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1 de agosto de 2015

Visión de agosto


En este atípico verano de 2015, es difícil saber cómo se va a comportar el mes de agosto que hoy empieza, si bien la predicción mensual del Centro Europeo/AEMET, apunta hacia temperaturas normales, o algo por debajo, sobre todo a partir de la próxima semana. 

Lo que si podemos saber es lo que la climatología y la meteorología nos dicen de este mes. Ahí va a continuación un fragmento del capítulo dedicado a agosto en mi libro Meses y tiempos:





VISIÓN DE AGOSTO

Agosto es mitad verano…y mitad final del verano. La fiesta de la Asunción de la Virgen –la Virgen de agosto- marca sociológicamente un punto de inflexión. Es como, si a partir de esa fecha, el calor bajara de intensidad, o se percibiera de pronto que los días ya han acortado mucho:

Por la Virgen de agosto, a las siete ya está fosco

Quizás el refrán exagera un poco, pero comienza a extenderse ya una sensación de despedida del verano, de retorno a las tareas habituales y a la preparación del nuevo curso.
Pero, aún así, la climatología nos presenta a agosto como un mes del todo veraniego. Su temperatura media es igual que la de julio -23,4ºC- si bien se van notando ya las noches más frescas:

Agosto, por el día fríe el rostro; pero por la noche frío en rostro

La razón es el avance del tiempo nocturno, unos 60 minutos más respecto a julio, lo que da lugar a una irradiación más duradera de la superficie terrestre y, por tanto, a un mayor descenso de las temperaturas.

Por lo que respecta a las lluvias, su valor medio muy parecido al de julio: 24 mm. Salvo las producidas por el paso de algún frente por las tierras norteñas, todas provienen de la actividad tormentosa que suele ser más frecuente en la segunda quincena, sobre todo a partir del día 20:

Por San Bartolomé, tormentas ha de haber

A veces, estas tormentas están ligadas a entradas de perturbaciones de carácter tropical que, como ya vimos en el capítulo dedicado a septiembre, ascienden desde Canarias o por el interior de África hasta la mitad sur de la Península Ibérica. Hasta hace diez o quince años, daban muchas sorpresas a los meteorólogos –y por supuesto al público- debido al escaso conocimiento de las mismas y a su deficiente manejo por parte de los modelos numéricos, pero en la actualidad son ya fácilmente predecibles.

Sobre la oportunidad de las lluvias de agosto, ha existido una tradicional discrepancia entre las gentes del campo, tal como expresa certeramente este refrán:

El agua de agosto fastidia la era; pero apaña la rastrojera”

pero también algún juicio muy negativo:

Agua por la Virgen de agosto, quita aceite y agua el mosto

Y, sin embargo:

Cuando llueve en agosto, llueve miel y llueve mosto

En cualquier caso, parece que calor y poco agua es lo que se le pide al mes para asegurar unas buenas cosechas en los meses posteriores:

Lo que agosto madura, septiembre la asegura

 Pero, de una forma u otra, se reconoce su escasez durante este mes:

Llueva o no llueva, en agosto la huerta riega

Si por algo destaca agosto desde el punto de vista de la meteorología popular es por la tradición de las cabañuelas. Son muchas las personas creyentes en ella, o al menos curiosas, que dedican buena parte del mes a la observación escrupulosa de los cambios de tiempo, incluso los muy tenues.Lo hacen durante los primeros doce días del mes, o incluso los primeros veinticuatro si se utiliza otra metodología, en el convencimiento de que el tiempo de cada uno de estos días se corresponde con un determinado mes del año próximo. Son tantas y tan distintas las metodologías empleadas y tan discutibles las hipótesis de partida, que poco crédito puede darse a todo ello desde el punto de vista de la ciencia actual. Sin embargo, ello no obsta para otorgar a las cabañuelas y a los cabañuelistas un gran respeto como a cualquier otra actividad humana hecha con gusto, curiosidad y respeto. Y además, uno se pregunta con curiosidad y humildad, qué puede haber detrás de esta tradición milenaria que la ha permitido mantenerse incólume generación tras generación.

Agosto es rico en importantes efemérides de carácter meteorológico relacionadas, como en julio, con calores y tormentas. Así, destaca absolutamente la famosa ola de calor de agosto del 2003 que se extendió por la Península y Baleares durante quince días aunque con puntas más marcadas en los primeros días del mes así como en sus días finales y que puede considerarse como la ola de calor más importante acaecida en España desde que hay registros.

Otros episodios importantes de calor fueron los de finales de agosto de 2010 en las Comunidades Valenciana, Murciana y Baleares con una temperatura de 43ºC en Valencia -que iguala su record absoluto del 26 de julio de 1881- pero que fue superada en otros puntos de la Comunidad por valores que llegan a superar los 45º, mientras que en la isla de Ibiza se registró su valor máximo con 42,2ºC.

Cabe también recordar el episodio de fuerte calor del comienzo de la segunda decena de julio de 2012. Duró tres días y en su transcurso algunas estaciones del Valle del Guadalquivir llegaron a superar los 45ºC. Otros valores importantes fueron 44,6 ºC en Alcantarilla (Murcia), 43,1 ºC en Toledo, 42 ºC en Albacete-Los Llanos, 42,3 ºC en Zaragoza, 41,4 ºC en Huesca-aeropuerto, 40,2 ºC en Teruel, 42,3 ºC en Pamplona-aeropuerto, 41 ºC en Salamanca y 40,6 ºC en Madrid-Retiro. En esta situación la isoterma de 30ºC en 850 hPa alcanzó la zona del Estrecho de Gibraltar y ello explica también perfectamente la mínima de 30ºC registrada en Melilla la noche del 9 al 10.

En la ocasión descrita, la gran expansión de la dorsal cálida africana afectó también de lleno a las islas Canarias registrándose una máxima de 44,7ºC en Mogán, en la isla de Gran Canaria. Otros episodios importantes de calor en el archipiélago en este mes fueron los de finales de agosto de 1990, con máximas que superaron los 40ºC en amplias zonas, o también los de finales del mes en el 2004 que duró cinco días.

Por lo que respecta a las lluvias de origen convectivo, no puede dejar de recordarse las que afectaron al País Vasco los días 26 y 27 de agosto de 1983. Un pequeño embolsamiento de aire frío llegado desde el interior de Francia en el seno de una corriente bastante inestable del nordeste, provocó, con el concurso del aire cálido y húmedo de niveles bajos, aguaceros torrenciales que llegaron a acumular en algunos puntos más de 500 mm en 24 horas. Las riadas y desbordamientos fueron de tal magnitud que fallecieron 47 personas y los daños materiales fueron cuantiosísimos.

Otros dos recuerdos imborrables de tormentas de agosto pertenecen a los años 1995 y 1996. En el primero de ellos, el día 10 una gran tormenta se cernió sobre la zona de Yebra y Almoguera, en la provincia de Guadalajara. Si bien la precipitación de 60 mm en una hora no parece excesiva aunque sí importante, el represamiento y posterior avenida de un arroyo originó una inundación repentina que se cobró la vida de diez personas. El año siguiente, el día 7, una tormenta anclada en la zona pirenaica de Biescas originó una gran avenida en un torrente de la montaña en cuya salida estaba instalado el camping “Las Nieves”. La riada fue de tal magnitud que originó 87 fallecidos, un desaparecido y unos 200 heridos.

Aún sin llegar a originar desgracias como las relatadas, algunas tormentas de agosto destacan por sus grandes cantidades de precipitación. Como ejemplos pueden citarse las del 25 de agosto de 1982 en el País Vasco con 185 mm en San Sebastían y 127 en Igueldo, o las del 8 de agosto de 2009 en zonas del interior peninsular que dejaron 115 mm en Cubo de la Solana y 110 en Calatañazor.

A veces, no es tanto el valor absoluto de la precipitación sino su gran intensidad. Quizás las efemérides más llamativas a este respecto sean la del 25 de agosto de 2007 en Gotarrendura, en la provincia de Ávila con 194 mm/hora, la del 19 de agosto de 2010 en la Base Aérea de Albacete con 138, o la del 13 de agosto de 2010 en Cuenca con 133 mm/h.

También se han registrado algunos tornados en agosto. El más importante de los reseñados hasta la fecha es el acaecido el 28 de agosto de 1999 en la sierra del Rayo, en Teruel. Llegó a alcanzar nada menos que una intensidad F3 y tuvo un recorrido de unos 12 km derribando miles de pinos, aunque sin causar otros destrozos.

Por lo que respecta a la actividad eléctrica de las tormentas y aunque la base de datos sea todavía muy pequeña, destaca mucho el número de rayos registrados en toda España el 17 de agosto de 2003. Ese día, la red de detección de AEMET registró 60201 descargas que constituye uno de los mayores registros desde que hay observaciones con esta red.

Para finalizar esta relación de efemérides, hay que hacer referencia a las grandes lluvias provocadas en Canarias el 18 de agosto de 2005, cuando una perturbación de tipo subtropical afectó al archipiélago con precipitaciones que sobrepasaron los 100 mm en algunos puntos de la isla de Tenerife.

Pero, más allá de las tormentas que circunstancialmente se registran, la tónica de agosto es, junto con el calor, la sequedad ambiental en las zonas no costeras. Esa sequedad tiene reflejo en las calimas que blanquean en mayor o menor medida el cielo y a su vez es causa fundamental –al menos causa necesaria, si no suficiente del todo- para los incendios forestales, que registran un máximo de incidencia durante este mes, y colaboran con sus grandes humaredas a  hacer aún más blancos u opacos los cielos de agosto. 





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