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31 de marzo de 2015

El trimestre primaveral (II): Visión de abril

Entramos en abril, el segundo mes del trimestre primaveral. Tras un final de marzo excesivamente caluroso, en el que incluso se ha llegado a batir algún récord de temperaturas e incluso de precipitación, abril empieza con un cierto refrescamiento. De acuerdo con la predicción mensual hecha pública por AEMET en su web parece que la tónica de, al menos, la primera quincena estaría marcada por temperaturas cercanas a los valores climatológicos normales mientras que las lluvias quedarían algo por debajo.

En cualquier caso, veamos a continuación cómo se suele comportar abril y qué ha hecho cuando se ha comportado de otra forma. Como en meses anteriores copio a continuación parte del capítulo titulado dedicado a abril  en  mi libro Meses y tiempos. Lleva el título Abril o la incertidumbre.




Visión de abril

Abril es pura primavera, si por primavera se entiende la rápida alternancia de ratos de ambiente delicioso con temperaturas muy agradables con otros donde la tormenta inunda todo con chubascos fuertes, granizo a veces y un molesto frío húmedo. El sol va ya calentando bastante la tierra y ésta cede al aire que reposa sobre ella energía suficiente para que se eleve y, con frecuencia, forme esas nubes tipo coliflor que los meteorólogos llamamos convectivas. Si en las capas medias y altas de la atmósfera el aire está lo suficientemente frío, esas “coliflores” acaban convirtiéndose en cumulonimbos, las nubes de tormenta. Muchas veces, al no disponer todavía de energía suficiente, colapsan pronto y se desparraman en forma de esos chubascos intensos y granizadas a que antes me refería. Pero el día ya es largo, se ha pasado el equinoccio y las horas de luz ganan a las de oscuridad; de este modo, antes de que acabe, aún puede salir el sol de nuevo y finalizar la jornada de una forma tranquila y agradable. Este es el abril típico, aunque no siempre se comporta así, como luego iremos viendo.

La temperatura media de este mes es de 12,3ºC, casi dos más que la de marzo, mientras que la lluvia media es 65 mm, muy por encima de los 46 de marzo y parecida a la del mes siguiente. En la vertiente atlántica estas lluvias de primavera representan el máximo secundario anual tras las de otoño, mientras que en la mediterránea también lo son, pero fundamentalmente en su mitad norte. Son lluvias muy deseadas por la gente del campo y en general por toda la sociedad ya que aseguran muchos cultivos, manantiales y el abastecimiento de agua para el verano; su falta o escasez suponen un verdadero drama, sobre todo si el invierno ha sido también seco.

Una vez más, la meteorología popular recoge sabiamente todas estas características de abril. Así, el carácter cambiante e inestable del mes, queda perfectamente recogido en este refrán:

Parte su tiempo abril entre llorar y reír

o bien:

Abril, abrilillo… ¿cuando no fue pillo?

Y en éste otro, que constituye casi un relato breve:

Quien quiera conocer un buen abril por lo menos un siglo ha de vivir; lo dijo la vieja, vivió ciento uno, y murió la pobre y no vio ninguno.

La frecuente aparición de chubascos durante el mes puede dar la impresión de que llueve mucho; aunque a veces pueda ser así, en general no son grandes las cantidades de precipitación recogidas:

En abril, aguas mil y todas caben en un barril

Pero, por si acaso:

Las aguas de abril todas caben en un barril; pero si el barril se quiebra,
ni en el mar ni en la tierra.

De cualquier forma, la importancia de la lluvia en este mes queda reflejada de forma constante en el refranero:

Llueva abril y mayo aunque no llueva en todo el año

o,

En abril, cada gota vale por mil

La presencia de las tormentas, y sobre todo del granizo, también queda bien reflejada:

Abril sin granizo, Dios no lo hizo

Pero con un serio peligro:

En abril no hay granizada que no siga la helada.

Y es que en abril, sí las entradas tardías de aire frío son muy marcadas, el enfriamiento nocturno, que con frecuencia sigue a las tormentas, origina algunas heladas, lo que supone un gran riesgo para muchos cultivos. Por eso, este siguiente refrán, mas que refrán es súplica:

Abre abril las puertas del santo rocío, y no abras las del frío

A diferencia de otros meses, no abundan en el caso de abril los refranes de tipo predictivo debido quizás a su carácter tan inestable. Todo el refranero se centra en la importancia de las lluvias de abril y los peligros de los fríos tardíos.

También este carácter hace difícil establecer cómo sería un abril “normal” desde el punto de vista de la climatología. En cualquier caso, lo usual es que el mes comience con un tiempo tranquilo, de temperaturas suaves; son por tanto días muy adecuados para que plantas y animales recobren ya plena actividad. No puede descartarse sin embargo que, de vez en cuando, surja algún aguacero o chaparrón que de algún modo no hace sino vivificar aún más ese despertar. Sin embargo, hacia mediados de mes, es fácil que se produzca una marcada entrada de aire frío con descenso de temperaturas e incluso algunas precipitaciones de nieve; ahí es donde abril toma esa mala fama de pillo o ruin al hacer peligrar parte de esa vida que acaba de brotar:

En llegando al seis y cero (el 16 de abril), los abriles se vuelven eneros

o:

Si hiela (o llueve) por Santa Engracia (el día 16), la viña se desgracia

Con frecuencia, el tiempo tranquilo y suave retorna al principio de la última decena; se habla entonces del veranillo de las lilas dado que, si ocurre así, se favorece mucho su floración y el de otras muchas especies. En cualquier caso, los finales de abril suelen ser lluviosos. La festividad de San Marcos está muchas veces pasada por agua:

Para San Marcos, en el suelo hay charcos.

Desde el punto de vista de la meteorología popular tienen una cierta importancia las llamadas cabañuelas de San Marcos en las que, a partir de las observaciones de este día y de los once siguientes, se obtiene – o se obtenía- el devenir meteorológico de los once meses venideros.

En cualquier caso, a veces abril no se comporta así, o bien exagera sus caracteres típicos. En ocasiones, los que suelen ser suaves primeros días del mes se convierten en situaciones de mucho calor. A este respecto, quizás el episodio más sobresaliente fue el que tuvo lugar entre el 6 al 9 de abril de 2011 cuando una entrada de aire muy cálido hizo que las temperaturas rebasaran los 30ºC en muchas zonas de España, sobre todo en Castilla y León, Aragón, Murcia y Baleares. Destacaron 37,4ºC de Murcia –que probablemente sea la temperatura más alta registrada en abril en observatorios principales de España- 32,4 de Zaragoza, 30 de Teruel y 29,9 de Pamplona, todas ellas efemérides del mes. Llama mucho la atención los 34ºC registrados el día 7 en Villasana de Mena (Burgos), la capital del  Valle de Mena, zona de clima muy suave e incluso frío. Fueron debidos seguramente a un efecto foëhn provocado por el viento del sur, ya originalmente cálido, en la bajada al Valle desde los Montes de la Peña. En cualquier caso éste fue un episodio bastante excepcional, tanto por su temprana ocurrencia como porque las entradas cálidas del mes suelen afectar más bien al Mediterráneo y sobre todo a Baleares. Ocurren cuando la presencia de una borrasca semiestacionaria al oeste de la Península origina la entrada de una masa de aire cálido norteafricano sobre esa zona. Ejemplos de este tipo son las situaciones del 7 de abril de 1961 en la que Sóller alcanzó los 35,5ºC; la del 27 de abril de 2012 con máximas que superaron los 30º en todo el archipiélago balear  y en la que Sa Pobla en Mallorca alcanzó 33,1, o la del 22 de abril de 2000, con 32 en Muro y también en Sa Pobla. Por su parte, Canarias también se ve afectada de vez en cuando en este mes por entradas de aire africano tal como la de finales de abril de 1994 cuando, durante un episodio de tres días de duración, la temperatura media del archipiélago quedó nada menos que unos 6ºC por encima del valor normal del mes.

Las entradas de aire frío suelen ocurrir, como es lógico, más frecuentemente a principios de mes. Es de destacar la situación del 9 de abril de 1973 cuando una repentina invasión fría originó nevadas en muchas zonas de España y dio lugar a que Girona alcanzara con -3ºC su efemérides de temperatura mínima para abril. Por otra parte, entre las muchas situaciones frías que tuvo la primavera de 2013, destacó la del 28 de abril, en la que se alcanzaron hasta 15 cm de nieve en el interior de Castellón y se registraron máximas muy bajas en distintos observatorios, tales como 3,8ºC en Cuenca y 5,8 en Ciudad Real. Cabe señalar, en cualquier caso, que la temperatura más baja registrada en un observatorio de la red principal en este mes fue de -8,6ºC en Burgos el 13 de abril de 1986, en el transcurso de una entrada de aire muy frío procedente de Centroeuropa.

Aunque es marzo el mes que tiene más fama de ventoso, en abril también se han registrado a veces valores muy significativos de vientos. Destacan sobre todo algunos registrados en montañas del área mediterránea, tales como los 196 Km/h registrados en el Puig d’Alfàbia el 14 de abril de 1978 (ese día el observatorio de Palma-Porto Pí anotó también su efemérides de viento para abril con 114 Km/h) o los 189 del 26 de abril de 1967 en el antiguo observatorio del Montseny. También en abril de 1978, el día 2, Barcelona-Drassanes registró una racha de 152 Km/h y San Javier, en Murcia, 115 km/h, su efemérides absoluta de viento para este mes. Del mismo modo, el 26 de abril de 1970 Talavera la Real, junto a Badajoz, alcanzó los 110 km/h, que también fue su efemérides de abril. En general se trata de vientos del noroeste unidos normalmente a un chorro de la misma dirección en niveles altos.

Pero si por algo es famoso abril es por sus lluvias. Cuando están ligadas al paso de sucesivos frentes atlánticos suelen ser poco importantes, ya que éstos se desplazan con rapidez. Las cosas se complican cuando aparecen embolsamientos fríos en las capas medias y altas de la atmósfera en forma de DANAs más o menos marcadas. Entonces la inestabilidad se dispara y aparecen por doquier cumulonimbos y tormentas. Como en niveles bajos todavía no suele haber mucha energía disponible, en general son de escasa duración y de precipitación poco importante; sin embargo, con la misma facilidad que se forman, se deshacen y otra vez vuelven a formarse; son las típicas “aguas mil y todas caben en un barril” del refranero. Pero hay ocasiones en las que, o por ser más intensa la perturbación de niveles altos o porque en capas bajas la alimentación de aire cálido y húmedo es más eficiente, la inestabilidad se hace mucho más marcada y se registran cantidades importantes de precipitación y a veces intensas granizadas. Es cuando el “barril se quiebra”, “quiebro” que también puede ocurrir si la perturbación se queda prácticamente estacionaria sobre una misma zona durante bastante tiempo.

Pueden encontrarse ejemplos significativos en las tres vertientes españolas y en Baleares dentro de ese marco general de lluvias. Así, en la vertiente cantábrica, las lluvias de abril suelen ser abundantes con algunas entradas frías del noroeste y a veces son también bastante intensas cuando están provocadas por DANAs sobre el interior peninsular.  En una situación de este tipo, el observatorio de Santander alcanzó el 5 de abril de 1968 el récord nacional absoluto para este mes en observatorios principales de cantidad de lluvia en un día con 124 mm.

En la vertiente atlántica las precipitaciones suelen destacar más por su frecuencia que por sus valores absolutos pero la aparición de embolsamientos fríos en niveles altos las pueden intensificar bastante. Así ocurrió el 18 de abril de 2003 en Valladolid al recogerse 44 mm con una intensidad máxima de 72 mm/h. Por su parte, en la vertiente mediterránea peninsular y Baleares, los fuertes aguaceros empiezan ya a hacerse más frecuentes que en marzo, si bien las cantidades recogidas suelen ser mayores en la mitad norte que en la sur. Así, el 11 de abril de 2002 se registraron en un solo día 367,5 mm en Darnius (Girona) en el transcurso de un fuerte temporal de llevant. El 14 de abril de 2007, un temporal de lluvias generado por una borrasca fría afectó a Baleares dejando 273 mm en Fornalutx, 177 en Lluc y 160 en Sóller. También en Baleares, con una DANA situada sobre el centro peninsular, el 22 de abril de 1981 Alaró registró 210 mm. Si nos desplazamos hacia la mitad sur, se puede comprobar que también en abril se registran fuertes aguaceros aunque, como decía antes, en general las cantidades recogidas son menores. Un ejemplo es el del 15 de abril de 2010 con una borrasca fría sobre el golfo de Cádiz, cuando Manilva, en Málaga, registró 124 mm y otro el  del 15 de abril, pero esta vez de 2002, con una DANA sobre Marruecos, viento de levante en superficie y un registro de 82 mm en San Javier.

Por tanto, las lluvias importantes de abril, por un lado tan deseadas, pero por otro tan temidas en el caso de celebraciones como las de Semana Santa, van muy unidas a DANAs y borrascas frías. Como he comentado en algún capítulo anterior, este tipo de perturbaciones no son las que mejor manejan los modelos y es en primavera cuando la dificultad es máxima. Por tanto, esas lluvias llevan asociadas una gran incertidumbre, tanto en su ocurrencia espacial como temporal. En estos casos es cuando una predicción probabilística se hace  esencial convirtiéndose en la mejor información que puede darse al público. Parece interesante, por tanto, que el resto de este capítulo lo dedique a la incertidumbre de la predicción en general y  a su tratamiento, centrándome sobre todo en la de las lluvias primaverales.

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