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5 de julio de 2014

Hielo de verano

La llegada de una DANA en verano a la Península Ibérica lleva siempre asociado un alto riesgo de tormentas de fuerte intensidad acompañadas muchas veces de granizo. Ese ha sido el caso de los pasados días 2 y 3 de julio en la mitad norte y centro peninsular. Algunas granizadas fueron especialmente intensas y, entre las conocidas, destaca mucho el día 2 la de Almazán, en la provincia de Soria. Allí duró más de media hora acumulando cantidades impresionantes de hielo en las calles de la localidad. El día 3 el granizo apareció de nuevo en amplias zonas, si bien el episodio que más trascendió desde el punto de vista mediático fue el de Madrid.


Montones de granizo retirados de las calles de Almazán (foto: Heraldo de Soria)
En mi opinión, en una situación de este tipo se conjugan dos factores -intensidad y duración- cuya acción conjunta explican los serios problemas que a menudo provocan estas granizadas. La intensidad está directamente asociada a nubes desarrolladas en el seno de una corriente aérea con una gran velocidad vertical ascendente. Ésta es capaz de llevar las gotas de agua a grandes alturas, incluso hasta 12 o 14 km. Si tenemos en cuenta que, durante ambos días, la temperatura a unos 5500 metros era de -16ºC, y a unos 9000 de unos -44ºC, puede entenderse la intensa congelación sufrida por las iniciales gotas de agua líquida. Arrastrados por estas corrientes ascendentes tan vigorosas, los núcleos de granizo iniciales pueden hacer varias subidas y bajadas en el seno de la nube de forma que se van depositando sobre ellos sucesivas capas de hielo, hasta que llega un momento en el que, o bien el poder ascensional de la corriente disminuye, o el peso es tan grande, que ya, de una forma u otra, caen necesariamente al suelo.

Esta imagen del canal de absorción de vapor de agua corresponde a las 17 horas locales del día 2 de julio, muy poco después de la intensa granizada de Almazán.  Pueden verse las zonas de cumulonímbos más desarrollados en la región al nordeste del centro de la DANA que se encuentra a esa hora sobre el norte de Extremadura. En esa zona nordeste es donde las velocidades ascensionales suelen ser más elevadas y los movimientos de las zonas de precipitación más bien lentos.
Imagen radar de las 16,30 horas del mismo día 2. Es el momento de la granizada de Almazán o muy poco después. Esta población se encuentra muy poco al sur de la zona más desarrollada (color rosa intenso) pero también cubierta por una mancha roja. Son reflectividades muy altas que suelen indicar la presencia de granizo

El segundo factor es la velocidad de desplazamiento de la zona de precipitación de granizo sobre un área geográfica determinada, lo que influye, lógicamente, en la duración del episodio. Si ya un período de precipitación intensa de 10 o 15 minutos sobre un mismo lugar puede dar lugar a problemas graves, cabe imaginar lo que sucede si es de media hora, o incluso superior. Puede ocurrir también que, aunque la velocidad de paso sea algo mayor, atraviesen la zona sucesivas células nubosas de precipitación dando de una forma u otra un parecido resultado. Si bien no he tenido posibilidad de estudiar detenidamente la secuencia de imágenes, me inclino más por la presencia sobre Almazán de una o dos células con desplazamiento muy lento.

Pues bien, estos dos factores: vigorosa velocidad ascensional y  lentitud de desplazamiento pueden darse con facilidad en algunas zonas de la parte delantera de una DANA, y sobre todo en su región nordeste. Justamente allí, por consideraciones de dinámica de fluidos relacionadas con el cambio de curvatura del flujo de viento de niveles medios, se produce una gran succión del aire de capas bajas hacia niveles altos. Si ese aire de capas bajas es suficientemente húmedo y más bien cálido, el poder ascensional se refuerza y se desarrollan así grandes torreones de cumulonimbos,  verdaderas fábricas de granizo. 

Por otra parte, como decía, el movimiento de una DANA suele ser lento, sobre todo en algunos momentos de su evolución y, además, hay zonas en esa parte delantera donde el viento disminuye mucho. Esa circunstancia provoca el lento -o incluso lentísimo- movimiento de la tormenta a que antes me refería y por tanto la acumulación de grandes cantidades de precipitación en una misma zona. 

Para finalizar es curioso constatar la extrañeza de muchas personas ante estas grandes caídas de hielo en verano. La explicación está clara: cuanto mayor es la diferencia de temperatura entre el aire cercano al suelo y el de las capas medias de la troposfera, mayor suele ser el poder ascensional de la corriente que desarrolla los cumulonimbos. De ese modo, la precipitación que se va formando alcanza regiones donde, incluso en verano, la temperatura es de muchos grados bajo cero. Se trata por tanto de tener suficiente energía para que la precipitación llegue a esos niveles y permanezca en ellos al menos unos cuantos minutos. subiendo y bajando. Si es así, poco después caerá gran cantidad de granizo- hielo-  en pleno verano: paradoja resuelta. 

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