se ve como la entrada de polvo queda marcada por una linea imaginaria que arrancando de la divisoria Málaga-Granada se dirige hasta Toledo-Madrid girando luego hacia Extremadura. 

Cabría por tanto decir que en este episodio de calor en el cuadrante suroeste peninsular estarían sumándose las influencias de la advección norteafricana y el calentamiento local y que en el resto de la Península debería estar siendo más importante este segundo factor sin negar alguna influencia del primero. 

De acuerdo con los mapas previstos, a partir de mañana viernes por la noche, la dorsal se desplazaría más hacia el oeste, al tiempo que la débil vaguada se mueve más hacia el norte. 



Eso significaría un debilitamiento o incluso un cese de la advección norteafricana sobre la Península y un predominio del calentamiento local; lo que daría a su vez una pequeña bajada de las temperaturas máximas para el fin de semana. Lo vamos viendo.

1 de agosto de 2018

¿Un calor que viene de África?

En estos días de temperaturas elevadas y ante una más que probable ola de calor, vuelve a surgir una expresión típica que, a mi juicio, no es correcta en muchas de las situaciones en que se emplea. Me refiero a la de "una ola de calor provocada por aire procedente del Sahara (o del norte de África)".

Es verdad que, ocasionalmente, el aire norteafricano o incluso sahariano puede llegar a España a través de vientos del sur que, casi siempre transportan polvo en suspensión y originan cielos "plomizos", dando lugar a una sensación como de opresión física motivada quizás por su acentuada sequedad y ese aspecto "cerrado" del cielo. Sin embargo,muchas situaciones de temperaturas elevadas o incluso de olas de calor no necesitan el concurso de ese aire. Para que ocurran basta simplemente con que exista una suficiente estabilidad atmosférica como la que dan con frecuencia las dorsales anticiclónicas veraniegas. Cuanta mas estabilidad exista, más impedimento tiene el aire de las capas bajas para moverse en la vertical; de ese modo, ese aire no se renueva y es calentado continuamente desde el suelo incrementando su temperatura hasta valores muy elevados. Es como si tuviéramos una estufa muy potente en una habitación y nos fuera imposible abrir las ventanas. Sólo apagando la estufa (no lo podemos hacer con el sol) o abriendo las ventanas (desapareciendo o debilitándose la estabilidad) podemos refrescar la habitación. Pues bien, con la dorsal anticiclónica los cielos despejados están en verano asegurados, la radiación solar que llega al suelo es intensa y extensa y ese suelo calienta continuamente al aire que tiene sobre él. ¿Hasta cuando? Pues hasta que aunque sea de forma mínima se rompa la estabilidad y pueda comenzar a actuar la ventilación.

Probablemente la idea de que una ola de calor está unida a una entrada norteafricana o sahariana viene provocada en algunos por la asociación que siempre hacemos con África y calor, pero en muchas personas que consultan los mapas meteorológicos aparece al ver como en las topografías de 850 hPa las isotermas que delimitan la masa de aire cálido norteafricana comienzan a expandirse como una campana hasta englobar la Península Ibérica. Sin embargo, eso no implica necesariamente que esa masa se ha trasladado, sino que la masa que está sobre España ha adquirido esas mismas características africanas. Un gran meteorólogo ya fallecido, Lorenzo García de Pedraza, decía que en verano la Península Ibérica se convertía en una sucursal del Sahara. 

¿Pueden darse olas de calor por entradas saharianas o norteafricanas? Por supuesto que sí. Incluso puede haber olas en las que intervengan distintos factores en distintas fases, o incluso se sumen actuando a la vez. En cualquier caso,  para que ese tipo de masa aérea entre con claridad sobre la Península es muy importante, no siempre imprescindible,  la ubicación de una dana -o una vaguada- muy pegada a las costas norteafricanas generando flujo del sur en niveles medios y altos sobre la Península (con advección de polvo) y más bien del sureste en niveles bajos.

A veces no es muy fácil utilizando sólo las topografías meteorológicas definir con claridad el origen de la masa aérea. Para estos casos -y aunque es una metodología algo discutida para su aplicación práctica y que hay que utilizarla con un cierto cuidado- conviene consultar los mapas de retrotrayectorias. Veamos las correspondientes a la próxima madrugada:



Como puede verse ni a 900, ni 800, ni 700 hPa, las retrotrayectorias tiene un origen africano.

Doce horas después, mañana dos de agosto a las 12 UTC:

Añadir leyenda
En este caso sólo la retrotrayectoria de 700 hPa tiene un origen tropical/subtropical pero marítimo. Luego, aún con algunas reservas como siempre pasa al utilizar las retrotrayectorias, el origen del aire que nos afecta en niveles bajos no es norteafricano ni mucho menos sahariano. Lo que también muestran es un movimiento descendente de las partículas aéreas, lo que podría ir unido a un aumento de la estabilidad vertical. En cualquier caso sí podría haber alguna advección norteafricana a niveles más altos hacia el occidente peninsular al existir una vaguada débil en esos niveles pero no dispongo de esos mapas. Tampoco dispongo de las retrotrayectorias a niveles bajos a más de 36 horas para poder ver sí se produce un origen distinto.

En resumen, claro que puede haber entradas de aire norteafricano sobre la Península y provocar importantes ascensos de temperatura, pero sí me parece importante no vincular necesariamente un periodo de temperaturas elevadas o una ola de calor a entradas de aire africano. Como podemos ver hay otros mecanismos para ello... que a veces puedan sumarse.