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14 de marzo de 2017

Hay que ocuparse de tanto récord.

Como no podía ser menos, está siendo noticia -y sobre todo está en las conversaciones de la calle- el rápido e intenso cambio de tiempo que hemos experimentado en menos de 48 horas. Se ha pasado de unas anormales temperaturas de primavera muy avanzada -casi de verano en algunos sitios- a caídas de 12 o 14 grados en 24 horas, e incluso hemos visto la aparición de la nieve por encima de los 900 o 1000 metros donde muy poco antes las temperaturas habían alcanzado los 25ºC. En este contexto es impresionante el caso de Alicante que pasa de batir el récord de temperatura máxima de marzo y abril con nada menos de 34,8ºC en su aeropuerto a alcanzar tres días después otro récord: el de máxima precipitación en 24 horas, con 137 mm, algo verdaderamente significativo ya que las lluvias mediterráneas más intensas siempre las hemos atribuido al periodo otoñal. Y éste es un doble récord que salta a la vista al ser un observatorio principal, pero es muy probable que haya habido bastantes más y muy significativos.

El primer comentario que se me ocurre hacer es resaltar la calidad y el acierto de los productos de predicción de probabilidad de ocurrencia de fenómenos extremos del Centro Europeo. Observando sus mapas del Extreme Forecast Index (EFI) o del Shift of Tails (SOT), se veía desde un par de días antes la alta probabilidad de que se batieran récords de este tipo. Lástima que esos productos no sean de libre difusión y sólo dispongan de ellos los Servicios Meteorológicos -AEMET ha hecho un buen trabajo- o quienes estén dispuestos a comprarlos. En fin, de esta cuestión ya he hablado -y me he quejado- en varias ocasiones, pero hoy no toca volver sobre ello.

Lo que creo que es verdaderamente importante es que, cuanto antes, se le explique al público desde la comunidad científica lo que está pasando; y de una forma clara y comprensible. Son muchos los récords que se están batiendo en los últimos años como para atribuirlos todos a la variabilidad natural o...al cambio climático sin estudios mas concienzudos y concretos. Es verdad que podría darse una explicación muy sencilla, y que además se ajusta a la lógica del cambio climático: Las masas aéreas tropicales y subtropicales son cada vez más cálidas y capaces de alimentar con más energía a los fenómenos extremos. Por otra parte, la más frecuente llegada de ondulaciones del chorro polar -provocadas quizás por el calentamiento del Ártico- da lugar a que las entradas de ese aire tropical y subtropical sean cada vez más frecuentes. Y, lógicamente, al ser también más frecuentes -y rápidas- las llegadas de ese aire frío, y producirse así fuertes contrastes, lo sean también los fenómenos violentos.

Pero esta es una explicación genérica que aunque pueda tener muchos elementos verdaderos sólo sirve para salir del paso ante las preguntas de los medios y que además conviene comprobar: 

¿Están realmente siendo cada vez más cálidas esas masas tropicales y subtropicales?

¿Hay procesos regionales que estén incrementando las temperaturas en esas situaciones? 

¿Está aumentando la llegada de masas frías polares? ¿Son éstas más frías o menos frías que antes? 

¿Están aumentado cuantitativamente las precipitaciones mediterráneas o lo que aumenta es la intensidad? 

¿Se mantiene con claridad los ciclos -y los tiempos- de las cuatro estaciones climatológicas en España?

Pero además de intentar contestar a estas cuestiones, y a otras varias, se hace necesario llevar a cabo estudios de atribución de cada una de estas situaciones para ver de un modo efectivo su singularidad y su mayor o menor relación con el cambio climático. Ya he comentado otras veces que desde hace unos seis o siete años se realizan en el mundo estudios de este tipo basados en el estudio de las series climatológicas o en simulaciones con modelos. Aquí está un último ejemplo de ello. 

El tema es de gran importancia, no sólo por la "curiosidad" de si es o no cambio climático, sino por las implicaciones que estos tipos de situaciones tienen en la vida de las personas y en las actividades económicas y sociales. Y más aún por las medidas a tomar en todos los ámbitos si de los estudios se concluye que la atmósfera va a tener cada vez más tendencia a este tipo de circulaciones en nuestra zona geográfica. 

Creo que la cuestión es por tanto fundamental, no sólo a nivel científico, sino como algo de interés prioritario general. Por esta razón, -y tal como ya también lo he comentado con frecuencia en relación con la necesaria revisión del plan de avisos- es una actividad que debe estar promovida, cuidada, soportada y seguida desde altos niveles de la Administración. Debe tener además un carácter multidisciplinar y, seguramente, se debería trabajar en contacto con grupos internacionales de investigación. Por otra parte los resultados no pueden demorarse años -ya se consiguen algunos resultados en meses- y tienen que gozar de mucha prioridad desde el punto de vista de la información y la comunicación. Es por todo ello por lo que creo que el programa de acción debe tener una visión y coordinación estatal.

Por supuesto ello no quiere decir que no sean importantes los trabajos de organismos o departamentos universitarios individuales. Probablemente ya los estén haciendo, y seguramente con pocos recursos, escasa organización y mínimas facilidades o estrategias comunicativas. Creo que lo que se haya conseguido y que sea de interés en estos aspectos debe tener todo el apoyo para que sea conocido por la sociedad.

Todo ésto tiene que evolucionar. Hay que ocuparse de tanto récord y de lo que puede haber más allá de ello.  Y debe hacerse con criterios, prioridades y medios. Importa mucho.

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