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1 de septiembre de 2015

Empieza la otoñada: Visión de septiembre

Tras los diluvios de finales de agosto, empieza septiembre con un tiempo que empieza a oler a otoño. No en vano, desde el punto de vista climatológico, es el primer mes del trimestre otoñal. Es dificil saber cómo va a ser, y más en estos últimos tiempos en lo que todo parece ir adelantado. Pero lo que sí sabemos es cómo suele ser cuando se ajusta a la "normalidad" y qué nos ha ofrecido cuando ha dejado de serlo. Lo cuento en el capítulo correspondiente de mi libro Meses y Tiempos, y al igual que en meses anteriores, transcribo a continuación un párrafo del mismo.

¡Feliz otoñada!







Visión de septiembre

Aunque desde el punto de vista de la climatología, septiembre es ya otoño, lo cierto es que es un mes sorpresa. Según una creencia popular bastante extendida, si los meses de julio y agosto no han sido muy cálidos, el verano se prolonga en este mes, si bien con un carácter menos opresivo al ser ya las noches más largas; de hecho el tiempo de luz en septiembre se acorta una hora y cuarto respecto al de agosto. Desde el punto de vista científico esa creencia no tiene ningún soporte y septiembre puede ser tanto una prolongación del verano como un serio anticipo del otoño…y,  a veces, ambas cosas. En cualquier caso, lo que es indudable es que la temperatura media, todavía de 20,3º, es ya tres grados inferior a la de agosto y que la precipitación media, 43 mm, queda ya claramente por encima de los 24 mm del mes anterior. De una forma u otra, antes o después, durante el mes se suele producir ya la entrada de masas de aire más frías. Pueden originar algún temporal de lluvias atlánticas si predomina la circulación de tipo zonal o bien de lluvias intensas mediterráneas si la circulación tiene más bien carácter meridiano con tendencia a la formación de depresiones aisladas de niveles altos (DANAs) o borrascas frías. Y cualquiera de esas situaciones puede estar salpicada de tormentas ya que septiembre suele ser uno de los meses mas tormentosos del año.

Este carácter, ora tranquilo, ora violento, del mes queda bien reflejado en los refranes de la meteorología popular:

Septiembre es bueno si de primeros al final pasa sereno; si no, Septiembre se tiemble

O, mediante este otro, mucho más pesimista:

Del mes que entra con abad (San Gil) y sale con fraile (San Jerónimo), Dios nos guarde

Una prevención que remacha éste otro:

Septiembre se tiemble, o seca las fuentes o se lleva los puentes

Sin embargo, más allá de estos avatares, también existe de forma bastante generalizada una percepción de septiembre como un tiempo tranquilo y agradable que hay que aprovechar antes de enfrentarse a otros tiempos más extremos:

                                  Septiembre es frutero, alegre y festero

Y también un poco bucólico:

      El sol septembrino madura el membrillo

en el que se produce, y parece que sigue siendo así, la despedida de algunos amables visitantes:

Cuando la Virgen llega (Natividad de la Virgen, el 8 de septiembre), la golondrina se va

Quizás esta marcha de las golondrinas pudiera estar relacionada con el refrescamiento producido por las tormentas que con frecuencia suelen aparecer durante los primeros días del mes. Después, a  mediados, no es raro que aparezcan de nuevo y las temperaturas experimenten otro descenso.  Se llega así a San Mateo, y al equinoccio de otoño, con el equilibrio entre el día y la noche:

Por San Mateo, tanto veo como no veo

Ahora el tiempo tiene ya un carácter bastante más otoñal, aunque, con un poco de suerte, quedará todavía un último y tímido recuerdo del verano: el veranillo de los arcángeles. El 29 de septiembre es la celebración de los tres arcángeles: Miguel, Rafael y Gabriel, si bien, tradicionalmente, la referencia ha sido San Miguel:

El verano de San Miguel faltará muy rara vez

San Miguel ha sido siempre en el campo un tiempo de cierre y de apertura de acuerdos y contratos. El verano acabó y el otoño está ya encima. Acaban unas tareas y empiezan otras pero hay ya una cierta preparación del letargo invernal. En cualquier caso, antes hay que recoger las últimas frutas, ahora en plena sazón:

Por el veranillo de San Miguel están los frutos como la miel

Como ocurre con casi todos los meses, el comportamiento de septiembre tiene en la meteorología popular un cierto carácter predictivo. He aquí unas muestras por si se quieren comprobar sus afirmaciones:
.
Septiembre benigno, Octubre florido

Buen tiempo en septiembre, mejor en diciembre

El tiempo que hace en la Natividad (de la Virgen, 8 de septiembre), cuatro semanas suele durar

Y un último, catalán, que presagia pocas lluvias en el año si el viento sopla del norte en San Miguel:

Tramontana per Sant Miquel, tot l´any mirarás al cel

A veces septiembre es seco, sin temporales atlánticos ni mediterráneos, pero, como dice el refrán, también se  ha llevado muchos puentes. Veamos a continuación, sin ánimo en absoluto de ser exhaustivos, algunos recuerdos de grandes diluvios septembrinos. Quizás el más triste  sea el del acaecido en 1962, la noche del 25 al 26, cuando unas intensas lluvias de más de 200 mm en pocas horas provocaron una avenida súbita de los ríos Besós y Llobregat que inundó poblaciones como Terrasa, Sabadell o Rubí, registrándose la increíble cifra de más de 800 muertos. También en 1973, y concretamente el día 7, volvieron a ocurrir inundaciones en estas zonas, concretamente en el Baix Llobregat y el Maresme, con registros superiores a los 100 mm.
        
 Si bien pudiera parecer que en septiembre las lluvias intensas mediterráneas aparecen fundamentalmente en Cataluña, y quizás desde un punto de vista de frecuencia de episodios sea así, lo cierto es que todas las zonas mediterráneas resultan afectadas. Baleares tiene también importantes situaciones de este tipo, tal como la del 18 de septiembre de 1977, cuando una tormenta en Ibiza dejó 212 mm en Santa Eulària, 195 en Sant Joan de Labritja o 190 en Sant Carles. En la Comunidad Valenciana cabe recordar situaciones tales como la del  11 de septiembre de 1996 con 520 mm en Tavernes de Valldigna, o la del 23 de septiembre de 2008, cuando en Sueca (Valencia) se registraron 342 mm, de los cuales 320 fueron recogidos en menos de 3 horas y 144 en una hora, lo que supone uno de los valores más altos de precipitación registrados en España.  Y también la del 30 de septiembre de 1997 en Alicante, cuando se registraron 270 mm en 6 horas, causando cinco muertos. Por su parte, en la Comunidad Murciana, un recuerdo reciente es el de las lluvias del 27 de septiembre de 2012, que con una intensidad de 128 mm/h, cortaron la autovía A-7 y la autopista de Cartagena con evacuaciones de vecinos en Puerto Lumbreras y Lorca. Por fin, en Andalucía oriental también se han dado episodios muy significativos en septiembre; así, el 21 de septiembre de 2007, fuertes precipitaciones afectaron al litoral de Málaga y Granada mientras que en Marbella, una granizada causó destrozos en miles de vehículos y en Nerja una gran tromba dejó 188 mm.

Muchas de estas precipitaciones están asociadas a tormentas y, aunque la estadística de rayos caídos en tierra es relativamente reciente, se dispone ya de algunos valores significativos de actividad eléctrica para este mes. Destacan mucho los 11934 rayos registrados en la provincia de Badajoz el 6 de septiembre de 2006, los 11812 del 20 de septiembre de 2002 en la provincia de Zaragoza o los 9314 del 11 de septiembre del 2000 en la provincia de Zamora. También es reciente la disponibilidad de una información relativamente sistematizada sobre tornados y así sabemos de la ocurrencia de algunos de ellos durante este mes unidos a tormentas ocurridas en Cataluña y Baleares.

También las zonas gallega y cantábrica pueden verse afectadas en septiembre por precipitaciones intensas, ligadas frecuentemente a DANAs centradas sobre el interior peninsular. Así, el 10 de septiembre de 1992, se produjeron graves inundaciones en Asturias por los desbordamientos de los ríos Nalón y Sella. Otras veces son los temporales atlánticos los que ya hacen acto de presencia, tal como ocurrió el 14 de septiembre de 1993, cuando se registraron vientos de más de 100 km/h con fuerte temporal en la mar y un balance de tres muertos y dos desaparecidos en Galicia.

Por lo que respecta a temperaturas elevadas, en los primeros días de septiembre pueden registrarse aún valores bastante significativos propios del verano. Un ejemplo es el del día 7 de septiembre de 1988 cuando se registraron 43 ºC en Badajoz-Talavera, 36,4 ºC en Soria, 36,8 ºC en Burgos-Villafría y 35,4 ºC en Ávila, todos ellos récords absolutos para este mes. También fue muy señalado el periodo comprendido entre el 3 y el 5 de septiembre de 2006 cuando, tanto Ourense como Ponferrada, superaron sus valores absolutos con 41,1ºC en el caso del primer observatorio y 37 en el segundo. Por su parte, y como ya apuntaba, en la segunda quincena del mes pueden darse ya algunas irrupciones de aire polar que provocan descensos térmicos significativos e incluso alguna helada débil. Así, el 25 de septiembre de 1984, Ávila con -2ºC y Palencia con -1ºC alcanzaron sus récords de temperaturas mínimas más bajas para septiembre y lo mismo ocurrió en Guadalajara el 18 de septiembre de 2005 con -1ºC.

Septiembre marca el comienzo del año agrícola y es tiempo de balances, planes y predicciones. Es igualmente tiempo de ver cuánto ha llovido en el año que acaba y cómo están los suelos tras el seco paréntesis del estío. Hasta hace unos cuantos años, el balance hídrico nacional, la referencia oficial para conocer estos y otros datos, se cerraba por parte de AEMET a 31 de agosto pero luego se decidió hacerlo un mes después, el 30 de septiembre, haciéndolo coincidir con el final del año hidrológico.


En estas fechas, la gente del campo hace cábalas sobre cómo vendrá el otoño y con frecuencia buscan algún tipo de predicción que se lo desvele o que, al menos, ofrezca alguna pista que ayude a ir rellenando esa especie de página en blanco que se abre. Y no sólo la gente del ámbito rural, también los habitantes de las ciudades, aún sin perder aún el regusto del verano, desean de algún modo conocer cuándo ocurrirá la llegada de las lluvias o, al menos, de aires más húmedos y limpios ¿Será en septiembre? ¿Habrá que esperar a octubre? ¿Y si octubre viene seco? Esperemos que alguna vez, las nuevas predicciones estacionales nos puedan contestar eficazmente estas preguntas.

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