7 de junio de 2012

De ciencia, comunicación y servicio público


Acabo de asistir a las jornadas sobre “Cambios climáticos bruscos y Comunicación” que, organizadas por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), se han celebrado en el Salón de Actos del Consejo en Madrid en el marco del proyecto científico GRACCIE.

Vaya antes que nada mi felicitación al CSIC y a su estupendo equipo de Comunicación por la organización y realización de las mismas. Me han parecido de todo punto necesarias para ir logrando poco a poco una mejor comprensión entre investigadores y comunicadores sociales. Confío en que, bajo uno u otro marco, sigan celebrándose porque aún queda bastante trabajo por hacer, pero en cualquier caso ha sido muy gratificante ver reunidos a una amplia e importante representación de ambos colectivos compartiendo un claro interés por transmitir mucho mejor a la sociedad los resultados científicos.

Las Jornadas han tenido dos componentes: un conjunto de presentaciones destinadas a informar a los comunicadores sobre la situación actual del cambio climático y de sus impactos en los distintos ecosistemas y por otra parte algunas mesas redondas dedicadas a revisar como transmiten los medios la información sobre cambio climático, la comunicación del cambio climático y catástrofes, la información sobre el cambio climático en nuevos soportes  o el cambio climático en redes sociales. Aunque no asistí a todas las sesiones tengo la sensación de que algunas de las presentaciones se quedaron un poco “altas” para los fines que se perseguían si bien fueron en general muy interesantes. Por lo que se refiere a las mesas redondas me resultaron apasionantes tanto por los temas tratados como por el interesantísimo intercambio de opiniones y puntos de vista.

En el contexto de estas “ruedas” quiero referirme a dos cuestiones que considero de importancia capital. La primera es la tremenda dificultad para que los medios de comunicación difundan informaciones científicas que no den lugar a un titular impactante. Según confiesan los propios periodistas –y sabemos todos los que mínimamente conocemos el tema-  los jefes de redacción o los redactores jefes, presionados por la guerra de audiencias y patrocinadores, solo admiten noticias con titulares impactantes. Desde mi punto de vista esta actitud tiene consecuencias “perversas” de todo tipo más allá de las hipotéticas ganancias de audiencias: no se transmiten informaciones importantes e incluso -bien contadas- de servicio público, se eleva cada vez más el nivel de impacto en el público que se va volviendo más insensible a la “normalidad” o a la sencillez de modo que cada vez necesita más “adrenalina” y, tal como expuso uno de los científicos asistentes, se produce un impacto muy grave en las propias líneas de investigación de los centros ya que se priman investigaciones capaces de generar “titulares” importantes -y por tanto financiación adecuada-  sobre otras de no menor interés pero menos espectaculares.

Si bien esta situación me resulta realmente preocupante puedo llegar, con dificultades, a entenderla en los medios privados pero de ninguna manera en los públicos y menos en Televisión Española en la que debería primar, mucho más aún, el servicio público. Puedo aceptar que algunos temas de carácter científico no los consideren así pero desde luego los temas de cambio climático y los relacionados con una mejor comprensión y utilización de avisos y predicciones meteorológicas lo son en grado sumo… aunque quizás haya que hacérselo ver con más detalle a los responsables. En cualquier caso esta opinión la he expuesto con detalle en mi entrada anterior de este blog y espero que pueda ayudar a una reflexión sobre algo que considero muy grave y preocupante y sobre lo que habrá que seguir insistiendo.

El otro tema al que quiero referirme brevemente es al de la utilización por parte de los científicos de las redes sociales y especialmente twitter. En el debate de la mesa redonda dedicada a este tema quedó patente los escrúpulos de muchos de ellos hacia su utilización debido, según su opinión, a una posible mala comprensión o a un mal uso de las informaciones que allí puedan verterse. Llevo pocos meses en twitter pero mi experiencia es toda la contraria: se trata de una magnífica herramienta de comunicación y de la que, como cualquier herramienta, se puede hacer un buen o mal uso. Twitter fundamentalmente nos redirige a informaciones pero al mismo tiempo nos obliga a sintetizar la esencia de aquello que queremos que capte la atención  de los que nos leen; ello nos obliga a un más que recomendable esfuerzo de síntesis.  Creo sinceramente que aquellas personas, no sólo científicos, con ideas claras y bien documentadas no deben tener ninguna prevención ni temor hacia las redes sociales sino todo lo contrario: felicitarse por disponer de una herramienta de comunicación que hasta hace poco sólo figuraba en nuestros sueños.

Pienso que debemos hacer todos un esfuerzo por devolver a la sociedad de forma aumentada y mejorada todos los costosos recursos que invierte en investigación, tecnología y comunicación y que pueden contribuir a una vida mas justa y equilibrada.  Insisto que para mí esto es irrenunciable en los medios públicos mientras que los privados tendrían que echar quizás un poco mas de imaginación para llegar a una armonía entre sus intereses y los generales e irrenunciables de las sociedad. Esos que, desgraciadamente, estamos empezando a perder.

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