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6 de febrero de 2015

¿Ola de frío...o temporal de nieve, viento y frío?

Si bien durante estos días hemos venido hablando de ola de frío -y seguramente los datos confirmarán que así ha sido- para denominar a la situación atmosférica que nos está afectando, y a la que me referí en una entrada anterior,  parece que la expresión temporal de nieve, viento y frío, aunque no sea muy ortodoxa,  puede reflejar mejor la situación que estamos viviendo, dada la gran incidencia y protagonismo que están teniendo las intensas y extensas nevadas y también el viento en la mitad norte del país y en Baleares. 

La playa de San Lorenzo, en Gijón, cubierta de nieve


Las nevadas han sido especialmente intensas en la Cordillera Cantábrica y zonas limítrofes. En la imagen una pareja de locomotoras diesel en la estación de Busdongo, junto al puerto de Pajares

Nevadas que, en expresión de muchos de los afectados, han sido "como las de antes" y es verdad que algunas imágenes nos recuerdan a los que ya tenemos una edad aquellas otras que reflejaban los NO-DOs de las décadas de los 50 y 60.

Si en otra entrada de este blog describía el modelo sinóptico o conceptual de una situación de ola de frío por entrada de viento del nordeste, pienso que esta situación no se ha ajustado del todo a ese tipo, de ahí que me cueste denominarla ola de frío a secas. Veamos por qué.

En una situación ideal de este tipo, una gran dorsal anticiclónica atlántica "tumba" su eje norte-sur hasta ponerlo en dirección oeste-este sobre Europa occidental y central, creando  así un alargado anticiclón en superficie y apareciendo al mismo tiempo un amplio seno de bajas presiones sobre gran parte del área mediterránea, muchas veces sin un centro de circulación claramente definido. Entre esos dos centros de acción fluye una corriente de viento del este-nordeste que proviene de zonas de la Europa central y oriental y que, en algunas situaciones concretas, -no ésta, desde luego-, puede llegar desde Siberia. De ahí se acuñó la expresión "frio siberiano" o más coloquialmente "expreso siberiano". Es un viento que trae hasta la Península masas de aire gélido con temperaturas  a unos 1500 metros que pueden llegar a 15 o 16 grados bajo cero, si bien estos valores  tan extremos no suelen sobrepasar los Pirineos. Y digo "no suelen" porque, en la famosa ola de frío de febrero de 1956, la más intensa de la que hasta ahora se tienen registros, esos valores  de 15 o 16 bajo cero llegaron hasta la zona de Teruel. Por otra parte, este tipo de aire es muy seco y sólo cuando hace recorrido marítimo adquiere algo de humedad y origina nevadas allí donde la orografía cercana a la costa le hace ascender. Así puede ocurrir en zonas de Cataluña, norte de la Comunidad Valenciana, alguna vez Baleares y en la Cordillera Cantábrica, sobre todo en su mitad oriental.

Pero en esta ocasión, las nevadas han sido mucho más importantes y. aunque el frío se ha hecho notar claramente -muy potenciada la sensación térmica por el fuerte viento- no ha sido extremo, ya que a esos 1500 metros de altura a que antes me refería no se ha llegado a pasar de 8 o 10 grados bajo cero. Entonces...¿Cual ha sido la diferencia? 

Aunque no he hecho un estudio muy detallado, lo distinto en mi opinión es la aparición de una borrasca en capas bajas en nuestras zonas mediterráneas. En ese proceso de inclinación de la gran dorsal atlántica que comenzó a principios de semana y que no llegó a completarse del todo, estuvo acompañado por la aparición de una borrasca de niveles altos sobre el norte y nordeste peninsular. Y esa borrasca dio lugar a su vez a la formación de otra en las capas bajas, entre Cataluña y Baleares, algo que no es lo más usual en este tipo de procesos. 

Análisis de 500 hPa del modelo del Centro Europeo de las 00 UTC del 4 de febrero. Puede observarse la borrasca de niveles altos sobre el norte peninsular y la débil inclinación del eje de la dorsal anticiclónica atlántica. En los siguientes días no se inclinaría mucho más. Si lo hubiera hecho probablemente habríamos tenido más frío pero menos nevadas

Análisis de superficie del Centro Europeo correspondiente a las 12 UTC del 4 de febrero, 12 horas después del mapa anterior. La borrasca se encuentra sobre Baleares. Hacia ella fluye aire polar marítimo a través del Cantábrico (téngase en cuenta que el viento real se cruza con las isobaras con un cierto ángulo, por tanto sería del norte o nornoroeste). Fluye también hacia ella aire seco y frío desde Centroeuropa. Y, por último, también aire más húmedo y menos frío mediterráneo desde el sur y sureste. Probablemente las precipitaciones se focalizaban más y eran más intensas en las zonas de contacto entre las distintas masas.

Pues bien, la aparición de esta borrasca tan cerca de la Península focalizó mucho el giro de vientos alrededor de ella en el sentido contrario de las agujas del reloj. A mi modo de ver, convergían hacia su centro, como si de un sumidero se tratase, al menos tres masas de aire: Una de carácter polar marítimo, relativamente húmeda y fría, procedente del sur de Escandinavia y Mar del Norte; era arrastrada por vientos del norte que giraban al nornoroeste y noroeste sobre la Península para dirigirse hacia ese centro.  Otra de carácter polar continental, muy fría y más seca, que desde Europa Central -en absoluto desde Siberia- se dirigía hacia el centro de la borrasca como viento del nornordeste, aunque a veces modificado por la orografía. Por fin, la borrasca también succionaba hacia ella, aire mediterráneo más húmedo y relativamente cálido.

Indudablemente entre los límites de estas masas había interacciones y ahí se podrían haber formado una especie de pequeños frentes, o más bien líneas de convergencia, a veces bastantes estacionarias, que potenciaban mucho las nevadas. Mientras unas masas (la polar marítima y la mediterránea) daban la humedad, la polar continental, más fría y densa, probablemente hacía como de cuña para hacerlas ascender, algo que, en su caso, el relieve también ayudaba mucho. A todo ello se unía también la presencia de pequeñas bolsas de aire frío en las capas altas que potenciaba más la inestabilidad. Ese aire frío es el que -creo- que justifica la extensión a "sotavento" de la Cantábrica de las importantes nevadas.

Por tanto, a mi juicio, ha sido la formación de esa borrasca, que ahora se aleja muy desgastada por el Mediterráneo, la que ha impedido seguramente la aparición de una ola de frío clásica -aunque de una forma u otra también ha estado presente- y nos ha dado en cambio este gran y "antiguo" temporal de nieve.

En cuanto a las temperaturas, si bien se han registrado valores bajos, han sido prácticamente los propios de la masa fría, ya que la presencia continuada de viento no ha permitido que la acción del enfriamiento nocturno por radiación hiciera su trabajo. Va a ser ahora, durante las próximas noches despejadas, con el viento en calma y con superficies nevadas, cuando probablemente se alcancen las mínimas más bajas de esta situación.


NOTA:
En cualquier caso ha sido una situación bastante compleja que necesitaría un estudio en profundidad y que, desde luego, no la tengo del todo clara. Probablemente, algunos de los lectores del blog puedan tener una visión distinta o complementaria a la mía. Les invito a compartirla como comentario.

6 comentarios:

  1. Cabe destacar en la situación el importante papel que ha jugado el Cantábrico como "proveedor" de humedad y energía para la generación de las importantes nevadas y también un poco para "desnaturalizar" las masas de aire de procedencia polar-marítima/continental.También yo destacaría,aunque más a nivel sinóptico,la presencia de una importante vaguada planetaria estacionada días y días en el Mediterráneo(ya a finales de enero parecía que algo importante se avecinaba sólo porque debido a la onda aquello era un "coladero" de aire frío y cualquier baja encontraba un terreno propicio para su desarrollo y mantenimiento).Un análisis bastante esclarecedor el tuyo que me recuerda a lo que decía el viejo Petterssen de que para hacer una buena predicción es preciso identificar las distintas masas de aire implicadas y sus probables interacciones.Saludos,Ángel.

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    1. Muchas gracias por tu comentario y aportación Mario. En cualquier caso hay una pieza del puzzle que no me acaba de encajar. ¿Por donde llegó el flujo húmedo al norte de León y de Palencia? Debió ser importante para provocar esos nevazos...No lo acabo de ver remontando la cordillera...¿Entró como noroeste por Galicia...? ¿Cómo lo ves?

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    2. ¿De qué día estaríamos hablando,Ángel(y a ser posible aproximar intervalo horario)?Si sé esto,lo mismo podría bucear buscando algo y a ver si nos convence.

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    3. Pues si tomamos Aguilar de Campoo el día 4 tuvo 25 mm y el día 5, 12. Parece que en ambos días, lo más importante cayó entre 06 y 18.

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  2. Hola, a simple vista la baja situada sobre el Norte del País Vasco y el SW de Francia, creo que puede haber surtido el flujo húmedo al norte de León y de Palencia, y además el potente anticiclón sobre Gran Bretaña ( por su propia dinámica ) haber empujado a que la fuerza de esa baja fuese más fuerte.....

    Es mi opinión, pero yo de meteorología sé poco.... en comparación con vosotros....

    un saludo

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    1. Hola Empar. Sí, lo que nos hacía dudar era ver las grandes cantidades de nieve en áreas "a sotavento" de la cordillera Cantábrica. Sin embargo, he estado mirando el relieve con cierto detalle y me ha resultado muy aclaratorio. En la zona donde han ocurrido las nevadas, la divisoria de la cordillera pasa por el puerto de Pozazal; lo conozco, es un gran páramo a unos 1000 metros de altura donde con frecuencia se han quedado paralizados trenes en la nieve. Reinosa quedaría en su "vertiente norte" a unos 20 km y Aguilar a otros 20 en la sur pero con una pendiente mínima.

      Ante eso, cada vez me creo más que el viento NW/N metió un flujo notable de humedad por ese boquete y la nubosidad creció mucho por la advección de vorticidad de capas altas. Creo que el aparente problema, está resuelto.

      Saludos y muchas gracias!

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