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9 de febrero de 2016

Ondas, máximos de viento y... ¿nevadas?

En mi entrada de la semana pasada, apuntaba hacia la posibilidad de que el próximo fin de semana se produjera una entrada importante de aire muy frío sobre la Península Ibérica y Baleares. Una entrada que nos condujera a una situación típica de invierno riguroso, algo que, hasta ahora, no hemos tenido. Los modelos van confirmando esa evolución, si bien la retrasan algo, y las dudas ahora se centran sobre si el aire frío será de origen polar, arrastrado por una circulación norte-sur, o bien esa circulación sería más bien del nordeste, con entrada de aire más frío procedente de las estepas rusas o siberianas. En este último caso, cabría la posibilidad de que se formara una dana al sur o suroeste de la Península. Si fuera así, las precipitaciones en forma de nieve podrían afectar a amplias zonas. Pero vayamos por partes.

El análisis hemisférico de 500 hPa de la pasada madrugada realizado por el Centro Europeo aparecen dos zonas de aire muy frío: una sobre el norte de Canadá y Groenlandia y otra sobre Asia oriental. Sobre el Atlántico norte discurre un chorro polar bastante rectilíneo, buen generador de borrascas, vientos fuertes e intensos oleajes, tales como los que están afectando al norte peninsular con alturas de olas superiores a las que parece que pronosticaban los modelos. En cualquier caso no se trata de un aire muy frío y la sensación de desapacibilidad viene dada fundamentalmente por ese viento más que por la temperatura en sí misma


Si nos movemos al mismo mapa previsto para la madrugada del viernes, aparecen evoluciones muy interesantes. Vemos como el aire frío de Canadá invade ya el nordeste de Estados Unidos dando lugar a una situación de mucho frío y de blizzards, situación que a algunos meteorólogos norteamericanos les recuerda la de los eneros de 2014 y 2015, aquellas que hicieron saltar a la popularidad al vórtice polar. En cualquier caso, sí es verdad que esta situación puede estar muy unida a la reestructuración de ese vórtice (que recordemos que se encuentra en la estratosfera) y que, a su vez, puede ser una primera consecuencia del calentamiento súbito estratosférico que se puso en marcha en la tercera semana de enero y que estos días está alcanzando su pico de intensidad.



Dos días después, en la madrugada del próximo domingo, la vaguada de aire muy frío se ha intensificado sobre Estados Unidos y también lo ha hecho la asiática. Aunque sobre el Atlántico norte sigue predominado la circulación zonal, se va a producir de inmediato una reestructuración importante de la circulación del chorro polar.



Y, en el mapa que sigue, aparece esa reestructuración: una amplia dorsal crece con rapidez sobre el Atlántico norte y profundiza a su vez a la vaguada situada desde Escandinavia al Mediterráneo. Sobre España la circulación del chorro pasa a ser del oeste-noroeste a norte-noroeste y comienza a entrar aire más frío.



Esa situación se hace aún  más claramente "de norte" al día siguiente, el martes 16 de febrero, con una entrada ya directa del viento de esa procedencia.



Sin embargo, es en este punto cuando llega el momento crítico para nuestra zona: en situaciones de este tipo, es muy difícil prever la evolución concreta de este conjunto dorsal-vaguada. Ocurre que cuando se producen estos crecimientos tan fuertes y rápidos en estas dorsales atlánticas, suele darse al principio un desequilibrio entre el campo de geopotencial y el de temperaturas. Ello da lugar a un chorro desequilibrado, que no sigue las líneas de geopotencial, sino que se cruza a ellas en la cresta de la dorsal haciendo que ésta avance hacia el este. De este modo, se inclina el eje de la vaguada y se origina una entrada de aire muy frío del nordeste sobre Europa occidental, es el fenómeno de la retrogresión. Es un aire que llega con frecuencia a la Península y Baleares y ocasionalmente alcanza a Canarias. Creo que era Mariano Medina el que hablaba de estas situaciones de chorros desequilibrados en su libro Meteorología básica sinóptica, y decía que su comportamiento en estos casos es como el de un tren que, al tomar una curva a mayor velocidad de la debida, se saliera de los carriles y tomara su camino natural. 

En cualquier caso esta situación puede ocurrir o no, o hacerlo en mayor o menor medida. Todo va a depender de la velocidad de ese chorro que es de lo que va a a hacer que "siga los carriles" o los remonte. A veces, el que ocurra una cosa o la otra depende de diferencias de velocidades sólo de 20 o 30 nudos. Esa relativa pequeña diferencia es lo que puede provocar que las distintas integraciones de los ensembles den soluciones muy dispares, con la consiguiente dispersión muy amplia y las probabilidades bajas para las distintas soluciones ofrecidas.

Esos máximos de viento "desequilibrados" pueden darse con más frecuencias cuando la configuración de ondas se hace estacionaria, es decir, cuando no hay avances hacia el este de vaguadas y dorsales. Cuando los hay, la retrogresión casi no se da, la dorsal se mueve hacia el este y una nueva vaguada viene a ocupar su lugar. Es lo que parece apuntar hoy el modelo determinista para mediados de la semana que viene, tal como aparece en el mapa que sigue. Si fuera así, la entrada fría sería breve, se esfumaría la posibilidad de formación de danas y las consiguientes nevadas extensas, si bien la nueva vaguada entrante, las daría por otras zonas y con otros mecanismos.



Pero todo ésto son elucubraciones aunque, eso sí, podríamos asignar su probabilidad asociada si determinados productos ensemble estuvieran disponibles. En cualquier caso, los que tenemos ya reflejan la baja predecibilidad de la situación a principios de la próxima semana. En el mapa que sigue vemos "las dudas" del modelo ensemble respecto a lo que dice el operativo. 



Vemos la zona de baja predecibilidad del chorro entre Terranova e Islandia, así como la, algo menos baja, del que entra a la Península por Portugal. Del juego entre ambos -que a su vez estará supeditado al reajuste que se produzca en el movimiento de las ondas principales- dependerá de que tengamos más o menos frío y de que la nieve nos visite de una forma amplia. En cualquier caso, la transición hacia "más invierno" parece ya mucho más probable.

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