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8 de octubre de 2012

El hombre puso nombre... a las borrascas


Una de las principales empresas norteamericanas de meteorología, “Weather Channel”, ha decidido “bautizar” a las borrascas que puedan originar grandes temporales de lluvia, nieve o frío en Estados Unidos durante el próximo invierno. La decisión ha dado lugar a una fuerte polémica dentro y fuera de Estados Unidos, no exenta en muchas ocasiones de una componente comercial,  en torno a su conveniencia y sobre, hasta que punto, una compañía privada debe llevar a cabo esa iniciativa.

El hecho de poner nombres a algunas perturbaciones atmosféricas no es nuevo. El caso más conocido es el de los ciclones tropicales. Es una práctica que se inició durante la Segunda Guerra Mundial por parte de meteorólogos norteamericanos para facilitar la distinción entre distintas perturbaciones de este tipo y que años mas tarde fue oficializado por la Organización Meteorológica Mundial que desde entonces es la encargada de establecer a nivel mundial las listas de nombres que se utilizaran en la denominación de los ciclones en cualquier parte del mundo. Por su parte, la Universidad Libre de Berlín comenzó en 1954 a dar por su cuenta nombres a borrascas y anticiclones que afectasen a Europa figurando así en los mapas que emiten y siendo seguidos ocasionalmente por algunos Servicios Meteorológicos y de forma mas significativa por medios de comunicación,  sobre todo en situaciones con problemas meteorológicos significativos. A través de este procedimiento cualquier persona que lo desee puede apadrinar y poner su nombre a cualquier borrasca o anticiclón mediante el pago de unos pocos cientos de euros. En cualquier caso, un desarrollo mas amplio de estas cuestiones puede verse en una entrada anterior de este blog

Ejemplo de mapa de superficie elaborado por la Universidad Libre de Berlín con nombres de borrascas  y anticiclones "bautizados" 

El argumento principal que sustenta estas iniciativas es que de este modo las perturbaciones atmosféricas se hacen mas cercanas al público, que a su vez presta mas atención a las informaciones y avisos que se puedan dar sobre ellas facilitando además una mejor “memoria histórica” de las mismas. Weather Channel profundiza en estos razonamientos argumentando que esta práctica puede  ser muy importante de cara a facilitar una mayor cercanía y concienciación del público norteamericano ante situaciones invernales críticas. Sin embargo, otras empresas y meteorólogos norteamericanos discuten seriamente estos planteamientos.

Confieso en que no soy partidario de estas iniciativas pero sobre todo de la forma en que se plantean. Un primer punto de debate es si realmente el “poner nombre” ayuda a conseguir esa mejor información y concienciación o, una vez pasada la novedad, se dejaría de prestar atención a ese nombre y se convertiría en una información inútil. El tema necesitaría un profundo debate entre muchas partes antes de tomar una decisión definitiva.  

En cualquier caso lo que me parece fundamental  es plantearse hasta qué punto una iniciativa de este tipo debe llevarla a cabo una empresa de carácter comercial. Algo así da lugar a muchas dudas y preguntas pero sobre todo a una reflexión fundamental: las perturbaciones atmosféricas no son patrimonio de ningún país concreto y menos de una empresa determinada. Con frecuencia son transnacionales, pueden “nacer” en un sitio y “morir” en otro. De este modo, ¿Se puede “imponer” un nombre a otro país que no tiene porqué aceptarlo pero con los medios de comunicación “empujando” a ello ya que el “nombre” está puesto y difundido previamente por ellos mismos? ¿Qué criterios existen para nombrar a unas borrascas y no a otras? ¿Cuándo comenzar a nombrarlas y cuando dejar de hacerlo? ¿y si esa borrasca sufre una trasformación que la lleva a un estado de mayor o menor riesgo? Y si otra institución u empresa decide nombrarlas de otra manera ¿cómo se manejaría la situación? ¿Y si en Estados Unidos no se coordinan adecuadamente las informaciones del Weather Channel con las del Servicio Meteorológico norteamericano, que no tiene porqué seguir la iniciativa? Y si una borrasca de Estados Unidos se dirige hacia Europa: ¿debe seguirse el nombre dado por “Weather Channel” o  el que le ponga la Universidad Libre de Berlín?

Pienso que una acción de este tipo no es un juego y puede tener múltiples repercusiones nacionales o transnacionales o incluso inconvenientes en relación con tareas de protección civil.  Por tanto, en el caso de que se estimara su oportunidad e interés, debería ser la Organización Meteorológica Mundial la que, al igual que en el caso de los ciclones tropicales, adoptara esta decisión a través del consenso de los Servicios Meteorológicos de todo el mundo y todo ello con criterios perfectamente establecidos y reglamentados.  Es verdad, y ese es el gran problema, que a la OMM le puede llevar años tomar una decisión de este tipo pero el tema ya está ahí en marcha y el debate abierto. Al menos algo debería decir al respecto porque, hoy por hoy, es la única voz autorizada para hacerlo y porque se hace ya necesario que alguna institución internacional se posicione sobre esta práctica que tiende a extenderse sin ninguna coordinación ni control.

1 comentario:

  1. Como decía mi abuela ¿para qué ponerle nombre a los ciclones? ¿para poder echarle maldiciones con su nombre?
    Bueno, aparte de la broma, me encanta leer tus escritos.

    Saludos

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