6 de agosto de 2018

46,6ºC...¿pudo ser más?

Ahora que nos encontramos muy probablemente en el último día de la ola de calor que ha afectado a la Península Ibérica y muy en especial a su cuadrante suroeste, creo que es el momento oportuno de compartir con los lectores del blog algunas consideraciones. 

De acuerdo con los datos que conocemos hasta ahora, parece que las máximas absolutas se dieron el sábado 4 con valores en varias estaciones entre 46 y 47ºC. En España la más alta fue de 46,6ºC la de la estación de El Granado, en la red secundaria de AEMET, situada en el este de la provincia de Huelva, prácticamente en la frontera con Portugal, mientras que en capitales de provincia esa máxima fue para Badajoz con un valor de 46ºC. En cuanto a Portugal, consultando los datos oficiales del IPMA, llego a la conclusión de que la temperatura más alta de su red la registró la estación de Alvega, más o menos a la misma latitud que Cáceres, también el dia 4 con un registro de 46,8ºC que sería, al menos por ahora, el más alto registrado en este episodio. 

Estas temperaturas, aún siendo extremas, no han llegado a superar a las máximas registradas en julio del pasado año cuando el 13 de julio Montoro llegó a los 47,3ºC y Córdoba a 46,9ºC constituyendo, de acuerdo con AEMET, las máximas absolutas de España hasta el momento. Recordemos como era el campo de temperaturas a 850 hPa ese día: 



Y vamos a compararlo con el del día 4 de agosto de este año:



La diferencia fundamental es que el "pico" de la entrada cálida está claramente desplazado hacia el oeste de la Península de forma distinta al 2017 en que apuntaba justo hacia el centro peninsular. Junto a ese desplazamiento se aprecia como la isoterma de 25ºC ha profundizado algo más hacia el norte.

Antes de seguir adelante recordemos qué apuntaba el 29 de julio para el 3 de agosto el modelo del Centro Europeo de Plazo Medio. Aquí está el mapa previsto para ese día del geopotencial de 500 hPa y de temperatura a 850 hPa:




Señalaba claramente a que el pico de la advección entraría directamente sobre el centro-oeste peninsular llegando la isoterma de 28ºC  hasta Zamora-Salamanca-Madrid y, aunque no apareciera porque el contorneo es de 4 en 4 grados,  es previsible que en puntos de rejilla pudiera aparecer algún valor de 30ºC sobre el suroeste peninsular. 

Confieso que ese mapa me preocupó bastante porque no recordaba -no digo que no se haya producido alguna vez- valores de hasta 28-30º tan altos de latitud.....Si se cumplía....¿a qué máximas podríamos llegar... ¿48...49?  Por eso no me extrañé demasiado cuando vi que en algún foro se discutía sobre la predicción de 50ºC en superficie que daba -creo- el modelo GFS. Por supuesto estoy de acuerdo con todas las recomendaciones que compañeros expertos han hecho sobre la interpretación adecuada de los datos de los modelos sobre todo en superficie....pero, si el mapa de arriba hubiera sido verdad... ¿cuáles habrían sido las temperaturas en superficie? 

Por suerte la situación real el día 3 fue ésta:


Una pequeña pero oportuna vaguada atlántica "atrajo" al pico de la entrada cálida más hacia el oeste y sólo fue el suroeste peninsular la zona mas afectada, quedándose en el borde de los valores máximos.

Por tanto, a la pregunta de si podíamos haber superado los 46,6ºC, creo que la respuesta es que sí. ¿48..?....no lo sé...pero creo que tenemos que saberlo y preocuparnos y estudiar mucho más estas situaciones tropicales y subtropicales que nos afectan directamente. Mi impresión personal que, del mismo modo que ya se ha demostrado que el periodo veraniego está cada vez robando más días a la primavera, la atmósfera tropical/subtropical -quizás sea en el fondo lo mismo- va subiendo cada vez más de latitud. No digo que estas situaciones no hayan ocurrido más veces, y ello podría entrar dentro de la variabilidad natural, lo que pienso es que cada vez son más frecuentes y, en ese aumento es dónde puede estar actuando el cambio climático.

Pero, más allá de impresiones e intuiciones, considero que éste es un tema -el del comportamiento de la atmósfera tropical/subtropical en nuestro entorno durante los próximos años- en el que, como ya he comentado repetidamente hay que entrar prioritariamente a fondo. Estudiarlo, conocerlo y preverlo cada vez mejor es vital para los intereses de España. Confío en que los nuevos ministerios de Investigación y Transición Ecológica lo vean también así. 


NOTA 1: Como complemento interesante muestro el mismo mapa de las situaciones anteriores pero para el 1 de agosto de 2003, cuando comenzó aquella larga y extraordinaria ola de calor. Si mis datos son correctos las temperaturas más altas se alcanzaron el propio día 1 con valores de 47,3ºC en el sur de Portugal, 46,2 en Córdoba y 45 en Badajoz. 


Como puede verse la entrada a diferencia de la de esta vez fue "directa". Sigo pensando que si en esta ocasión hubiera entrado también "directamente" los 46,6ºC hubieran sido claramente superados.

NOTA 2: A veces se recuerda la ola de calor del 14 al 19 de julio de 1978 como aquella en la que se registraron los récords de temperaturas máximas en España con valores de 50ºC en Yeste y de 47 en algunos observatorios del sureste peninsular. Más allá de si esos datos pudieron ser reales, sí creo que era una situación muy interesante y con algunas particularidades. Fue mi primer estudio sinóptico publicado y aunque ahora revisaría algunas cosas, puede que haya lectores que les interese leerlo aunque sea con cierta benevolencia. Si es así, y gracias al buen hacer de José Miguel Viñas en Divulgameteo, aquí está el enlace. 

2 de agosto de 2018

Algo más sobre la ola de calor

Sólo como un breve complemento a la entrada de ayer de mi blog, quiero hacer unos comentarios sobre algunas imágenes y análisis de esta mañana que considero de interés. 

Veamos en primer lugar el análisis del Centro Europeo de las 00 UTC de hoy 2 de agosto: 

Geopotencial de 500 hPa y temperatura de 850 hPa el 2 de agosto a las 00 UTC

Vemos la estructura típica de estas situaciones con una dorsal, como un largo "dedo", que se extiende desde el norte de África hasta abarcar completamente la Península Ibérica. En cuanto a la temperatura a 850 se aprecia como la isoterma de 28ºC roza el extremo sur peninsular. A su izquierda entre el golfo de Cádiz, Madeira y Azores se dibuja un sistema de vaguada-dana poco definido por su débil gradiente. 

Veamos ahora el mismo análisis del Centro Europeo pero centrado ahora en el norte de África:

Geopotencial de 500 hPa y temperatura de 850 hPa el 2 de agosto a las 00 UTC

Puede verse cómo la isoterma de 28ºC abarca una gran área que se extiende por gran parte del Sahara y que engloba a otra zona más reducida de hasta 32ºC  hacia el sur de Marruecos y suroeste de Argelia. ¿Está ocurriendo una advección de ese aire hacia el nordeste desde el interior del desierto?

Creo que la imagen del canal de vapor de agua de Meteosat de las 06 UTC de esta mañana da muchas pistas (y más si se hace una animación de las últimas 48 horas que no he podido incluir):



Importante a  destacar el remonte de la estructura que parte desde la zona ecuatorial-tropical hasta el sur de Argelia donde parece ser captada por la circulación  del débil sistema vaguada-dana que antes me refería y que aquí queda mejor definido. La dirige básicamente hacia el golfo de Cádiz y sur peninsular. 

Algo parecido apunta la retrotrayectoria para las 06 UTC de hoy:



Puede verse como "la partícula" que estaría llegando hoy al centro peninsular al nivel de 700 hPa presenta un recorrido parecido y viene experimentado un ascenso en los últimos días . Por su parte, las de  900 y 800 hPa tienen un origen muy distinto y sobre todo la de 800 muestra un descenso y posiblemente un calentamiento.

Por fin, la imagen del canal visible de esta misma mañana nos aporta alguna información más:



Puede verse, por una parte, algo de convección en el suroeste peninsular levantada por el débil sistema dana-vaguada situada al oeste peninsular mientras que los cumulonimbos situados un poco al oeste del cabo de San Vicente corresponderían a la convección del débil núcleo frío. Por otra parte, observando cuidadosamente la imagen, se ve como la entrada de polvo queda marcada por una linea imaginaria que arrancando de la divisoria Málaga-Granada se dirige hasta Toledo-Madrid girando luego hacia Extremadura. 

Cabría por tanto decir que en este episodio de calor en el cuadrante suroeste peninsular estarían sumándose las influencias de la advección norteafricana y el calentamiento local y que en el resto de la Península debería estar siendo más importante este segundo factor sin negar alguna influencia del primero. 

De acuerdo con los mapas previstos, a partir de mañana viernes por la noche, la dorsal se desplazaría más hacia el oeste, al tiempo que la débil vaguada se mueve más hacia el norte. 



Eso significaría un debilitamiento o incluso un cese de la advección norteafricana sobre la Península y un predominio del calentamiento local; lo que daría a su vez una pequeña bajada de las temperaturas máximas para el fin de semana. Lo vamos viendo.

1 de agosto de 2018

¿Un calor que viene de África?

En estos días de temperaturas elevadas y ante una más que probable ola de calor, vuelve a surgir una expresión típica que, a mi juicio, no es correcta en muchas de las situaciones en que se emplea. Me refiero a la de "una ola de calor provocada por aire procedente del Sahara (o del norte de África)".

Es verdad que, ocasionalmente, el aire norteafricano o incluso sahariano puede llegar a España a través de vientos del sur que, casi siempre transportan polvo en suspensión y originan cielos "plomizos", dando lugar a una sensación como de opresión física motivada quizás por su acentuada sequedad y ese aspecto "cerrado" del cielo. Sin embargo,muchas situaciones de temperaturas elevadas o incluso de olas de calor no necesitan el concurso de ese aire. Para que ocurran basta simplemente con que exista una suficiente estabilidad atmosférica como la que dan con frecuencia las dorsales anticiclónicas veraniegas. Cuanta mas estabilidad exista, más impedimento tiene el aire de las capas bajas para moverse en la vertical; de ese modo, ese aire no se renueva y es calentado continuamente desde el suelo incrementando su temperatura hasta valores muy elevados. Es como si tuviéramos una estufa muy potente en una habitación y nos fuera imposible abrir las ventanas. Sólo apagando la estufa (no lo podemos hacer con el sol) o abriendo las ventanas (desapareciendo o debilitándose la estabilidad) podemos refrescar la habitación. Pues bien, con la dorsal anticiclónica los cielos despejados están en verano asegurados, la radiación solar que llega al suelo es intensa y extensa y ese suelo calienta continuamente al aire que tiene sobre él. ¿Hasta cuando? Pues hasta que aunque sea de forma mínima se rompa la estabilidad y pueda comenzar a actuar la ventilación.

Probablemente la idea de que una ola de calor está unida a una entrada norteafricana o sahariana viene provocada en algunos por la asociación que siempre hacemos con África y calor, pero en muchas personas que consultan los mapas meteorológicos aparece al ver como en las topografías de 850 hPa las isotermas que delimitan la masa de aire cálido norteafricana comienzan a expandirse como una campana hasta englobar la Península Ibérica. Sin embargo, eso no implica necesariamente que esa masa se ha trasladado, sino que la masa que está sobre España ha adquirido esas mismas características africanas. Un gran meteorólogo ya fallecido, Lorenzo García de Pedraza, decía que en verano la Península Ibérica se convertía en una sucursal del Sahara. 

¿Pueden darse olas de calor por entradas saharianas o norteafricanas? Por supuesto que sí. Incluso puede haber olas en las que intervengan distintos factores en distintas fases, o incluso se sumen actuando a la vez. En cualquier caso,  para que ese tipo de masa aérea entre con claridad sobre la Península es muy importante, no siempre imprescindible,  la ubicación de una dana -o una vaguada- muy pegada a las costas norteafricanas generando flujo del sur en niveles medios y altos sobre la Península (con advección de polvo) y más bien del sureste en niveles bajos.

A veces no es muy fácil utilizando sólo las topografías meteorológicas definir con claridad el origen de la masa aérea. Para estos casos -y aunque es una metodología algo discutida para su aplicación práctica y que hay que utilizarla con un cierto cuidado- conviene consultar los mapas de retrotrayectorias. Veamos las correspondientes a la próxima madrugada:



Como puede verse ni a 900, ni 800, ni 700 hPa, las retrotrayectorias tiene un origen africano.

Doce horas después, mañana dos de agosto a las 12 UTC:

Añadir leyenda
En este caso sólo la retrotrayectoria de 700 hPa tiene un origen tropical/subtropical pero marítimo. Luego, aún con algunas reservas como siempre pasa al utilizar las retrotrayectorias, el origen del aire que nos afecta en niveles bajos no es norteafricano ni mucho menos sahariano. Lo que también muestran es un movimiento descendente de las partículas aéreas, lo que podría ir unido a un aumento de la estabilidad vertical. En cualquier caso sí podría haber alguna advección norteafricana a niveles más altos hacia el occidente peninsular al existir una vaguada débil en esos niveles pero no dispongo de esos mapas. Tampoco dispongo de las retrotrayectorias a niveles bajos a más de 36 horas para poder ver sí se produce un origen distinto.

En resumen, claro que puede haber entradas de aire norteafricano sobre la Península y provocar importantes ascensos de temperatura, pero sí me parece importante no vincular necesariamente un periodo de temperaturas elevadas o una ola de calor a entradas de aire africano. Como podemos ver hay otros mecanismos para ello... que a veces puedan sumarse.

30 de julio de 2018

Megaincendios y vientos en altura

Hace unos días "El País" publicó un artículo muy interesante titulado "Incendios como bombas atómicas" firmado por Marc Castellnou y Alejandro García, ambos ingenieros de montes, en el que se hacían una serie de consideraciones y reflexiones sobre las causas y el control de los denominados "megaincendios" o "incendios de sexta generación" en los que la extensión de la superficie quemada es muy grande y en los que, además, el fuego se propaga con una rapidez inusitada originando un gran número de víctimas que son sorprendidas casi instantáneamente, incluso a bastante distancia del núcleo principal. 

El artículo apunta a la gran acumulación de material inflamable en los montes y a las condiciones ambientales creadas por el cambio climático como causas fundamentales de estos "megaincendios" y establece algunas pautas y recomendaciones para la adecuada prevención y gestión de este tipo de situaciones. En cualquier caso lo que más me ha llamado la atención son algunas ideas sobre la dinámica del incendio y en las que me parece oportuno profundizar un poco más. 

Exponen los autores que la gran cantidad de material inflamable y las tremendamente adecuadas condiciones para su combustión crea, una vez iniciado el fuego, una columna ascendente que, en condiciones atmosféricas adecuadas, puede alcanzar gran altura -hasta 15 km en el caso de los de Portugal del pasado año- que genera, no ya un pirocúmulo, sino lo que se denomina ya un "pirocumulonímbo". 


"Pirocumulonímbo" (Foto: Eric Neitzel/Wikimedia)

Añaden que cuando disminuye la alimentación de la columna, la gran nube puede colapsar y su desplome puede originar una especie de "downburst" que puede propagar el incendio a bastante distancia como un fuego que cae súbitamente desde el cielo o llega lateralmente con inusitada rapidez. Ello justificaría esas imágenes de personas y animales calcinados de forma súbita en su huida del foco principal. Incluso e
n algunos otros artículos se afirma que el propio pirocumulonímbo puede desarrollar actividad eléctrica con rayos a tierra que pueden dar lugar a nuevos focos de ignición. 

En el contexto de esa gran columna ascendente se me ocurre otra posibilidad más, relacionada con la evolución que podría darse si, además, existieran vientos moderados o fuertes en los niveles medios o altos de la troposfera. En el caso de que fuera así, la columna ascendente podría propagarse más aún en la dirección de esos vientos y dar lugar a que el desplome pueda tener lugar a más distancia aún del incendio principal. Además, es posible que pudiera crearse una marcada cizalladura vertical entre el viento en capas bajas -muchas veces generado por el propio incendio- y el existente en capas superiores. Podrían darse de este modo  las condiciones necesarias para la producción de "tornados de fuego" (como han relatado muchos supervivientes de este tipo de incendios), que pueden originar propagaciones aún más súbitas y violentas. 

En este planteamiento de la importancia que podrían tener en los "megaincendios" las condiciones del viento en niveles medios y altos he consultado las topografías de 500 hPa correspondientes a dos días antes, al propio día y al posterior del reciente gran incendio en Grecia. Si no estoy mal informado el incendio se produjo el lunes 23. Pues bien, dos días antes, el sábado 21, una clara dorsal anticiclónica estaba ubicada sobre país favoreciendo el calentamiento de suelo y capas bajas: 

Topografía de 500 hPa del sábado 21 de julio (Fuente: ECMWF)

Cuarenta y ocho horas después, ya el día del incendio, aparece una marcada circulación del suroeste que ayudaría, o desde luego no se opondría, a los fuertes movimientos verticales:

Topografía de 500 hPa del lunes 23 de julio (Fuente: ECMWF)

Ya el martes 24 la circulación en niveles medios había girado al W/NW y no existían ya facilidades para el ascenso: 

Topografía de 500 hPa del martes 24 de julio (Fuente: ECMWF)

A la vista de todo ello he vuelto a repasar la entrada que dediqué al paso del huracán Ophelia con una trayectoria cercana a Portugal, el día 15 de octubre de 2017 cuando se produjo el impresionante "megaincendio" en el centro y norte de Portugal con un gran número de víctimas atrapadas en sus coches cuando pretendían huir. 





La topografía de 500 hPa a las 00 UTC del día 16, pocas horas después de generarse, es ésta:

Topografía de 500 hPa del 16 de octubre de 2017 a las 00 UTC (Fuente: ECMWF)

Y ésta es la imagen de satélite de las 21 horas del día 15:

Imagen de METEOSAT en el canal WV en el que se aprecia el paso cercano a la Península Ibérica de "Ophelia" con marcados vientos en niveles medios y con la aparición de unas posibles ondas gravitatorias -que sería interesante investigar -sobre la mitad norte de Portugal y Galicia.

Como se ve en horas cercanas a la aparición y sobre todo mayor propagación de los fuegos había también una marcado flujo del S/SW sobre zonas de Portugal y de Galicia. 

Por tanto, al menos en dos situaciones de "megaincendios" una marcada circulación del SW ha estado presente sobre las zonas en cuestión. Desde luego no soy experto en incendios forestales y quizás todo esto es bien sabido y está trabajado, pero se me ocurre pensar si, además de las condiciones en capas bajas, no habría que prestar más atención a las capas medias y altas y modelar con todo el detalle posible este tipo de situaciones que posiblemente sean de importancia en los denominados "megaincendios" y permita afinar un poco más en predicción y prevención tratando de conocer las posibles zonas afectadas más allá del foco principal. 

En cualquier caso, y tal como el artículo apunta, "se hace verdaderamente urgente un cambio de paradigma en la gestión de incendios forestales y la experiencia y el conocimiento científico apuntan a la gestión del paisaje como única alternativa con garantías" Esperemos que el nuevo Gobierno lo incluya entre sus máximas prioridades.



18 de junio de 2018

Algunas sugerencias para la "transición ecológica"

Una vez conocida la estructura del nuevo Ministerio de Transición Ecológica así como de sus competencias, me parece el momento adecuado para exponer las que, a mi juicio, tendrían que ser dos cuestiones prioritarias a abordar con prontitud y diligencia por lo que se refiere a clima y tiempo. Una de ellas es la referida a la potenciación de los estudios de cambio climático en nuestro entorno y la adecuada divulgación de sus resultados y otra la del replanteamiento del sistema de avisos de fenómenos adversos. En cualquier caso dejo esta cuestión para una posterior entrada del blog y me centro ahora en la primera de ellas. 

Parece claro que para la planificación a medio y largo plazo de esa "transición ecológica", una clave muy importante es ir conociendo cada vez más y mejor el escenario climático hacia el que nos dirigimos. Es verdad que ya conocemos según el IPCC la gran probabilidad de aumento de las olas de calor así como la creciente irregularidad que van a ir mostrando las precipitaciones y con una tendencia hacia su disminución progresiva. Sin embargo, sigo pensando, y así lo he expresado con frecuencia en este blog, que hay cuestiones que nos pueden afectar de forma importante y sobre las que se requiere todavía mucho trabajo de investigación, tal como puede ser el comportamiento de una atmósfera y de un océano tropical y subtropical cada vez más cálidos y expandidos hacia el norte. ¿Cómo puede ello afectar a la formación de danas en nuestro entorno?, ¿Qué estructuras ciclónicas pueden crearse en esas zonas por distintos mecanismos que pudieran significar una mayor probabilidad de precipitaciones de tipo convectivo y/o fuertes vientos en Canarias o en la Península?




Por otra parte, y junto con la prospección de lo que nos puede venir, creo también que es importante prestar más atención a lo que ya está pasando. Todos sabemos que el motor para muchas acciones políticas es la presión desde la opinión pública cuando se logra un buen conocimiento y una clara concienciación sobre lo que está ocurriendo en nuestro propio entorno. A tal efecto, creo que es fundamental la potenciación de los estudios de atribución por los que es posible conocer en plazos relativamente cortos la probabilidad de que un determinado fenómeno o situación adversa que acontezca en un momento esté -o no- directamente relacionado con el cambio climático. 

La cuestión qué surge a continuación es quién debería llevar a cabo estos estudios. Parece claro que un entorno adecuado sería de los departamentos universitarios especializados en meteorología y climatología. Es verdad es que, dada su autonomía, debe ser su propia decisión y estrategia la que oriente el rumbo de sus investigaciones. Pero parecería raro que estas cuestiones no pudieran ser claramente un objetivo prioritario en sus trabajos -y así lo manifiestan personas vinculadas a algunos de ellos- si bien argumentan la gran escasez de recursos para poder emprender, o en otros casos reforzar, esos estudios. 

 Por lo que se refiere al ámbito gubernamental sería la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) la que, en principio, parecería encargada de llevar a cabo trabajos de este tipo siempre que se resuelva -de nuevo- la escasez de personal que se argumenta, o se cambien algunas de sus prioridades. Y otra posibilidad, de acuerdo con lo que un colega ya ha sugerido por las redes sociales, podría ser la creación de un centro específico de investigación; una interesante solución si se pueden dedicar algunos recursos a  ello.  En este contexto, parece clara la importancia que tendría la acción conjunta entre el Ministerio de Transición Ecológica y el de Ciencia, Innovación y Universidades para el establecimiento de un plan de acción que, de una forma u otra, sirviera para impulsar este tipo de actividades que, en mi opinión, serían fundamentales para un correcto enfoque de las medidas de adecuación y mitigación. 

Sin embargo todo esto perdería eficacia -y empuje- si no hay un esfuerzo eficaz, equilibrado y coherente de comunicación pública. Creo que, hasta ahora, no se ha facilitado a la sociedad un relato continuado, sencillo y cercano sobre lo que está pasando en nuestro territorio, su mayor o menor relación con el cambio climático y qué es lo que cabe esperar a distintos plazos. Con estas informaciones sería más fácil la puesta en marcha, la aceptación y la colaboración con las distintas acciones que es necesario llevar a cabo tanto a nivel personal como social o político. Desde este punto de vista el papel de los medios públicos de comunicación -con mucha mayor presencia que la actual en redes sociales- y de los comunicadores especializados, me parece absolutamente necesario e irrenunciable. 

Esperemos próximas decisiones gubernamentales en estos aspectos. Ojalá que se produzcan y orienten más y mejor el camino por el camino que necesariamente tenemos que recorrer en esa bienvenida "transición ecológica". 

2 de junio de 2018

Persistencias

Empieza el trimestre veraniego pero, en la práctica, seguimos en plena primavera...y primavera reiterativa. Es normal que junio sea frecuentemente tormentoso y algo fresco, y que el "cuarenta de mayo" se convierta muchas veces en el "cincuenta" y hasta de vez en cuando en el "sesenta". Y esa parece ser la tónica que quiere presentar este junio que acaba de empezar si hacemos caso a las predicciones de anomalías del Centro Europeo que abarcan hasta el próximo día 24: Claras anomalías negativas de temperaturas y lluvias normales o por encima de lo normal. 


Llama mucho la atención en estos mapas la estructura espacial de las anomalías e incluso la intensidad de las térmicas en todo el noroeste africano, extendiéndose hasta la Península Ibérica. Todo parece compatible con una continuación del "descuelgue" de danas o borrascas frías de norte a sur en la fachada oriental atlántica  

Lo que me llama la atención no es tanto que junio pueda ser así, sino la persistencia de la situación de "descuelgue" de circulaciones ciclónicas (por no entrar en el debate de si unas u otras son danas, borrascas frías o frontales) con aire frío, que entrando por el noroeste o el oeste inestabilizan nuestra atmósfera día tras día. Una situación que fue muy reiterativa el pasado año, que se revirtió bruscamente cuando a finales de este enero se instaló una larga y casi desconocida situación de suroestes, pero que tras su pervivencia de más de dos meses ha vuelto a dejar paso a esta continuada llegada de vórtices fríos desde el noroeste. 

¿Tiene que ver en ello un chorro polar más alto y lento? ¿Es ésta una tendencia de futuro o es simplemente variabilidad natural de periodo largo? Es verdad que existe la NAO, sus estudios históricos y predicciones, pero sería muy interesante disponer de otros estudios centrados en la evolución de la estructura del chorro polar (intensidad, posición y longitud de onda) sobre el Atlántico y Europa en los últimos cuarenta o cincuenta años. Seguramente existen y yo no los conozca. Si es así, cualquier referencia es bienvenida.


29 de mayo de 2018

Danas, ciclones...¿subtropicales? y una tesis interesante

Se suele utilizar como argumento para justificar una mayor intensidad de los ciclones tropicales en el contexto del cambio climático el aumento de temperaturas de los océanos. Sin embargo, siendo ésta una condición necesaria, no lo es en absoluto suficiente. A mi juicio hay dos factores de carácter dinámico que necesitan más investigación. Uno es la redistribución que ese aumento de temperaturas podría originar en las corrientes oceánicas, con una consecuente reestructuración de las zonas proclives a alimentar vigorosamente la necesaria convección. Y otro, creo que fundamental, es la modificación que experimentarán -o experimentan ya- los chorros polar y subtropical. Es algo muy importante, ya que otro factor básico para el desarrollo de los huracanes, es la necesidad de una débil o nula cizalladura que permita el desarrollo intensivo y extensivo de los cumulonimbos, que están en su origen y mantenimiento. 

Parece claro, tanto por la teoría como por la observación, que la tendencia en general del chorro polar es a estar más alto de latitud de lo que hasta hace poco ha sido climatológicamente normal, así como a hacerse cada vez más ondulado. A este respecto, y tal como ya he comentado en algunas otras entradas de este blog,  existe la impresión creciente de que, a raíz de ese chorro cada vez más alto, las danas se cierran también a latitudes más elevadas. De esta forma llegan a la Península, -tal como estamos viendo estos mismos días- desde el norte o desde el noroeste, abandonando cada vez más su clásico camino por Madeira-golfo de Cádiz-mar de Alborán, con el impacto negativo que ello tiene sobre las precipitaciones en el Sureste peninsular. Por otra parte, creo que está menos claro cuál es -o va a ser- el comportamiento del chorro subtropical, el más crítico para el desarrollo de los huracanes y, en general, el de los posibles cambios en el nacimiento y génesis de los futuros ciclones tropicales y subtropicales. 

En una atmósfera tropical y subtropical más expandida hacia el norte como consecuencia de la subida de latitud del chorro polar... ¿cuál será la evolución del chorro subtropical?, ¿qué harán las ondas del este?, ¿cambiarán las zonas de formación de los ciclones tropicales?, ¿y sus trayectorias?, ¿subirá todo también hacia el norte?, ¿se seguirán integrando en el chorro polar muchos de los que viajen hacia el noroeste?  Y por otra parte, ¿como se comportarán y evolucionarán en este contexto las danas escindidas del chorro polar? Aún formándose más hacia el norte...¿podrán albergar en su seno la formación de ciclones...subtropicales? 

Toda esta reflexión sobre la que ya llevo mucho tiempo pensando se me ha vuelto a despertar hoy viendo los mapas previstos de 500 hPa por el Centro Europeo para estos próximos días, y en concreto el del próximo sábado:


Me llama la atención lo alto de latitud que circula el chorro polar, al menos sobre el Atlántico y Europa, y la presencia de dos danas/borrascas frías, perfectamente cerradas a unas latitudes también relativamente altas. A medida que avance el cambio climático...¿van a ser estas danas capaces -como me preguntaba más arriba- de albergar la formación de ciclones subtropicales en su seno? ¿Va a haber más o menos danas de este tipo? A este respecto me parece realmente interesante la tesis recientemente presentada por Juan José González Alemán en la Universidad Complutense titulada "Ciclones con características tropicales sobre el Atlántico nordeste y el Mediterráneo: Análisis en clima presente y proyecciones de futuro" dónde presenta ya algunos resultados muy interesantes sobre estas cuestiones.

En cualquier caso espero que el propio Juan José y otros investigadores españoles se focalicen también en el Atlántico tropical y subtropical porque, en general, y desde luego para España en su conjunto, tiene mucho interés conocer qué puede ocurrir en el seno de esas aguas cada vez más expandidas y cálidas. Ello es importante para llevar a cabo planificaciones sensatas de futuro -en especial en los sectores hídrico y agrícola- a medio y largo plazo.