18 de octubre de 2012

Crisis meteorológicas y oportunidades de renovación: en recuerdo del 20 de octubre de 1982


El Servicio Meteorológico británico ha publicado estos días una nota de prensa en la que recuerda, como hace ahora 25 años, una fuerte borrasca asoló algunas zonas de Gran Bretaña causando un importante número de víctimas y cuantiosos daños materiales. La predicción no fue todo lo correcta que hubiera hecho falta pero a raiz  de esa constatación el Met Office reforzó su actividades de investigación, operaciones y comunicación pública.

Curiosamente en España ocurrió una situación y una evolución muy parecida y este  sábado, 20 de octubre, se cumplirán 30 años del suceso que la inició aquí. Como  todos   recordarán,  la noche del 19 al 20 de octubre de 1982 se produjeron lluvias torrenciales en zonas de la mitad oriental peninsular pero que tuvieron su máxima incidencia en la cuenca media del río Júcar provocando una impresionante avenida que arrasó la presa de Tous e inundó varios pueblos de las Riberas alta y baja. Si bien la situación se detectó por el Instituto Nacional de Meteorología antes de producirse y se emitió la predicción correspondiente y algún aviso, ni los conocimientos científicos, ni los medios técnicos ni los procedimientos de comunicación de la época eran los adecuados para haber podido emitir unos avisos más eficaces y precisos.

Imagen infrarroja de Meteosat correspondiente a las primeras horas de la mañana del 20 de octubre de 1982. Se trata de una de las imágenes originales procesadas en la Universidad de Madison-Wisconsin por un equipo del INM utilizando el sistema McIdas. Los datos obtenidos permitieron catalogar como "complejo convectivo" a la gran masa nubosa que con colores azules y rojos (los azules vienen a representar las zonas con lluvias mas intensas) que se extendía sobre una amplia zona del centro-este peninsular. El remolino o borrasca denominado como "gota fría" o mejor "DANA" se encuentra centrado sobre el norte de Marruecos y "engrana" con una marcada circulación tropical-subtropical en niveles medios y altos que proviene del interior del continente africano. Por otra parte origina la aparición de una pequeña borrasca en superficie que lleva aire cálido y húmedo hacia el litoral mediterráneo. De la combinación de todo ello -pero no necesariamente siempre con todo ello- y delante de la "gota"- surgen esas grandes estructuras, los "complejos" o mas comunmente los "sistemas" convectivos que son los responsables directos de las extensas y eficientes lluvias. A veces algunos cumulonimbos asociados a la parte delantera del sistema, o sin conexión con él, pueden dar lugar también a precipitaciones intensas pero bastante menos extensas en tiempo y espacio.

La constatación por parte del primer gobierno socialista en 1982 de que era necesaria una acción profunda y radical en el tema de las adversidades meteorológicas permitió la realización de un Plan de Renovación Tecnológica que el Instituto Nacional de Meteorología tenía preparado pero a la espera de financiación. Ello permitió que durante los años siguientes pudieran implementarse nuevos sistemas de proceso de datos que, además de permitir explotar a fondo las informaciones de los satélites meteorológicos, daban la posibilidad de mejorar los modelos numéricos de predicción. Además se llevó a cabo el despliegue de una red de radares meteorológicos y de detección de rayos.

Indudablemente la disponibilidad de todos estos datos posibilitó la realización de nuevos estudios sobre distintos temas pero muy en especial sobre las lluvias torrenciales en el Mediterráneo. Por primera vez se podía pasar de una visión “sinóptica”  propia de la Meteorología "tradicional" a la denominada meteorología de mesoescala, con un detalle espacial y temporal mucho mayor y que hubiera resultado imposible haber llevado a cabo sin la implementación de los sistemas descritos anteriormente. Uno de los  frutos de estos trabajos fue el descubrimiento de los sistemas convectivos mediterráneos -a los que ya me he referido en esta entrada y en esta otra- como causantes directos de las intensas precipitaciones y que pueden aparecer –pero no necesariamente- en un entorno “sinóptico” de “gota fría” o DANA, tal como poco después de estos descubrimientos pasó a denominarse este tipo de perturbación en los ambientes mas técnicos.

Esta mejora de datos y conocimientos hizo posible a su vez una sustancial mejora en las predicciones de este tipo de fenómenos así como en su vigilancia. Poco tiempo después, a mediados de los 80, el INM puso ya en marcha en estrecha colaboración con la Dirección General de Protección Civil creada también en aquel tiempo, un primer plan operativo de realización de avisos específicos para estas situaciones: el denominado Plan Previmet Mediterráneo. Poco tiempo después aparecieron otros planes específicos para distintos fenómenos adversos hasta culminar en 1996 con la implantación de un sistema “todo fenómeno-todo momento-todo lugar”: el denominado Plan Nacional de Predicción y Vigilancia de Fenómenos Adversos. Un relato mas detallado de esta evolución aparece en esta otra entrada del blog.

En cualquier caso, mas allá de los detalles concretos, lo que se puso en marcha en materia meteorológica en España a partir de aquella situación del 19 y 20 de octubre de 1982 fue una nueva visión de la meteorología y de la predicción que se había iniciado ya en Estados Unidos pero no de una manera clara en Europa. De hecho, el sistema convectivo causante de las lluvias mas intensas de este episodio denominado mas técnicamente “complejo convectivo”, fue la primera estructura de este tipo que se identificó en Europa a partir de estudios realizados por personal del INM en la Universidad norteamericana de Wisconsin- Madison en el marco de un proceso de evaluación de distintos sistemas de proceso de datos meteorológicos. Fue un verdadero punto de inflexión en la meteorología española tal como el suceso de octubre de 1987 lo fue para la meteorología británica.

15 de octubre de 2012

El aumento del hielo antártico y el calentamiento global


En los últimos días ha sido noticia en los medios el récord alcanzado por la extensión del hielo marino en la Antártida. El 26 de septiembre alcanzó los 19,44 millones de kilómetros cuadrados siendo el máximo anterior de 16,23 millones el 20 de septiembre de 2007. La noticia llama más aún la atención cuando llega muy poco después de conocer que este año el hielo ártico había alcanzado su mínima extensión y además con un ritmo de decrecimiento mucho mayor del que cabía esperar. Una información muy clara sobre ambos procesos puede encontrarse en esta interesante nota del National Snow & Ice Data Center de Estados Unidos.

Extensión del hielo antártico el 26 de septiembre de 2012. La línea amarilla representa la extensión media del periodo 1979-2000 (NASA)
Extensión del hielo ártico el 16 de septiembre de 2012. La línea amarilla representa la extensión media del período 1979-2000 (NASA)

Tras la extrañeza que produce que en el mismo año se batan casi de forma simultánea dos récords tan antagónicos ( por supuesto el del Ártico al final de su verano y el del Antártico al final de su invierno), la pregunta inmediata que surge es sí el área antártica no está afectada por el calentamiento global tal como el aumento de hielo parece sugerir. Vamos a analizar primero algunos datos estadísticos para revisar después posibles explicaciones que permiten comprender mejor la aparente paradoja y ver como el aumento de esa superficie helada puede ser perfectamente compatible con el calentamiento.

Lo primero que cabe decir es que la reducción del hielo ártico es de mucha mayor magnitud que el crecimiento del antártico. Así, cuando se compara la extensión del primero con la media del periodo 1979-2000, puede verse que está casi un 50 por ciento por debajo mientras que el segundo, el antártico, está sólo entre el 5 y el 10 por encima de esa media. También puede señalarse que, comparando los meses de agosto, la disminución del ártico es de un 10 por ciento por década mientras que el incremento del antártico es de un 0,6 por ciento también por década y ya, globalmente, de un cuatro por ciento de disminución en el primero frente a un uno por ciento de aumento en el segundo. Queda claro por tanto que son fenómenos de magnitudes distintas y además muy acelerado en el caso ártico durante los últimos años.

Pero aunque la magnitud sea muy distinta la pregunta sigue estando ahí: ¿Por qué si la temperatura global del aire y del océano aumenta, aumenta a su vez la extensión del hielo? Aunque no existe aún una explicación definitiva si se han expuesto y se continúan exponiendo varias teorías.  A continuación me refiero a un par de ellas que parecen destacar sobre otras.

La primera está directamente unida a la existencia del agujero de ozono sobre la Antártida. Si bien su tendencia es de lenta disminución, su presencia sobre la zona es aún muy significativa. Al absorber menos radiación ultravioleta, la estratosfera antártica se enfría y ello cambia la dinámica entre las capas atmosféricas altas y bajas reforzando los ya de por sí intensos y borrascosos vientos antárticos. Pues bien, estos vientos crean zonas de mar abierto cerca de la costa donde se facilita la producción de hielo.

La segunda teoría está basada en  una mayor estabilización de las capas del océano antártico por medio de las temperaturas más cálidas. En esa estabilización juegan papeles de gran importancia tanto la temperatura como la salinidad de las aguas. El proceso, bastante complejo, está detalladamente descrito en este artículo pero se puede intentar resumir recordando primero que el océano antártico tiene agua mas fría en las capas superiores y mas cálida en las mas profundas. Si hay intercambio entre ellas por inestabilidad convectiva, como en la atmósfera, existe un transporte de calor de abajo arriba que tiende a que el hielo superficial no crezca; ahora bien, si la temperatura global aumenta, la cantidad de lluvia y nieve se incrementa sobre el área antártica de modo que las aguas superficiales se hacen menos saladas y su densidad disminuye. Entonces también los intercambios entre capas disminuyen y al debilitarse el transporte de calor hacia arriba, el hielo aumenta.

Todos los mecanismos expuestos nos dan una idea de la complejidad que tiene tanto la circulación atmosférica como la oceánica en la región antártica y por tanto la necesidad de continuar e incluso de incrementar las observaciones en la zona para progresar en la comprensión y alcance de estos fenómenos. La opinión mas generalizada entre los científicos es que la Antártida tardará mas tiempo en responder a  los efectos del calentamiento global pero que ya, en la segunda mitad de este siglo, el hielo antártico se comportará de un modo parecido a como lo está haciendo el ártico.

Sea o no así, volvemos a tomar conciencia una vez más sobre las profundas interconexiones de nuestro planeta y de como pequeños cambios –y los inducidos por la acción humana no son pequeños- son capaces de alterar significativamente de modo regional o global el escenario donde la vida humana puede desarrollarse.



Algunos enlaces interesantes:

National Snow and Ice Data Center

NASA'S Operation Icebridge Resumes Flights Over Antarctica

Opposite but unequal: Record high Antarctic sea ice versus record low Arctic sea ice




11 de octubre de 2012

Avisos y Comunicación


La situación de lluvias torrenciales de los últimos días de septiembre y sobre todo la cuestión de los avisos emitidos en relación con ella sigue suscitando opiniones distintas y debates en la red. Aunque, de un modo u otro ya me he referido a este tema en entradas anteriores  de este blog (1), (2) y aún a riesgo de resultar pesado quiero seguir aportando algunas otras reflexiones reconociendo siempre que se trata de un tema complejo y difícil y dejando claro que lo que escribo son mis opiniones –y mis dudas- personales en este momento.

Ya comentaba anteriormente que el actual plan de avisos de fenómenos adversos, el denominado “Meteoalerta”, es un importante logro operativo aunque siempre habrá aspectos mejorables en el mismo. Meteoalerta presenta la mayor resolución espacial posible –detalla hasta el nivel de comarca-, discrimina cuidadosamente las distintas situaciones –amarilla, naranja y roja- de acuerdo con umbrales bien establecidos -aunque la experiencia pueda aconsejar revisarlos-, indica horas aproximadas de comienzo y de fin de los episodios e incluye términos de probabilidad cuando procede así como también un pequeño apartado de observaciones por si los predictores estiman oportuno aportar alguna información complementaria. Y, por supuesto,  sus informaciones pueden emitirse a cualquier hora del día o de la noche.

Pero la cuestión que me preocupa es: ¿llega toda esa información a los potenciales afectados? ¿Han visto alguna vez esos avisos? ¿Los han comprendido? ¿O, como mucho han escuchado algo por televisión o por la radio local de que hay una situación de un tipo u otro pero sin mas detalles? Es cierto que los boletines de aviso son cuidadosamente consultados por los expertos en protección civil como también lo hacen los aficionados y algunas otras personas interesadas que saben encontrarlos en Internet y los entienden….pero ¿cómo se traslada toda esa riqueza de información a los afectados? ¿cómo y cuando se corta o disminuye –si es que es así- esa comunicación informativa? ¿Tendría que ser obligatoria la emisión de esos avisos por los medios? ¿Deberían modificarse para hacerlos, si así fuera el caso, mas comprensibles Y quizás mas accesibles?

Además sería muy importante que se conociera y se divulgara más cómo funciona el Plan de Avisos y las especificidades del mismo. Por ejemplo, recordemos que la “unidad” de información de Meteoalerta es la comarca y para el conjunto de la comarca se da la predicción. Puede haber situaciones, y de hecho ocurre, que en algún lugar de ella, sea por causas geográficas o de otro tipo, pueda llegarse puntualmente a una situación “roja” dentro de una generalidad de “naranjas”. Cuando es posible preverlo, los predictores hacen constar en el apartado de “observaciones” del aviso que el fenómeno en cuestión, en este caso  las lluvias, pueden superar puntualmente el umbral indicado, aunque no lleguen a establecer un “rojo” generalizado para toda la comarca.

También sería importante concienciar más al público en el sentido de que los grandes destrozos de una inundación pueden darse en una población que se encuentra en una situación “naranja” o incluso “amarilla”, ya que puede estar provocada por la avenida de un rio o de una rambla que arrastra agua procedente de una zona con “rojo” o “naranja” ¿Tendría que tener esta población otro aviso distinto esta vez de tipo hidrológico?  A este respecto veo cada vez mas claro que una gestión óptima de estos situaciones debería llevarse a cabo por una especie de pequeño “estado mayor conjunto” donde meteorólogos, hidrólogos y expertos en protección civil y en comunicación mantuvieran hacia la población un flujo informativo coordinado, contínuo y perfectamente comprensible asegurándose que se utilizan todos los canales de comunicación disponibles para poder llegar al mayor numero posible de afectados.

Y una vez más: divulgación y formación. ¿Para cuando y de una vez campañas informativas y programas atractivos y útiles en la radio y televisión pública? Su inexistencia reiterada es algo que, honradamente, no llego a comprender mientras se dedica tiempo y tiempo a  mostrar la desgracia de víctimas y afectados rodeados de dolor y de barro.

En cualquier caso un planteamiento adecuado y eficaz y útil de todo el problema debe venir de un estudio riguroso y conjunto entre meteorólogos, hidrólogos, psicólogos sociales y expertos en protección civil y comunicación. No me cansaré de repetirlo. Es un problema multidisciplinar. Y urgente.

8 de octubre de 2012

El hombre puso nombre... a las borrascas


Una de las principales empresas norteamericanas de meteorología, “Weather Channel”, ha decidido “bautizar” a las borrascas que puedan originar grandes temporales de lluvia, nieve o frío en Estados Unidos durante el próximo invierno. La decisión ha dado lugar a una fuerte polémica dentro y fuera de Estados Unidos, no exenta en muchas ocasiones de una componente comercial,  en torno a su conveniencia y sobre, hasta que punto, una compañía privada debe llevar a cabo esa iniciativa.

El hecho de poner nombres a algunas perturbaciones atmosféricas no es nuevo. El caso más conocido es el de los ciclones tropicales. Es una práctica que se inició durante la Segunda Guerra Mundial por parte de meteorólogos norteamericanos para facilitar la distinción entre distintas perturbaciones de este tipo y que años mas tarde fue oficializado por la Organización Meteorológica Mundial que desde entonces es la encargada de establecer a nivel mundial las listas de nombres que se utilizaran en la denominación de los ciclones en cualquier parte del mundo. Por su parte, la Universidad Libre de Berlín comenzó en 1954 a dar por su cuenta nombres a borrascas y anticiclones que afectasen a Europa figurando así en los mapas que emiten y siendo seguidos ocasionalmente por algunos Servicios Meteorológicos y de forma mas significativa por medios de comunicación,  sobre todo en situaciones con problemas meteorológicos significativos. A través de este procedimiento cualquier persona que lo desee puede apadrinar y poner su nombre a cualquier borrasca o anticiclón mediante el pago de unos pocos cientos de euros. En cualquier caso, un desarrollo mas amplio de estas cuestiones puede verse en una entrada anterior de este blog

Ejemplo de mapa de superficie elaborado por la Universidad Libre de Berlín con nombres de borrascas  y anticiclones "bautizados" 

El argumento principal que sustenta estas iniciativas es que de este modo las perturbaciones atmosféricas se hacen mas cercanas al público, que a su vez presta mas atención a las informaciones y avisos que se puedan dar sobre ellas facilitando además una mejor “memoria histórica” de las mismas. Weather Channel profundiza en estos razonamientos argumentando que esta práctica puede  ser muy importante de cara a facilitar una mayor cercanía y concienciación del público norteamericano ante situaciones invernales críticas. Sin embargo, otras empresas y meteorólogos norteamericanos discuten seriamente estos planteamientos.

Confieso en que no soy partidario de estas iniciativas pero sobre todo de la forma en que se plantean. Un primer punto de debate es si realmente el “poner nombre” ayuda a conseguir esa mejor información y concienciación o, una vez pasada la novedad, se dejaría de prestar atención a ese nombre y se convertiría en una información inútil. El tema necesitaría un profundo debate entre muchas partes antes de tomar una decisión definitiva.  

En cualquier caso lo que me parece fundamental  es plantearse hasta qué punto una iniciativa de este tipo debe llevarla a cabo una empresa de carácter comercial. Algo así da lugar a muchas dudas y preguntas pero sobre todo a una reflexión fundamental: las perturbaciones atmosféricas no son patrimonio de ningún país concreto y menos de una empresa determinada. Con frecuencia son transnacionales, pueden “nacer” en un sitio y “morir” en otro. De este modo, ¿Se puede “imponer” un nombre a otro país que no tiene porqué aceptarlo pero con los medios de comunicación “empujando” a ello ya que el “nombre” está puesto y difundido previamente por ellos mismos? ¿Qué criterios existen para nombrar a unas borrascas y no a otras? ¿Cuándo comenzar a nombrarlas y cuando dejar de hacerlo? ¿y si esa borrasca sufre una trasformación que la lleva a un estado de mayor o menor riesgo? Y si otra institución u empresa decide nombrarlas de otra manera ¿cómo se manejaría la situación? ¿Y si en Estados Unidos no se coordinan adecuadamente las informaciones del Weather Channel con las del Servicio Meteorológico norteamericano, que no tiene porqué seguir la iniciativa? Y si una borrasca de Estados Unidos se dirige hacia Europa: ¿debe seguirse el nombre dado por “Weather Channel” o  el que le ponga la Universidad Libre de Berlín?

Pienso que una acción de este tipo no es un juego y puede tener múltiples repercusiones nacionales o transnacionales o incluso inconvenientes en relación con tareas de protección civil.  Por tanto, en el caso de que se estimara su oportunidad e interés, debería ser la Organización Meteorológica Mundial la que, al igual que en el caso de los ciclones tropicales, adoptara esta decisión a través del consenso de los Servicios Meteorológicos de todo el mundo y todo ello con criterios perfectamente establecidos y reglamentados.  Es verdad, y ese es el gran problema, que a la OMM le puede llevar años tomar una decisión de este tipo pero el tema ya está ahí en marcha y el debate abierto. Al menos algo debería decir al respecto porque, hoy por hoy, es la única voz autorizada para hacerlo y porque se hace ya necesario que alguna institución internacional se posicione sobre esta práctica que tiende a extenderse sin ninguna coordinación ni control.