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19 de febrero de 2016

Se nos fue Antonio Mestre

Es difícil hablar de la muerte de un querido compañero, y más si se ha presentado de un modo tan fulminante, como en el caso de Antonio Mestre, que nos dejó el pasado miércoles por la tarde, tras haber estado trabajando toda la mañana en su despacho de la sede de AEMET en Madrid.




Antonio, oficialmente jefe del Área de Climatología y Aplicaciones de AEMET, era mucho más que eso. Tras su sólida formación en física y matemáticas, se convirtió por oposición en meteorólogo del Estado y centró su trabajo en la climatología operativa y en las aplicaciones hidrológicas, agrícolas y ambientales en general. Llegó a ser un gran experto en todo ello y se convirtió en el interlocutor necesario por parte del INM/AEMET en muchos foros nacionales e internacionales, donde sus trabajos y opiniones eran esperadas y valoradas. 

Pero todavía había algo más en él. Esa sólida formación a la que antes me refería, junto con su pasión por la atmósfera y su interacción con el medio natural, le convertía en un "todoterreno" que transitaba con toda facilidad, como si para él no existiera ninguna frontera, de la climatología a la predicción en uno u otro sentido y, desde ahí, a las distintas aplicaciones. Si a eso se unía su gran capacidad para retener y recordar de forma inmediata todo tipo de efemérides y récords meteorológicos, se convertía en el interlocutor necesario ante la predicción de cualquier fenómeno adverso o en el análisis global posterior a su ocurrencia e impactos. 

Por otra parte, Antonio, junto con su pequeño equipo de excelentes profesionales, era el responsable de los informes climatológicos mensuales, trimestrales y anuales emitidos por AEMET, esos tan esperados y seguidos por comunicadores y aficionados -y más en estos tiempos-, en los que puntualmente se informa de las anomalías de precipitación y temperatura, del carácter climatológico del periodo o de los récords alcanzados. Y no puedo dejar de reseñar su magnífica labor en la realización del Atlas Climático de España.

Además Antonio sabía comunicar bien. Tenía la habilidad de proporcionar muchos datos de interés en un marco de objetividad y de sencillez. Se le entendía perfectamente por muy complejo que fuera lo que explicara, y por eso se hizo también muy querido -y muy buscado- por periodistas y comunicadores meteorológicos. Recuerdo que, cuando ante cualquier situación significativa, los periodistas llamaban al gabinete de Comunicación de AEMET, la pregunta no era tanto sobre ese tema. La pregunta era...¿Me puedes poner con Antonio?

 Por todo ello se convirtió también en un participante insustituible en las ruedas de prensa trimestrales de AEMET -en las que todavía ha seguido estando presente- y en las que, tenerle al lado, era un seguro de tranquilidad: no habría pregunta sobre climatología que Antonio no supiera responder con toda concisión y sencillez.

Recuerdo con  cariño tantas y tantas charlas que mantuve con él -incluso tras mi jubilación- sobre muy diversos temas, y muy en concreto sobre predicción probabilística. Su profunda formación  estadística me ayudaba a comprender e interpretar mejor los productos provenientes de los modelos "ensemble". Pero eso, o la valoración de la situación meteorológica de cada día, era el comienzo de una conversación realmente agradable e instructiva que acababa derivando hacia las singularidades del clima de España o hacia las señales o efectos del cambio climático. 

Muchas veces le comentaba que, ni profesionales ni aficionados, podíamos quedarnos sin sus amplísimos conocimientos, y que tenía que regalarnos un libro donde se recogieran en la medida de lo posible. Le decía: "Antonio, llevas el clima de España en tu cabeza y nos lo tienes que contar como tú sabes". Me miraba con una expresión entre incrédula y sorprendida, como si él mismo no fuera consciente de lo sumamente valiosa que podía ser su aportación. Después me contestaba que, bueno, que a lo mejor cuando se jubilara. Desgraciadamente la muerte ha llegado antes y nos ha hurtado a Antonio y a ese libro con el que yo al menos soñé.

Era ante todo una persona sencilla, sensata y profundamente servicial. Siempre estaba disponible para cualquier requerimiento. De ahí su magnífica trayectoria en la Asociación Meteorológica Española (AME), sus numerosas colaboraciones en publicaciones como Tiempo y Clima, El Observador o Ambienta, por citar sólo algunas, y tantas y tantas participaciones en reuniones y congresos nacionales e internacionales para las que estaba siempre disponible. En todas ellas la presencia de Antonio siempre aseguraba rigurosidad, amenidad...y aplicación práctica.

Sé que la mayor pérdida es para su mujer -recién jubilada, lo que a él también le animaba ya a hacerlo- y para sus hijos. Pero es grande también para la comunidad meteorológica y climatológica española. Le vamos a echar mucho de menos, pero le vamos  a estar siempre profundamente agradecidos. Seguirá con nosotros.


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