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2 de abril de 2012

Buena semana y buena suerte

Por fin ha acabado la semana de pasión de los meteorólogos y empieza la Semana Santa. En general suelen ser días de menor presión porque mucha gente ya ha tomado sus decisiones y porque los modelos poco a poco van encontrando – o no-  la evolución definitiva.

Mi opinión es que durante esta semana pasada estos modelos se han comportado razonablemente bien para ser primavera. Los productos provenientes de los “ensembles” o “conjuntos” del Centro Europeo o del GFS –por cierto, qué poca información de estos sistemas probabilísticos hay en la red  siendo fundamentales- nos venían indicando desde hace varios días que la atmósfera en nuestra zona tenía una predecibilidad  bastante aceptable hasta el miércoles pero que, a partir de ahí, la tenía baja. Y así se han mantenido  dando fe de la complejidad de esa evolución del miércoles al viernes originada sobre todo por las dudas sobre el comportamiento final de la vaguada que el miércoles se acerca a Irlanda.

En este marco general, los modelos deterministas han ido relativamente de acuerdo y el público ha quedado bien informado sobre las características de la primera mitad de la semana si bien, como es lógico en estas situaciones, es imposible saber la hora y la intensidad de cada chubasco o tormenta en localizaciones geográficas concretas dado que son fenómenos de pequeña escala no resueltos explícitamente por los mismos.

¿Qué habría que haber hecho a partir de ahí? Quizás lo  científicamente “sensato” hubiera sido el “pronóstico reservado”, o bien una descripción gráfica de los dos o tres escenarios con mayor probabilidad de ocurrir. Pero lógicamente ésto es muy difícil de hacer y a partir de ahí se  han establecido diferentes estrategias de comunicación para contar lo que no acabamos de saber o para contar que no lo sabemos… pero contando algo.

Parece confirmarse que la vaguada que se acerca a Irlanda el miércoles tiende a estrangularse y dar lugar a una borrasca de niveles altos cuyo centro se situaría entre el jueves y el viernes en la vertical de Lisboa. Si ello es así, y lo hace con la estructura que muestra el modelo determinista del Centro Europeo, las lluvias parecen aseguradas para esos días. Pero el “ensemble” sigue sin tenerlas todas consigo y continúa marcando una zona de relativa baja predecibilidad en una franja al noroeste de la Península Ibérica. ¿Qué quiere ello decir? Pues que no acaba de haber una seguridad plena respecto a la ubicación final de la perturbación. Podría darse un escenario en que la borrasca se sitúe 200 o 300 km más hacia el oeste o que, situada sobre Lisboa, presentara un flanco delantero con viento muy del sur. En ambos casos, poca o nula precipitación y temperaturas muy suaves o incluso un punto cálidas.

Ésta es la situación clásica que ha conducido bastantes veces a errores de predicción serios en España. Como la he vivido con cierta frecuencia la tomo siempre con mucha precaución. Lo que sí es para nota es que se presente justo para el jueves y el viernes santo ¡es como para creer en las meigas!

Pero bueno, mas allá de esta digresión, esperemos que el estupendo modelo determinista del Centro Europeo, que va en bastante coincidencia ahora con el GFS, se salga definitivamente con la suya. Tiene bastantes probabilidades de hacerlo.

En cualquier caso, buena semana y buena suerte.

26 de marzo de 2012

Pasión de meteorólogos

Tras muchos años dedicados a la predicción o a la comunicación del tiempo, tengo claro que la verdadera Semana Santa de los meteorólogos es justamente la semana previa, la que empezamos hoy. Llega ya, imparable, una “ola” que empezó a originarse una o dos semanas antes con comentarios como:

-          - Ya se que es muy pronto… pero, ¿no me puedes dar una idea?

-         -  Seguro que ya sabéis algo…

-        -  Pues no se para que servís si no podéis dar una predicción para unos días de fiesta…

O aquella frase  que intenta “sacar” algo aunque sea de manera indirecta:

-         -  Pues seguro que llueve el jueves y el viernes santo

Los meteorólogos capeamos esta semana dando la información disponible lo mejor que sabemos hasta llegar al domingo de Ramos cuando, de momento, baja algo la presión. Y a partir del lunes santo reaparece:

-        -  Oye, ahora sí que ya lo sabéis seguro, ¿verdad?

-      - Pues si no habéis acertado para el finde…¡mucho vais a acertar para dentro de unos cuantos días! (aunque se haya acertado)

Se vuelve a hacer lo que se puede, se  afina todo lo posible y se pasan los días críticos en plena oración para que las predicciones salgan más o menos bien pensando que, si es así, el lunes o el martes de Pascua nadie dirá nada, o a lo más aquello de:

-         - Hombre, esta vez no se han equivocado mucho los meteorólogos

Y si sale mal, como dice un amigo mío, exagerando un poco: “Uno sabe que le espera el calvario”

A veces pienso que esto de las predicciones para la Semana Santa y el empeño para ver si los meteorólogos aciertan o se equivocan se ha convertido ya en un rito más de estas fiestas y que, si es así, no se puede hacer mucho.

En cualquier caso: ¿Cuál es el problema de fondo? El problema es que en primavera y salvo para algunas situaciones muy concretas, la atmósfera es muy poco predecible. Ello quiere decir –y me extenderé más en ello en otra ocasión- que las características que tienen las evoluciones atmosféricas en esta época hacen que los modelos no puedan ofrecer predicciones útiles más allá de tres o cuatro días como mucho. Eso no quiere decir que la predicción hasta 10 o 15 días no exista pero que la probabilidad de que coincida con la realidad posterior es muy baja, a veces casi inexistente.

Pero, además de este problema puramente científico, existen otros dos: uno de comunicación y otro de percepción. Por una parte las personas reciben por los distintos medios y comentarios de la calle casi un bombardeo de informaciones y valoraciones con frecuencia distintas entre ellas. Y por otra: hay personas a las que una lluvia de quince minutos les estropea el día y juzgan severamente a los predictores  mientras que para otras eso no ha supuesto el más mínimo problema porque el resto del día ha lucido parcialmente el sol, lo han disfrutado y su juicio es mucho más benévolo.

¿Hay solución para todo esto? En buena medida, sí: no pedir a los meteorólogos que vayan más allá de la verdad “científica” y que éstos la sepan comunicar tal como es. Cualquier predicción es una probabilidad y eso siempre lo hemos sabido. Sin embargo, desde hace unos años tenemos métodos para cuantificar esa probabilidad y sobre todo conocer cuales son los tres o cuatro escenarios básicos que pueden presentarse seis u ocho días antes y que se reducen a uno, o a lo sumo dos, un par de días antes de la fecha en cuestión.

Para hacerlo, la dificultad que se presenta es doble: primero que el público se acostumbre  a aceptar ese tipo de información como la mejor que puede recibir. La segunda, como ya apuntaba antes, que los meteorólogos sepamos contarlo bien para que sea entendida adecuadamente, ya que presenta algunas dificultades de comunicación. Es verdad que  hemos iniciado de algún modo este camino pero todo el esfuerzo que se haga en este sentido, tanto de investigación, como de comunicación  y de divulgación ( una vez más: ¿para cuándo un buen programa semanal de meteorología en la tele?) será muy útil para la sociedad, mucho más allá de este singular tiempo de “pasión”.