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14 de abril de 2012

La eterna adolescencia de la primavera

Son de abril las aguas mil.
Sopla el viento achubascado,
y entre nublado y nublado
hay trozos de cielo añil.
                      Antonio Machado: “Campos de Castilla”

Este fin de semana, al igual que durante la Semana Santa, estamos contemplando un magnífico espectáculo de la atmósfera. Grandes masas nubosas junto a fragmentos de cielo muy azul, cortinas rasgadas de precipitación que cuando llegan al suelo nos ofrecen un  variadísimo muestrario de las creaciones que la atmósfera puede llevar a cabo con el agua: granizo, granizo blando, nieve granulada… Pocos minutos después el cielo  se despeja y todo queda tranquilo para, en pocos minutos, volver a nublarse y de nuevo empaparnos o helarnos de frío.



¿Qué hace que la primavera sea así? El sí, pero todavía no…el querer, pero el no poder aún. El sol ya comienza a calentar la tierra y cuando por los niveles medios y altos de la atmósfera aparece todavía aire bastante frío –algo muy normal en primavera- ese aire que está junto al suelo quiere subir y formar grandes nubes. Lo intenta…pero no puede del todo. Todavía es algo frío, no puede contener aún mucha humedad y le falta energía para madurar el proceso. Así, la nube se viene abajo antes de culminar y arrastra lo que se estaba formando; a veces ni llega al suelo porque se evapora antes. Y cuando llega, llega un fruto aún no maduro que suele arrastrar con él una buena cantidad de ese aire frío de las capas altas.

Entre esas nubes hay muchas interferencias. Con frecuencia se anulan entre ellas pero a veces unen sus fuerzas de forma adecuada  y entonces sí llegan a producirse grandes cumulonimbos que nos regalan una lluvia torrencial aunque corta o una intensa granizada. Al final, todo efímero.



“La primavera, la sangre altera” ¿Cómo no podría alterarnos si estamos del todo inmersos en ese proceso de pura adolescencia atmosférica?.. Aunque, al final, los resultados son exiguos: “Abril, aguas mil…y todas caben en un barril”

Pero nada ni nadie nos podrá robar la profunda y abrupta belleza de estos días, el esplendor de querer ser… aunque no sea posible aún.

Y eso, ya es.

29 de marzo de 2012

Claro... pero ¡si luego les cambia el viento!

Los meteorólogos no nos cansamos de repetir que la primavera es la época del año con más dificultades de  predicción…o como se diría más técnicamente: cuando es menos predecible.  Hay quienes piensan que decir eso es una forma de “protegerse” en unos meses que abundan  celebraciones y festejos al aire libre y el público está muy interesado en ver si las va a poder llevar a cabo “dentro o fuera” o si le merece la pena hacer un  determinado viaje. Pero no, no  es “protección”. Hay razones científicas para decir lo que decimos.

Intento explicarlo con la mayor sencillez posible. Para comenzar quiero recordar la frase que me decía hace ya varios años un veterano labrador tratando de disculpar los errores de las predicciones:

Claro…ustedes hacen una predicción…pero… ¡si luego les cambia el viento…!

Indudablemente las cosas no son como él pensaba porque los modelos de predicción ya pronostican los cambios de viento al igual que otras variables de la atmósfera como la presión, la temperatura o la humedad y además todo ello de forma coordinada…pero algo de razón tenía. Y tiene que ver con esa “predecibilidad” de que antes hablaba.

Para hacer una predicción científica, sea al plazo que sea, se necesita partir de la situación real de la atmósfera en un momento dado y a partir de ahí, mediante ecuaciones matemáticas que describen leyes de la Física, calcular el posible estado futuro de la atmósfera. Naturalmente, si todo fuera perfecto, las predicciones serían perfectas a cualquier plazo. Pero no es así. Veamos de donde pueden surgir los errores.

Una primera fuente de error está relacionada con la calidad de la situación “real” de que se parte. La red de observación mundial es amplia y potente: estaciones automáticas, radiosondeos, satélites, radares… Sin embargo, aún con todo ello, a veces la “foto” de ese estado de partida sale “movida”. Y si hacemos cálculos a partir de algo que ya no es correcto los errores crecerán con el paso del tiempo y la predicción fallará.

Otra fuente es la calidad de los modelos matemáticos con lo que se hacen las predicciones. Han evolucionado de forma increíble en los últimos 20 años pero no son perfectos. Es como si ese futuro estado de la atmósfera, sobre todo si tiene unas determinadas características, lo vieran con una cierta miopía y no pudieran ajustar bien la mirada. Los “bultos” están claros pero no todo el detalle.

Y la tercera fuente e importantísima: la naturaleza física de los movimientos atmosféricos. Son  de naturaleza caótica y eso quiere decir que pequeñísimos cambios –o errores- en la condición de partida pueden dar lugar a evoluciones muy distintas entre ellas.

Pues en primavera se nos junta todo: la atmósfera está pasando de su configuración de invierno a la de verano y ello se caracteriza por la aparición en su seno de distintos tipos de perturbaciones, de “remolinos” de tamaños muy diversos, a veces muy pequeños, que pasan con frecuencia desapercibidos por todos nuestros sistemas de observación por muy potentes que sean.  Además, como en primavera la atmósfera, justo por esa transición, suele ser especialmente caótica, - lo es menos en el resto de las estaciones- esos “remolinos” crecen rápido y perturban mucho los movimientos básicos que los modelos habían previsto, llegando incluso a convertirse en borrascas muy activas en poco tiempo.

Un "remolino" a 500 hPa al suroeste de Irlanda previsto para el martes
por el Centro Europeo. Puede tener importancia para la evolución a partir
 del miércoles...pero, hoy por hoy, la confianza del propio sistema en que 
llegue a tener realidad es relativamente baja.
 De este modo, a los tres o cuatro días de predicción, la realidad se parece muy poco a lo que se había previsto.  Y por último, cuando además ese tipo de situaciones pueden dar lugar a chubascos y tormentas es cuando los modelos se vuelven más miopes: “ven” que va a haber tormentas pero no son capaces de predecir con todo detalle a qué hora y en que sitio  va a llover y qué cantidad va a caer.

De todo ello provienen las reticencias de los meteorólogos en primavera. Pero todo esto no es una visión pesimista; todo lo contrario. Hemos avanzado de forma increíble y además de nuestras “debilidades” científicas hemos desarrollado fortalezas y  ahora sabemos a priori que nivel de predecibilidad tenemos cada día. Algún día me referiré más despacio a ello. Pero ahora, ya para acabar, sólo quiero retornar al labrador y modificar ligeramente su frase para que quede perfecta:

Claro…ustedes hacen una predicción…pero… ¡si luego se les cuela un remolino…!

21 de marzo de 2012

Primavera, nieve, Madrid...

No es nada raro que en primavera aparezcan sobre España borrascas de niveles altos que den lugar a nevadas en altitudes medias tanto en marzo como en abril y, con menos frecuencia, mayo. Por tanto el temporal que nos viene afectando desde hace un par de días está actuando dentro de la normalidad, si bien, el que haya coincidido con la entrada de la primavera, está dando lugar a comentarios de todo tipo y mas viniendo de un invierno en el que las nevadas, salvo en zonas muy concretas, han escaseado.

Cuando la presencia de la borrasca viene acompañada de un marcado flujo de viento de levante en superficie, las precipitaciones suelen ser  abundantes en el tercio oriental de la Península y la nieve puede aparecer, como está sucediendo estos días, en cotas relativamente bajas. En televisión han aparecido imágenes de buenas nevadas en zonas del Sureste y, aunque en apariencia espectaculares, no parece probable -aunque hay que esperar un poco más-  que se hayan marcado récords salvo quizás en alguna zona entre los 600-900 metros, sobre todo  si tenemos en cuenta que ayer el observatorio de Albacete registró su efemérides de precipitación en 24 horas del mes de marzo con 29,8 mm

En este tipo de situaciones, aparte de precisar en la medida de lo posible las cantidades máximas que pueden alcanzarse para emitir los correspondientes avisos, la duda para los predictores es hasta donde hacia el oeste van a llegar las precipitaciones. Y el punto crítico es: ¿Van a llegar a Madrid?...¿Nevará en Madríd?

Pues si, esta noche ha aparecido la nieve en la comunidad de Madrid e incluso en la zona metropolitana. Parece que ha llegado a cuajar algún centímetro en ciertas zonas aunque se funde rápidamente.  Y seguro que  muchas personas  se han extrañado: ¿nieve en Madrid en marzo?

Siempre digo que la memoria meteorológica es frágil. Seguramente pocos recuerdan de forma espontánea que el 4 de marzo del año pasado también nevó en Madrid e incluso se produjeron atascos en la A-6. Y si se consulta la base de datos de AEMET vemos que también nevó en los marzos de 2010, 2004, 1998…aunque el récord parece tenerlo marzo de 1971 con tres días consecutivos de nevadas con acumulaciones de hasta 30 cm.
La predicción de la nieve en Madrid presenta dificultades de muchos tipos tanto técnicas como operativas. En algún momento, mas adelante, me gustaría hablar de ello.

18 de marzo de 2012

Olor a primavera

La primavera astronómica comienza el martes a las 6,14horas y la atmósfera va adquiriendo ya también  su apariencia primaveral. Tras la marcha, probablemente el jueves, de la borrasca de niveles altos que   afectará a media España, van  a predominar sobre nosotros en los próximos días flujos aéreos poco definidos, asociados ocasionalmente a débiles embolsamientos de aire frío. Ello, junto con la energía solar que poco a poco se va incrementando,  dará lugar al crecimiento, primero sobre las montañas y mas tarde sobre el llano, de nubes en forma de grandes cúmulos que pueden llegar a ser cumulonímbos y ocasionar algunas tormentas humidificando, refrescando el ambiente y dejando ese olor característico que muchas personas identifican como "olor a primavera".



A veces esas tormentas, cuando intervienen otros factores, pueden dar lugar a precipitaciones importantes incluso de carácter torrencial con el problema añadido de la tremenda dificultad para hacer una buena predicción detallada del lugar y hora de su ocurrencia. Salvo estos casos dejan en general poca lluvia y además de una forma muy dispersa y heterogénea. Es lo que refleja el refrán popular de "Abril, aguas mil y todas caben en un barril".

Indudablemente éste no es el régimen de lluvias que se necesita para paliar sustancialmente el déficit de lluvia que padecemos. Para ello la mejor opción sería que llegara a España una serie de borrascas del Atlántico que afectaran con sus frentes a los dos tercios occidentales de la Península, el territorio denominado a "grosso modo" vertiente atlántica". Incluso si alguna  de ellas se "colara" un poco mas al sur, por Gibraltar, hacia el Mediterráneo, sería perfecto ya que podría provocar un temporal de lluvias mediterráneas que tampoco vendría mal.

Sin embargo no es ésta la situación. La corriente en chorro, ese intenso flujo de viento en las capas altas atmosféricas que ayuda a crear borrascas y luego las dirige en su recorrido, no apunta hacia España. Se encuentra muy orientado desde el Atlántico central hacia el norte transportando a esas borrrascas con su aire cálido y húmedo al lugar que "no debería": hacia el Ártico.

De momento vamos a ver lo que da de si durante estos días esta borrasca que se está formando sobre nosotros. Los modelos apuntan a lluvias relativamente importantes en la mitad oriental peninsular y a la aparición de algunas nevadas en cotas relativamente bajas de la mitad oriental y centro de la Península. ¿Se acumularán unos cuantos centímetros? ¿O será una nieve muy efímera? Recordemos aquel otro refrán muy característico de la primavera temprana española: "Nieve marcelina, en sus patas se la lleva la gallina"