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5 de enero de 2016

Ponientes, Niños...Niñas...

"Cambio de aires" fue el título que puse a mi anterior entrada de este blog cuando, recién transcurrida la Navidad, ya parecía evidente que la circulación atmosférica sobre España experimentaba un cambio sustancial. Casi sin darnos cuenta, estamos ahora inmersos en pleno temporal de poniente, con vientos que han removido la contaminación que nos venía afectando de forma preocupante y con lluvias que, aunque no están siendo importantes salvo en zonas montañosas y algunas de la mitad norte, han logrado humedecer sustancialmente el ambiente, sobre todo de la vertiente atlántica. Y, al menos en esta zona,  -no tanto en la mediterránea- existe la sensación -física y psicológica- de que, al fin, el invierno ha empezado a asomarse.

Aunque hoy martes 5 de enero estamos afectados por una vaguada con entrada de aire frío del noroeste (el clásico "escobazo" tras un frente activo), nuevas bandas nubosas asociadas a la circulación de los oestes sobre el Atlántico, nos afectarán durante los próximos días.

Todo parece indicar que esta situación de ponientes -aún con sus correspondientes intervalos de tiempo seco y frío- puede prolongarse hasta mediados de mes. Para esas fechas se ven algunos indicios de retrogresión en la dorsal atlántica, lo que pudiera originar una entrada de vientos fríos del nordeste sobre la Península, acompañados o no -depende de cual fuera la posición de la borrasca mediterránea- de precipitaciones de nieve.


Aunque la incertidumbre todavía es muy alta, hay síntomas de que, hacia mediados de mes, podría interrumpirse el flujo de ponientes por el establecimiento de una dorsal atlántica al oeste de la Península. Está por ver si se va a dar una retrogresión de esa dorsal, que, de ser así,  induciría aire frío continental sobre nuestra zona geográfica, algo normal en el mes de enero. Mucho más difícil aún es saber si se formaría una borrasca mediterránea y donde podría ubicarse. De ello dependería la aparición de nevadas extensas. 

Por tanto, empezamos a estar en un tiempo más "normal", al menos en nuestra zona geográfica, si bien el impresionante impacto informativo originado por la presencia de un fenómeno de "El Niño" bastante intenso ha conducido y conduce a una, probablemente excesiva, atribución al mismo de las poco frecuentes circulaciones atmosféricas en distintas zonas del mundo. A este respecto, ayer, yo mismo me preguntaba y preguntaba en twitter sí este temporal de lluvias tendría que ver con esos estudios que relacionan un tiempo más húmedo de lo normal durante el otoño el la vertiente atlántica con la presencia de "El Niño" y que pudiera haber llegado "retrasado".

Impactos de precipitación a nivel mundial en situaciones de "El Niño" publicado por el Meteorological Office británico. A la Península Ibérica se le atribuye un periodo agosto-noviembre más húmedo de lo normal. Otros estudios apuntan a que esa anomalía sólo afecta a zonas de la vertiente atlántica. No parece que haya sido así en la situación actual en la que este periodo ha sido normal tirando a seco.

La respuesta de algunos amigos coincidió con la que yo tenía en mente:  No parecía probable que fuera así, dado que se trataba de una circulación relativamente "alta" de latitud cuando ese supuesto otoño "más húmedo" parecería más unido a una circulación más baja y con  presencia de más entradas húmedas desde el suroeste. 

Por otra parte, la ocurrencia de este "Niño" en un año en que, junto con el anterior, se están produciendo récords en la temperatura  media de la Tierra, debidos muy probablemente al calentamiento global, ha hecho que se multiplicaran las hipótesis y las cábalas sobre la posible acción conjunta de tales fenómenos o, hasta qué punto, un fenómeno potenciaba o debilitaba al otro. Todo ello ha llevado, como suele ocurrir en estos casos, a un exceso informativo sobre las posibles relaciones de los distintos fenómenos adversos con "Niños", cambios climáticos o combinaciones varias. Ante esta situación, profesionales y aficionados nos quejamos de esa mezcolanza informativa pero hay que reconocer que son las informaciones de las distintas organizaciones mundiales y la inevitable ebullición de las redes sociales lo que alimenta a las informaciones periodísticas. Recordemos a este respecto el gran despliegue informativo de la OMM sobre los récords de calor de los años 2014 y 2015 en un esfuerzo de concienciación ante la Cumbre del Clima de París y también la rara actitud de la NASA al referirse en un nota oficial a que "El Niño" estaba creando un "caos meteorológico" mundial...¿Qué es un "caos meteorológico" desde el punto de vista científico?

También en estos días se han escuchado o leído declaraciones que se van hacia el otro extremo, es decir, a la supuesta imposibilidad de atribuir un único fenómeno al cambio climático o, incluso, a la acción de "El Niño". Es verdad que ese el "discurso" era el necesario hasta hace tres o cuatro años, pero el encomiable esfuerzo que están llevando a cabo científicos de todo el mundo coordinados por la American Meteorological Society, está haciendo que esta afirmación deba revisarse. Ahora ya, antes de que acabe cada año, se publica un completo estudio sobre la mayor, menor o nula relación con el cambio climático de las situaciones atmosféricas más adversas del año anterior. Por tanto es muy posible que en el último trimestre de este nuevo año 2016, tengamos muchas respuestas a las preguntas que ahora nos hacemos. 


Portada del informe sobre fenómenos meteorológicos extremos del año 2014 y su posible atribución. Puede descargarse aquí

Ahora los modelos de predicción a largo plazo apuntan hacia un rápido declive de las actuales condiciones de "El Niño" para pasar a finales de la primavera o comienzos del verano a una situación neutral o incluso de "Niña". 

Aunque con la incertidumbre propia de una predicción probabilística, el diagrama del Centro Europeo apunta claramente hacia una rápida desaparición de El Niño e incluso algunos escenarios llevan hacia una Niña débil a comienzos del verano


Me temo que, aún sin haber cerrado los impactos de este "Niño", se empiecen a mezclar con los potenciales de la futura "Niña" (¿será fácil distinguir unos de otros o detectar sus posibles conexiones?). Y el temor no proviene de que empecemos a hablar de ello, sino de cómo se va a trasladar al público sin aumentar la confusión, la desinformación y desde ahí la excesiva alarma o el desinterés. Ello me lleva a insistir de nuevo, una vez más, en la importancia de que existiera en España un informe periódico de referencia, claro  y asequible para no expertos que diera coherencia a todas estas informaciones así como a las posibles impactos sobre España. 

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