2 de mayo de 2026

El informe Copernicus 2026 y el calentamiento acelerado de Europa


El 28 de abril de 2026, el Servicio de Cambio Climático de Copernicus y la Organización Meteorológica Mundial publicaron el informe sobre el Estado del Clima Europeo en 2025. Es una publicación realmente interesante y algunas de sus conclusiones son contundentes: Europa sigue siendo el continente que más rápido se calienta, a un ritmo aproximadamente doble que la media global; al menos el 95% del continente registró temperaturas por encima de la media en 2025; las aguas europeas —incluido el Mediterráneo— alcanzaron temperaturas superficiales récord. Y en general  se produjo un llamativo contraste este-oeste en Europa: el este sufrió condiciones extremadamente secas y a menudo con calor récord, mientras que el oeste fue cálido pero más húmedo de lo normal. 

En este gráfico del informe puede verse que Europa es la región del globo que se calienta con más rapidez solo superada por el Ártico.


Y este otro las distintas tendencias de calentamiento entre las distintas zonas geográficas.

Por su parte, los glaciares perdieron masa en todas las regiones europeas; y los incendios forestales quemaron en Europa más de un millón de hectáreas —casi cuatrocientas mil en España— la mayor superficie registrada. 

En cuanto a las precipitaciones y la hidrología, el informe documenta un fuerte contraste entre amplias zonas con déficit de precipitación, humedad del suelo y caudales —desde Europa occidental hasta Turquía— y regiones más húmedas de lo normal, como el suroeste ibérico y parte del Báltico.


Son datos que hablan por sí solos. Pero hay una pregunta que surge de inmediato: ¿por qué Europa se calienta tan rápido? ¿Cuál es el mecanismo físico que está detrás de esta aceleración?

El informe atribuye como una causa muy importante -entre otras- a los patrones atmosféricos dominantes. Creo que es una formulación técnicamente correcta, pero comunicativamente insuficiente. Esos patrones de circulación tienen nombre y tienen una física bien conocida: como ya he comentado muchas veces, se trata de dorsales de bloqueo de gran amplitud, estructuras anticiclónicas que se extienden desde las latitudes subtropicales hasta latitudes que antes eran dominio del aire atlántico o polar, y que permanecen estacionarias durante días o semanas produciendo calor extremo, sequía y subsidencia sostenida sobre las regiones que quedan bajo su influencia. 

Por supuesto, las dorsales de bloqueo han existido siempre. Lo que está cambiando es su frecuencia, su amplitud y su persistencia. Como comentaba en un artículo anterior, algunos trabajos recientes apuntan a un aumento significativo en la frecuencia y persistencia de configuraciones de resonancia de ondas planetarias desde mediados del siglo XX, aunque el alcance exacto de esa tendencia sigue siendo objeto de debate. Esas ondas de Rossby, más lentas y de mayor amplitud en determinados contextos, son el mecanismo que favorece la formación y persistencia de las dorsales que el informe de Copernicus documenta en sus efectos.

Esto implica que el aire subtropical penetra cada vez más profundamente en el continente europeo. No de forma continua y uniforme —que es lo que miden los índices climáticos estándar y lo que produce la imagen de una expansión “modesta”—, sino de forma intermitente y ondulatoria, a través de grandes dorsales que en cuestión de días trasladan condiciones subtropicales a latitudes centroeuropeas.


La imagen de hoy mismo, dos de mayo, muestra una circulación muy ondulada con dos grandes dorsales (D), una sobre el Atlántico y otra sobre el centro y  norte de Europa. Este tipo de dorsales parece que se van haciendo cada vez más comunes y de mayor amplitud. Por una parte tienden a bloquear los flujos oeste-este sobre el Atlántico y por otra a provocar situaciones de calor extremado y duradero con sequias en zonas europeas poco acostumbradas.

El resultado es exactamente lo que documenta el informe de Copernicus: veranos con olas de calor récord en el centro y sur del continente, sequías persistentes y temperaturas del Mediterráneo sin precedentes. Y también lo que el informe señala como una de las novedades más preocupantes de 2025: la ola de calor más larga registrada en la Fennoscandia subártica, con tres semanas consecutivas de calor intenso y temperaturas superiores a 30 °C cerca e incluso dentro del círculo polar ártico. Es el tipo de anomalía que delata hasta qué punto una dorsal de gran amplitud puede hoy alcanzar latitudes que, en otro contexto climático, difícilmente habrían quedado expuestas a aire tan cálido durante tanto tiempo.

El dato más revelador del informe para la Península Ibérica y su entorno es el del mar: en 2025 la temperatura media de la superficie del mar en la región oceánica europea volvió a marcar un récord, encadenando cuatro años consecutivos de máximos. En el Mediterráneo, la temperatura media anual se situó entre las más altas jamás observadas —segunda solo tras 2024—, confirmando que la cuenca mediterránea se está calentando más rápido que la media oceánica global.

Ese calentamiento no es independiente de la dinámica de dorsales. Responde ante todo al forzamiento radiativo de fondo, pero las dorsales persistentes actúan como un potente mecanismo de amplificación regional al reforzar la insolación, debilitar la mezcla superficial y favorecer el sobrecalentamiento estival del mar. Un Mediterráneo más cálido aporta más energía y más humedad a las estructuras convectivas que se forman sobre él, haciéndolas más intensas cuando finalmente se rompe el bloqueo anticiclónico. Es el mecanismo que explica la paradoja que vivimos cada vez con más frecuencia: sequías largas seguidas de episodios torrenciales de gran violencia.

El informe de Copernicus es un documento científico riguroso y exhaustivo. Pero, como ocurre con la mayoría de los informes de síntesis climática, trabaja fundamentalmente con tendencias medias y variables observacionales. Lo que queda en segundo plano es la dinámica atmosférica que produce esas tendencias.

El calentamiento acelerado de Europa no responde solo al aumento del CO₂ en términos radiativos directos. Responde también, y de forma decisiva, a cómo ese forzamiento está modificando la circulación atmosférica regional y amplificando sus efectos sobre el continente.

Los datos de Copernicus y la dinámica de las dorsales no son relatos alternativos. Son dos niveles de descripción del mismo fenómeno: uno observacional; el otro, dinámico. El informe nos dice qué está pasando con gran precisión y rigor. La física de las ondas de Rossby y la expansión subtropical nos explica,  a mi juicio, una razón muy importante. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario