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23 de enero de 2013

Nevar en Madrid

Las predicción de nevadas, y sobre todo, la determinación exacta de la altitud a partir de la cual la precipitación va a ser en forma sólida, es uno de los retos más importantes en predicción operativa, debido a los múltiples y a menudo sutiles factores que intervienen en el cambio de fase. Es frecuente que esa cota tenga que ser prevista con una indeterminación de más o menos 100 o 200 metros y, si en esa indeterminación está afectada algún gran núcleo de población, como con frecuencia ocurre en el caso de Madrid, esa predicción se convierte en un difícil reto para los meteorólogos. Hoy me quiero referir a esa dificultad y a sus consecuencias, pero antes quiero revisar sucintamente cuales son las situaciones atmosféricas de invierno mas relacionadas con las nevadas madrileñas. 

La configuración meteorológica más adecuada para producir nevadas importantes en buena parte de Castilla La Mancha y Madrid es la de una borrasca situada al sur o sureste de la Península enviando viento húmedo, frecuentemente mediterráneo, del este-sureste y un anticiclón sobre el norte de Francia o Alemania induciendo sobre la misma zona vientos muy fríos del nordeste. Se produce así una zona de convergencia en superficie sobre el interior peninsular en la que el aire mediterráneo remonta sobre el del interior de Europa, configuración que puede aparecer en los mapas como una especie de frente semiestacionario. Se forman de este modo grandes nimboestratos con una producción muy eficiente de precipitación en forma de nieve, que no se funde al atravesar la capa fría que tiene por debajo. La situación puede tener una evolución bastante lenta y las nevadas pueden ser copiosas.

Otras situaciones están ligadas a la llegada de frentes y son muy distintas dependiendo de la zona por donde lleguen éstos. Cuando un sistema frontal entra por el suroeste peninsular y se encuentra con una capa de aire muy frío pegada al suelo y con un espesor de unos cientos de metros, la precipitación, que ya sale en forma de nieve, no se funde y en esa condición llega al suelo. A diferencia del caso anterior, el aire frontal, más cálido, va sustituyendo progresivamente al aire frío y la precipitación pasa a ser en forma de lluvia, si bien la transición puede durar de unos minutos a algunas horas dependiendo de la naturaleza concreta de las dos masas de aire. 

Las cosas son muy distintas cuando un frente entra por el noroeste. En este caso, la masa de aire es más fría y seca que en el caso de las que entran por el suroeste y además, para llegar a Madrid, tiene que salvar la barrera de la sierra de Guadarrama. En ese tránsito, la circulación ligada al frente sufre muchas distorsiones e incluso el frente puede fragmentarse, con lo cual, o no se produce precipitación en forma de lluvia o nieve sobre Madrid, o ésta es muy escasa. Sólo cuando el frente es "más del oeste" pueden llegar a alcanzar Madrid alguna de sus células nubosas que vienen desde el oeste, sin haber sufrido excesivamente la influencia del Sistema Central, o habiéndose ya regenerado en parte. Creo que ésta fue en buena medida la situación que nos afectó ayer 22 de enero en Madrid.

Las situaciones más complejas están ligadas a las borrascas frías. Éstas tienen dos zonas de precipitaciones. La delantera, sin ser un frente propiamente dicho, se suele comportar como tal, pero con un movimiento algo más errático, lo cual, ya de por sí, complica algo la predicción. Pero además su nubosidad asociada puede ser tanto estratiforme como cumuliforme, o incluso estar mezcladas. En ese caso la presencia de cumulonimbos complica aún más la predicción de intensidad de la nevada e incluso de su "formato" concreto. Justamente es la zona central de la borrasca donde este problema se hace más agudo ya que ahí toda la nubosidad es convectiva. Lo "bueno" en este caso es que la precipitación, aunque intensa, suele ser de corta duración.

Indudablemente los efectos de estas borrascas frías se intensifican o se debilitan dependiendo de la trayectoria que recorren hasta llegar al centro de la Península de forma algo parecida a lo que sucede con los frentes. Lo mas complicado de todo es cuando esas borrascas vienen "marcha atrás", es decir, cuando presentan trayectorias nordeste-suroeste o las mas raras este-oeste. En estos casos la zona que antes llega es esa zona central con cumulonimbos asociados. A las mayores dificultades de los modelos para simular adecuadamente esa "marcha atrás", se une que la precipitación es fundamentalmente convectiva, con sus problemas asociados de intensidad y distribución muy irregular de la precipitación, así como de su "formato" específico (nieve, nieve granulada, granizo, granizo blando...) Una situación de este tipo es la que afectó a Madrid el 9 de enero del 2009 y que creo que mucha gente recuerda -yo desde luego la sigo teniendo muy presente- por las dificultades de todo tipo a que dio lugar.

Pero, por si fueran pocas, la predicción de nieve en Madrid aún presenta más dificultades. Para la determinación de la cota es fundamental la adecuada predicción de las temperaturas en las capas medias y bajas de la troposfera. Pues bien, resulta que los valores de temperatura, sobre todo las de capas bajas, que suelen afectar a la zona centro de la Península en este tipo de situaciones,  son los que conducen a una determinación de la cota de nieve de, alrededor de los 700-800 metros, con ese error de más o menos 100 metros a que antes me refería. Ahí se encuentra de lleno Madrid y toda su zona metropolitana. Y por si fuera poco, se suma también el efecto de "isla urbana de calor" que provoca una distorsión local del campo de temperaturas y que no es tenido en cuenta por los modelos de predicción.

Si, en estos casos, a las puras dificultades meteorológicas se suman las de infraestructuras y las de algunos comportamientos sociales, se entiende que los problemas puedan ser  importantes. En cualquier caso, cabe reconocer que, a partir de aquellas nevadas del 2009, se ha avanzado mucho en la coordinación de las administraciones para minimizar el impacto de situaciones de este tipo. 

Pero, de todos modos, si hay una pregunta que pueda poner los pelos de punta a un predictor, es la de: ¿Va a nevar mañana en Madrid?


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