9 de agosto de 2022

Otra "remontada" agosteña

Hace ya muchos años, Rafael Cubero, un excelente meteorólogo y piloto ya fallecido,  me contaba que en verano, volando sobre la zona del mar de Alborán en aviones de hélice -y por tanto supongo que a unas alturas de 4000 o 5000 metros, era muy sorprendente ver que discurrían por encima de nubes que generaban -a distancia bajo el avión- relámpagos y rayos. Tanto a él como a otros compañeros les asombraba que de nubes con tan poco desarrollo convectivo surgiera tal actividad eléctrica. Fue un tema que interesó bastante a algunos insignes meteorólogos como Inocencio Font o Alberto Linés que incluso llegó a relacionar el fenómeno con una subida hacia latitudes septentrionales de un fragmento de la Zona de Convergencia Intertropical (ZCIT)

Basado en esas ideas y mediante un detallado análisis de imágenes de satélite, poco a poco fuimos empezando a relacionar esa actividad con un fenómeno que suele ocurrir fundamentalmente en agosto -y a el que denominé "remontadas"- y que se caracteriza por la aparición en las imágenes de satélite en los canales infrarrojo y de vapor de agua, de una banda húmeda que arrancando desde latitudes tropicales o incluso ecuatoriales se dirige hasta el norte de Marruecos y Argelia, penetrando incluso por el sur de la Península Ibérica, y provoca en estas zonas algunos chubascos y una cierta actividad eléctrica. 

La espectacular "remontada" del 9 de agosto de 2015, justo hace hoy siete años.

Pues bien, es curioso que también hoy, 9 de agosto de 2022, tengamos una ligera "remontadilla" que está provocando también descargas eléctricas y algunos chubascos por el sur peninsular. 

Imagen del canal infrarrojo de Meteosat de hoy nueve de agosto hacia las nueve horas y en la que aparece la "remontadilla" actual. Aparentemente se ve la conexión con una intrusión desde zonas tropicales pero un estudio detallado de las imágenes animadas y de las topografías de distintos niveles plantea algunas dudas. Curiosamente en esta ocasión la señal de esta estructura en el canal de vapor de agua es casi inexistente, lo que podría indicar -al igual que la imagen infrarroja- la relativa baja altura del tope de estas nubes.

Mapa de los rayos registrados durante la pasada madrugada. Los de la zona norte están provocados por la actividad convectiva ligada a la dana situada al noroeste de Galicia, mientras que los del mar de Alborán pertenecen a la "remontadilla" que estoy comentando


Imagen radar de las 13 horas con las precipitaciones que se registran en Andalucía. Son en general poco importantes si bien aparecen algunas zonas convectivas bien desarrolladas. 

Son situaciones con frecuencia mal recogidas por los modelos numéricos y que creo que no están todavía bien estudiadas y clarificadas desde un punto de vista dinámico.  Posiblemente la inyección húmeda es posteriormente captada por alguna pequeña onda subtropical y quizás en su estudio -sobre todo por lo que respecta a origen y primera trayectoria- deberían utilizarse entre otros métodos análisis de líneas de corriente.  Por otra parte sería también bastante útil una profundización en los procesos de electrificación de estas nubes cálidas, en general con poco desarrollo, pero con una importante actividad en cuanto a producción de rayos.

En fin, otro fenómeno interesante de nuestra meteorología, como tantos que merecerían de un importante esfuerzo investigador y más en tiempos de cambio como los actuales. 

7 de agosto de 2022

¿El principio del fin?


La gran pregunta

Estoy seguro que no hay en estos momentos pregunta más repetida en la sociedad española que la de cuándo va a acabar este largo y asfixiante periodo de temperaturas elevadas, sea considerado o no como ola u olas de calor. O, al menos, cuándo la atmósfera nos va a conceder de un "respiro" de unos días que nos permita reponernos antes de otro embate del aire tórrido. 

Cómo ha sido hasta ahora... y cómo sigue siendo

Precisamente es esa ausencia de "respiros" lo que diferencia esta situación de otras veraniegas. Normalmente, tras unos días de fuerte calor, una vaguada del chorro polar se acercaba o incluso profundizaba sobre la Península y Baleares ofreciendo ese refrescamiento que permitía abordar otro periodo de altas temperaturas. Pero este año no ha sido así: el chorro polar ha permanecido muy alto de latitud y ninguna de sus vaguadas ha profundizado lo suficiente hacia el sur como para llegar hasta la Península. En su lugar hemos estado -y seguimos estando- sumergidos en una gran masa de aire subtropical en la que se generan las condiciones para la aparición de las altas temperaturas diurnas y nocturnas. 

En cualquier caso esta masa subtropical no es del todo homogénea y en su seno aparecen débiles embolsamientos fríos, -pequeñas vaguadas o débiles danas- que, aún con aire no muy frío en su seno, pero teniendo en cuenta las altas temperaturas de superficie, pueden dar lugar a la aparición de tormentas, a veces de gran intensidad. A veces alguna de estas vaguadas o danas se ha estacionado al oeste de Portugal al tiempo que se genera una aguda dorsal sobre la Península. Esta configuración da lugar a unas condiciones dinámicas y termodinámicas que provocan las más altas temperaturas y, si se mantiene estacionaria, al establecimiento de un periodo de ola de calor. 

Pero...¿se ve el final?

Es normal que ante esta situación unos u otros oteemos el horizonte -cada uno a su estilo- para ver si aparece en lontananza el cambio deseado. Pues bien, desde hace dos o tres días el modelo determinista del Centro Europeo muestra una evolución a partir de mediados de semana que podría llevarnos a finales de ella o muy a principios de la próxima a ese ansiado refrescamiento. 

¿Cómo podría ser la evolución?

Creo que es interesante, al menos para los aficionados, comentar cómo simula el citado modelo la evolución atmosférica que nos conduciría a ese cambio. Otra cosa es que luego la atmósfera siga ese patrón o introduzca sus variaciones, pero, en cualquier caso, algo parece que empieza a moverse, y lo va a hacer además en unas fechas en que climatológicamente es lo normal que suceda. Vamos a ello:

Si observamos la topografía de 500 hPa y de las temperaturas a 850 hPa para mañana lunes a mediodía, todo sigue igual:

500 hPa/T850 previsto para el lunes 8 de agosto a las 12 UTC (ECMWF)

El chorro polar sigue muy alto de latitud mientras que la Península y buena parte del Atlántico se halla bajo el dominio del aire subtropical. Como en otras ocasiones un pequeño embolsamiento frío aparece hacia el noroeste peninsular.

Durante la primera mitad de la semana todo va a seguir muy parecido, por tanto vamos a dar un salto hasta la tarde del jueves día 10 de agosto:

500 hPa/T850 previsto para el miércoles 10 de agosto a las 18 UTC (ECMWF)

Puede verse que en el seno de la amplia circulación de ponientes aparece al este de Terranova una vaguada secundaria en una situación que los meteorólogos Alberto Linés y Mariano Medina  denominaban como de "cuerda destrenzada" y que iba dando lugar, siguiendo también a Medina a un pequeño "remolino topo" en su interior que puede dar lugar a una bifurcación de la corriente o a la formación de una dana. Es un claro síntoma de una desequilibrio en ese flujo de los oestes y está unido al avance y crecimiento de una dorsal sobre Norteamérica. Por supuesto que sería interesante remontarnos "corriente arriba" para ver por qué se originó, pero esa es ya otra cuestión. 

Si, para no hacer la narración muy pesada, damos otro salto hasta el mediodía del viernes 12 vemos que esa incipiente vaguada a dado lugar en este caso a una dana que de algún modo va a interaccionar, como dos grandes remolinos que son, con la que seguía situada al oeste de Galicia.

500 hPa/T850 previsto para el viernes 12 de agosto a las 12 UTC (ECMWF)

Esta es una situación relativamente compleja de manejar por los modelos numéricos ya que su evolución está condicionada por factores muy sutiles que pueden ser mejor o peor captados por el análisis de partida, o bien la dificultad puede provenir de la compleja interacción hidrodinámica entre ambos remolinos. En cualquier caso conviene señalar lo siguiente: 

a) Sobre la Península se establece una dorsal muy marcada con la continuación de las altas temperaturas. De quedarse la situación estacionaria podría generarse una nueva ola de calor. Afortunadamente es probable que no sea así.

b) La interacción va a dar lugar muy probablemente a un movimiento hacia el NW de la antigua dana. Ello llevaría a una entrada de aire atlántico en algunas zonas del W/NW peninsular, dependiendo del movimiento final que efectúe.

c) La nueva dana podría desarrollar convección en su núcleo dado que en él va a residir un aire claramente más frío que el de las débiles danas de estos días. Ello podría llevar a la aparición de una borrasca subtropical en su seno, pero eso es algo que habrá que ver en su momento. 

d) Se aprecia un amplio crecimiento hacia el norte de la dorsal del Atlántico central en consonancia con el establecimiento de la amplia vaguada delantera que alberga a las dos danas. Un crecimiento que, de producirse, va a ser importante para el cambio atmosférico sobre España. 

Sigamos ahora al modelo hasta la madrugada del domingo 14:

500 hPa/T850 previsto para el domingo 14 de agosto a las 00 UTC (ECMWF)

El modelo sugiere que como resultado de la interacción de los dos "remolinos", el más antiguo se desplaza al Cantábrico y Francia mientras que el más nuevo retrocede hacia el SW, de modo que la dorsal atlántica inclina su eje hacia el NE empezando a facilitar un descenso latitudinal  de la circulación del chorro polar, algo que, de ser así, daría lugar definitivamente al deseado cambio de tiempo, como vemos en la configuración prevista para la noche del 15 al 16 de agosto:

500 hPa/T850 previsto para el martes 16 de agosto a las 00 UTC (ECMWF)

En este caso la reubicación de la dorsal atlántica fuerza ya la circulación de un. ramal del chorro polar sobre la Península con aire ya mucho más fresco, viento y algunas precipitaciones que habría que vigilar al ser la primera intrusión fría sobre áreas terrestres y marítimas muy cálidas. 

Naturalmente no es posible que la atmósfera vaya a seguir al pie de la letra esta evolución marcada por el modelo y será el propio modelo el que introduzca modificaciones en posteriores pasadas. Como hemos visto hay momentos complejos en la evolución de la semana y los resultados podrían ser otros. Mi propósito al mostrarlo ha sido comentar con las muchas personas interesadas la complejidad del funcionamiento atmosférico y cómo puede suceder una posible transición desde una situación a otra muy distinta. En cualquier caso, tampoco me hubiera animado a hacerlo si no viera que distintos productos del sistema de predicción probabilista del Centro Europeo apuntan hacia una transición de este tipo. 

En resumen, nos queda una semana de calor, pero para la Virgen -y el fin del periodo canicular- parece que ya se preparan cambios. 

17 de julio de 2022

Relevo de dorsales

La imagen del canal visible de Meteosat de hoy domingo, 17 de julio, muestra todavía los dos elementos que todavía están siendo claves en la actual ola de calor. Al oeste de Portugal la dana que se ha mantenido casi estacionaria durante estos pasados días y la dorsal -la amplia cúpula de aire cálido a todos los niveles- que se refleja por la casi total ausencia de nubosidad sobre la Península.

La dorsal mantiene los cielos despejados sobre la Península mientras que la dana aparece al oeste de Portugal. Ha ido desarrollando una circulación ciclónica en niveles bajos de modo que, en algunos momentos, podría haberse considerado estrictamente como una borrasca fría. Había una posibilidad de que se pudiera haber ido transformando en una borrasca de núcleo cálido si hubiera podido proliferar la convección en su núcleo central, algo que no ha ocurrido, bien por la cizalladura de la marcada circulación asociada o por una insuficiente temperatura del agua del mar en la zona. En la imagen sí parece que se desarrolla algo de convección pero el traslado ya inmediato hacia el nordeste no parece que permita grandes desarrollos en este sentido aunque es probable la aparición de algunos chubascos y tormentas en su viaje por el Cantábrico y Francia hacia los Países Bajos.

Mucho se ha comentado estos días sobre la influencia que estos elementos han tenido en la generación y mantenimiento de la ola. A mi juicio el que se hace completamente necesario es la dorsal: con su gran estabilidad permite una larga y eficaz insolación del suelo con una escasa o nula ventilación vertical y dando lugar por tanto un recalentamiento progresivo del suelo y de la capa de aire que reposa sobre él. En esa capa es  donde se alcanzan las temperaturas máximas, que están influenciadas también por factores locales tales como la naturaleza del suelo, su grado de humedad o, incluso, su inclinación respecto a la incidencia de los rayos solares. 

Por lo que respecta a la dana es posible que, dependiendo de su situación concreta y de su circulación asociada, haya inyectado ocasionalmente aire cálido subtropical a niveles medios y altos de modo que haya reforzado la gran cúpula cálida de la dorsal, aumentando así la estabilidad. Por supuesto que en estas situaciones puede entrar en niveles bajos aire africano, pero normalmente lo hace como viento del sureste en respuesta a la circulación ciclónica que en estas situaciones de verano aparece sobre el interior peninsular. Solo en contadas ocasiones lo hace como un flujo directo y sostenido del sur.

En cualquier caso conviene detenerse un poco sobre este sistema dorsal-dana al que nos estamos refiriendo. Por la propia estructura de la circulación atmosférica, a la presencia de una dorsal corresponde la existencia de vaguadas o danas a su izquierda y derecha con configuraciones diversas dependiendo de la extensión horizontal más o menos marcada de la dorsal. Pues bien, llama la atención que, al menos en los últimos años, las olas de calor más intensas y con mayor proliferación de grandes incendios, están asociadas a una dorsal relativamente estrecha y muy apuntada hacia el norte y una dana con una circulación muy marcada al oeste. Es una estructura que desde mi punto de vista tiene una cierta complejidad dinámica, con una zona de marcada subsidencia -que puede aumentar la estabilidad- separada por pocos cientos de kilómetros con otra de advección de vorticidad y generadora de algunas estructuras convectivas. Dado que, además de su complejidad, parece aumentar su frecuencia de aparición y teniendo en cuenta la relación que parece mantener con los grandes incendios (entre otras cosas por su actividad eléctrica) creo que debería ser objeto de estudio prioritario. 

Análisis del geopotencial de 500 hPa y de la temperatura de 850 hPa del pasado jueves 14 de julio (ECMWF). Junto con la dorsal muy apuntada hacia el NW aparece la dana de la que llama la atención su intensa circulación asociada. Podría ser debida al marcado contraste térmico entre masas de aire, pero no estoy seguro de que esa pueda ser la razón principal. Su presencia puede dar lugar a una inyección de aire cálido tropical o subtropical a niveles medios y altos y por otro lado a la aparición de convección y descargas eléctricas sobre el occidente peninsular. Es por tanto la configuración ideal para la aparición de grandes incendios (que llegan a generar su propia dinámica y termodinámica) y que parece que se va haciendo algo más frecuente, quizás en relación con ajustes en los chorros extratropicales. 

En estas situaciones la duración de la ola de calor suele venir marcada por el tiempo en que la dana se mueva -normalmente arrastrada o absorbida por una vaguada atlántica- hacia el nordeste. Esa evolución suele durar en general pocas jornadas y por eso cundía una cierta alarma y desasosiego días pasados cuando se veía que, en este caso, la captación de la dana iba a llevar bastante más tiempo. Pero, al final, va a comenzar ya a moverse hacia el nordeste y favorecerá desde últimas horas del lunes y el martes la entrada de aire atlántico sobre buena parte del interior peninsular, ofreciendo así un pequeño y parcial descanso al agobio por tan altas temperaturas. 

Y es pequeño y parcial porque, a partir del miércoles, la dorsal vuelve a establecerse sobre la Península. Sin embargo, ahora la configuración es distinta: es mucho más amplia, y no existe ninguna dana a su izquierda, aunque sí una vaguada lejana que poco a poco se irá acercando a la Península disminuyendo la estabilidad entre mediados y finales de semana y permitiendo mayor intercambio vertical. Esto será así...salvo que de nuevo quede estacionada al oeste de Portugal y aparezca una nueva -tercera- edición de la ola de calor. 

Predicción del geopotencial de 500 hPa y de la temperatura de 850 hPa para las 12Z del miércoles 20 de julio (ECMWF). La dana que nos ha acompañado estos días aparece ya como una vaguada entre las Islas Británicas y Holanda mientras que sobre el Mediterráneo occidental, la Península Ibérica, Marruecos y Canarias aparece una dorsal más extensa pero menos "intensa" que la actual. La evolución de la última parte de la semana va a depender de si la vaguada acaba atravesando la Península o se queda al oeste...generando una nueva ola. Veremos.





21 de junio de 2022

Olas de calor e incendios forestales ¿se puede avanzar en la predicción?

Ahora que los efectos de la ola de calor en forma de  graves incendios forestales van ya disminuyendo, me siguen resonando las palabras, creo que de un bombero forestal, en relación con el incendio de la sierra de la Culebra. No recuerdo la literalidad de sus palabras pero la idea que expresaba es que "aunque se sabía desde una semana antes que llegaba una de ola de calor, no se hizo nada". Pues bien, quiero ahora fijarme en las dos partes de esa idea, porque me parece de sumo interés hacerlo.

“Se sabía desde una semana antes que llegaba una ola de calor”. Es verdad que el modelo de predicción del Centro Europeo apuntaba desde siete u ocho días antes a una marcada probabilidad de que en el periodo en el que luego ocurrió, se estableciera sobre la Península una situación atmosférica típica de ola de calor, o al menos de temperaturas muy elevadas, y desde luego muy propicia a la aparición de incendios por una u otra causa. Lo que no estaba tan claro era si iba a venir acompañada de una mayor o menor actividad tormentosa, ya que eso dependería a su vez del mayor o menor acercamiento a la Península de la dana que se iba a formar en el lado occidental de la dorsal; algo que se iría concretando en días posteriores. La situación se comentó mucho entre los aficionados en las redes sociales y varios medios de comunicación se hicieron eco de ello. Por su parte Aemet emitió una nota especial sobre esta situación de acuerdo con lo establecido en su plan Meteoalerta aparte de los avisos a más corto plazo sobre temperaturas elevadas.

“No se hizo nada”. No soy yo quien para expresar una opinión sobre lo que se hizo o se dejó de hacer. Pienso sinceramente que cada organismo involucrado cumplió con su deber e hizo lo que pudo de acuerdo con los protocolos establecidos. Bien, pues es en esta cuestión de los protocolos donde, en mi opinión, se debería actuar para intentar optimizar las actuaciones de prevención y mitigación de los incendios. 

La predicción meteorológica ha avanzado mucho en los últimos años y predicciones que nos parecían difíciles y arriesgadas hace una década ahora son mucho más posibles y fiables. De esta forma podemos conocer con bastante más antelación la probabilidad mayor o menor de que ocurra una situación potencialmente adversa. A este respecto, entre todos los fenómenos adversos, las olas de calor son los que en general presentan una mejor predecibilidad, es decir los que permiten establecer una predicción de su probabilidad de ocurrencia desde ocho o diez días antes. Así se desprende de bastantes estudios, siendo uno de los más recientes éste muy recientemente publicado.

Mapa de EFI (Extrem Forecast Index) previsto por el Centro Europeo para el pasado día 17. Estos mapas  tienen como objetivo proporcionar indicadores de áreas donde es probable que ocurran valores anómalos de temperatura máxima de 2 m según el sistema de predicción por conjuntos. Junto con algunos otros productos de la misma procedencia pueden orientar a medio plazo sobre la posible ocurrencia de una ola de calor.

Como entiendo -y me parece lógico- que los organismos oficiales involucrados en la prevención y lucha de incendios forestales sólo actúan cuando se reciben las comunicaciones establecidas en el Plan Meteoalerta, mi sugerencia sería que, al menos para las olas de calor, se establecieran avisos específicos a medio plazo. De esta forma se podrían emitir al menos seis o siete días antes de la probable ocurrencia de una situación de este tipo avisos, renovados diariamente, informando de su probabilidad de ocurrencia con toda la información asociada que sea posible. De este modo, los organismos afectados tendrían un apoyo oficial para llevar a cabo diversas actividades de planificación y predicción. 

Se puede argüir que esas predicciones podrían fallar y se perderían de este modo algunos recursos que podrían haberse movilizado. Cabe decir a este respecto que, en el caso de las olas de calor, serían desde luego bastante mayores los aciertos que los fallos pero que, aún en ese caso, y en un balance global, serían muchísimo menores las pérdidas e inconvenientes que los producidos por un gran incendio como los que estamos conociendo.

La atmósfera va evolucionando con rapidez en el contexto del cambio climático pero también lo están haciendo las predicciones meteorológicas desde el plazo de horas hasta el de semanas (cada uno con sus características y posibilidades por supuesto). Qué no sean los procedimientos o protocolos ningún obstáculo para lograr su máximo aprovechamiento. 


15 de junio de 2022

Olas que vienen

Miércoles 15 de junio. Es el día en que, en un principio, parecía que podría finalizar este episodio de ola de calor, aunque después los modelos de predicción lo han ido retrasando hasta el sábado o domingo, al menos en la vertiente atlántica. 

Este tipo de situaciones suele acabar cuando una vaguada del chorro polar, que circula mucho más al norte, llega a establecer una conexión con la dana, que normalmente se suele estacionar en estas situaciones al oeste de la Península, de modo que ésta se desplaza hacia el este, como  también lo hace la dorsal cálida situada sobre España. Ello da lugar a la entrada de aire marítimo mucho más fresco, si bien con la posibilidad de que en ese proceso puedan producirse fuertes tormentas en algunas zonas. Pero, por otra parte, esa evolución da lugar también a vientos terrales en el área mediterránea originando un reforzamiento en esas zonas de la ola de calor hasta que esa entrada del viento del oeste se corte o al menos se debilite mucho. Este es el proceso que, en principio iba a tener lugar hoy y que parece retrasarse hasta el próximo sábado o domingo.

La imagen del canal de absorción de vapor de agua de esta mañana muestra a la dana situada al W/SW de la Península Ibérica provocando la llegada de flujo de componente sur con arrastre de polvo africano. Por otra parte, una pequeña vaguada en el seno de ese flujo causa nubosidad media y alta y algunos desarrollos convectivos en general con poca precipitación pero con peligrosa actividad eléctrica. Al noroeste de la Península aparece una banda nubosa asociada a una vaguada del chorro polar que en las predicciones de varios días se asociaba con un desplazamiento de la dana hacia el este. Es algo que al final no va a suceder pero sí logrará una reorientación de su eje y un ligero acercamiento lo que podría a dar lugar mañana a algunos chubascos y unas temperaturas máximas ligerísimamente más bajas en algunas zonas. Finalmente será otra vaguada -que ahora se desarrolla hacia Canadá y Groenlandia- la que provocará el desplazamiento hacia el este del sistema dana/dorsal y permitirá la entrada de aire marítimo sobre la vertiente atlántica a lo largo del fin de semana. 

Imagen simulada por el modelo determinista del Centro Europeo del canal de absorción de vapor de agua para el mediodía del próximo sábado. Se ve la interacción de la vaguada atlántica con la dana que inicia ya su traslación hacia el este. Normalmente en una evolución de este tipo, acabaría entrando ya flujo del W/NW sobre la Península pero la casi simultánea aparición de otra pequeña dana hace esta evolución bastante compleja de modo que, probablemente, se mantendrá el flujo del SW sobre la Península durante algunos días más.

No cabe ninguna duda que esta situación que nos afecta va a cumplir con creces los requisitos para ser considerada una ola de calor. El debate no es ahora por tanto si lo va a ser, sino hasta qué punto está ligada al cambio climático, lo que debería confirmarse mediante un estudio de atribución. Dando por hecho la utilidad que ello tendría -y más ahora en que se están poniendo a punto técnicas para llevar a cabo esos estudios prácticamente en tiempo real-, lo que obtendríamos sería la probabilidad de que su ocurrencia haya sido mucho mayor en el contexto de ese cambio, o bien que esa probabilidad sea muy baja. En cualquier caso en la mayor parte de los estudios de atribución llevados a cabo en relación con estas situaciones de olas de calor en distintas partes del mundo aparece con bastante claridad esa relación con el cambio climático. Además, si damos por buena la hipótesis -todavía debatida, es verdad- de que el calentamiento acelerado de la zona polar da lugar a un chorro más ondulado y más propenso al establecimiento de situaciones meridianas con la profundización del aire tropical hacia latitudes más septentrionales, es lógico que se hagan más frecuentes y de mayor duración que en las situaciones de carácter más o menos zonal.

Un chorro polar -o extratropical- con tendencia a ondularse más, es propicio a crear más circulaciones  meridianas y, en su caso, más danas. Dado que estas situaciones tienen una evolución más lenta que las zonales, sus consecuencias pueden durar más tiempo. Por lo que se refiere a su impacto sobre las olas de calor, éstas podrían ser más frecuentes (más ondulaciones marcadas del chorro), más intensas (mayor penetración hacia latitudes septentrionales del aire tropical) y más persistentes. Aunque algunas de estas cuestiones están aún bajo investigación, la secuencia de las situaciones de los últimos 15 o 20 años apuntan en este sentido. 
 
Por tanto, más allá de si una ola de calor concreta tiene mayor o menor relación con el cambio climático, lo que sí parece ya claro es que su frecuencia -y quizás su intensidad- van en aumento, tal como muestran los estudios climáticos y adelantaban hace años las proyecciones a largo plazo. Creo por tanto que el reconocimiento y la divulgación de este hecho, -que las olas de calor van a ser más frecuentes y, quizás más intensas- no va en contra sino todo lo contrario del rigor científico (vease a este repecto este interesante documento publicado por la organización World Weather Attribution) que es algo que la ciencia le debe a la población y a los gobiernos. Unos gobiernos que deben sentirse presionados por la sociedad para adoptar las medidas de adecuación y mitigación necesarias. Es algo urgente y no es posible -ni creo que necesario- esperar a más confirmaciones que, además, siempre tendrán carácter probabilista. Siempre puede argumentarse que la tendencia pueda romperse o invertirse por algún fenómeno poco conocido o estudiado pero si hacemos caso a la inmensa mayor parte de la comunidad científica no parece probable que ello ocurra.

Con frecuencia hago referencia en este blog a la necesidad de que en España se estructure y consolide un ambicioso proyecto de investigación a nivel estatal para ir conociendo más en profundidad las consecuencias del cambio climático en nuestro entorno geográfico. Más allá -o además-  del aumento de las olas de calor, es vital ir conociendo cómo puede ser la evolución de las precipitaciones, a partir de qué circulaciones atmosféricas las podemos recibir, cuál sería su distribución geográfica, cuál podría ser su sinergia con el aumento de las olas de calor y tantas otras cuestiones relacionadas. Y otro tanto cabe decir de la evolución del viento, esa energía renovable por la que tan fuerte -y con razón- estamos apostando…pero ¿dónde, cuándo y cómo va a soplar ese viento en los años por venir?

Y una nota final. Estamos a mediados de junio y los embalses están al 48 por ciento de su capacidad. Veinte puntos por debajo de la media nacional de los últimos diez años y diez por debajo de los valores del año pasado por estas fechas. ¿A qué se está esperando?

25 de mayo de 2022

Oportunidades que se escapan

La situación de altas temperaturas que acaba de afectarnos ha vuelto a dejar -como cabía esperar- récords importantes de temperaturas máximas y algunas mínimas. Mientras que las primeras han quedado algo suavizadas por el efecto conjunto de las nubes altas y de la calima, las segundas han sido un poco forzadas al alza por esos mismos fenómenos. En fin, cuando parecía difícil que se superasen los valores de la situación de mediados de mayo de 2015, ello ha ocurrido y no hace sino confirmar lo que es ya una clara tendencia a que las temperaturas veraniegas vayan apareciendo cada vez con más frecuencia en los meses de mayo y junio. 

El relato de la situación y de  los valores alcanzados se han ido reflejando en sucesivos mensajes de Aemet así como en esta crónica de Victoria Torres en "El País" a partir de las declaraciones de Rubén del Campo, portavoz de la Agencia. Por su parte, la tendencia al adelanto de las temperaturas veraniegas ha sido excelentemente tratado en este artículo de Benito Fuentes en el blog de Aemet y por César Rodríguez Ballesteros en su blog "Clima en mapas".


Uno de los tweets que Aemet publicó en días pasados informando sobre la singularidad de la situación.

Por mi parte me interesa fijarme sobre todo en la necesidad de conocer más a fondo las causas dinámicas y/o termodinámicas que favorecen estos valores y estas tendencias. Durante mucho tiempo se ha razonado que ello se debe a una expansión de la masa aérea norteafricana, favorecida muchas veces por la circulación sobre nuestras zonas de viento de componente sur. Sin embargo, cuando se examinan más a fondo estas situaciones se constata que no siempre ocurre de este modo, o al menos que los valores alcanzados no pueden explicarse solamente por esas causas. Así por ejemplo, los análisis de retrotrayectorias nos muestran que, a veces, esas masas no proceden de África sino que son de origen subtropical marítimo y que han sufrido un fuerte proceso de calentamiento y "secado" por subsidencia. En otras ocasiones se observa cómo las temperaturas alcanzadas no pueden explicarse solamente por la temperatura de la masa de aire que nos llega sino que debe haber otros procesos regionales o locales -que no conocemos del todo- que deben haber contribuido a ello. 

Por tanto creo que se hace necesario ir un poco más allá y profundizar en las causas concretas que nos llevan a estos episodios y al aumento de su frecuencia. Hay métodos muy útiles tales como los estudios de retrotrayectorias o los experimentos de sensibilidad con los modelos numéricos ("conexión" o "desconexión" de ciertos módulos físico-matemáticos en los modelos para ver su influencia -o no- en las situaciones que se presentan y en los valores que se alcanzan). Y junto a ellos otros, como los de atribución, que nos permiten saber hasta qué punto una situación concreta está en mayor o menor relación con la evolución del cambio climático.

Cuando ocurren estas situaciones se dice en un primer momento -y es lógico que sea así- que las causas o las conexiones de estos fenómenos deberán conocerse con detalle tras un cuidadoso estudio posterior. Sin embargo, muy pocos de ellos se realizan. Y si se hacen, casi no se dan a conocer sus conclusiones. ¿Se ha hecho en España algún estudio profundo sobre la dinámica y termodinámica de “Filomena”? ¿Y sobre los cambios de circulación en altura sobre nuestra zona geográfica con los cambios subsiguientes en los “ríos atmosféricos”? ¿O sobre el aparente aumento de la intensidad de las precipitaciones en invierno?, ¿ Se está profundizando más sobre las transiciones extratropicales en nuestras zonas atlánticas y mediterráneas? Y ello solo por citar algunos ejemplos.

Es importante reseñar que este tipo de estudios no solo tienen un valor académico, sino que pueden resultar vitales para la planificación de las respuestas en actividades de prevención y/o de mitigación ante estos fenómenos. Me consta que esta preocupación es compartida por otras muchas personas, varias de las cuales son excelentes investigadores que se dedican a estas tareas en la medida en que les es posible. Ante esta situación la respuesta de ellos siempre suele ser la misma: falta de personal y/o falta de recursos. Por tanto, ¿cuándo el Gobierno va a dar la prioridad que requiere el estudio de nuestra meteorología y nuestro clima con un plan general de investigación bien diseñado, coordinado, dotado y adecuadamente gestionado? Se van escapando muchas ocasiones y oportunidades. 


16 de mayo de 2022

El verano vuelve a invadir mayo

Cuando era un chaval y vivía en un pueblo de La Mancha toledana, recuerdo que cuando se producían varios días de mucho calor, los hombres del campo decían que tanto calor no podía sino traer después un episodio de tormentas fuertes, como así solía ocurrir en muchas ocasiones. Bastantes años más tarde ya comprendí que tenía que haber algo más que mucho calor para que esos fenómenos se produzcan: es necesario que aparezca alguna onda, aunque sea débil, o alguna dana en niveles medios y altos para que ello ocurriera. Y justamente es esa onda o dana la que, en su lento acercamiento a la Península, y antes de entrar, genera en su zona delantera, las condiciones para una fuerte subida de temperaturas. En cualquier caso ahí ha quedado esa continuada atribución de algunas situaciones de tormentas a los muchos días de calor: las todavía populares "tormentas de calor".


Algo así va a suceder en los próximos días: tras un progresivo crecimiento de la dorsal africana sobre la Península Ibérica, la suma de la llegada de aire ya cálido de origen, la subsidencia anticiclónica y los cielos poco nubosos o despejados va a provocar un marcado ascenso de temperaturas que alcanzarán o incluso rebasarán algo los 40º C en algunas zonas del centro y sur peninsular. Esa situación tocará a su fin entre el domingo y el martes por la llegada de una pequeña pero activa dana que desde el jueves, momento aproximado de su formación, deambulará entre Azores, Canarias y la Península. Es probable que las tormentas que genere a su paso puedan provocar algunas fuertes tormentas, pero a su vez dará lugar a una clara suavización de las temperaturas. La única duda que muestran los modelos es el momento concreto en que esa  dana nos afectará, teniendo en cuenta sus movimientos de difícil predicción ya que dependen de variaciones muy sutiles de los vientos que la rodean.

Este mapa mixto del geopotencial de 500 hPa y de la temperatura de 850 hPa previsto por el ECMWF para el mediodía del próximo domingo muestra la típica situación de altas temperaturas en la Península y Baleares. La extensión de la masa cálida norteafricana forzada en mayor medida por la presencia de la dana al oeste de Portugal, los vientos débiles o en calma, los cielos despejados y algunos fenómenos de subsidencia crean el escenario ideal para la aparición de las elevadas temperaturas. 

La incertidumbre básica que presenta este mapa proveniente del sistema de predicción por conjuntos del ECMWF previsto para la madrugada del domingo es la ubicación concreta de la pequeña dana al oeste de Portugal, que podría influir de algún modo en las temperaturas máximas que puedan alcanzarse. En cualquier caso, la confianza en que esta dana atraviese la Península entre el domingo/lunes y el martes es bastante alta.

Por lo que respecta a la situación de altas temperaturas no viene sino a seguir confirmando la tendencia ya demostrada del adelanto progresivo de los días claramente veraniegos invadiendo poco a poco la segunda mitad del trimestre primaveral. En mi opinión es esta evolución así como el cambio de trayectoria de las borrascas atlánticas las muestras más claras de la presencia del cambio climático en nuestras zonas geográficas. 

Ante esta situación cabe preguntarse sí se van a batir los récords de temperaturas máximas y/o mínimas del mes de mayo o, por otra parte si se trata de una de "ola de calor". Es posible que algún récord pueda caer pero va siendo difícil porque ya tanto en años anteriores -por ejemplo 2015 o 2020- hemos tenido situaciones de muy altas temperaturas; tal como quedó reflejado en esta entrada del blog, en esta y en esta otra. En cuanto a sí se trata de una "ola de calor" es difícil afirmarlo desde un punto de vista técnico ya que los criterios establecidos por Aemet para definirla se refieren a los meses de junio, julio y agosto; criterios que a la vista de esta rápida evolución deben ser probablemente ampliados. En cualquier caso, sí, desde la percepción subjetiva estos días van a ser considerados por muchas personas como  una clara ola de calor y conviene tenerlo muy en cuenta, sobre todo desde el punto de vista sanitario y quizás también energético y ambiental. 

Para finalizar, recordar una vez más la necesidad de que en España se investigue con mayor profundidad las causas de este adelanto del periodo veraniego: ¿Son más frecuentes las entradas de las dorsales norteafricanas? ¿Es más cálido "de origen" el aire que nos llega de África? ¿Hay más o más intensos fenómenos de subsidencia? ¿influye la sequedad de algunos territorios con déficit hídrico prolongado sobre todo en zonas de la vertiente atlántica? Como tantas veces he apuntado ojalá se organice cuanto antes un esfuerzo cooperativo, priorizado y bien coordinado entre nuestros centros o instituciones de investigación climática y ambiental. Nos seguimos jugando mucho.