1 de enero de 2015

Visión de enero



Con este fragmento del capítulo dedicado a enero, de mi libro Meses y Tiempos, quiero felicitar el año a todos los lectores de este blog y desearles todo lo mejor en lo personal, profesional...y en su afición meteorológica.
                                                 

               
               Los jardines se mueren de frío;
               en sus largos caminos desiertos
               no hay rosales cubiertos de rosas,
               no hay sonrisas, suspiros ni besos. 

                                                         Juan Ramón Jiménez: Las tardes de enero


Imagen: Mariana

Enero es el invierno profundo, el  mes más frío del calendario, si bien los días se van alargando de forma que, de principio a fin, se gana casi una hora de luz solar. Es un frío que hace reposar a la Naturaleza al tiempo que la prepara para empezar a recibir, muy poco a poco, una mayor energía solar que la haga despertar. Por eso, el saber popular quiere a enero, tranquilo, sereno, frío:

Enero es claro y heladero

o

En enero, el mejor sol, el brasero

Todo va bien cuando:

Diciembre mojado y enero bien helado

Y con toda rotundidad:

Para que el año sea bueno, enero claro y sereno.

Y de esa claridad de los cielos limpios y transparentes de enero, no hay mejor reflejo que este dicho:

No hay luna como la de enero ni amor como el primero

Ese profundo frío, quizás también las resacas de las fiestas que acaban de pasar y la necesidad de emplearse de nuevo a fondo en el trabajo de cada día, hace también de enero un tiempo de soledades, tal como lo refleja Juan Ramón Jiménez en su poema Las tardes de enero, y como de forma mas coloquial, afirma el refrán:

En las mañanas de enero ni se dan los buenos días ni se quitan los sombreros

Pero lo que sí se le pide a enero es que no haga viento, porque entonces la sensación térmica es de varios grados menos y además, de alguna manera, se perturba el efecto beneficioso del tiempo tranquilo en la agricultura. Por tanto:

Enero es buen caballero si no se hace ventolero

Aunque enero está caracterizado por los fríos y los cielos claros, es ésta una verdad a medias porque, si bien su temperatura media de 7ºC es la más baja de todos los meses, la precipitación media, 67 mm, le convierte en el cuarto mes más lluvioso en España.

En general, enero suele comenzar con predominio del tiempo anticiclónico con días tranquilos, fríos y despejados. Sin embargo, no es difícil que hacia Reyes el anticiclón bascule y por su flanco oriental se cuele aire frío del norte o del nordeste. Ello puede dar lugar a una marcada ola de frío y posteriormente a intensas heladas. Así lo refleja el refranero:

Por los Reyes, los días y el frío crecen

Con predominio generalmente anticiclónico durante varios días, lo que hace más generales e intensas las heladas salvo que haya algo de viento del sur, llegamos a mediados de mes donde aparecen las festividades de los llamados “santos de hielo” (San Antonio o San Antón el día 17 y San Sebastián el 20) cuyos “fríos” quedan bien reflejados en el refranero:

Por San Antonio hace un frío de todos los demonios

De los santos frioleros, San Sebastián el primero; aunque dijo San Antón, aquí el mas frío soy yo

Ya en la segunda quincena, o como tarde en la última decena, se suele producir un cambio de tiempo. El anticiclón baja de latitud y deja la entrada libre a las borrascas atlánticas o bien se retira algo hacia el oeste y permite la entrada de vientos del noroeste con algunos frentes asociados. Pueden llegar así las precipitaciones sobre todo a las vertientes Atlántica y Cantábrica acompañadas de una cierta suavización de las temperaturas. Desde el punto de vista de la meteorología popular, éste es un momento significativo de la evolución atmosférica que puede llevar, bien a una continuación del tiempo muy frío, o a una suavización de las temperaturas:

San Vicente el barbado (día 22) rompe el gelado o lo pone mas refinado

En cualquier caso, al tiempo que haga en estas fechas, se le da un cierto carácter predictivo:

Si llueve por San Canuto (día 19), lloverá tres meses justos

o

San Pablo se convierte (día 25) y un año entero advierte

De una forma u otra, no es raro que el  mes se despida con una importante entrada fría y un temporal de nieve conectando ya con los primeros días de febrero.

Cuando se repasan sucesos y efemérides meteorológicas de enero, predominan, como es lógico, narraciones y datos de frío. Sin embargo, aparecen también muchas noticias de temporales de lluvia, nieve y viento, unidos frecuentemente a las penetraciones atlánticas a las que hacía referencia anteriormente. Así, en la vertiente atlántica se han dado con alguna frecuencia inundaciones por fuertes lluvias –quizás también deshielos- tales como en 1970 cuando se desbordaron muchos de los grandes ríos ibéricos o, en 1962, en la Cuenca del Duero. Cabe recordar en este punto la tragedia ocurrida el 9 de enero de 1959 cuando la rotura de la presa de Vega de Tera inundó el pueblo de Ribadelago, junto al lago de Sanabria, causando un gran número de víctimas mortales.

También en el área mediterránea hay noticia de inundaciones en este mes tales como las de la provincia de Girona en 1977, las provocadas por las fuertes lluvias de Baleares en 1978, por las trombas del 2000 en Melilla o del 2010 en Málaga.

Canarias tampoco se ha librado de estas situaciones dada la relativa facilidad con que en invierno el chorro polar desciende de latitud, originando la formación de borrascas frías que provocan fuertes lluvias y vientos. Destacan a este respecto el enero de 1970 o el de 1979 cuando, en muy poco tiempo, Izaña llegó a acumular dos metros y medio de nieve. También, en el del 2005,  una tormenta “anclada” en la Gomera dejó mas de 250 mm en San Sebastián, la capital de la isla, y, más recientemente, el 27 de enero del 2007 la isla del Hierro recogió en un día nada menos que 320 mm.

A veces, las borrascas atlánticas de enero también provienen, como suele ocurrir con frecuencia en invierno, de ciclogénesis explosivas desarrolladas en pleno Atlántico. Como ya se ha comentado, no suelen afectar de lleno a la Península pero, aún así, los fuertes lluvias y sobre todo los intensos vientos sí afectan al cuadrante noroeste peninsular y fundamentalmente a Galicia y área Cantábrica provocando también un gran oleaje en la mar. Destacan mucho los provocados por una perturbación de este tipo los días 23 y 24 de enero de 2009 que llegó a originar una racha de 229 km/h en el observatorio de la Estaca de Bares. También, en 1998, el 13 de enero,  el mismo observatorio midió 180 km/h. Y muy recientemente, en enero y febrero de 2014, en un invierno verdaderamente atípico, varias borrascas atlánticas procedentes en gran parte de las citadas ciclogénesis explosivas, llegaron a provocar olas de mar de fondo que superaron los doce metros de altura en el litoral gallego y cantábrico, causando algunas víctimas mortales e innumerables destrozos.

Aunque muy raramente, a veces en enero son noticia las altas temperaturas. Las causas pueden ser fundamentalmente dos. Una, que afecta al área  Mediterránea, tiene que ver con el ascenso térmico que provoca allí el efecto foëhn cuando los vientos atlánticos descienden hacia el mar. La otra, que afecta a toda la Península y Baleares pero que es si cabe mas notoria en la vertiente Atlántica, está ligada a la entrada de vientos de componente sur, bien por la presencia de un anticiclón sobre el centro o este de Europa o por la llegada de una borrasca atlántica con aire subtropical relativamente cálido y húmedo. En el primer caso, la conjunción  del suave aire  del sur con los cielos despejados o escasamente nubosos, provoca un ascenso de las temperaturas diurnas, aunque por la noche puedan volver a aparecer heladas. Una situación de este tipo se dio los días 19 y 20 de enero de 2007 cuando se registraron valores tales como 26 ºC en Tortosa, 22,6 en Cuenca, 22,5 en Cádiz, 21,2 en Teruel, 19,6 en Ávila o 19,3 en Logroño, todos éstos valores máximos absolutos de sus series para enero. En el caso de que el aire cálido sea también húmedo y entre con rapidez, tal como en el caso de algunas borrascas atlánticas, hay que prestar gran atención a los fenómenos de los deshielos súbitos y también a los aludes debido a la desestabilización del manto nivoso, sobre todo si se han producido poco antes importantes precipitaciones de nieve.


Pero, como decía anteriormente, el fenómeno atmosférico más significativo de enero es el frío, las bajas temperaturas.  En la memoria meteorológica han quedado grabadas para siempre los datos de algunos eneros que destacaron por sus bajísimos registros o por la reiteración de los episodios muy fríos. Cabe recordar en este sentido el enero de 1945 en el que se alcanzó un valor mínimo absoluto de -27,6ºC en Ávila y valores alrededor de los -25 en Calamocha (Teruel), en el embalse de Camporredondo (Palencia) y en Uña (Cuenca).  Fue también en esta situación cuando el observatorio de Madrid-Retiro registró -10,1ºC que es, hasta ahora, su mínima absoluta. Igualmente, el enero del año siguiente, 1946, destacó por sus situaciones de intenso frío, si bien las mínimas más bajas no lo fueron tanto como en el anterior; aún así, en varios lugares tales como Monreal del Campo y Santa Eulalia, ambos en Teruel, o Uña y la Ciudad Encantada en Cuenca, se alcanzaron o sobrepasaron ligeramente los -22ºC. Curiosamente, también enero de 1947 destacó por sus bajísimas temperaturas si bien en este caso se registraron en los últimos días del mes; destacaron  -26,7ºC en Molina de Aragón (Guadalajara), -24,6 en Monreal del Campo y -24,4ºC en Calamocha, ambos en Teruel. 

Aunque de menor importancia que los anteriores por su extensión más reducida, también enero de 1952 registró valores térmicos bastante fríos con una mínima de -28,2ºC en Molina de Aragón (día 28) y otros, ya “más cálidos”, de alrededor de -20 en zonas de las provincias de Cuenca, Soria, Guadalajara o Zaragoza. Otro episodio frío en enero muy notable fue el de 1971, que había comenzado en los últimos días de diciembre de 1970; afectó a toda la Península con intensas nevadas y temperaturas muy bajas. Destacaron sobre todo -28ºC de Santa Eulalia, -27,6 en Camesa de Valdivia (Palencia)  o -27 en Piqueras (Guadalajara) y, en cualquier caso, es de reseñar que fueron bastante los observatorios de España en que se alcanzaron o sobrepasaron los -22ºC. Enero de 1985 también tuvo algunos episodios de mucho frío, pero las temperaturas no alcanzaron valores tan extremados, si bien en algunas zonas de Teruel, Guadalajara, Lleida o Girona se sobrepasaron los veinte grados bajo cero. Ya en el siglo XXI, sólo los eneros de 2005 y 2006 han tenido algunos episodios de frío intenso en los que se han sobrepasado en algunos observatorios los quince bajo cero pero en absoluto comparables a aquellos de los años 40 a 80 a los que me acabo de referir.

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La gran dorsal atlántica se extiende hasta Escandinavia mientras que una DANA, no muy profunda afecta a Canarias. Parece que el Día de Reyes, esa dorsal se "agachará" para dar paso a una vaguada atlántica como suele ser climatológicamente normal


Por el momento, el tiempo está siguiendo la senda climatológica y mantiene el anticiclón hasta el día de Reyes. Veremos si, a partir de ahí, el anticiclón vuelve a reconstruirse y sigue hasta los santos de hielo, o se abre la puerta antes a los temporales atlánticos.

18 de diciembre de 2014

Anticiclones, calentamiento y balances de fin de año

Como los modelos preveían, la dorsal anticiclónica va afectando cada vez más a la Península Ibérica con sus consecuencias de tiempo en general seco y tranquilo, pero también de nieblas en amplias zonas del interior y de contaminación en las grandes ciudades.

La gran dorsal anticiclónica afecta cada vez más a la Península Ibérica como se aprecia en esta imagen del canal de vapor de agua de esta mañana. Se aprecia claramente el giro anticiclónico (sentido de las agujas del reloj) con aire descendente cada vez más seco sobre España (colores oscuros). Con algunos débiles altibajos, el anticiclón nos acompañará probablemente hasta algún día después de Navidad.

Los modelos indican que este tipo de situación va a prolongarse al menos hasta Navidad y luego tenderá a desplazarse hacia el este.  Aunque algún modelo ha insinuado para los días finales de año la retrogresión  de una vaguada desde el este, que podría provocar una entrada de aire muy frío, la predicción probabilística del Centro Europeo, desde mi punto de vista la más fiable, no apunta por el momento hacia ese escenario, al menos hasta el día 27:


Da por tanto la impresión de que, salvo cambios muy drásticos en esos días finales del mes, diciembre va a tener un comportamiento normal desde el punto de vista climatológico, sin grandes anomalías, y por tanto dejando prácticamente en empate la pugna entre este año 2014 y el 2011 y 2006  por ser el más cálido en España desde que hay registros. Dependerá de alguna décima o incluso de algunas centésimas y habrá que esperar al informe final de AEMET para salir de la duda.

Estos datos, junto a los facilitados recientemente por la OMM en el sentido de que probablemente 2014 será el año más cálido a nivel mundial desde que hay registros, reflejan un proceso que sería dificilmente entendido sin tener en cuenta la acción antropogénica.  Así queda reflejado en este informe emitido muy recientemente para el caso de Europa y en el que se refiere cómo se ha llegado a esta conclusión por tres investigaciones diferentes. 

Por mi parte, si tuviera que reflejar lo que me ha parecido más relevante desde el punto de vista científico por lo que respecta al proceso de calentamiento global, me decantaría por  lo siguiente: a) la constatación de la rapidez en la fusión de los glaciares de Groenlandia y probablemente de muchos de la Antártida, b) el esfuerzo por comprender mejor los ciclos combinados de transferencia de calor entre atmósfera y océano y c) la puesta a punto de procedimientos para realizar con rapidez estudios de atribución que nos permitan conocer la probabilidad de que un fenómeno adverso recientemente ocurrido pueda estar influenciado por la acción antropogénica.

Y como los fines de año son también tiempos de predicciones, el Met Office ha lanzado ya la suya para el 2015. Prevé que será un año con una anomalía global entre 0,52 y 0,76º por encima de la media del periodo 1961-90, lo que le convertiría también en uno de los años más cálidos. Las razones principales que justifican esta predicción son el calentamiento  en marcha de las aguas del Pacífico tropical, las débiles condiciones de El Niño, el calentamiento del Ártico y el continuo aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero.



12 de diciembre de 2014

La temperatura media del planeta sube...pero ¿cómo se comportan las anomalías?

Tal como ha informado repetidamente la Organización Meteorológica Mundial (OMM), este año 2014 va a ser el más cálido, o uno de los más cálidos, desde que hay registros. Así mismo, y a la espera de los datos definitivos que haga públicos AEMET, en España va a quedar también entre los tres primeros.  El resultado final dependerá del comportamiento de diciembre y, a la vista de las predicciones a medio plazo, parece que, al menos hasta Navidades, no se vislumbra ninguna entrada fría significativa. Por tanto, si no se coloca en primer lugar, poco va a faltar.

Si bien la temperatura media global del planeta es un excelente indicador del proceso de calentamiento global, es muy importante conocer la evolución de las anomalías tanto cálidas como frías porque, además de darnos una idea más clara de la evolución de ese calentamiento, es ese comportamiento de las temperaturas el que más incidencia tiene -el que más problemas crea- en la vida diaria de la sociedad y quizás el que nos convence más de que el cambio climático -este cambio climático- es real. 

Cuando a principios de 2015 AEMET nos ofrezca su informe definitivo sobre el comportamiento climatológico del año 2014, supongo que incluirá en él, como otros años, un gráfico similar al que presento a continuación, correspondiente al informe del año 2013:


Evolución de las anomalías térmicas anuales en España desde 1961 hasta 2013 (fuente AEMET)


El gráfico del próximo informe deberá aparecer en su extremo derecho una barra más, la correspondiente al año 2014, y que será la más alta, o casi, de las de todo el gráfico. Aunque no tengo el dato de la temperatura media en España desde 1961 hasta el 2013 calculo que oscila entre 14 y 14,5º C; por tanto puede verse el claro predominio de las anomalías positivas desde comienzos de la década de los 80.

Dada, como decía, la importancia de estas anomalías, sería interesante conocer su evolución a nivel mundial tanto de las cálidas como de las frías, para diferentes periodos de tiempo. Por ello me ha resultado muy interesante un artículo de Scott M. Robeson, J. Willmot y Phil D. Jones, aceptado por Geophysical Review Letters y de muy próxima aparición, que se ocupa concretamente de esta cuestión. El trabajo parte de la conocida -en el mundo académico- base de datos climatológicos HadCRUT4 y analiza los registros de temperatura a nivel global desde 1881 hasta 2013. Calcula las temperaturas medias mensuales para una rejilla que cubre todo el globo y las agrupan en lo que llaman "percentiles espaciales", una técnica que nos facilita la detección de las anomalías tanto cálidas como frías. Un ejemplo de su trabajo para un mes concreto, en este caso abril de 1998 lo muestra este gráfico de su artículo:


La imagen de arriba muestra, para abril de 1998, las zonas geográficas bajo el percentil 25 (anomalías frías). La del medio, la anomalía de la temperatura mensual, y la de abajo, las zonas geográficas por encima del percentil 75 (anomalías cálidas) (De Robeson et al.)
Las conclusiones básicas del estudio son éstas: 

Las temperaturas en los extremos fríos y cálidos de la distribución espacial de temperaturas (percentiles 5 y 95) se incrementaron más que lo ha hecho la temperatura media de la Tierra.

En el conjunto de los 130 años analizados, las anomalías frías se incrementaron más que las anomalías cálidas dando como resultado un "estrechamiento" del rango de las temperaturas terrestres.


Sin embargo, durante los pasados treinta años, el comportamiento fue el contrario: las anomalías cálidas se incrementaron a mayor velocidad que las frías.

Es también muy interesante el resultado sobre el comportamiento de las anomalías durante la denominada "pausa" observada desde 1998. Aunque el periodo es demasiado corto para obtener unas conclusiones sólidas sobre tendencias, lo que sí afirma el artículo es que el calentamiento continuó en muchas zonas del planeta durante buena parte del año pero que, sin embargo, el calentamiento fue enmascarado por un fuerte enfriamiento durante los meses de enero y febrero en el hemisferio norte. Esta conclusión le ha llevado a decir a Robeson, el autor principal, que no ha habido tanto una pausa en el calentamiento global sino una pausa en el calentamiento del invierno en el hemisferio norte.

Si bien todo el artículo es muy interesante, esta última conclusión me parece de una gran importancia porque, de algún modo, confirma las anomalías que se vienen detectando en el comportamiento del chorro polar del hemisferio norte y que algunas investigaciones ligan con el acusado calentamiento del Ártico.

Y, cómo, al menos que yo conozca, no existe ningún estudio de este tipo específico para España,  me pregunto si AEMET o algún departamento universitario se animaría a llevarlo a cabo.

4 de diciembre de 2014

Detectando el cambio climático y atribuyendo fenómenos extremos


Coincidiendo con la celebración en Lima de la XX Conferencia sobre el Cambio Climático (COP 20), la OMM acaba de publicar un comunicado sobre el comportamiento de los diez primeros meses del año 2014 en el que, entre otros muchos e interesantes datos, afirma que este año va en camino de ser el más caluroso, o casi, desde que hay registros 

Evolución de la anomalía de la temperatura media anual respecto a la media del periodo 1961-90 (OMM). Se señalan en colores la presencia de un fenómeno Niño o Niña teniendo en cuenta que en caso de Niño se favorece un año más cálido. Este año las condiciones están siendo neutrales

y que en buena parte ello es debido a las altas temperaturas de las capas oceánicas más superficiales:

Evolución temporal del contenido de calor de los océanos en la capa 0-700 metros (NOAA)

También, ayer mismo, el Met. Office británico publicó un informe en el que llega básicamente a las mismas conclusiones presentando también algunos gráficos muy interesantes:

Ranking de los años más cálidos a más fríos (Met. Office)


Todos estos son los resultados del gran esfuerzo investigador para lo que se viene en llamar la detección del cambio climático, es decir, determinar sí las series de observaciones de las distintas variables atmosféricas, y en especial la temperatura y la precipitación, muestran una tendencia en un sentido o en otro de una forma consistente desde el punto de vista estadístico. Los resultados están a la vista y son muy significativos.

Sin embargo, lo que más preocupa de forma inmediata al público y a los medios es sí este calentamiento del planeta es el responsable de los fenómenos atmosféricos adversos del día a día y, si la acción antropogénica a través de los gases de efecto invernadero, es la responsable de ello. De este modo, siempre que ocurre un fenómeno atmosférico significativo, y más si ha tenido un efecto adverso sobre la población, la pregunta más repetida por los periodistas es sí tiene relación con el cambio climático inducido por el hombre. Y la respuesta de los meteorólogos ha sido hasta hace muy poco tiempo siempre la misma: Un fenómeno aislado no se puede nunca atribuir científicamente al cambio climático porque puede quedar dentro de la variabilidad natural de la atmósfera.  Y, en el caso de que tuviera algo que ver, no podría saberse en qué proporción exacta. Además se suele añadir que sería la tendencia continuada, creciente o decreciente, de este tipo de fenómenos la que sí podría estar relacionada con el cambio. El periodista acepta que ésta es la respuesta científica correcta pero… ahí “no hay titular” ya que no posibilita ver al cambio climático como responsable de las situaciones adversas concretas que nos afectan y que es lo que realmente interesa al público. Pero las cosas están cambiando.

Consciente de la importancia de esa pregunta, tanto por su propio interés científico, como por su valor en la comunicación y concienciación pública de los efectos del cambio global, la comunidad científica intensificó sus esfuerzos a partir de los años 2009-2010 para tratar de contestarla en la medida de lo posible. Para ello se pusieron en marcha las investigaciones denominadas de atribución que pretenden establecer hasta qué punto un fenómeno concreto puede atribuirse a la variabilidad natural o bien  que su ocurrencia sea muy dificil de justificar sin tener en cuenta  la citada acción antropogénica.

Una primera aproximación son los estudios de tipo puramente estadístico y se basan en el estudio de la serie de datos climatológicos –fundamentalmente precipitación y temperaturas- de la zona en cuestión. Se encuentra su tipo de variabilidad a lo largo de los años y se ve hasta qué punto el episodio en estudio es estadísticamente consistente con esa variabilidad o se “sale” de ella de forma muy notoria. Si ello fuera así, habría que concluir que, posiblemente, algún nuevo forzamiento ha actuado en su generación. Naturalmente, para este tipo de trabajos se necesitan series estadísticas largas y la conclusión que pueda obtenerse sobre la “rareza” del episodio no permite en modo alguno concluir que su causa sea la acción antropogénica.

Una metodología mucho más “directa” se basa en la utilización de modelos de evolución climática, en los que se simula el tipo de situación o episodio en cuestión, bien dejando funcionar a la propia dinámica atmosférica sin ningún tipo de condicionamiento externo o bien aplicándolo mediante la introducción de las actuales concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera. De este modo puede verse si la situación puede explicarse como resultado de esa variabilidad natural o sólo se reproduce en el escenario en que están presentes las concentraciones de los citados gases.

En este contexto la American Meteorological Society (AMS) puso en marcha en el año 2012 una interesante iniciativa mediante la cual se comprometía a publicar cada año en un número especial de su famoso Bulletin una recopilación de artículos sobre la atribución de distintas situaciones adversas sucedidas durante el año anterior en distintos lugares del mundo. Ya, en la primera entrega de ese año 2012, se recogían algunas conclusiones muy interesantes respecto a los años 2010 y 2011 tales como las siguientes:

·      Ola de calor de Texas: Estuvo relacionada con el fenómeno de “La Niña”.  Ahora es               veinte veces mas probable su ocurrencia en los años de “Niña” que lo era en la década           de los 60.

·     Diciembre de 2010 muy frío en el Reino Unido: Sus probabilidades de ocurrencia se               han reducido a la mitad como resultado del  cambio climático inducido por el hombre

·    Noviembre  de 2011 muy cálido en el Reino Unido: Su ocurrencia es ahora sesenta veces       mas probable que en los años 60

·   Graves inundaciones en Tailandia: Sin relación demostrable con el calentamiento                  global.

Y, si por abreviar, nos vamos al resumen correspondiente al año 2013, encontramos informaciones tan interesantes como éstas:

 Olas de calor en Australia, Europa, China, Japón y Corea: La influencia antropogénica  incrementó su probabilidad de ocurrencia o su intensidad.

Primavera fría en el Reino Unido: La influencia antropogénica disminuye su probabilidad o intensidad.

 Fuertes precipitaciones en el centro y sur de Europa: No se halló influencia  antropogénica o al menos no está clara.

Intensas nevadas en el área de los Pirineos: Tampoco se halló influencia o al menos no está clara.


Sin embargo, el "problema" de estos informes es que ofrecen sus resultados bastantes meses después cuando ya ha pasado el interés mediático y con ello la oportunidad de una importante concienciación social...y política. Por eso es muy importante la noticia que en la misma nota de ayer daba el Met. Office en el sentido de que había puesto en marcha un procedimiento para determinar de forma rápida la posible atribución de un récord concreto de temperatura al cambio antropogénico. De hecho, en la nota se declara que las actuales temperaturas medias del planeta sería muy improbable que se produjeran sin la influencia humana en el clima.

En cualquier caso, lo verdaderamente significativo es que se ha establecido una práctica -ya irrenunciable- para estudiar la influencia del calentamiento global en los principales fenómenos meteorológicos y climáticos mundiales de carácter adverso. Además de su gran importancia científica, ello supone un importante paso adelante en la concienciación a todos los niveles sobre un fenómeno ya en buena medida irreversible pero quizás todavía parcialmente modulable. 

Y de esta forma, los meteorólogos podremos empezar a contestar a la recurrente pregunta de los periodistas de una forma cada vez más cercana a la actualidad. Con la información que estos estudios de atribución irán acumulando año tras año, se pueden ya dar pistas e informaciones de gran interés público. En cualquier caso sería ideal que en un buen programa de divulgación meteorológica se pudieran explicar con claridad y sencillez los resultados de estos informes.