9 de marzo de 2014

¿Vuelve marzo "el rabo"?

Tras la continua presión a la que nos ha sometido la atmósfera -y mas aún el océano- desde los últimos días de diciembre hasta los primeros de marzo, todos, -hasta los que como yo mismo nos gusta, o al menos no hacemos asco, al "mal tiempo", hemos agradecido la aparición de una dorsal anticiclónica que nos permitiera olvidarnos de paraguas, vientos y desagradables sensaciones térmicas. El cambio en la circulación atmosférica pasando de una circulación zonal a otra de carácter más meridiano ha sido espectacular y espectacular también el cambio de tiempo. De momento se cumplen esos refranes que afirman que marzo suele ser bastante distinto a febrero. Sin embargo, hay otro refrán muy interesante sobre marzo que conviene tener muy en cuenta y que dice así:

Cuando marzo vuelve el rabo, no deja oveja con pelleja ni pastor deszamarrado

o, de una forma un poco mas comprensible para los ciudadanos "urbanos":

Cuando marzo vuelve el rabo, queda invierno para rato

Como es lógico se refiere a las posibilidades de una vuelta atrás hacia el invierno, ahora que la primavera ya empieza a despertar por todas partes, con la posibilidad de heladas, vientos fríos o incluso alguna nevada. Desde el punto de vista meteorológico, esa "vuelta de rabo" suele consistir en la entrada de una masa de aire frío desde Europa central u oriental impulsada por vientos del nordeste. El origen de esta situación es la inclinación de una dorsal anticiclónica establecida sobre Europa occidental cuyo eje pasa de tener orientación norte-sur a  otra nordeste-suroeste o incluso este-oeste; es lo que se suele denominar como retrogresión. Si, al "tumbarse", la dorsal queda al norte de la Península Ibérica, suele aparecer entonces una borrasca en el sur o sureste peninsular, situación que puede dar algunas lluvias fuertes en el litoral mediterráneo o incluso en el tercio oriental peninsular que pueden llegar a alcanzar, sin mucha intensidad, la zona centro. En zonas altas esa precipitación puede ser de nieve aunque en general la nieve marcelina del refranero no suele ser abundante ni duradera. Tras esa borrasca las alternativas suelen ser dos:  o bien la dorsal se restablece de nuevo o entra algún temporal breve de Poniente o del Suroeste.

¿Es ésta la situación actual? Pues en su primera parte parece que sí, como muestran los mapas siguientes: 

Análisis de la topografía de geopotencial de 500 hPa y temperatura de 850 hPa a las 00 UTC del domingo 9 de marzo. La dorsal comienza a inclinarse hacia el este.

Igual que el mapa anterior pero previsto para las 00UTC del jueves 13 de marzo. Aparece una DANA sobre el golfo de Cadiz que se ha trasladado ahí desde el sureste penínsular. Obsérvese el cambio de orientación del eje de la dorsal

Puede verse como en 72-96 horas la dorsal se "ha tumbado" y ha aparecido una DANA (porque no parece que vaya a aparecer una circulación ciclónica cerrada bajo ella) sobre el golfo de Cádiz que se ha desplazado desde el sur de Baleares donde parece que se forma hacia el martes. Ello, probablemente dará lugar a lluvias, a veces algo intensas, a partir del martes o miércoles en el sureste peninsular.

A partir del jueves, el modelo GFS discrepa de el del Centro Europeo. En la visión de éste último, la dorsal se reconstruye sobre la Península Ibérica; por su parte, el GFS cierra una vaguada atlántica al sur de las Islas Británicas y acaba enviando una borrasca fría sobre nosotros para el próximo fin de semana; si fuera así, marzo volvería aún más el rabo. Aunque personalmente tiendo a dar mas credibilidad al Centro Europeo, la forma ortodoxa de realizar una predicción seria de esta situación es hacerla mediante el uso de los modelos probabilistas. Vamos a verlo con los pocos productos de este tipo que "libera" el Centro Europeo en la  red. 

Para la mediaoche del viernes no hay grandes incertezas en nuestra zona salvo en relación con la ubicación exacta de la DANA y la dorsal. Sin embargo las dudas son grandes en relación con el máximo de viento del chorro polar que aparece un poco al sur de Groenlandia y que va a tener la clave del comportamiento de la vaguada que ahí se está formando y que, según el GFS, nos afectaría a partir del sábado.

Veinticuatro horas después, madrugada del domingo, las probabilidades de que la vaguada atlántica, que ahora está según el modelo determinista sobre el mar del Norte, nos pudiera afectar son reducidas.

Y para la madrugada del domingo, el Centro Europeo parece apostar por el restablecimiento de la dorsal, si bien la posibilidad de una entrada algo fría sobre el Mediterráneo existe.

Como puede verse, la incerteza sobre el comportamiento de esa vaguada atlántica es bastante grande y en cualquier caso, la probabilidad de que pudiera afectar a la Península es pequeña, aunque existe. Si bien no puedo presentar mapas similares del modelo GFS, según alguno de sus diagramas que he podido ver, las dudas que tiene sobre la posible profundización hacia el sur de la vaguada son también bastante grandes. Por tanto no se puede apostar mucho por ella. Así que, por el momento, sí: Marzo vuelve el rabo...pero no demasiado.

En cualquier caso entramos ya en la temporada en la que la atmósfera es menos previsible y en la que la predicción probabilista se hace más necesaria que nunca si se quiere prestar el mejor servicio al público. ¿Por qué sigue manteniendo el el Centro Europeo su política de no hacer más asequible y popular la predicción probabilista -que tanto esfuerzo humano y económico requiere por parte del ciudadano europeo- liberalizándola e incluso asesorando en su uso? 

17 de febrero de 2014

Inviernos lluviosos y Oscilación del Atlántico Norte (NAO): ¿Una excepción?


La insólita situación de continuados e intensos temporales atlánticos que hemos vivido desde mediados de diciembre hasta ahora, parece que va llegando a su fin a medida que la configuración del chorro polar va haciéndose más ondulada. Es una situación que por su singularidad e importancia va a dar lugar a múltiples estudios científicos. Incluso, en un alarde de rapidez y eficacia, ya ha aparecido uno de ellos de gran calidad, publicado por el Meteorological Office británico y al que me referí en la anterior entrada del blog.

En relación con esta situación tuve hace unos pocos días una interesante charla con Ricardo García Herrera, del Departamento de Ciencias de la Atmósfera de la Universidad Complutense. Entre los distintos temas que tocamos hay uno muy significativo en relación con el uso de los índices de teleconexión y que se suscita al estudiar este periodo. Lo resumo a continuación.

Según el glosario de la American Meteorological Society (AMS), se entiende por teleconexión la relación entre los cambios de tiempo que ocurren en regiones separadas del globo, o bien una correlación significativa (positiva o negativa) en las fluctuaciones que tienen lugar en puntos muy distantes de un campo. En general, se suele aplicar a escalas mensuales o superiores y su nombre alude al hecho de que las correlaciones sugieren que la información se propaga entre puntos distantes a través de la atmósfera. En los últimos treinta años el uso de los índices de teleconexión se ha generalizado en estudios de variabilidad climática, tanto del periodo observacional como es escenarios de cambio climático. Desde la perspectiva paleoclimática también se han dedicado muchos esfuerzos a reconstruir el comportamiento de estos índices mediante proxies. (datos no climáticos pero muy relacionados con ellos y que sirven para estudiar el clima mas allá del periodo instrumental)

La influencia de las teleconexiones en el clima peninsular está muy documentada a través de numerosos estudios. El patrón que más influye es la Oscilación del Atlántico Norte (NAO en sus siglas en inglés), seguida por los patrones del Atlántico Oriental (EA) y Escandinavo (SCAN). La variable más correlacionada con los mismos es la precipitación invernal, de tal manera  que, por ejemplo, en el caso de la NAO, la precipitación de la fachada oeste peninsular presenta una correlación negativa con máximo en Extremadura y que va disminuyendo a medida que nos desplazamos hacia el norte. Esto indica que, en general, los inviernos muy lluviosos en esta zona están asociados a valores de NAO negativos. Sin embargo, este año resulta una excepción, tal y como puede verse en la figura obtenida del Climate Prediction Center de NOAA. Desde principios de noviembre la NAO se encuentra en una fase positiva o neutral. Sin embargo nos encontramos en un invierno muy húmedo en la vertiente Atlántica al menos desde mediados de diciembre hasta la fecha. 
Evolución índice NAO (CDC/NOAA)

La razón de esta discrepancia se puede ver en la siguiente figura, donde se representa la anomalía de presión en superficie del 20 de diciembre al 9 de febrero. Se puede comprobar que no se detecta el habitual dipolo entre Islandia y las Azores, característico de la NAO negativa.

En su lugar nos encontramos con una anomalía fuertemente negativa en el Atlántico frente a las costas de Irlanda, asociada a las trayectorias de las borrascas que han afectado sobre todo a Gran Bretaña y han dado lugar a las precipitaciones peninsulares. Del mapa de porcentaje de precipitación acumulada respecto a la normal de AEMET se observa que la relación NAO-precipitación es mas o menos la esperada en el sur de Extremadura y Huelva, donde las precipitaciones están en el entorno del 50-75%, mientras que en el resto de la vertiente Atlántica, y sobre todo en la Meseta, la precipitación es mucho mayor que lo que cabría esperar con los valores de NAO registrados. 



A la vista de ello, cabe pensar que, si bien las teleconexiones son una buena herramienta para explicar la variabilidad climática, conviene usarlas con cautela. Es una obviedad, pero muchas veces se olvida, que explican un porcentaje de la variabilidad, pero nunca lo pueden explicar todo. Esta situación así nos lo demuestra y nos invita a contemplarlas siempre en un contexto mas global de la circulación atmosférica.

10 de febrero de 2014

Invierno de borrascas y temporales: Un primer estudio de sus causas


En la anterior entrada del blog me ocupaba del atípico invierno que estamos teniendo, ya que desde mediados-finales de diciembre se ha desarrollado en el Atlántico norte una gran actividad ciclogenética -que todavía dura- y que ha dado lugar a una continua generación de borrascas, muchas de ellas procedentes de ciclogénesis explosivas. Ello ha provocado grandes temporales marítimos en las Islas Británicas, Francia, España y Portugal y abundantes precipitaciones, sobre todo en las Islas Británicas donde se han batido récords absolutos y se han producido diversas inundaciones. En cualquier caso, lo mas llamativo de esta situación no es tanto el elevado número de borrascas, que también, sino la desusada intensidad de la mayoría de ellas, algo que no se recordaba ni por las gentes de la mar ni por los propios meteorólogos.

También en mi anterior entrada adelantaba cuales podían ser a mi juicio algunas de las causas que podían haber dado lugar a esta gran actividad atmosférica y apuntaba básicamente a tres: la presencia continuada de un enérgico y casi rectilíneo chorro polar con gran potencial ciclogenético si en las capas bajas se daban las condiciones adecuadas, la presencia de una anomalía cálida en las aguas del  Atlántico, procedente al menos en parte de la energía no disipada este año por los ciclones tropicales y las descargas de aire polar hacia Canadá y Norteamérica. Apuntaba también a que habría que esperar a los diversos estudios científicos para conocer con mas seguridad y fundamento estas posibles causas.

Y mientras pensaba que estos estudios aún tardarían varios meses en aparecer, me ha sorprendido gratamente la publicación ya de un primer estudio realizado en Gran Bretaña por el Servicio Meteorólogico británico (Met Office) y el Centre for Ecology&Hidrology (CEH). Se refiere en principio a las borrascas e inundaciones que han afectado a este país pero, al estudiarlas de forma global, sirve también como una primera explicación aproximativa a la evolución desarrollada en todo el Atlántico, la misma que ha afectado a la Península Ibérica. El estudio sorprende por su amplitud y meticulosidad, sobre todo al estar realizado en tan poco tiempo, y recomiendo su lectura cuidadosa a quienes estén interesados de profundizar en el tema. Por mi parte, voy a intentar resumir algunas de sus conclusiones mas significativas.






La causa básica que el estudio identifica  como origen directo de esta actividad es el marcado y rectilíneo chorro polar a que antes hacía referencia, y al que estima un treinta por ciento mas intenso de lo que sería climatológicamente normal. Hace hincapié también en la importancia de la anomalía cálida de las aguas del Atlántico subtropical y su indispensable papel para el suministro de energía  para el desarrollo de las perturbaciones ciclónicas inducidas o "sembradas" por el chorro. No relaciona específicamente esta anomalía cálida con la escasez de ciclones tropicales, sino que la considera mas bien como un fenómeno de una extensión temporal bastante mas amplia. También apunta al papel que puede haber jugado el contraste entre las aguas atlánticas subtropicales y las del Atlántico nororoccidental enfriadas por las intensas descargas polares que tuvieron lugar en esas zonas.

En cualquier caso, el núcleo del estudio está dedicado a investigar las razones de este atípico chorro. El origen parece encontrarse en el océano Pacífico en donde unas condiciones, en algunos aspectos parecidos a los provocados por el fenómeno de "La Niña", provocaron ya en diciembre-enero una bifurcación del chorro sobre el Pacífico de modo que la rama norte desarrolló una gran dorsal al oeste de Estados Unidos y a su vez una profunda vaguada corriente abajo, que fue la que provocó las sucesivas invasiones de aire gélido sobre la mitad oriental de Norteamérica. Por su parte, una más débil rama sur dio lugar a un tiempo bastante inestable sobre zonas del Pacífico. Después, las dos ramas de ese chorro confluyeron al pasar sobre Norteámerica y reforzaron el chorro polar atlántico

El estudio identifica también otras dos posibles causas para el reforzamiento de este chorro. Una, el aumento de gradiente producido por las descargas del aire ártico hacia el Atlántico y otra, la posible relación de esa intensificación con la QBO (Quasi Biennial Oscillation). Se trata de una circulación de la estratosfera tropical que suele cambiar cada dos años mas o menos, pasando a tener sus vientos dirección oeste-este a este-oeste. Parece que, como cuando ahora ocurre, estamos en una fase oeste-este, se produce a su vez un reforzamiento del ya conocido (quizás malamente conocido) vórtice polar, lo que a su vez refuerza al chorro polar atlántico. 

Estas dos serían pues las tres razones que justificarían esa mayor energía de este chorro invernal y su alto poder ciclogenético. Además, el trabajo también aborda la posible relación de este fenómeno con el cambio climático. A falta de llevar a cabo estudios mas detallados mediante las técnicas de atribución -a las que ya me he referido alguna vez-, no hace ninguna afirmación concluyente, pero si apunta a que la mayor intensidad tanto de las precipitaciones como de las borrascas, así como la dirección de estas más en sentido suroeste-nordeste que oeste-este, va en la línea de lo apuntado por las proyecciones climáticas. Y no deja de señalar tampoco, sin abundar mas en ello, la subida del nivel del mar que se está produciendo en las costas británicas.

En  resumen, un trabajo realmente interesante que va a ser el primero de muchos de ellos y que de nuevo nos manifiesta la complejidad de la interacción atmósfera-océano y como sus aparentemente distintas y separadas evoluciones están siempre conectadas de una u otra forma. De alguna manera responde a nuestra pregunta de por qué está pasando todo ésto...aunque me imagino que mas de un lector ya se está interrogando...¿Y por qué se bifurcó el chorro del Pacífico? Pues parece estar relacionado a su vez con la fase negativa de la Oscilación Decadal Pacífica (PDA), que provoca anomalías positivas de temperatura en amplias zonas de ese océano...algo que, a su vez, parece estar detrás de la actual pausa en la subida de las temperaturas en el proceso del calentamiento global. ¡Realmente el puzzle es complejo y retador!

N/B Es de justicia reconocer, y me complace mucho señalarlo, que la hipótesis de la posible influencia de la QBO sobre el vórtice polar y el reforzamiento del chorro Atlántico ya la había planteado como comentario a mi entrada anterior nuestra querida amiga  y seguidora Empar Landete ¡Estupendo Empar!

4 de febrero de 2014

Cuando las ciclogénesis explosivas son noticia diaria...o dejan de serlo

Con alguna frecuencia me he ocupado en este blog de las ciclogénesis explosivas y de su fuerte impacto mediático desde aquella y trágica inundación de Badajoz en noviembre del 1997  provocada por una borrasca en pleno proceso de profundización por este mecanismo. A partir de entonces ha surgido de vez en cuando la noticia de alguna que otra "ciclogénesis explosiva" y, debido por una parte  a su denominación, por otra a su relativa rareza y, sobre todo, por su potencial peligrosidad, siempre ha sido noticia en los medios. 

Fue a finales del pasado mes de diciembre cuando un nuevo fenómeno de este tipo volvió a ser noticia al tiempo que  abría, o al menos intensificaba, un periodo fuerte actividad ciclogénetica en el Atlántico norte, que se ha extendido durante todo el mes de enero y continúa ahora, a principios de febrero, todavía con gran vigor. Durante este periodo se han desarrollado mas borrascas por este mecanismo "explosivo" pero, bien sea por su repetitividad o por la importancia de los temporales marítimos a que han dado lugar, han dejado al menos por ahora de ser noticia en sí mismas.

Durante esta semana los modelos nos muestran el desarrollo de tres nuevas borrascas que van a afectar a la Península Ibérica de forma mas o menos directa, pero siempre con fuerte impacto de vientos, lluvias y de nuevos temporales en la mar. Las tres están siendo,  o van a ser, producto de nuevas ciclogénesis explosivas. Podemos seguir su desarrollo a continuación mediante los mapas previstos de superficie del Met. Office británico.


En este primer mapa previsto para mediodía de hoy martes, se aprecia la profunda borrasca que ya afecta a Galicia y que ha sido producto de una "ciclogénesis explosiva", es decir, que se ha profundizado 24 hPa o más en 24 horas. En el ángulo inferior izquierdo aparece otra borrasca naciente con unos 1007 hPa en su centro a la que vamos a seguir su evolución en el mapa siguiente:



En este nuevo mapa previsto para 24 horas después del anterior, esa nueva borrasca se ha profundizado también con gran rapidez encontrándose ya en la zona de Azores. La presión en su centro es de unos 980 hPa, es decir se ha profundizado unos 27 hPa en 24 horas: nuevo proceso de ciclogénesis explosiva.



24 horas mas tarde, a mediodía del próximo jueves, la borrasca que venimos siguiendo afecta ya de nuevo a la Península y sobre todo a Galicia. Ha cesado ya su proceso de profundización, es decir ya no actúa el mecanismo de la ciclogénesis explosiva, pero sigue siendo muy intensa. De nuevo vemos aparecer en el ángulo inferior izquierdo una nueva borrasca, ya bastante desarrollada. Veamos que hace en el mapa siguiente:



Pues aquí está de nuevo en pleno Atlántico a mediodía del próximo viernes. Se ha profundizado unos 28 hPa en 24 horas: otra ciclógenesis explosiva más en marcha. En principio no aparece ninguna nueva borrasca más al oeste. Los modelos de medio plazo tienden a indicar que las condiciones propicias para que continúe la formación de nuevas borrascas pero al parecer con una trayectoria mas septentrional.

Lo que me llama la atención de esta situación, que se prolonga ya más de un mes, no es tanto la abundancia de borrascas, porque en los temporales atlánticos de los años 70 y 80 el desfile de borrascas atlánticas sobre la Península era casi ininterrumpido, como también creo que ocurrió en el invierno 2009-10, sino su intensidad mediante sucesivos procesos de ciclogénesis explosivas o casi. Ello quiere decir que las condiciones básicas para su aparición se mantienen en el tiempo: un chorro polar potente sobre las zonas de mayor contraste entre las masas de aire polar y subtropical como "motor" de formación y desarrollo y un adecuado suministro energético para ese "motor" a través de una buena reserva de calor en las aguas atlánticas subtropicales. 

No sabremos exactamente las causas que han conducido a ello hasta que no se publiquen los estudios científicos correspondientes. ¿Tiene que ver la casi total ausencia de ciclones tropicales este año en el Atlántico? ¿Están influyendo las fuertes descargas frías sobre Norteamérica? ¿Qué mecanismo está dando lugar a un chorro tan rectílineo e intenso como el actual? Entre la atmósfera y el oceano todo está relacionado. Falta saber en qué proporción en este caso.

2 de febrero de 2014

¿Plora la Candelaria?

Hoy 2 de febrero, día de la Candelaria, muchas personas habrán recordado uno de los refranes más conocidos de la meteorología popular:


Si la Candelaria plora, invierno fora; si no plora, ni dentro ni fora; y si ríe o hace viento, invierno dentro 

y seguro que habrán pensado que, al no estar lloviendo hoy en la mayor parte de España, y si la meteorología popular tiene razón, no podría aún darse por acabado este invierno que, si bien está resultando lluvioso, ventoso y con grandes temporales marítimos, no ha dado lugar, al menos hasta ahora, a ninguna situación seria de frío ni de heladas importantes. Esa idea de que aún no podría estar acabado, queda reforzada por este otro refrán:

Lo opuesto al mes de enero ha de ser el de febrero

...pero, quizás hay matices que hay que tener en cuenta. Según los expertos en meteorología popular, aunque los refranes hablen de un día concreto, generalmente se refieren a un periodo de algunos días alrededor de aquel del que se habla. Y parece claro que, en estos primeros días de febrero, está la clave de la pervivencia o de la finalización de lo mas duro del invierno. Ello es así en muy distintas culturas,  y no cabe sino recordar la tradición norteamericana del "Día de la marmota", que también tiene lugar por estas fechas, y en la que parece que si la marmota en cuestión -y algunos otros animales- salen de su cubículo y ven sol, vuelven al interior del mismo porque entienden que el invierno aún no ha acabado. En el fondo, lo que parece haber tras estos refranes y tradiciones es que, si en estas fechas de febrero predominan ya los temporales de Poniente, es difícil que mas adelante se produzcan olas de frío importantes...

Si lo vemos desde esa visión de periodo más que de día concreto, este final de enero y comienzo de febrero alrededor de la Candelaria, está plorando en muchas zonas de España. Llevamos un mes de enero mas bien lluvioso, excepto en el área mediterránea y los modelos de medio plazo apuntan de momento en la línea del refrán, es decir hacia un reforzamiento de los temporales de Poniente sobre la vertiente atlántica, con una trayectoria del chorro algo más baja y por tanto llegándonos las borrascas de forma mas directa de como lo hicieron durante el mes mas pasado en el que su trayectoria iba algo más al norte. 

Mapa previsto de superficie para el miércoles de la próxima semana (Met. Office, UK)


Por tanto, y con bastante probabilidad, al menos durante los próximos ocho dias parece que el invierno no va a atacar, al menos desde el frío. ¿Se mantendrá así hasta el fin de febrero? Veremos qué refrán tiene razón. No olvidemos en cualquier caso la fama de loco, voluble y un  punto "traicionerillo" de este mes:

Febrerillo el loco, sus días 28; sacó a su padre al sol y después lo apedreó

De momento, los "golpes" nos pueden venir mas bien por lluvias, alguna aparición de la nieve sin gran importancia, vientos y sobre todo por la continuación de los fuertes temporales marítimos. ¿Todo el mes? Veremos.

31 de enero de 2014

Noticia de enero

Finaliza enero y es un buen momento de revisar lo que ha sido noticia durante este mes desde el punto de vista meteorológico. A mi modo de ver destacan las singularidades acaecidas en muchas áreas del hemisferio norte; situaciones aparentemente inconexas pero unidas por un tipo concreto de circulación atmosférica que las explica....Aunque, quizás, lo más difícil de explicar sea por qué ha predominado esa circulación y no otra.

La circulación atmosférica a gran escala de enero se ha caracterizado por la persistencia de una estructura de ondas atmosféricas bastante repetitiva que ha originado un enero muy suave en Europa occidental y grandes contrastes en Norteámerica entre las fuertes olas de frío en su mitad occidental, la continuación de una gran sequía en California y las temperaturas inusualmente altas en Alaska, donde además, la nieve típica de la época, ha sido sustituida por la lluvia en muchas zonas. 

Para comprender un poco mejor como todo ello no son sino facetas de una misma estructura global, vamos a comentar el mapa que muestro a continuación. Es un análisis de la topografía de 500 hPa y de la temperatura de 850 hPa en el hemisferio norte correspondiente al 21 de este mes. Aunque es de un día concreto la he elegido porque es una muestra bastante representativa del esquema básico de circulación  que ha predominado a lo largo de todo el mes en el hemisferio norte.

Topografía del geopotencial de 500 hPa y de la temperatura de 850 hPa de todo el hemisferio norte correspondiente al 21 de enero de 2014 elaborada por el Centro Europeo de Predicción a Plazo Medio. Muestra una configuración bastante representativa de la que ha predominado a lo largo de todo el mes

En el mapa puede verse la ubicación de las grandes ondas de Rossby formadas por el chorro polar estableciendo la separación entre las masas frías de las latitudes septentrionales y las más cálidas meridionales. En las zonas delanteras y traseras de cada vaguada el aire cálido se expande hacia el norte mientras que en el seno de esas vaguadas es el aire frío el que penetra hacia el sur.

Fijémonos en principio en la importante vaguada sobre la mitad occidental de Estados Unidos en la parte centro-izquierda de la imagen. Aunque no ha estado así todos los días del mes, ha sido la configuración que más ha predominado sobre esa zona. La profundidad de esa vaguada ha conseguido que, en varias ocasiones durante el mes, el aire polar haya encontrado un camino abierto hacia el sur dando lugar a las olas de frío que han afectado a amplias zonas de Norteámerica. En la primera de esas entradas, a principios de mes, se extendió por los medios la noticia de que la causa era la llegada, o incluso la rotura del vórtice polar. Desde mi punto de vista, se utilizó un concepto científico bastante fuera de lugar, lo que creó mas confusión que claridad sobre lo que estaba ocurriendo y que pienso que se explica con mas sencillez de esta forma. 

Indudablemente, tras una vaguada tiene que haber una dorsal. Si observamos de nuevo el mapa vemos esa dorsal extendiéndose sobre el tercio oriental de Norteámerica. La consecuencia inmediata es el tiempo seco en toda esa zona prolongando la sequía que ha afectado con gran intensidad sobre todo al estado de California. Y moviéndonos en esa zona un poco hacia el nordeste vemos como otra vaguada, en este caso menos desarrollada, lleva aire relativamente cálido y húmedo del sur sobre Alaska provocando lluvias en varias de sus zonas.

Y, por supuesto, delante de la vaguada tiene que haber otra dorsal. La que nos interesa ahora se extiende sobre todo el Atlántico norte. En este caso es mas tendida y menos profunda que la estacionada en el oriente de Estados Unidos. Está unida a una zona del chorro polar bastante rectilínea, relativamente alta de latitud para esta época y con suaves ondulaciones en su seno pero que son capaces de inducir un rosario de borrascas en niveles bajos que se dirigen hacia Europa transportando calor y humedad del sur hacia unas zonas donde, por la época del año, debería predominar fundamentalmente el aire polar. Se trata de borrascas muy profundas, acompañadas de vientos muy fuertes, procedentes algunas de ellas de ciclogénesis explosivas -que por su repetición parece que han dejado de ser noticia- y con gran recorrido sobre el océano. Ello que ha facilitado la aparición de grandes oleajes, que incluso han llegado a romper algunos récords de altura de olas en la costa de Galicia. Como ya he comentado en alguna otra ocasión, y aunque no tengo pruebas de que sea así, buena parte de la gran energía de estas borrascas podría proceder de la acumulada en las aguas atlánticas subtropicales durante el verano y casi no consumida por los pocos ciclones tropicales generados este año en esa zona.

Pues bien, esta situación es el origen del enero en general bastante benigno que vive Europa occidental y que, por ejemplo, ha originado en Gran Bretaña una anomalía superior a un grado en las temperaturas asó como el enero mas lluvioso en el centro y sur del país desde 1910. En España, y a falta todavía de los datos oficiales, supongo que la temperatura media habrá estado algo por encima del valor normal y así supongo que también lo estará la precipitación.

Es reseñable que, hasta ahora, no ha habido invasiones significativas de aire siberiano sobre Europa occidental. Una posibilidad para que ello ocurriera, sería que la dorsal atlántica se hiciera más acusada y se moviera hacia Europa occidental al tiempo que  inclinase su eje en dirección nordeste-suroeste, dando lugar a lo que se llama técnicamente una retrogresión, lo que favorecería la llegada del aire frío de Siberia. La meteorología popular afirma que febrero suele ser bastante distinto a enero...En fin, no demos ideas y veamos que nos dice la Candelaria pasado mañana, 2 de febrero. ¿Está fuera el invierno...o todavía no?

8 de enero de 2014

De "Hércules", oleajes, vórtices polares...

Estos días están siendo noticia diversos fenómenos atmosféricos y sus repercusiones en mar y tierra. Como suele suceder en estos casos, aparecen frecuentemente errores y exageraciones y, como no, surge la posible relación de todo ello con el proceso de calentamiento global, ya también bastante discutido en los últimos tiempos.

En España, tras el revuelo provocado por las ciclogénesis explosivas ocurridas muy lejos de nosotros y a las que ya me referí en una anterior entrada, ha sido noticia el gran oleaje registrado en las costas gallegas y cantábricas por una fortísima mar, en buena medida de fondo, provocada por una gran borrasca situada muy lejos de nosotros, pero ubicada de tal manera que el oleaje que provocaban sus vientos tenía un gran recorrido sobre el mar abierto, desarrollándose más y llegando a nuestras costas con grandes alturas. Pues bien, esta borrasca no era sino la evolución de la que se dio en llamar en Estados Unidos "tormenta Hércules" y que originó un gran temporal de nieve en la zona oriental de Estados Unidos. En realidad ni era "tormenta" -hay que recordar que en castellano "storm" es "borrasca" y no "tormenta"- ni se llamaba oficialmente "Hércules" que es sólo un nombre dado por la empresa "Weather Channel" de forma totalmente unilateral sin el respaldo de las instituciones meteorológicas oficiales.

Topografía de 500 hPa del 3 de enero a las 12UTC (ECMWF). Sobre la costa oriental de Estados Unidos puede verse la  vaguada que daba soporte a la profunda borrasca de superficie denominada "Hércules" situada en la zona delantera de la misma. Obsérvese en colores azules y morados la entrada de aire polar que contribuía a la intensidad de la perturbación.  Hacia el extremo noroccidental de Cánada puede verse otra importante masa fría que es la que, dos o tres dias después, da lugar a la gran ola de frío en Estados Unidos. Ambas masas forman parte del llamado "vórtice polar"

Pues bien, todo lo descrito no son sino distintas manifestaciones de un mismo hecho: la gran actividad ciclogénetica - es decir, de creación de borrascas- que está desarrollándose esta temporada en el Océano Atlántico. Es normal que a final del otoño y durante el invierno aparezcan algunas borrascas muy profundas pero, el gran número de las de esta temporada y su marcada intensidad, está por encima de los valores que podrían considerarse normales. Como ya he expresado en alguna otra ocasión, intuyo que ello está relacionado con la casi ausencia de ciclones tropicales en el Atlántico en la temporada de este año. Esta circunstancia puede haber dejado sin gastar una gran cantidad de energía acumulada en el océano que ahora está disponible para alimentar a estas borrascas que, en otro caso, seguramente habrían sido menos en número y también menos intensas. Indudablemente, si a ello se une un fuerte contraste entre las masas de aire que pone en juego la incipiente borrasca, la intensidad es aún mayor. Eso sucedió en la generación de "Hércules" donde la masa aérea procedente del norte era ya muy fría como un adelanto de lo que iba a suceder dos o tres días después.

Mismo mapa que el anterior pero ahora correspondiente a las 12 UTC del 6 de enero. Se observa en colores oscuros la profunda penetración de una parte del aire ligado al vórtice polar sobre Estados Unidos en el seno de una marcadísima vaguada del chorro polar. La que sustentaba a la borrasca "Hércules" es la que ahora se encuentra en el ángulo superior derecho de la imagen.

Efectivamente, a partir del día 5 una gran ola de frío se ha abatido sobre la mayor parte de Estados Unidos provocando las temperaturas mas bajas de, al menos, los últimos veinte años. Rápidamente saltó a los medios el nombre del "culpable": la llegada del "vórtice polar", al que algunos medios incluso han llegado a llamar el "huracán polar". Aunque lo de "vórtice polar" se ha extendido por todo el mundo causando cierto revuelo no hay nada de nuevo en este fenómeno. Se trata de una circulación ciclónica (es decir de vientos circulando en sentido contrario a las agujas del reloj en el hemisferio norte) centrada en las regiones polares, rodeándolas,  y que se extiende desde la troposfera media hasta la estratosfera. (Véase aquí la definición de la American Meteorological Society en 1959) En el caso del hemisferio norte, el "vórtice" desde un punto de vista climatológico, suele tener dos centros bien marcados: uno sobre la Tierra de Baffin y otro sobre la zona oriental de Siberia, y en ellos se concentra aire extraordinariamente frío. Este "vórtice" está contenido por el chorro polar que, en el hemisferio norte discurre al sur de él. Cuando este chorro presenta grandes ondulaciones y una de ellas afecta a alguno de estos centros, éste encuentra su camino abierto hacia el sur, al fondo de esa vaguada de la circulación general y causa estas abruptas irrupciones frías. En Norteamérica el causante suele ser el citado centro de la Tierra de Baffin o zonas cercanas y en Europa es el de Siberia. Ese aire frío que afecta con cierta frecuencia a la Europa oriental y central puede llegar incluso a España -recordemos las veces que se ha hablado del "expreso siberiano"- sobre todo cuando hay fenómenos de retrogresión y una gran vaguada del chorro se orienta en dirección nordeste-suroeste. 

Como no puede ser menos, esta sucesión de fenómenos extremos -no olvidemos la tremenda ola de calor de Argentina o el año más cálido en Australia desde que hay registros- lleva a la típica pregunta de si todo ello está relacionado con el cambio climático.  Aunque no es el momento de extenderme mucho sobre ello, lo que si puedo decir es que, en su gran mayoría, están relacionados con corrientes en chorro bastante onduladas y que cada vez surgen mas estudios que señalan que un calentamiento de los polos conducen a chorros cada vez mas ondulados. Puede argüirse que, este año, el anómalo calentamiento del Ártico ha disminuido y que el comportamiento de la Antártida sigue sin estar claro en absoluto. Junto a ello están las investigaciones -aquí puede verse una interesante muestra de hace muy pocos días- sobre el papel de la acumulación de energía por parte de los océanos o, también, de la posible estructura de lo que denominamos "variabilidad natural" en el comportamiento de océanos y atmósfera y su interacción con la acción antropogénica. Sobre ello este otro artículo es una muestra interesante. Se trata de un puzzle extraordinariamente difícil pero estas son las piezas que tenemos y seguro que saldrán otras. Hay que avanzar sin tener toda la información y eso nos va a pasar siempre. En la relativa oscuridad creo que la vía a seguir es la que genere un mayor consenso científico.