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7 de junio de 2013

Tras el tornado: incógnitas, debates y reflexiones

En los últimos días han sido noticias de interés desde el punto de vista meteorológico el tornado de El Reno, acaecido muy pocos días después del de Moore y prácticamente en la misma zona, así como las graves inundaciones en Centroeuropa. Las características específicas de estas situaciones, su origen e incluso las medidas de protección, están siendo estos dias elementos de debate en medios de comunicación y redes sociales. En esta entrada quiero centrarme en la situación del tornado y referirme a algunas de las incógnitas y reflexiones que surgen en relación con ella.

En una de las últimas entradas de este blog dedicada al tornado de Moore comentaba que, aparte de ser uno de los raros EF5, me llamaba la atención su gran diámetro así como su ocurrencia en un contexto de sucesivos récords meteorológicos en Estados Unidos durante los dos últimos años (sequía, olas de calor, "Sandy"...) y apuntaba a que era difícil atribuir todo ello a la pura variabilidad natural de la atmósfera. A esa extrañeza vendría ahora a sumarse el tornado de El Reno clasificado de nuevo como un EF5 y con un diámetro que superaría al de Moore lo que le convertiría en el tornado de mayor  anchura registrado en Estados Unidos. Si eso fuera así, no creo que ningún estudio climatológico pudiera considerar como variabilidad natural la ocurrencia de dos EF5 casi en la misma zona, con pocos días de diferencia y con un diametro tan por encima de los valores normales. 

El tornado de El Reno. Probablemente el más ancho de los registrados hasta la fecha en Estados Unidos (Fotografía AP)

Sin embargo, algunas últimas informaciones ponen en duda que realmente este último tornado fuera un EF5, dado que los daños observados en superficie corresponderían más bien a un EF3. Parece ser que la catalogación como EF5 se hizo a partir de los datos obtenidos por radar doppler que es una herramienta potentísima de observación y medida de estos fenómenos. Sin embargo, sus datos han de ser analizados e interpretados cuidadosamente para hacerlos coherentes con los datos de viento a nivel del suelo observados por métodos tradicionales y que son los hasta ahora utilizados en la escala EF en la que, como es sabido, se establece una correspondencia entre daños observados e intervalos correspondientes de velocidad del viento. Otra cosa es que, dada la gran cobertura de la red de radares doppler en Estados Unidos, pudiera plantearse la utilización directa de los datos de viento proporcionados por estos radares en la escala EF o en otra nueva escala, pero esa es otra cuestión. Como en tantas otras ocasiones, la introducción de nuevas tecnologías lleva a tener que replantearse criterios o normas bien establecidas. 

Pero, aunque se tratara realmente de un EF3, queda pendiente la cuestión de su gran diámetro de casi cuatro kilómetros, el mayor de los observados hasta ahora en Estados Unidos. No sé como se ha medido ese diámetro y si han intervenido en ello datos doppler o bien se ha determinado mediante la anchura de la zona afectada por un cierto nivel de destrucción; en cualquier caso está claro el testimonio de las múltiples imágenes de vídeo y el de muchos observadores "in situ", algunos de las cuales manifestaban que era un fenómeno que parecía algo distinto a un tornado de los que siempre han conocido en la zona. ¿Podría conectarse de algún modo su posible excepcionalidad con la triste muerte del gran meteorólogo, ingeniero y veterano "cazatormentas" Tim Samaras y de otras dos personas de su equipo cuyo vehículo fue alcanzado de lleno por el tornado? Es difícil pensar que alguien tan experto y tan profundamente conocedor de los tornados arriesgara mas de lo que la prudencia y sus conocimientos le aconsejarían. ¿Hubo algo anómalo, algo desconocido en la naturaleza o en el comportamiento de ese tornado que ignorara o subvalorara Samaras?

No sabemos por tanto todavía a ciencia cierta el nivel de excepcionalidad de estos últimos episodios tornádicos. ¿Dos EF5 con diametros casi desconocidos? ¿Un EF5 y un EF3 pero también de tremendos diámetros? ¿Están esos diámetros medidos de una forma homogénea? Hay que tener paciencia y esperar las conclusiones de los muchos trabajos científicos que se están ya realizando para conocer mas a fondo la realidad de estos tornados y saber si nos encontramos ante una cierta evolución en  sus características o todo puede ser explicado en el marco de la variabilidad natural. Es verdad que la noticia es la noticia y sería absurdo poner limitaciones al amplio interés informativo de estos fenómenos pero también es verdad que para obtener conclusiones serias y formular nuevas hipótesis hay que esperar a que los científicos tomen el tiempo necesario para estudiarlos rigurosamente. 

Y fuera ya del contexto científico otro elemento de debate en estos días han sido sobre la oportunidad y los comportamientos del creciente número de personas y de equipos "cazatornados" que salen al campo y a las carreteras en estas situaciones. Un primer elemento de debate suscitado es hasta que punto no "se está cruzando la raya de la seguridad" en aras de conseguir mas y mejores datos o de simplemente satisfacer una gran curiosidad y afición. El segundo elemento está relacionado con las dificultades añadidas que este gran número de personas y de vehículos bien parados o circulando en carreteras y caminos de todo tipo pueden ocasionar en la evacuación de las poblaciones afectadas. Un estupendo y documentado artículo de Jason Samenow sobre todo ello puede leerse en el "Washington Post". También es interesante a este respecto es la entrevista de la PBS a otro gran meteorólogo y especialista en tornados: Howard Bluestein.

Imagen del mesociclón unido al tornado obtenida por radar doppler y localizaciones de equipos "cazatormentas" (Weather Gang/Jason Samenow)

Otra línea de debate se centra sobre las recomendaciones de las medidas de autoprotección. Si bien las recomendaciones oficiales van en la línea de ir a los refugios específicos o a la parte mas interna de las construcciones, parece ser que, al menos en este último caso, se dio por parte de alguna emisora de televisión la recomendación de escaparse de la zona utilizando los automóviles en una dirección distinta a la de la supuesta trayectoria del tornado. Pues bien, además de que estas trayectorias tienen un alto grado de impredecibilidad y de que la lluvia que frecuentemente aparece puede dificultar su observación, la acumulación de vehículos en las carreteras puede dar lugar -y de hecho así ocurrió- a atascos donde se puede producir una catástrofe de grandes dimensiones si al final la zona en cuestión es barrida por el tornado.

Por tanto, muchas incógnitas y muchos debates tras estos tornados. Nos damos cuenta una vez mas de nuestra extraordinaria vulnerabilidad y de la necesidad de avanzar más en un esfuerzo conjunto de meteorólogos, sociólogos, expertos en protección civil y comunicadores en la mejora de avisos y criterios de protección y autoprotección. En Estados Unidos, aún con dificultades y polémicas, se avanza claramente en este sentido. Aquí, aunque es innegable un avance, nos queda aún bastante por hacer.

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