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14 de enero de 2019

La meteorología privada norteamericana toma de nuevo la delantera

En la reunión anual de la American Meteorological Society celebrada en Phoenix (Arizona) la pasada semana, Accuweather hizo público su propósito de introducir en sus predicciones una nueva escala para la clasificación de huracanes denominada "RealImpact". 

"RealImpact" tendrá seis niveles -uno más que la oficial Saffir-Simpson- que no serán directamente equivalentes a los ahora en uso, pero sí directamente relacionados con la potencial peligrosidad para vidas y bienes que pueda presentar un huracán en función, no sólo de sus vientos, sino también de sus posibles lluvias torrenciales, inundaciones o mareas de tempestad. El nivel que se añade es el que se denomina "menor que 1". Se trataría en este caso de tormentas tropicales que por sus vientos no llegaría a la categoría de huracán -de acuerdo a la Saffir-Simpson- pero que por sus lluvias, inundaciones o mareas pudiera presentar peligrosidad para la población.

(Fuente: Accuweather)

El asunto no es nuevo y entra dentro del debate actual sobre la necesidad de realizar avisos meteorológicos orientados a impactos. Más allá de otras cuestiones, el planteamiento de Accuweather desde un punto de vista técnico, y a falta de conocerlo más profundamente, me parece bastante adecuado. Lo que no veo adecuado, sino más bien peligroso, al igual que muchos meteorólogos norteamericanos, es que coexistan dos escalas de aviso de huracán. La Saffir-Simpson utilizada por los Servicios Meteorológicos y esta nueva "RealImpact".

Una vez más, tal como hizo Weather Channel con su decisión de poner nombres a las grandes borrascas invernales en Estados Unidos, la meteorología privada norteamericana toma la delantera, y si bien NOAA no ha implementado sus propios "bautizos" de borrascas, sí se ha hecho en Europa, de modo que ahora existen -coexisten diría yo- varios criterios para llevar a cabo estos "bautizos" y decidir los nombres a poner.

En este contexto no podemos olvidar tampoco que en el evento CES de tecnología del Consumo celebrado también en Las Vegas hace muy pocos días, IBM -que adquirió hace poco tiempo la Weather Company-  anunció la puesta en marcha de un modelo de predicción meteorológica mundial con 3 km de resolución  denominado GRAF, con actualización horaria, que se alimentará de múltiples fuentes de datos meteorológicos, incluidos los procedentes de "smartphones". Un modelo que proporcionará sus primeras predicciones a finales de este año proporcionando de forma inmediata datos a nivel local para cualquier lugar de cualquier continente. 

Stand de GRAF/INM en el CES (fuente: IBM)


Las características básicas del nuevo modelo que anuncia IBM (fuente: IBM)
Cuando esto llegue a cumplirse, si se cumple, -que lo hará antes o después- sólo queda un paso para emitir avisos meteorológicos. De hecho, la introducción de la nueva escala "RealImpact" de Accuweather va a quedar, como mínimo, muy cerca de ello... ¿Cómo van a "convivir" con todo ello las responsabilidades de los Servicios Meteorológicos en los distintos contienentes que todavía se plantean -y no en todos los sitios- como poner a punto los avisos orientados a impactos?

Una vez más -tal como pasó con los "bautizos" de borrascas-, se echa de menos la función reguladora y coordinadora de la Organización Meteorológica Mundial (OMM). ¿Va a ser Accuweather o la Weather Company las empresa privadas que marquen la agenda meteorológica mundial? Los Servicios Meteorológicos, bajo la coordinación de la OMM, tienen que definir ya sus estrategias de futuro, sean las que sean. 



Enhorabuena AVAMET

Este fin de semana se ha celebrado en Valencia la asamblea anual de la Asociación Valenciana de Aficionados a la Meteorología (AVAMET). Tal como se describe en este enlace se ha procedido a la renovación de la Junta Directiva y a la presentación de los planes futuros de la Asociación. 

(foto: AVAMET)

No quiero dejar pasar esta ocasión para expresar públicamente a través de este blog lo que ya les he comentado a veces de forma personal a algunos de sus integrantes: mi reconocimiento por la madurez y cohesión alcanzada en estos ocho años y por el impresionante trabajo realizado y plasmado en su amplísima red de estaciones, junto con su vocación divulgadora. Algo que está permitiendo un mucho mejor conocimiento de la meteorología y climatología de Levante, facilitado por la disponibilidad de sus datos de forma abierta y en tiempo real.

Esa gran red de observación desplegada por la AVAMET -unas 450 estaciones- es de una gran riqueza, pero también supone un gran esfuerzo de adecuación, calibración y mantenimiento para el que espero que cuenten con ayuda institucional suficiente. Por otra parte, la gran cantidad de datos obtenidos y por obtener puede permitir ya a la Asociación desarrollar estudios mesoescalares, y puede que en algunos casos microescalares, sobre distintos fenómenos atmosféricos -singularmente lluvias y tormentas- o de interacción atmósfera-orografía. Estoy seguro de que se obtendrán resultados verdaderamente interesantes. 

Adelante con ello y, de nuevo, mi enhorabuena.

9 de enero de 2019

De nuevo...¿Ola sí....ola no?



Una vez más, ante la entrada de un flujo de aire bastante frío -cosa normal en invierno y esperemos que lo siga siendo-, surge la polémica, ya tan antigua, de si se trata o no de una ola de frío. Por si ayuda a clarificar algo, expongo a continuación algunas cuestiones que ya traté con más profundidad en mi libro "Meses y tiempos".

El concepto de ola de frío no está definido oficialmente de forma global. Esa definición debería corresponder a la Organización Meteorológica Mundial. Quizás no lo ha hecho por las dificultades de concretarla de modo que sea válida para todas las zonas del planeta. Su ausencia ha dado lugar a la aparición de diversas definiciones, girando todas alrededor de un enunciado como éste: “La ola de frío es una situación atmosférica que produce temperaturas extremadamente bajas en relación con la media de la época provocada por la invasión de una masa de aire frío.”



Mapa de temperaturas previstas en superficie para el próximo viernes (fuente: AEMET)


El convencimiento de que, al menos desde el punto de vista de la comunicación, era necesaria una definición, llevó a que un compañero de AEMET, César Rodríguez Ballesteros, publicara un artículo en el Calendario Meteorológico del 2012 estableciendo unos criterios cuantitativos para determinar si un episodio concreto de temperaturas frías puede considerarse “ola de frío”. Indudablemente, el establecimiento de un umbral es siempre subjetivo, pero en este caso los propuestos en este trabajo siempre me parecieron muy adecuados y ajustados. Así, se consideraría ola de frío “un episodio de al menos tres días consecutivos en el que como mínimo, el 10 por ciento de las estaciones consideradas registran mínimas por debajo del percentil del 5 por ciento de su serie de temperaturas mínimas diarias de los meses de enero y febrero del periodo 1971-2000”. Esta definición fue posteriormente adoptada por AEMET y utilizada como definición de una ola.

Como puede verse, en ella se acota claramente los valores de las diversas variables que se deben tener en cuenta en la determinación de una “ola”. Así, el periodo de tiempo debe ser al menos de tres días, eliminando de esta forma bajadas bruscas pero transitorias de las temperaturas que están ligadas a otro tipo de fenómenos más pasajeros. La zona afectada puede ser no muy grande, pero en cualquier caso hay que excluir fenómenos locales. Por eso, en el  caso de España que cuenta con, aproximadamente, unas 130 estaciones sinópticas de observación, el número mínimo de ellas donde deben observarse las mínimas establecidas deberían ser al menos 13. Por lo que respecta al umbral que debe igualar o traspasar una temperatura para ser tenida en cuenta, éste queda fijado en el valor que delimita el 5 por ciento de los valores más bajos para ese sitio, es decir, unas temperaturas observadas muy pocas veces en él. Por otra parte, en el proceso de cálculo, se determina para cada estación la temperatura más baja de la “ola” y su anomalía correspondiente respecto al periodo de referencia 1971-2000; ambos datos nos dan una idea bastante ajustada de  su magnitud o intensidad.

Dada que para que una situación se considere ola de frío debería tener una duración mínima de tres días, no puede contemplarse como tal en los planes de fenómenos adversos ya que éstos sólo abarcan un horizonte de predicción de unas 60 horas. Por tanto, para estas situaciones como para las de olas de calor, la alternativa es la emisión de notas informativas de amplia difusión -tal como las que actualmente viene emitiendo AEMET- en el que se dan detalles sobre la situación y su previsible evolución. En caso de alta criticidad, o de aparición simultánea de otros fenómenos adversos, podría emitirse un aviso especial en el que se detallarían las características de la situación con información relevante sobre zonas afectadas, horas (o días) de comienzo y final y probabilidad de ocurrencia así como una breve pero clara descripción en lenguaje claro de la situación. Y, por supuesto, como ya está ocurriendo, todo ello junto con los avisos de Meteoalerta que procedan para "hoy, mañana y pasado".


Por lo que respecta a la comunicación de una situación de este tipo, el interés a priori de los medios es saber si se trata realmente de una ola de frío. Por las razones expuestas anteriormente, los meteorólogos hemos sido siempre un tanto reacios a calificar así a una evolución prevista de este tipo. Sin embargo, si se asume, como me parecería adecuado, la definición anteriormente expuesta, y si se tiene en cuenta que los actuales modelos cada vez van siendo más realistas en el cálculo de las temperaturas previstas, creo que ya sería posible hablar en avance de la llegada de una ola de frío y ofrecer, hasta donde fuera posible, los detalles de la misma y confirmándolo, ya con datos "reales" a su finalización. Se evitaría así -supongo- el eterno debate previo en los medios sobre si se trata o no de una "ola·. En cualquier caso, para una adecuada comprensión y valoración del mensaje por parte de medios y de la sociedad, sería conveniente explicar y divulgar el concepto y definición de la “ola” de forma sencilla y las razones de hacerlo así.

7 de enero de 2019

¿Seguirá enero el "guión climatológico"?



"En general, enero suele comenzar con predominio del tiempo anticiclónico con días tranquilos, fríos y despejados. Sin embargo, no es difícil que hacia Reyes el anticiclón bascule y por su flanco oriental se cuele aire frío del norte o del nordeste. Ello puede dar lugar a una marcada ola de frío y posteriormente a intensas heladas. Así lo refleja el refranero:

"Por los Reyes, los días y el frío crecen"

Con predominio generalmente anticiclónico durante varios días, lo que hace más generales e intensas las heladas salvo que haya algo de viento del sur, llegamos a mediados de mes donde aparecen las festividades de los llamados “santos de hielo” (San Antonio o San Antón el día 17 y San Sebastián el 20) cuyos “fríos” quedan bien reflejados en el refranero:

"Por San Antonio hace un frío de todos los demonios"

"De los santos frioleros, San Sebastián el primero; aunque dijo San Antón, aquí el más frío soy yo"


Ya en la segunda quincena, o como tarde en la última decena, se suele producir un cambio de tiempo. El anticiclón baja de latitud y deja la entrada libre a las borrascas atlánticas o bien se retira algo hacia el oeste y permite la entrada de vientos del noroeste con algunos frentes asociados. Pueden llegar así las precipitaciones sobre todo a las vertientes Atlántica y Cantábrica acompañadas de una cierta suavización de las temperaturas..."

 Hasta ahora la atmósfera va siguiendo el "guión climatológico", quizás con un cierto retraso. Recordemos a este respecto que el año pasado fue justamente el día de Reyes cuando cientos de automovilistas quedaron detenidos durante bastantes horas por el temporal de nieve en la A-6 en la zona del peaje de Guadarrama. En cualquier caso, sí que se confirma que, tras unos días despejados y con heladas fuertes en zonas del interior, hacia el próximo jueves se va a producir una cierta retrogresión de la dorsal atlántica, que va a dar lugar a la llegada de vientos de componente norte sobre la Península y Baleares. 

Mapas previstos de 500 hPa por el sistema de predicción probabilista del Centro Europeo para la madrugada del viernes 11. Aparece la citada retrogresión aunque con una cierta incertidumbre en relación con la situación u orientación del máximo del chorro sobre la Península. Ello influiría en la posición final del seno frío del saco de la vaguada y, por tanto, en la determinación específica de la zona de precipitaciones más importantes. En cualquier caso parece que éstas se producirán en las costas y zonas cercanas de Argelia y Túnez.

Son vientos que transportarán  una masa de aire frío y sin demasiada humedad que puede llegar a presentar de forma pasajera valores de temperatura en 850 hPa de hasta -8ºC o -10ºC en zonas del cuadrante nordeste peninsular. Como suele ocurrir en estos casos, las bajas temperaturas y el viento -que en zonas mediterráneas puede ser fuerte- provocarán sensaciones térmicas de mucho frío, y seguramente se hablará de "ola", aunque habrá que ver sí lo llega a ser desde un punto de vista estricramente técnico. Sin embargo, al ser una masa poco húmeda, solo en zonas de ese cuadrante nordeste, donde el viento encuentre una retención,  se producirán precipitaciones, en general poco importantes, que serán de nieve en cotas bastante bajas.  Sí serán más abundantes en Baleares al tener el viento un cierto recorrido y marítimo, así como en el norte de Argelia y de Túnez apareciendo la nieve cerca de la costa. 


En cualquier caso, esta entrada no durará más allá de dos o tres días y al quedarse el viento en calma es cuando se producirán heladas muy fuertes en el interior con valores que podrían llegar a alcanzar en algún caso los -16  o -18ºC en zonas interiores de las mesetas. 

A continuación de esta entrada fría del nordeste, quizás un poco retrasada como ya apuntaba anteriormente, la climatología habla de un predominio más o menos anticiclónico durante unos días, hasta alcanzar las festividades de "los santos de hielo" (días 17, San Antón  y 20, San Sebastián). Según el "guión" esas jornadas suelen estar marcados por un frío intenso, frío que puede venir originado por fuertes heladas de irradiación o por una marcada entrada de vientos de componente norte. 

Si miramos ahora los mapas probabilistas a medio plazo parece que, aunque con una cierta incertidumbre, la dorsal -ahora ya extendida de oeste a este- volvería a establecerse sobre la Península para dar paso hacia mediados de mes -con más incertidumbre todavía- a la llegada de una vaguada por el noroeste que podría dar lugar a otra entrada fría. 


Mapas previstos de 500 hPa por el sistema de predicción probabilista del Centro Europeo para el jueves 17 de enero. Aunque la incertidumbre es muy alta, hay indicios del establecimiento de una circulación del noroeste con mayor o menor advección de masas de aire polar.

¿Será ésta una situación propicia para que los "santos de hielo" confirmen su fama, o pasarían, -lo que sería bastante raro- desapercibidos? Una consideración a tener en cuenta en este contexto es que, al parecer, el vórtice polar estratosférico ya se ha dividido y estaría por ver si se da una transferencia energética hacia niveles más bajos de modo que pudiera llegar a alterar la circulación, o incluso provocar la rotura, del vórtice polar troposférico con importantes "descuelgues" hacia el sur de masas de aire ártico. Ocurra o no,  algo parece moverse. Y, después, veamos si en los últimos días de mes el tiempo más húmedo aparece, cumpliendo así este enero su "guión climatológico".




24 de diciembre de 2018

¿Cómo fue la Nochebuena meteorológica en España hace 150 años?

Sí, esa es la pregunta...¿Cómo fue desde el punto de vista meteorológico la noche del 24 al 25 de diciembre de 1868? 

Si esa cuestión me la hubieran planteado hace sólo dos o tres años, mi contestación hubiera sido que no habría forma de saberlo salvo intentando rebuscar en hemerotecas o en algún dato suelto que pudiera constar -me imagino que no- en los archivos de AEMET o de algún otro Servicio Meteorológico europeo. Pero, aún contando con ello, no podríamos tener la visión global que nos proporcionaría un mapa sinóptico de superficie junto con una topografía de 500 hPa y la temperatura a 850 hPa. Pero, lógicamente, imposible, tener esos mapas de hace 150 años.

¿Imposible? Aquí están:

Probable topografía de 500 hPa y mapa de superficie a las 00Z del 25 de diciembre de 1868

Probable mapa de temperaturas a 850 hPa a las 00Z del 25 de diciembre de 1868
Pues sí, aquí están... pero como puede verse me refiero a ellos como "probables". Con las modernas técnicas de asimilación de datos desarrolladas para los modelos numéricos de predicción es posible llevar a cabo el mejor análisis posible a partir de los datos de que se disponga, incluso, como es en este caso, aunque sólo sean  de superficie. Se trata mediante estas técnicas de encontrar la estructura atmosférica tridimensional que sea compatible y mejor responda a los datos realmente observados. Por tanto, no son análisis en el sentido actual del término, pero sí constituyen el mayor acercamiento posible a la circulación atmosférica que realmente tuvo lugar ese día; la configuración más probable.(Nos guste o no, siempre acabamos hablando de probabilidad). 

Indudablemente para la realización de estos trabajos se necesitan grandes recursos de cálculo. Que yo sepa, están siendo llevados a cabo sólo por el Centro Europeo de Predicción a Medio Plazo y la NOAA norteamericana que, en su "marcha hacia atrás", ha llegado nada menos que hasta 1851. Esta es la procedencia de los mapas que aquí presento y que el Servicio Meteorológico alemán pone disponibles a todo el mundo a través de este enlace.

Pero nos preguntábamos como fue la Nochebuena de 1868. Pues, si damos por buenos los mapas anteriores, vemos como la Península y Baleares se encuentran bajo una circulación de Ponientes en niveles medios, mientras que en superficie se encuentran en el radio de acción  de una amplia borrasca centrada sobre las Islas Británicas y cuyos frentes asociados están llegando a la Península. De hecho, prácticamente puede pintarse una onda frontal con el frente ocluido yendo desde Gran Bretaña hasta el norte de Galicia, y empalmando ahí con el frente cálido que entra por Portugal y el frente frío todavía en pleno Atlántico. Por otra parte, las temperaturas a 850 hPa están en el rango entre los 2 y 5ºC. 

Pues bien, con esta situación no es difícil comentar cómo pudo ser esa noche: ambiente relativamente suave para la época del año en las vertientes atlántica y cantábrica si bien el viento y la humedad la podrían hacer algo desapacible. Habría lluvias no muy abundantes que podrían convertirse en nieve por encima de los 800-1000 metros según zonas. En el área mediterránea, tiempo seco con temperaturas muy suaves y viento en ocasiones algo molesto. Y en Canarias, al menos durante aquella noche, predominaría el tiempo típico del alisio. 

Horas más tarde llegaría el frente frío...Y ya que en algunas zonas había llovido en Nochebuena... ¿Cómo sería la noche de Fin de Año?... La respuesta aquí.

Y 150 años después, ¡Feliz y anticiclónica Nochebuena de 2018!



20 de diciembre de 2018

Nuestra meteorología en 2018: Apuntes y opiniones

Hace pocos días, en su habitual rueda de prensa trimestral, AEMET ha facilitado un avance (hasta el 12 de diciembre) del comportamiento meteorológico del año 2018 en España. Ha destacado fundamentalmente por su carácter "muy húmedo" con una precipitación media de 784 mm, lo que supone un 20 por ciento más que el valor medio del periodo 1981-2010. Queda caracterizado así como uno de los cinco años más lluviosos desde 1965, y el segundo o tercero del siglo XXI. Por otra parte la temperatura media ha sido de 15,5ºC, con una anomalía de 0,4ºC respecto al valor medio del citado periodo 1981-2010, lo que le convierte en el quinto año consecutivo con temperaturas por encima de la media. En cualquier caso, más allá de estos valores medios, se han producido a lo largo del año una serie de situaciones atmosféricas a las que me quiero referir brevemente y que, en su momento, traté más ampliamente en este blog. 

Los problemas empezaron pronto. En pleno Día de Reyes una nevada copiosa pero bien prevista y avisada bloqueó a cientos de automovilistas en la AP-6 cuando retornaban a Madrid. 


(foto: El País)

¿Qué información habían recibido... si es que habían recibido alguna? ¿Cómo la interpretaron? ¿Fueron realmente conscientes de los problemas que podrían encontrar? Y, por otra parte, ¿volvería a ocurrir algo así un año después? ¿Ha cambiado de algún modo la difusión y el modo de comprensión de los avisos meteorológicos?

A finales de febrero, un cambio radical en la circulación atmosférica, provocado como posteriormente se ha demostrado por la ocurrencia previa de un calentamiento súbito estratosférico, dio origen al establecimiento de un gran temporal de lluvias en la vertiente atlántica que supuso el principio del fin de la grave sequía que se prolongaba desde hacía algunos años. 

(Universidad de Wisconsin)

Cabe destacar la rapidez con que esta vez investigadores españoles estudiaron la situación y demostraron su relación con el citado calentamiento súbito. 

Abril y mayo fueron tiempos de danas, pero entrando por el noroeste o, como mucho, por el oeste penínsular, dando por tanto un tiempo más frío y menos lluvioso que si lo hubieran hecho por el suroeste. Además, por ese camino, hubieran podido afectar al área mediterránea donde la lluvia seguía escaseando mucho. 


Mis comentarios sobre estas situaciones y sobre los distintos "caminos" de las danas ibéricas quedaron reflejados en esta y esta otra entrada. 

Junio y julio no fueron excesivamente calurosos, pero agosto empezó con una muy marcada ola de calor que culminó el día 4 con temperaturas máximas entre 46 y 47ºC



Algunos comentarios sobre el origen de la masa de aire responsable y su evolución aparecen en esta y esta otra entrada.  Pero agosto no sólo se caracterizó por esas altas temperaturas sino también por batir el récord mensual absoluto de rayos registrados en España; una circunstancia que probablemente estuvo relacionada con la continuada presencia de vaguadas durante todo el mes con entradas de aire húmedo atlántico unas veces y mediterráneo otras, lo que provocaba una gran actividad tormentosa. 

(Fuente: AEMET)

Octubre fue un mes realmente complejo. El día 9 se produjo la dramática torrentada de Sant Llorenç en la isla de Mallorca, recogiéndose en la zona unos 233 mm en cuatro horas y teniendo que lamentar un alto número de personas fallecidas. 
(El País)




Una situación que ponía al límite las posibilidades y recursos de las modernas técnicas de vigilancia y predicción y volvía a plantear una vez más el interrogante de si los avisos llegan en tiempo y forma a todos los potenciales afectados. 

Pocas jornadas después, el día 13, y tras muchas indefiniciones, vueltas y revueltas que mantuvieron en vilo a profesionales y aficionados, el huracán Leslie llegó a la Península Ibérica. 



Según el Centro Nacional de Huracanes se había convertido ya desde unas horas antes en un ciclón subtropical pero humildemente mantuve mis dudas en esta entrada sobre si no llegó a tocar tierra todavía como huracán clase I. 

Y siguieron más episodios de intensas lluvias mediterráneas que dieron registros realmente impresionantes tales como los 159 mm en una hora en Vinaroz el 19 de octubre, o los 289 mm en seis horas en Alpandeire. 


Una reiteración de episodios en los que jugó un papel preponderante un flujo muy persistente de aire mediterráneo muy cálido y húmedo, y que abrió de nuevo el debate sobre su mayor o menor relación con el calentamiento global y la necesidad de revisar o replantear medios y técnicas de vigilancia y aviso. A ello me referí en esta entrada del blog y también lo expresó AEMET en una nota que emitió en relación con estas situaciones.  Una cuestión que, de nuevo, volvió a surgir en la jornada que la Agencia celebró en Valencia el pasado once de diciembre sobre situaciones adversas mediterráneas y cambio climático. 

Pero las sorpresas de octubre no acabaron con las lluvias torrenciales. En un nuevo giro argumental, el mes se despidió con una marcada entrada fría y nevadas en cotas relativamente bajas que en algunas zonas sorprendieron por su gran adelanto. 

Por tanto, y tal como dijo la portavoz de AEMET al presentar el resumen del año en la pasada rueda de prensa, un año para recordar en lo meteorológico. Pero también fue para recordar en lo meteorológico el año 2017, tal como apuntaba en esta reciente entrada. Y si seguimos mirando más atrás, a lo largo de estos años tan cálidos del principios del siglo XXI, surgen más y más "recuerdos". Situaciones que en muchos casos han estado relacionadas con esa, al menos aparente, mayor "meandrización" del chorro polar provocada según muchos científicos por el marcado aumento de temperaturas en la zona ártica debido al calentamiento global.

Veremos si 2019 es también un año para recordar. Su comienzo ya apunta maneras con un calentamiento súbito estratosférico inmediato y la aparición de un nuevo episodio de  "El Niño". Pero de momento y  mientras se manifiesta todo ello, mis mejores deseos en estas fiestas y nuevo año para amigos y seguidores del blog. 






17 de diciembre de 2018

¿Qué relación pudieron tener algunos fenómenos adversos de 2017 con el cambio climático?

Por séptimo año consecutivo la American Meteorological Society ha publicado su informe titulado "Explaining Extreme Events in 2017 from a Climate Perspective". En él se recogen 17 estudios sobre situaciones de tiempo adverso en todo el planeta, y mediante el uso de las modernas técnicas de atribución se establece su mayor, menor o nula relación -expresada en general de forma probabilista- con el cambio climático de origen antropogénico. A este respecto es interesante recordar que de los 146 estudios presentados a lo largo de las siete ediciones realizadas de este informe, en el setenta por ciento de ellos se encontró una marcada relación del suceso en cuestión con el cambio climático mientras que en el treinta por ciento no se encontró ninguna relación y deberían ser atribuidos por tanto a la variabilidad natural.




Algunos de los resultados más interesantes del informe son los siguientes:

En relación con la ola de calor del 2017 en el área euromediterránea cabe señalar que la ocurrencia de un episodio al menos tan cálido como éste es ahora tres veces más probable que en 1950.

Las temperaturas récord registradas en el mar de Tasmania en 2017 y 2018 hubieran sido virtualmente imposibles sin el cambio climático.

Las temperaturas extremadamente cálidas del mar junto a las costas africanas doblaron la probabilidad de ocurrencia de la sequía de África oriental que tuvo un gran impacto en la población de Somalia. El estudio correspondiente afirma que esas extremas temperaturas del océano no podrían haber ocurrido en la era preindustrial.

El récord de mínima extensión del hielo ártico debido al cambio influyó en el marcado déficit de precipitaciones en diciembre de 2016 en gran parte de Europa occidental 

En el informe existen muchas más informaciones interesantes sobre la evolución climática de 2017 y vale la pena descargarlo a través de este enlace u obtener al menos un resumen a través de este otro. 

Llegados a este punto quiero recordar que 2017 fue un año pródigo en fenómenos adversos en España. En esta entrada del blog hice referencia a la mayor parte de ellos. Cabe recordar por ejemplo:

El fuerte temporal de nieve en la Comunidad Valenciana y zonas del bajo Aragón en enero, con graves problemas originados en el tráfico ferroviario y automovilístico y que destacó, entre otros aspectos, por su gran actividad convectiva, muy rara en ese mes. 

La fortísima ola de calor de junio -no sólo en España sino también en buena parte de Europa- que batió muchos récords. 

Las temperaturas máximas de julio, de modo que Córdoba alcanzó la máxima absoluta nacional con 46,9ºC el día 13 de ese mes. 

Un nuevo episodio de altas temperaturas a primeros de agosto que afectó al área mediterránea con la aparición de algunos fenómenos locales que intensificaron más si cabe el efecto de la propia entrada cálida. Fue muy destacable en esta situación la gran extensión meridional de la estrecha vaguada en cuya zona delantera se produjo la advección cálida. 

Y, para finalizar, en octubre nos sorprendió la trayectoria del huracán "Ophelia" pero sobre todo su mantenimiento como tal huracán hasta latitudes muy elevadas así como su posible relación, más o menos directa, con los fortísimos incendios forestales que se registraron coincidiendo con su paso -aunque a cierta distancia- en Portugal y Galicia.

 Qué interesante sería que se llevaran a cabo estudios de atribución para éstas u otras de las situaciones meteorológicas adversas que afecten a España. Soy consciente de que hay dificultades: a las crónicas escaseces de recursos humanos y económicos para la investigación se une una cierta prevención por parte de algunos científicos en relación con los estudios de atribución, sobre todo por lo que se refiere a las precipitaciones. Además es verdad que esos estudios no permiten afirmar de forma categórica -aunque en algunas de las conclusiones a las que me he referido más arriba parece que sí- que un fenómeno concreto no habría sucedido si no existiera el calentamiento global. Sin embargo sí es posible expresar la mayor o menor probabilidad de que un fenómeno pueda tener relación directa. Pues perfecto, si esa es la mayor verdad científica que puede establecerse en una naturaleza tan compleja, es una riqueza y una oportunidad que no podemos dejar de lado. Avancemos  y conozcamos mejor nuestro clima y su evolución.