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26 de junio de 2019

¿Qué sabemos sobre nuestras olas de calor?

Poco puede decirse que no se haya dicho ya sobre la situación ola de calor -esta vez no parece haber duda de ello- que ya está comenzando. Los modelos de predicción a medio plazo la han captado eficazmente, aunque hubo algunos matices algo diferentes entre ellos.  Se han dado y se siguen difundiendo las informaciones y avisos pertinentes. Y se constata cómo esta situación contribuye muy probablemente a esa tendencia que se va viendo hacia un adelanto de las condiciones veraniegas en España, quizás por una mayor o más temprana aparición de este tipo de situaciones sinópticas o bien por unas temperaturas más elevadas de lo normal de la masa de aire que en ese tipo de situaciones nos afecta. 

En ese contexto creo que sería útil estudiar un poco más los mecanismos concretos por los que se producen estas situaciones. Siempre, o casi siempre, se habla de la entrada de aire "africano" o sahariano,  pero, aunque eso ocurra en muchas ocasiones, me parece más correcta la idea expresada por aquel gran meteorólogo que fue Lorenzo García de Pedraza: "En verano, España se convierte en una sucursal del Sahara". Y así es en efecto: vemos como en los mapas de temperatura de 850 hPa los valores son muy parecidos a los que predominan sobre el desierto.  

Mapa de geopotencial de 500 hPa y T850 previsto para las 00 UTC de mañana 27 de junio. Puede verse como las temperaturas sobre el sur de Francia y zona mediterránea aparecen como una extensión de las temperaturas norteafricanas

A esa situación puede llegarse bien por advección de esa masa africana -casi siempre acompañada de polvo en suspensión- o por mecanismos de compresión del aire en capas medias-bajas por subsidencia. Se generan así condiciones de mucha estabilidad con cielos despejados y casi sin renovación del aire de las capas pegadas al suelo; capas que se calientan mucho durante el día al no poder mezclarse y se enfrían poco por la noche.  Y hay ocasiones, como la que ahora nos afecta, en que ambos efectos pueden coincidir  actuando sobre capas atmosféricas distintas, pero contribuyendo todas al alza de las temperaturas.

Retrotrayectorias previstas para las 00 UTC de mañana 27 de junio.Si bien hay que tomarlas e interpretarlas con cuidado,  parece que la que nos llega a 700 hPa, originaria del Atlántico, sí ha hecho previamente un recorrido norteafricano a niveles más bajos, comenzando luego a ascender en la zona delantera de la borrasca fría situada al oeste peninsular. La de 800 hPa ha tenido un recorrido atlántico mientras que la de 900 ha efctuado un recorrido descendente sobre el Mediterráneo para ascender en las últimas horas. Es importante conocer el efecto combinado de estas evoluciones. 

Por tanto, si bien es verdad que conocemos la estructura básica general que origina estas situaciones, creo que sería interesante estudiar cuestiones tales como éstas: ¿Van siendo cada vez más cálidas en 850 hPa las masas de aire sobre España en estos escenarios? ¿Son más frecuentes las advecciones norteafricanas y/o los fenómenos de subsidencia? ¿Cuál es el peso real de cada uno de estos fenómenos? ¿Cómo se potencian o interfieren entre ellos? ¿Se dan este tipo de situaciones sinópticas cada vez con más frecuencia o, más bien, se empiezan a producir antes? (leáse a este respecto el interesante artículo publicado en la RAM)  ¿La evolución de la ola es siempre la misma o hay "historias" distintas? (en la situación que nos afecta estos días, la baja atlántica está más "pegada" a la Península que en otras situaciones de este tipo).

Aunque pueda pensarse que lo fundamental es detectar con tiempo suficiente la aparición de estas situaciones, creo que la respuesta a este tipo de preguntas y otras parecidas que pueden formularse ayudaría mucho para la correcta y eficaz comunicación y gestión de situaciones de este tipo, y más en el contexto del cambio climático. Probablemente ello pueda abordarse -quizás ya se esté haciendo- unido a los estudios de atribución que nos permitan conocer la probabilidad de que una situación concreta -como ésta por ejemplo- esté provocada en mayor o menor medida por el proceso de cambio climático. Me imagino que como esta situación va a afectar a buena parte de Europa, esos estudios se conocerán pronto bien a través de Copérnicus o de otros organismos. Pero deberíamos asegurarnos la misma celeridad en situaciones que afecten fundamentalmente a España. 

Y ahora veamos la evolución de esta situación. Como antes apuntaba todas son parecidas pero no iguales y ello puede dar lugar a resultados algo diferentes e interesantes.

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