29 de agosto de 2019

"Gotas", "danas"....¿o sólo tormentas fuertes y lluvias intensas?

A raíz de las fuertes tormentas del lunes y martes pasados con las consecuencias conocidas, ha vuelto a resurgir en las redes el debate sobre si el fenómeno causante de ellas era una gota fría o una dana. O, más bien: con cuál de esos nombres debería denominarse. Como es una cuestión que creo conocer bastante de cerca, me parece oportuno dar en principio alguna información y luego expresar mi opinión.

La denominación "gota fría" nace entre los meteorólogos españoles -tal como describe este artículo de la Revista del Aficionado a la Meteorología (RAM)- a principios de los cincuenta como la "traducción" más adecuada al castellano de la anglosajona "cut off low". Se denominaba así a una estructura típica de la troposfera media y superior que se generaba  a partir del "estrangulamiento" de un meandro del chorro -sobre todo polar-, que quedaba relativamente aislada de la circulación de la que había nacido, y que aparecía en los mapas de esos niveles como una estructura más o menos redondeada y más fría que el aire que la circundaba. Esas fueron las razones por las que se la denominó como "gota fría", si bien lo que realmente es desde un punto de vista técnico es una borrasca en las capas medias y altas de la atmósfera sin reflejo -o muy poco- en superficie. 

Estas borrascas pueden tener un comportamiento muy variable respecto al tipo de tiempo que originan. Normalmente en su centro pueden desarrollarse algunas nubes convectivas, o incluso alguna tormentas no demasiado importantes, a consecuencia de la inestabilidad que suele provocar ese aire relativamente frío de su núcleo. Sin embargo, su mayor actividad suele presentarse en su zona delantera debido a las características de la corriente de aire que circula alrededor de esa borrasca y que ella organiza como un gran engranaje. Esas características, en las que no es el momento de entrar, pueden producir grandes ascensos, grandes "succiones" del aire de capas bajas,  lo que provoca abundante nubosidad e incluso lluvias. Si ese aire que asciende es relativamente cálido y húmedo se crean grandes nubes tormentosas capaces de descargar importantes cantidades de lluvia o granizo en tiempos muy cortos. Si, además, como ocurre frecuentemente en el Mediterráneo, el suministro de ese tipo de aire se mantiene a través de una borrasca de superficie y/o la borrasca se mantiene estacionaria, las lluvias pueden ser además muy duraderas y concentradas, con inundaciones muy importantes. Lo que en cualquier caso interesa resaltar es que, no es tanto el aire frío del núcleo de la borrasca y sus nubes asociadas lo que puede crear problemas graves, sino las singularidades de la circulación del flujo de aire que la rodea en su parte delantera.

En España el término "gota fría" que, como apuntaba más arriba, los meteorólogos españoles habían acuñado para este tipo de borrascas, fue popularizado por Mariano Medina en sus apariciones televisivas durante tantos y tantos años con audiencias inimaginables de veinte millones de personas. Mariano Medina, con el que tuve el honor y la suerte de trabajar, era un gran científico y un gran divulgador,- algo que no suele darse con frecuencia- y empleaba el término "gota fría" muy correctamente. El problema se originó cuando el público acabó uniendo ese término con las situaciones de lluvias intensas  mediterráneas -quedando prácticamente como sinónimo de estas- dado que eran las ocasiones en las que, lógicamente, con más frecuencia Medina utilizaba ese término.


Un mapa icónico: la DANA causante de las lluvias torrenciales que dieron lugar a la "pantanada" de Tous del 20 de octubre de 1982. Está dibujado por el gran maestro de predictores que fue el meteorólogo Francisco García Dana. 

Fue ya en la segunda mitad de los años ochenta cuando en el antiguo Instituto Nacional de Meteorología (INM),  nos dimos cuenta de la confusión que el término planteaba ya que "gota fría" se identificaba directamente y cada vez más con fuertes lluvias, una apreciación equívoca ya que pueden aparecer grandes lluvias sin "gota" y puede haber ocasiones en que haya "gota" y no las provoque. Decidimos entonces sustituir en nuestros trabajos técnicos el termino "gota fría" por el de DANA (Depresión Aislada de Niveles Altos) que, como he descrito mas arriba, es de lo que realmente se trata: una borrasca en las capas medias y altas de la troposfera.

Nunca pensamos que ese termino fuera a tener mucho recorrido, pero la amplia divulgación de los estudios que realizábamos, la búsqueda de titulares en la prensa, la fuerza de las redes sociales y el gran número de aficionados a la meteorología cada vez con mejores y mayores conocimientos, hizo que el termino se extendiera apreciablemente por la sociedad y también a que, a veces, se utilizara de una forma incorrecta o claramente equivocada. De ahí surgió el debate -que todavía continúa- entre los que ven la "nueva" denominación como un capricho o ganas de enredar o confundir y los que piensan que es un término mucho más adecuado que el de "gota fría". 

A mi juicio el problema se origina al mezclar niveles distintos: técnico, divulgativo e informativo. Es algo que ocurre con frecuencia también en otros campos como resultado de la gran actividad de medios de comunicación y redes sociales. Mi opinión es que en el plano técnico debe mantenerse la denominación "DANA" -o "dana"- ya que describe adecuadamente el fenómeno en cuestión. Sin embargo en los avisos para el público pienso que debe evitarse cualquier tecnicismo y referirse a lo que todo el mundo entiende, en este caso sería por ejemplo  "tormentas fuertes acompañadas de precipitaciones localmente muy intensas de lluvia y granizo"; no hay necesidad de meter otras informaciones que no se van en general a entender bien y que, sacadas de contexto, sólo dan lugar a titulares espectaculares o erróneos. Por su parte, los medios de comunicación deberían tratar de huir de titulares espectaculares que pueden originar un mal servicio público. Y por lo que respecta a las redes sociales, seguirán seguramente los debates cada vez que haya un fenómeno de este tipo, y está bien porque si se respetan unas mínimas normas, siempre se aprenden cosas.

En cualquier caso, más allá de si son "galgos o podencos", hay dos cuestiones verdaderamente relevantes en este tema: La primera es desde el punto de vista técnico, intentar afinar cada vez más con modelos de muy alta resolución y con una vigilancia reforzada, la ubicación y evolución de esa  zona productora de grandes ascensos en la parte delantera de la dana, que es dónde va a generar mayores problemas. Y la segunda en la que siempre insisto: la necesaria revisión o incluso renovación del sistema de avisos para que, entre otras cosas,  ante fenómenos potencialmente adversos se difunda con continuidad y con una utilización intensiva de los móviles la información que me parece realmente relevante: Qué puede pasar (vientos, lluvias temperaturas....), cómo me puede afectar y qué podría hacer ante ello, y todo en un único mensaje refrescado muy frecuentemente. 

NOTA: Una amplia e interesante información sobre las "danas" desde múltiples enfoques ha sido publicada por mi compañero Paco Martín en distintos artículos de la revista RAM.  Paco es probablemente la persona que mejor conoce en España las "danas" y sus escritos son basicos para quienes quieran profundizar en ellas. Aparte de sus artículos en la RAM, este trabajo suyo publicado hace ya bastantes años, es desde mi punto de vista una referencia fundamental. 

17 de agosto de 2019

Agosto transcurre sin huracanes

Transcurre el  mes de agosto sin que ningún huracán aparezca sobre el Atlántico. Si bien el  mes de mayor actividad suele ser septiembre, sí es bastante normal que en agosto aparezcan ya algunos de ellos o, al menos, algunas tormentas tropicales. 

Es obvio que si no aparecen es que no se están dando las condiciones apropiadas para ello. Se ha comentado que existe o ha existido cizalladura sobre las zonas de formación, y también que la presencia de polvo sahariano inhibe bastante la necesaria convección en la zona. Sin negar todo ello, mi opinión -solo es una opinión- es que la atmósfera del hemisferio norte perdió en parte sus características climatológicas de agosto a raíz de la tremenda intrusión cálida hacia altas latitudes de finales de julio.  Ello dio lugar a su vez a un descenso en bloque hacia el sur de la circulación del chorro polar en el área atlántica que, de algún modo, todavía contínua. Y, a su vez, -es también sólo una hipótesis- ello puede haber influido en la actividad y estructura de las circulaciones tropicales y subtropicales.  En este contexto, se me ocurre pensar si uno de los precursores básicos de los ciclones tropicales como son las ondas del este están siguiendo, o no, sus pautas climatológicas. Cabe señalar también la casi ausencia de danas en el Atlántico en cuyo núcleo también aparecen a veces algunas estructuras que pueden dar lugar a circulaciones ciclónicas, si bien  eso es algo que suele ocurrir más avanzada la estación. 

Imagen del canal WV de Meteosat del 17 de agosto mostrando una amplia zona hemisférica atlántica y mediterránea. Llama la atención para ser agosto la, aparentemente, poca actividad tropical y subtropical. 

Es posible por tanto que hasta que no se produzca una reestructuración significativa de la circulación en el hemisferio norte y la atmósfera tropical recobre su actividad normal  las circulaciones ciclónicas tropicales significativas no van a ser muy frecuentes. En algunos círculos se ha comentado que la fase neutra en la que ha entrado el ENSO podría provocar cambios y favorecer su aparición, supongo que por disminución de cizalladura. Quedamos a la espera.

Para finalizar creo que es interesante recalcar -porque ya han surgido en las redes algunos comentarios al respecto- que así como con muchos de los fenómenos de olas de calor e incluso algunos tipos de lluvias intensas existe un amplio consenso científico en su relación  con el calentamiento global, también existe consenso en que no es fácil conocer cómo van evolucionar los huracanes. Supongo que ello es debido en buena medida a una cierta incertidumbre sobre la evolución de las circulaciones subtropicales y su correspondiente cizalladura asociada. Hay una cierta tendencia a pensar que puede haber menos huracanes pero ser más intensos pero no existe aún un consenso claro sobre ello. 






10 de agosto de 2019

Chorros de agosto

Desde un punto de vista climatológico, en el mes de agosto y sobre todo en su primera mitad, el chorro polar suele estar en el área atlántica bastante alto de latitud. De vez en cuando origina la formación de algunas danas que se suelen quedar algún tiempo estacionarias al oeste de la Península Ibérica facilitando entradas de aire muy cálido -a veces potenciando fuertes remontes tropicales o subtropicales- o bien atravesando la Península y generando fuertes tormentas. Incluso en el seno de esas danas, sobre todo si permanecen estacionarias durante varios días, y más hacia final de verano o principios de otoño, pueden originarse algunas pequeñas estructuras de carácter subtropical o tropical a partir de la continuada convección que se desarrolla en su núcleo. 

Sin embargo este año no ocurre así. Desde aquella tremenda "remontada" extraordinariamente cálida de finales de julio, que llegó hasta Escandinavia y posteriormente a Groenlandia, y que comenté en la anterior entrada de mi blog con el título "Revolución en las masas", la estructura de la circulación atmosférica en nuestra zona geográfica no ha seguido esas pautas climatológicas. Si bien era lógico que la presencia de la masa cálida como una dorsal en latitudes de Groenlandia provocara la ubicación del chorro polar más al sur, lo que no era tan de esperar es que esa situación se prolongara durante muchos días posteriores y que, incluso, todavía nos esté afectando. Ella está dando lugar a la generación de borrascas bastante más al sur de lo habitual en estas fechas -algunas bastante intensas y probablemente con ciertos rasgos subtropicales, cosa que no es de extrañar- con tiempo bastante más revuelto de lo usual; "unseasonable weather" se titulaba una nota emitida hace un par de días por la Met Office británica. Una situación que en la Península se traduce, sobre todo en la mitad norte y centro, en oscilaciones frecuentes de la temperatura y viento según se suceden los pasos de algunas vaguadas y frentes más o menos marcados y que cuando alcanzan las zonas mediterráneas dan lugar a "ponentás" con tremendos ascensos de temperatura.

Un Atlántico muy animado para la época del año en latitudes medias y todavía poco en latitudes bajas.

En cualquier caso no se trata en absoluto de situaciones desconocidas pero sí poco frecuentes para la época de finales de julio y primeros de agosto. ¿Qué relevancia ha tenido en ello la citada remontada cálida de finales de julio? ¿Qué hizo que la situación se hiciera tan perdurable? ¿Existe alguna relación con la crisis climática dado que esa remontada que marcó récords absolutos de temperatura en muchos sitios de Europa se ha mostrado mucho más probable en el contexto del calentamiento global? O bien, ¿Qué papel pueden estar jugando en todo ello las oscilaciones atmosféricas de escala global y de periodo supra anual? 

A partir de mediados de la próxima semana se observa una tendencia a una subida de latitud del chorro. ¿Ello puede dar lugar a que las remontadas subtropicales suban con más fuerza hacia el norte como suele ser habitual? ¿Se formarán ahora danas en nuestras latitudes? ¿Empezarán a aparecer más ciclones tropicales en el Atlántico?

Muchas preguntas y muy pocas o ninguna respuesta. Solo una constatación más sobre la complejidad del sistema atmósfera-océano. Cuanto más vamos observando y conociendo más preguntas surgen. Son preguntas que necesitan al menos algunas respuestas porque nos jugamos mucho en conocerlas. Por eso sigue resultando descorazonador los pocos recursos empleados en España en la investigación profunda de nuestra atmósfera y de su evolución en estas latitudes así como en la comunicación asequible de sus resultados. 

1 de agosto de 2019

Revolución en las masas

En las masas de aire, por supuesto. Creo que no se puede calificar de otra forma la evolución atmosférica iniciada hace pocos días por la que una masa de aire muy cálido se extendió desde el norte de África hacia la Península Ibérica y desde ahí a Francia, Bélgica, Holanda y Noruega provocando caídas de muchos récords de julio e incluso absolutos en estos países. Después, esta masa se movió hacia Groenlandia y allí se encuentra ahora asentada como un anticiclón cálido y provocando subidas de temperaturas y un marcado deshielo. 

Análisis de 500 hPa/T850 del 1 de agosto a las 00 UTC (ECMWF). Puede verse la masa cálida/cúpula anticiclónica sobre Groenlandia tras su periplo -transformándose parcialmente- desde latitudes meridionales. Al sur queda una zona de borrascas separadas de la atmósfera subtropical por un chorro ¿polar? que trae sucesivas ondas sobre la fachada occidental de Europa.

Lo curioso, pero lo lógico también, es que la presencia de esa dorsal ha confinado más hacia el sur el aire frío de esas zonas y, aunque todo esto necesita un estudio más profundo y detallado, se ha generado una circulación de chorro ¿polar? -desde luego no subtropical- en latitudes demasiado meridionales para la época del año en que estamos. Naturalmente ese chorro ha ayudado a la generación de borrascas, formándose una muy curiosa hace dos o tres días enfrente del golfo de Vizcaya que posteriormente se ha movido más hacia el norte. Y digo curiosa porque, aunque su origen fue claramente baroclino, su evolución la llevó a adoptar una estructura más de características subtropicales o tropicales, algo que casi lo ha llegado a ser en algún momento si atendemos a sus diagramas de fase. 

Así aparecía la curiosa borrasca atlántica el pasado 29 de julio (NASA)

Por otra parte esta configuración de chorro que, según los modelos de medio plazo parece que quiere prolongarse algunos días más, mantiene sobre la vertiente atlántica un flujo de viento algo húmedo y no muy cálido que hace que en esas zonas las temperaturas no se disparen en demasía, sobre todo en el cuadrante noroeste peninsular. 

Como digo, esta situación merece un serio estudio dinámico y quizás también termodinámico, pero en principio parece provenir -una vez más- de un chorro débil y muy ondulado. Un chorro con una muy alargada vaguada al oeste de Europa que propició el marcadisimo ascenso de latitud del aire norteafricano -con recalentamiento ibérico añadido- hacia latitudes muy septentrionales y después su "coladura" hacia Groenlandia, reconstruyéndose de algún modo mucho más hacia el sur de donde según la climatología de julio debía situarse. 

Es una evolución verdaderamente curiosa e interesante...pero también muy preocupante por lo que supone de continuación de un gran aporte de calor hacia latitudes árticas con su contribución a una mayor fusión de hielo, a un aumento de la amplificación ártica y a un chorro polar cada vez más ondulado y débil. Es verdad que evoluciones de este tipo provocan también descensos del aire frío hacia el sur y descensos de temperaturas como  también parece haber ocurrido en zonas de Estados Unidos...pero por lo que hemos ido viendo en los últimos tiempos, ese aire frío es menos frío que lo que debería ser para "equilibrar" al aire muy cálido que remonta. Al final, en cómputo anual y balance global, y como ya viene siendo habitual en este siglo, aumento de la temperatura global. Veremos el resultado cuando acabe el año.

10 de julio de 2019

Lluvias torrenciales e inundaciones relámpago ¿Se puede ir más allá?

De nuevo, ¿cuantas veces ya en los últimos años?, una población, en este caso Tafalla, ha sufrido importantísimos destrozos por el desbordamiento salvaje de un río -en este caso el Cidacos- en cuya cabecera las tormentas descargaron más de 100 mm en el intervalo de 4 o 5 horas. Y una vez más, los afectados - y esta vez nada menos que el alcalde- afirman que no tenía noticia de que se avecinaba una situación de este tipo. 

Tafalla, julio de 2019 (Álvaro Barrientos/AP)

No es mi intención en esta entrada ocuparme de la situación atmosférica concreta o de los avisos emitidos. Pretendo simplemente, como he hecho de forma reiterativa en algunos otros casos muy parecidos, centrarme en tres consideraciones básicas de carácter general pero que, si se aplicaran, creo que permitirían avanzar bastante en la prevención y en la autoprotección en este tipo de situaciones. 

La primera de ellas es sobre los avisos específicos de tormentas. Cuando se diseñó el actual Plan de Avisos o Meteoalerta, que creo que en su versión original entró en vigor hacia el año 2006, se discutió mucho sobre este tipo de avisos. Sabemos que las tormentas tienen una distribución muy irregular, que los modelos, aunque cada vez afinan más, tienen muchas dificultades para acotar eficazmente en el espacio y en el tiempo su ocurrencia, y que, si bien el setenta u ochenta por ciento del territorio puede no sufrir daños significativos, puede haber algunas zonas en las que, bien por las características de algunas de esas nubes tormentosas o por sus características geográficas y poblacionales, se origine una verdadera catástrofe. La cuestión a debate era: ¿Debe ponerse un aviso naranja o rojo sólo porque en una pequeña zona -a veces sin peligro, a veces despoblada- pueda ocurrir una gran precipitación torrencial? ¿O, más bien hay que referirse a la zona más amplia con un nivel más bajo si bien haciendo constar en un apartado de "observaciones" del aviso que puntualmente las precipitaciones pueden ser más intensas y dañinas? 

En aquella época se tomó ese criterio aunque con la idea de que, como el resto del Plan, habría que revisarlo frecuentemente. No sé cuál es la situación en ese momento, pero la pregunta sigue abierta y sería importante una reflexión integral sobre ella: ¿Es mejor correr el riesgo de un "sobreaviso" o mejor quizás quedarnos en un "subaviso" aunque con el riesgo que eso implica? Podría argumentarse que en la primera opción podría darse un excesivo número de avisos naranjas o rojos, que perderían así su eficacia. Creo que en la práctica no sucedería y que si, dos o tres veces al año -que son las que pueden darse las situaciones más críticas-, la mitad de una provincia -o incluso la provincia entera- debe estar durante 8 o 10 horas en situación naranja o roja puede merecer la pena. 

Cebolla (Toledo). Septiembre de 2018 (CLM 24)

La segunda es sobre la difusión de estos avisos. Francamente, me cuesta mucho entender que a estas alturas no exista una aplicación de móvil por la que cualquier persona pueda recibir puntualmente avisos y actualizaciones. Eso no quiere decir que los avisos no sigan distribuyéndose por los cauces institucionales habituales, pero ha quedado claramente probado que a la gran mayoría de las personas afectadas por estas situaciones les ha llegado muy poca información y con frecuencia, ninguna. Los mensajes por móvil con un apoyo de campañas con criterios específicos de actuación, ayudaría mucho a tomas medidas de autoprotección, y más en situaciones que se desarrollan como la que nos ocupa, con una rapidez inusitada. 

Sant Llorenç des Cardassar, octubre 2018 (RTVE)

La tercera es sobre el contenido de los avisos en general. Hoy por hoy son emitidos de modo sistemático por AEMET y sólo llevan información meteorológica; de hecho el establecimiento de un color concreto sólo tiene en cuenta el alcance o superación de determinados umbrales meteorológicos. Sin embargo, desde hace ya varios años, se utiliza en algún país -y es un criterio que se va extendiendo- la utilización para el establecimiento de una situación concreta- una doble escala probabilidad de ocurrencia/impacto público. Naturalmente ese impacto debe ser valorado por los expertos en protección civil. En cualquier caso, este planteamiento me lleva a reiterar una vez más que lo que sería verdaderamente útil a la población sería un mensaje unitario, claro, recibido y actualizado frecuentemente por móvil, dónde se concrete:

 a) Qué va a pasar (desde un punto de vista meteorológico); 

b) Cómo me puede afectar ( es decir impactos potenciales en zonas concretas)

c) Que recomendaciones se me ofrecen para protegerme. 

Es verdad que mensajes de este tipo suponen una eficaz coordinación en tiempo real de meteorólogos, hidrólogos, técnicos de protección civil y expertos en comunicación,  pero estoy convencido que hacerlo supondría un paso adelante muy significativo, y seguramente muy eficaz. Naturalmente todo ello debería llevarse a cabo en el marco de un replanteamiento integral del actual Plan de Avisos o Meteoalerta y participando los distintos expertos a que antes me refería. 

Si todo esto es algo que se viene ya comentando desde hace bastante tiempo y de nuevo vuelve a ponerse de actualidad cada vez que hay una catástrofe de este tipo, ¿Por qué -al menos hasta donde yo sé- no se actúa? ¿No se considera que el problema es lo suficientemente grave? ¿Se piensa que todo ésto sólo son buenas palabras e intenciones y nada se puede hacer? ¿Se considera muy complejo llevarlo adelante ya que involucra al menos a dos Ministerios (Interior y Transición Ecológica) y a las Comunidades Autónomas? No lo sé; lo único que sé es que no podemos quedarnos cruzados de brazos esperando a la próxima inundación. Al menos inténtese, tampoco cuesta tanto. 



9 de julio de 2019

La "doble cara" de las danas ibéricas

Como era de esperar, ayer fortísimas tormentas descargaron sobre gran parte de la mitad norte peninsular provocadas por el paso de una dana. Ha habido que lamentar graves inundaciones e incluso el fallecimiento de una persona. Y como en tantas otras ocasiones impresiona ver cómo esta situación podría haber sido de calor sofocante sólo con un ligero cambio de comportamiento de esa dana. 

Análisis Z500/T850 de ayer a las 12 UTC. La zona de "salida" de la circulación delantera de la dana y el eje de la dorsal térmica a 850 hPa generan un escenario típico de fuertes tormentas sobre el cuadrante nordeste peninsular.  Obsérvese la masa de aire muy cálida norteafricana alcanzando el mar de Alborán y siempre dispuesta en verano a entrar sobre la Península. También puede verse, al norte de Azores, la formación de una nueva dana que se estacionará frente a la Península. De su comportamiento dependerá que el próximo fin de semana tengamos nueva situación de tormentas, de temperaturas muy elevadas....o de ambas cosas.

Quizás conviene recordar que una dana no está absolutamente aislada en el seno de la atmósfera. Ese "aislada" se refiere básicamente a que está separada de la corriente del chorro polar donde se generó como una vaguada que acabó cerrándose. Puede sin embargo estar afectada por otras corrientes más débiles que pueden circular alrededor de ella y hacer que se mueva en la dirección del viento más fuerte que la rodea, o incluso simplemente reorientar su eje norte-sur a otro más inclinado. A veces la dana actúa como un gran "engranaje" que puede captar alguna nueva rama del chorro polar o incluso del subtropical haciendo que éste se curve ciclónicamente y provocando en su zona delantera -si las condiciones de superficie ayudan- fuertes caídas de presión, ciclogénesis y potentes desarrollos nubosos. 

En cualquier caso éstas son situaciones típicas de otoño y primavera. En verano lo más normal es que una dana se sitúe al oeste peninsular entre Portugal y Azores y que quede en situación casi estacionaria algún o algunos días, sobre todos si existe un equilibrio entre los vientos que la rodean. Si por la interacción con alguna corriente externa, o por algún proceso termodinámico interno, se genera un desequilibrio en esa circulación, y dependiendo de su intensidad y de la zona donde se produzca, esa dana puede desplazarse hacia el este, tal como ocurrió ayer, provocando fuertes tormentas en esa zona delantera, puede moverse hacia el norte e incluso reintegrarse en el chorro polar... O puede desplazarse algo más hacia el sur, quizás con una cierta reorientación de su eje en dirección sureste-noroeste, y provocar la entrada de masas de carácter tropical o subtropical que pueden llegar a originar una intensa ola de calor.

Mapa de Z500/T850 previsto para las 12 UTC del sábado 13 de julio. La dana que se formaba en días anteriores se acerca más a la Península, reorienta su eje y la circulación que la rodea fuerza una entrada de la  masa norteafricana hacia Iberia. En pleno Atlántico se inicia la formación de una nueva dana y de ella dependerá el tiempo del inicio de la segunda quincena de julio.
Dado que este comportamiento puede depender a veces de una diferencia muy pequeña de velocidades entre los vientos que la circundan, su predicción  ha encerrado siempre muchas dificultades. Es desde luego uno de los mayores problemas de predicción en España dada la diferencia radical de tiempo que supone uno u otro comportamiento, y ha sido el origen de algunos grandes fallos en el pasado. Afortunadamente, el gran avance de las técnicas de análisis y de modelización ha supuesto un mejora radical en la predicción de su comportamiento y efectos.

Ante un chorro polar probablemente cada vez más alto de latitud y más débil, es posible que la presencia de danas en las cercanías de la Península Ibérica tienda a aumentar y que ello, unido a un océano subtropical en expansión, pueda dar lugar al desarrollo de estructuras o circulaciones atmosféricas menos conocidas. Será importante por ello profundizar cada vez más en el conocimiento de estas danas "ibéricas". 

3 de julio de 2019

Ola de calor: Un estudio importante y oportuno

En las dos últimas entradas de este blog dedicadas a las olas de calor ibéricas, y sobre todo a la que nos acaba de afectar, volvía a incidir en algo a lo que ya me había referido en otras ocasiones: la importancia de estudiar la evolución climatológica de las masas aéreas que nos afectan y muy en concreto las del nivel de 850 hPa por su estrecha relación con este tipo de situaciones. Por eso, ayer me alegró mucho la publicación en el blog de AEMET de un artículo realizado por ese gran climatólogo que es José Ángel Núñez en el que presenta los resultados de un estudio de este tipo.  Es un trabajo serio, basado en la mejor base de datos de que puede disponerse como es la generada por el sistema de reanálisis del Centro Europeo de Predicción a Medio Plazo y elaborado con un gran rigor estadístico. 


Mapa de anomalías de la temperatura a 850 hpA del 28 de junio de 2019 (fuente: José Ángel Nuñez/AEMET)

Sus
 conclusiones son muy interesantes, están expuestas con toda claridad, y recomiendo su lectura directa y sosegada. En cualquier no me resisto  a copiar a continuación dos de ellas:

La frecuencia de tránsito de masas de aire cálido en junio que dan lugar a temperaturas anormalmente altas en las zonas afectadas por la ola de calor de junio de 2019, es casi diez veces superior en las dos primeras décadas del siglo XXI que en las dos últimas del siglo XX, pasando de una vez cada 30.7 años, a una vez cada 3.7 años.

La frecuencia de tránsito de masas de aire extremadamente cálido en junio que dan lugar a efemérides meteorológicas y olas de calor en las zonas afectadas por la de junio de 2019, es más de diez veces superior en las dos primeras décadas del siglo XXI que en las dos últimas del siglo XX, pasando de un periodo de retorno estimado superior a cien años, a un periodo de retorno de 10 años.

Queda claro, por tanto, como nuestro clima se va haciendo cada vez más cálido y que lo que, hasta hace unos años, se consideraba una hipótesis es ya una realidad e incluso una realidad "adelantada" al tiempo en que se la esperaba.

Estamos por tanto ante una atmósfera cada vez más cálida y, en ese contexto, quizás sería interesante estudiar también cómo ha evolucionado la circulación general de la atmósfera en nuestro hemisferio. Ello nos permitiría confirmar si este aumento creciente de la temperatura responde a que las masas que normalmente nos afectan son simplemente cada vez más cálidas o bien a que los remontes del aire tropical y subtropical, sin haber cambiado básicamente de temperatura, son cada vez más frecuentes y alcanzan cada vez latitudes más altas. Es muy probable que esto sea así pero conviene investigarlo más y cruzarlo con las proyecciones de los modelos climáticos. ¿Dejará de afectarnos de forma directa, cada vez más, un chorro polar debilitado... ¿También nos afectarán -cada vez más- circulaciones subtropicales y tropicales, con sus estructuras y fenómenos asociados, y combinadas quizás con danas situadas a mayor latitud? Todo ésto es algo que es importante preverlo así como sus consecuencias en muchos campos de la economía y de la sociedad en general. 

Espero que el  excelente trabajo de José Ángel Nuñez, al que felicito sinceramente, marque o potencie una línea de trabajo prioritaria en AEMET, porque es uno de los servicios más importantes que, junto con la vigilancia y predicción de fenómenos adversos, puede rendir a la sociedad española. Un servicio que debería ser complementado y priorizado por los medios de comunicación esforzándose por establecer un relato continuado, coherente y serio -lo que no impide que también sea ameno- sobre la evolución de nuestra atmósfera y el impacto que, día a día, tiene en nuestras vidas y en nuestros recursos. 

Para finalizar no se me ocurre mejor forma que hacerlo con las tres últimas conclusiones de este estudio:

Todas las conclusiones de este análisis son coherentes con las previsiones contenidas en los escenarios de cambio climático que se vienen realizando desde hace décadas.

 La mayor frecuencia de tránsito de masas de aire muy cálido o extremadamente cálido y la expansión de la presencia de estas masas de aire extremadamente cálido a los meses de junio y septiembre, o incluso a mayo, como ocurrió en el año 2015, es coherente con las bases físicas que rigen los procesos de cambio climático.

 Nuestra generación está avanzando por un planeta más cálido que el de nuestros antepasados.

Solo cabe asumir por parte de todos esta realidad y actuar en consecuencia. Cuanto antes.


NOTA

Justo cuando acabo de escribir esta entrada me llega  el estudio publicado ayer mismo por la organización World Weather Atribution sobre esta misma ola de calor, pero centrado en Francia e incluso ya en una ciudad como  Toulouse. Aunque con algunas lógicas diferencias cuantitativas se llega a conclusiones muy parecidas al estudio publicado en AEMET para España.  Es un trabajo también muy interesante que hay que estudiar cuidadosamente.